sábado, 28 de noviembre de 2009

La memoria, la escritura, las imágenes

Foto: Manel Armengol, Blafjall, Islandia
Ayer llegué un poco tarde a la presentación de Sarinagara, de Philip Forest, que conducía con la habilidad de un maestro oriental Mercè Altimir (profesora de literatura japonesa de la UAB, con formación psicoanalítica) tirando de algunas puntas del tejido de la novela o mejor desvelando, abriendo ventanas a esa escritura sobre la memoria, la pérdida, el duelo (que no por azar transcurría en Japón), y al explicar que los tres personajes que se unen en esa trama de autoficción: el poeta Kobayashi Issa, el novelista Natsume Soseki (me encantó cómo ella pronunciaba ese nombre) y el fotógrafo Yosuke Yamahata, habló de esas imágenes que se quedan con nosotros, que duelen. Sarinagara significa sin embargo y un poema de Issa (Issa es un seudónimo que significa, y Mercè Altimir aludió a la desconfianza y la ironía de Forrest sobre la filosofía y los estereotipos en muchas ocasiones: dicen que la vida es un río, pero uno no puede pararse en la orilla de los acontecimientos, sin embargo siempre puede pararse a tomar un té) introduce la novela, un poema escrito a raíz de la muerte de su hija, un haiku que dice algo así como que el mundo es rocío, y sin embargo, sin embargo... (me gustó el gesto de Mercè Altimir de pronunciar el nombre de la niña allí, muy claramente, Sata Kobayashi, junto al de su padre). Según Forest, ese haiku podría tener dos interpretaciones: el mundo es efímero y sin embargo la vida sigue, o ya sabemos que el mundo es efímero y que todo puede perderse, pero yo no estaba preparado para esta pérdida. Forrest estaba en Japón intentando dejar atrás la muerte de su hija, materia de sus dos novelas anteriores, y en una librería de Kioto le asaltó ese poema de Issa, ese libro escrito por la pérdida de otra hija. Forest habló de esos gestos del azar aparente que uno decide tomar como signos, a veces irónicos, del destino (o del inconsciente, diría yo) que nos llevan, si los aceptamos, por otra dirección más interna. Así el libro no fue conscientemente buscado, sino que los tres personajes de esa novela de autoficción le llegaron, le visitaron. Y entre medio está su narrador, el que recibe esos signos y los utiliza para decir/se. Vio un documental americano que intentaba buscar los supervivientes 50 años después de la bomba de Nagasaki y encontraba a la entonces joven madre que en medio de las ruinas, el humo y la radiación amamantaba a su bebé (y sin embargo...) y el bebé resultó haber muerto poco después de la bomba, pero la madre (sarinagara) había sobrevivido, y el fotógrafo le entregaba la foto de su bebé; esas imágenes que se quedan con nosotros, en nuestro interior. Ese fotógrafo, contaba Altimir, que encargado por el ejército imperial de fotografiar las guerras anteriores no retrató nada de los horrores que vio, sino sólo la gloria imperial, pero al ser enviado a Nagasaki sí retrató aquel dolor. Y Soseki, que había perdido un hijo y así lo escribió en una novela. Ese Natsume Soseki que, como dijo Altimir, hizo de puente: recogía la tradición clásica (escribía poemas en chino), pero leía a los poetas anglosajones y abrió el camino de la renovación literaria y lingüística japonesa. Mercè Altimir habló de la memoria y de esas imágenes internas que nos siguen acompañando, pero también hablaba de la (re)escritura y conectaba con mis pensamientos al llegar. Y Forest habló de Kenzaburo Oe, que logró construir toda su obra a partir del hecho del nacimiento de su hijo enfermo y logró que todos sus libros fuesen diferentes y eso era otro mensaje para mí, que volvía de ver -en un encuentro, una conversación con hilos luminosos y otros difíciles- a mi antigua psicoanalista y de hablar del duelo de mi libro y de lo que queda ahí aprisionado y de mi interrogación de qué me han dejado esos encuentros, qué queda de ellos en mi silencio momentáneo de ahora, en la obligada dicotomía vital de mis fantasías y en mi extraña, inconsciente elección vital. Y para mí, la idea de esa pérdida de Forest que compartían los tres personajes japoneses es algo inconcebible, que no puedo ni nombrar ni mucho menos imaginar, algo mucho más terrible para mí que mi muerte. Así que cuando oí hablar de ese sarinagara (sin embargo) del rocío y el bebé muerto y las imágenes que duelen estuve a punto de echarme a llorar, y pude formular mi pregunta con bastante torpeza, y el autor negó de entrada, temiendo caer en un estereotipo, pero luego fue dándome la razón de por qué Japón y de esa facilidad de los japoneses para ritualizar y expresar y hablar de la pérdida y del duelo y del pathos sin dejar de ser modernos, sin la parte peyorativa del patetismo en Occidente. Estaba V., que sí pudo preguntar y comentar mucho más atinadamente que yo. Altimir habló de la suave ironía y el humor que están dentro de la novela, en la propia melancolía de esa memoria y esa pérdida. Y de la distancia de los estereotipos del saber occidental sobre Oriente, y de la universalidad de lo japonés: son como nosotros, sufren como nosotros.
Busqué Sarinagara en francés (porque me canso corrigiendo mentalmente las traducciones u objetando, traduciendo a la inversa), pero no estaba, así que me compraré la de Sajalín. El editor de Sajalín me preguntó si yo era la autora del libro balcánico y me contó que le había gustado mucho. Y yo pensé en una imagen que me había transmitido la que fue mi analista al decirme que había ido viendo mucha gente leyéndolo en el metro, siempre muy concentrados y abstraídos en ese libro. Y el editor me preguntó si me había costado, cinco años viajando, cuánto trabajo, y yo le dije que no, que la pasión arrastraba y que sí que en cierto momento pensé que nunca lo acabaría, pero de pronto me di cuenta de que se había acabado solo, y Mercè Altimir lo oyó y se rió. "¿Se acabó solo?" Y sí, es verdad, fue como si lo hubiera acabado alguien aparte de mí; fue en Luxemburgo, refugiada entre libros en el cálido apartamento de Ninca, con silencio y cornejos que discutían en los tejados y nieve, de pronto comprendí que había terminado y que sólo tenía que volver.

