domingo, 13 de junio de 2010

Todo sigue su curso lento y desconcertante

Foto: I.N. Gilda, esta mañana, 2010
Ayer, tras algunos recados y conversaciones, estuve escribiendo un poco de mi novela, buscando y encontrando, aún por los bordes, a tientas. El mirlo seguía cantando en el silencio de la tarde. También escribí un poco de mi libro de BCN, casi acabado, feliz de disponer de un tiempo mío, a pesar de la melancolía de esta semana, tras descubrir que ni siquiera trabajando como esclava y sin poder escribir, puedo vivir de la traducción y que sigo sin resolver mi problema. No sé cómo lo hacen los otros traductores. Esta semana estuve descifrando con urgencia tremenda, sin apenas moverme de mi mesa, textos de artistas que conozco de catálogos anteriores, algunos incluso favoritos, y me preguntaba si es justo que un traductor experto en un tema cobre lo mismo que uno que no sabe nada y que no puede resolver en ese tiempo. Hace poco oí a un editor declarar en La Central que él no le paga lo mismo a un traductor experto que a uno que no sabe y señaló precios humanos. Debe de ser uno de los pocos.
Mientras, me han aprobado un curso para el primer trimestre del año que viene en una institución que me gusta. On verra bien.
La gata siguió sin comer y aunque de lejos parecía normal, desperezándose, durmiendo al sol, con su trotecillo para llegarse al sofá o vigilar a un pájaro, de cerca su respiración es baja, extraña y agitada. Y a ratos pide caricias y atención, con cierta urgencia. Hablé con el veterinario de guardia, me dijo que contara las respiraciones por minuto, que la llevase si llegaba a ochenta, que si empeoraba la llevase porque si tenía edema pulmonar, "el lunes no tendremos gato". Al leer su ficha la calificó de agresiva (la habían sedado para hacerle el análisis), yo le dije: "Agresiva no, pero es una gata". "Algunos gatos se dejan hacer todo", repuso él. "¿No es sumisa, verdad?", dijo. "Pues eso se llama agresiva". Como si no existiera ningún matiz intermedio entre la agresividad y la sumisión. Estuve a punto de preguntarle si con las personas pensaba lo mismo. A alguien que no se somete a la violencia sin más, ¿se le califica de agresivo? Ésa era la actitud de los hombres más misóginos con las mujeres, me recuerda con razón la Otra Bel. O como esa gente que, si te quejas de que un comentario suyo les ha molestado, te llaman susceptible, sin disculparse ni dudar que haya un margen entre lo que uno dice y el otro escucha, como si no existiera la subjetividad, ni aquel maravilloso "mapa de puntos sensibles" del que hablaba Roland Barthes en sus Fragments d'un discours amoureux.
Tras agradecerle sus consejos al veterinario de guardia, empecé a buscar alternativos y más empáticos. Más tarde, Tigridia, que es médico y sufrió ese encarnizamiento terapéutico de los veterinarios con su gata, me dijo que quizás antes los veterinarios tenían más recursos con los animales, ahora los sedan para todo. El problema fue que, al sedarla, sólo pudieron ver la parte bioquímica de la analítica, el hemograma quedó invalidado al formarse un coágulo. Matan a las moscas a cañonazos, como suele decirse. La cuestión era hacerle una radio y según lo que diera se la quedarían allí, en una de esas jaulas diminutas de tortura antihigiénica, con sus deshechos allí mismo, y le pondrían diuréticos en vena. Una amiga americana me dio el teléfono de su vet homeópata en NY, que atiende también por teléfono. Mientras, empecé a descubrir webs holísticas donde los veterinarios van a domicilio, tratan a los gatos con acupuntura, homeopatía y flores de Bach. Ya sé que a Friks le parecerá mal, pero yo no entiendo esa medicina que rompe el primer mandato hipocrático: "Lo primero, no hacer daño al enfermo" (y en nuestra discusión sobre la vacuna de la gripe A y la monja, me temo que yo tenía razón. Ahora la OMS admite que sus asesores sobre la gripe A cobraban de los laboratorios). La pobre Gilda salió tan estresada, afeitada y dopada del veterinario el otro día que, si puedo evitarlo, no la llevaré. Encontré a una veterinaria homeópata que cogía el teléfono, pero estaba en Madrid. Me hizo muchas preguntas y me dijo que si podía echarse y dormir no tenía edema aún, así que podíamos esperar hasta hoy, en que sí le dará un tratamiento. Y eso hemos hecho. Viéndola tan luminosa, con los ojos cristalinos de ese verde marmóreo y el pelaje brillante, parece imposible pensar que sea una gata vieja y enferma. Nosotros nos deterioramos mucho más por fuera. Todo parece ser afectado por el tiempo.
G. se fue a un concierto, tras mucho dudar. Quedamos que le avisaría si le necesitaba con Gilda, pero no hizo falta.
Mientras, acabé y mandé mi reseña última de un libro que no me ha convencido, y liberada, leí con fruición el primer cuento de Bernard Quiriny, -"Sanguina", genial, aún está conmigo; no quise seguir para preservar el efecto, como un poema lleno de un humor que me recuerda a otro tiempo, a otra yo, mucho más joven, leyendo a Zweig y a Mann- , también para reseñarlo, y el prefacio de EVM.
No dormí seguido, algo me despertaba. De momento probaremos a darle Phosphorus 30 CH a Gilda, buscando un lugar donde le hagan una radiografía sin que la seden ni torturen ni fuercen a quedarse. Y lo más extraño es que en algún momento he empezado a perder la voz, no sé dónde la habré dejado, pero en este momento estoy ya afónica y no puedo siquiera contestar al teléfono.
Last Minute News: Ved en Polis la historia de un poeta que intenta salvar inmensos árboles centenarios de una tala inexplicable. Según los responsables de "medio ambiente" (cemento) de Sant Cugat, unos vecinos han ido a pedir que talen los árboles porque las ramas se acercan a sus ventanas. Son mutantes con alma cementosa, que no comprenden ni valoran la belleza ni el oxígeno ni los pájaros, prefieren ahogarse en humos de tubos de escape antes que la proximidad de esas ramas.