29 comentarios:

Anónimo dijo...

Isabel

Gràcies. Pel que fa al dol, Forest utilitza l'alteritat necessària, per "atzar" Japó, per poder pensar, per això he dit, seguint les seves metàfores de les "coses petites", que utilitzava el Japó como es pot "utilitzar una cullera per menjar sopa". És veritat que la cultura del dol és diferent i ell ho ha explicat bé amb el "patetisme", per mi també és una "aportació" , la de la diferència japonesa, que m'ha ajudat. Ara bé, el motiu de la meva intervenció l'entendràs si llegeixes la novel.la. Hi ha una questió molt freudiana, i que té a veure amb el dol, la memòria, les imatges, la paraula i l'escriptura que no he comentat sino que només he volgut insinuar. No ho hem parlat, però per les intervencions de Forest he notat que ell també vol que aquest recorregut el faci el lector. Si la llegeixes, veuràs que l'atzar mencionat anteriorment, i això és molt interessant, només ho era en aparença. Ara bé, els homes necessitem grans recorreguts (geogràfics, literaris) per trobar una clau.
Pel que fa a la seva experiència real, de la mort de la seva filla, llàstima que no m'entenia. Quan he mencionat el poema d'Issa amb motiu de la seva petita filla morta, he mencionat el nom de la nena, que ningú cita, i he dit: "cito el nom de la nena Sata al costat del cognom del seu pare, Sata Kobayashi". Penso que el llibre Sarinagara és, també, un homenatge del pare a la seva petita filla morta. Però, les millors coses no es diuen sino indirectamente, com a la literatura. Gràcies de nou, pel teu comentari. M.A.

Icíar dijo...

¡Qué agradable todo¡

Sí, sí es verdad lo de tu libro balcánico. Lo que te cuenta la psicoanalista, es como cuando estás embarazada, que de repente te das cuenta de cuántas embarazadas hay. En mi oficina, tengo a dos compañeros haciendo cola.