12 comentarios:

Icíar dijo...

Primero de todo me alegro por que hayas estado dedicando un tiempo a tu novela. Somos muchos ya esperando.
Lo de la gata ... lo que yo te diría seguro que lo vas a mal-interpretar, y es muy largo explicar el porqué yo le daría antibióticos (ya te estarás riendo).

Leí eso de que los asesores de la OMS cobraban en sus informes sobre la gripe A.

Y no poder llegar a final de mes con tus traducciones, de verdad, que no se entiende.

Belnu dijo...

Icíar, para tu tranquilidad, olvidé decir que Gilda recibió del vet un antibiótico inyectado cuyos efectos duran 15 días, sólo por si acaso la leve inflamación de la boca... Pero la analítica ya demostró que no había infección bacteriana ni vírica.
Gracias por esa espera de la novela! a ver si eso anima al señor inconsciente que la gobierna!
Lo de las traducciones, para mí, es una medida del valor de la cultura en este país

DanteBertini dijo...

sabes que pienso igual que tú en lo referente a las medicinas alo y homeo-páticas...sin embargo ahora mismo estoy enfermo y con antibióticos: no tengo un homeópata en el que confiar...te llamo para darte el teléfono de una amiga alemana que trata con Bach.

Belnu dijo...

Ah yo te llamaré,Bertini, cuando hable con tu alemana, para decirte mis dos homeópatas de confianza

Emma dijo...

Todo es muy extraño, quizás sea el comienzo del verano o, no sé, algo que nosotros humanos ya no podemos percibir y los animales sí. Pero me extraña un edema pulmonar, y que todo comenzara con una falta de apetito. Yo estoy segura de que Gilda mejorará, son unas semanas malas, a todos nos pasa.

Belnu dijo...

Emma! Dentro de un poco llevaremos a Gilda -en una aventurada excursión, porque ella detesta salir de casa- a una ciudad cercana donde está el veterinario que todos me recomiendan, que cura con medicamentos alternativos pero también con alopáticos si hace falta, y tiene fama por su ojo para diagnosticar y de ser empático con los bichos, no les somete a esos encarnizamientos terapéuticos... Por teléfono, él sugirió que podría ser una oclusión intestinal -que dificultaría la respiración- y eso sería curable, pero habrá que esperar a la visita, la radio o lo que sea. Tal vez de todo esto surja un cuento, pero es que siempre las cosas que me ocurren se parecen a los cuentos. Gilda ha adelgazado mucho, pero desde ayer está más tranquila, aunque sigue sin probar bocado y con esa extraña respiración. Ojalá todo salga bien

Emma dijo...

Esa gatita acabará revelándonos su secreto, ya verás.

Belnu dijo...

Emma: anoche lo vi claro, un día te lo contaré o lo escribiré en ese cuento, si es que alguna vez vuelvo a escribir. Me temo que ya sé cuál es el secreto a voces...

Anónimo dijo...

Hola Bel,
No se si ja has anat al veterinari. En qualsevol cas espero que la Gilda estigui millor. T'escric per que recordo, quan era nen, que algun gat de casa tenia símptomes molt semblants als de la Gilda. El remei casolà que la meva àvia aplicava sense contemplacions era administrar un raig d'oli d'oliva, amb decisió però amb cura de no espantar l'animalet. Gat a la falda, obrir la boca i....ràpidament....zasss. Efectivament el problema solia ser de panxa. Si hi ets a temps comenta-li al veterinari.
Espero de veritat que es millori. Només la conec de foto, però: és guapíssima! i moltes de les coses que ens expliques d'ella em recorden molt la meva Hortensia, una siamesa que vaig trovar abandonada i despistada en un bosc del Maresme. Ara visc amb ella (no al revés). Podria ser que la trobés a prop d'ón situes l'acció d'una de les narracions d' Algunos hombres... a la falda del Montnegre.
M'està agradant molt. El vaig començar en un viatge d'AVE la setmana passada, a Atocha, i van caure 101 pàgines de cop... una delícia de prosa.
Vaig notar el rebuf de les ales de l'òliba quan passava per damunt el teu cap, i vaig veure com el vent movia les plomes del pobre animal mort. Vaig riure molt amb les aventures de la tornada en tren d'Italia i vaig quedar "tocat" recordant històries similars a les de la nòia del cocktail de pastilles. Les que jo recordava no van acabar be. L'inici dels setanta va dallar molta gent al meu voltant. Si sabés ecriure (la meitat que tu), intentaria explicar com encara sento la seva presència si passejo accidentalment, de nit, pels carrers del vell Sarrià. Els recordo amb la mirada perduda, apalancats a la barra del Monterrey.
Be, lo dicho... cada vegada m'agrada més llegir-te i m'uneixo als que esperen la teva novel·la.
Molta sort amb la Gilda i cuida't força
Black Adder

Belnu dijo...

Black Adder! Això del raig d'oli d'oliva de la teva àvia m'agrada, de fet algú altre m'ho va dir i ho he considerat. El veterinari holístic em va agradar molt, però de moment el medicament no ha fet efecte i la Gilda continua amb el seu dejú absolut.
M'alegro moltíssim que t'agradin els meus contes. M'imagino aquestes ressonàncies i afinitats i m'agrada aquesta gata teva que vas trobar al Montnegre, quin rescat romàntic, i això que vius amb ella, sembla d'un conte d'Andersen... o aquella pantera de la pel·lícula...
Jo sé que barrejar material meu, inventat i d'altres desconcerta, sobretot perquè a mi m'agrada escriure en primera persona i amb el meu nom, però recorda que són construccions, no la meva vida! És una màscara més perquè ja no se sap què era què... Ja sé que la impressió és fortament biogràfica i la inclinació universal del lector (jo també) sempre és buscar l'autor i buscar-se ell o ella al text. Això ho fem tots, és inevitable!
Reconec aquesta imatge teva dels amics de la mirada perduda del Monterrey...
Fins aviat i gràcies per llegir-me!

Bel M. dijo...

¡Qué bonito el comentario de Black Adder! Y claro que explicas tan bien esa época... lo que para mí, por razones privadas, resultó en una primera lectura inquietante, pero ¡esa capacidad de inquietar también es una característica de la buena literatura!
¿Gilda sigue igual? Bueno, todavía no han pasado los tres días de plazo... lo del aceite parece una buena idea...
Y tú, ¿cómo estás? Espero que sigas mejorando.

Belnu dijo...

Sí, Black Adder es uno de esos lectores que hace ilusión tener, como tú, Bel M, para ellos escribimos!
Yo poniendo a prueba la paciencia que nunca tuve. Gilda sigue igual con su malaise y yo con el mío. La acupuntora me dice que hay que esperar las 48 horas para empezar a mejorar (en mi caso), y si mañana no cambian las cosas (de Gilda), mañana llamaremos al vet.
Lo malo es tener que darle una tercera cosa a la fuerza a Gilda. Esta última toma de homeopatía se ha enfadado conmigo y ahora evita mirarme! Pero ella no es rencorosa, espero que se le pase... Mañana le preguntaré al vet sobre ese remedio de la abuela de BA...