He acabado Kokoro de Soseki, ha sido 'culpa' tuya, en pago me apetecería poner algo que dice su traductor Carlos Rubio, sobre el período que él estuvo en Inglaterra y que tan mal recuerda Soseki y que a mí me parece tan agradable:

'Cuando estaba en Inglaterra, una vez se rieron de mí porque invité a alguien a contemplar cómo caía la nieve'

Belnu dijo...

Oh gracias, Icíar, por tus palabras y me alegra que hayas leído Kokoro y que cites esa frase, que también me gustó a mí...

Anónimo dijo...

Querida Isabel,

He leído el blog y no me parece para nada que estuvieras despistada como dices. El problema para mí, como comentadora, era que el momento del acto de presentación de un libro que todavía nadie o casi nadie ha leído no es el mismo que cuando el libro ya se supone leído. Hay cosas que expresamente callé aunque precisamente eran quizás, como entenderás si lo lees, las que me quemaban la garganta. Y no sé muy bien por qué motivo tengo la impresión de que eso que callé te va a interesar. Por otro lado, a posteriori como siempre, pienso que el "armazón" matemático que P. Forest impuso a su libro, quizás responda a la necesidad de levantar un contrapunto a la inconmensuralidad de la contingencia, verdadero tema de la novela. Un abrazo,
M.A.

Anónimo dijo...

Qué crónica más bonita, triste la primera parte, y muy interesante la segunda sobre tu libro. Me ha recordado a un comentario que le hace Talbot a Herschel en una carta, como estoy en eso, por eso me viene a la memoria:
The experiments require only occasional superintendence, & during the greater part of the time, execute themselves... L.O.

Belnu dijo...

Mil gracias, Mercè! Lo he encargado en francés, tardará tres semanas, pero seguro que valdrá la pena porque ya me muero de ganas de leerlo y de averiguar todo eso que te callaste. En efecto, es distinto discutir sobre un libro ya leído que provocar la lectura, pero tú me has persuadido a mí de leerlo y supongo que a muchos otros!

Belnu dijo...

Gracias por leerme, L., Talbot lo dice de forma mucho más técnica, pero es lo mismo! Gracias, me ha hecho ilusión esa cita suya...

Icíar dijo...

¿Es que Sarinagara en español no es bueno?

Belnu dijo...

Yo no digo que no sea bueno, igual está muy bien traducido, pero yo prefiero leerlo en francés como está escrito originalmente, es una novela francesa, y al leer traducciones siempre me acabo parando corrigiendo u objetando mentalmente, por deformación del oficio. Si es en japonés el original no me queda más remedio que leerlo traducido, pero si es francés o en inglés, prefiero leerlo en francés, y así no trabajo

Anónimo dijo...

No se acaba:
es el libro naciente
sin tu tutela.
(A.G.)

Belnu dijo...

A.G., vuelve el poeta repentino, ¡gracias! A mi izquierda está naciendo también un día imcierto, una luz amarilla casi veraniega, casi de los veranos adolescentes de 2 de mis cuentos, con mar y bicicleta, forcejea y empuja una barrera gris de nubes bajas...

el objeto a dijo...

hola!
pues después de hablar contigo escribí corriendo mi post sobre Sarinagara para poder leer el tuyo sin estar condicionada,
A mí me gustó que la intervención de Mercè fuera tan freudiana y que ni siquiera se nombraran esas claves, que ni se hablara de ello, pero efectivamente todo respiraba escritura, y gestos importantes para los que trabajamos con la memoria y la escritura subjetiva.
También pensé luego que esa dicotomía vital de la que hablamos luego quizá sea más artificial y occidental de lo que pensamos, y hayan otros caminos o atajos para sortearlo,
maravillosa la foto de M. Armengol

Belnu dijo...

Sí, para mí está claro que hay atajos, yo sé que los hay, los he visto, aunque luego vuelvan a veces a desaparecer... Y en cuanto a tu crónica, ¿cómo iba a influirte? Tu approach es más oriental y psicoanalítico, mientras que yo tengo todas las percepciones atadas y limitadas por esas urgencias mías internas, como cuevas... Las fotos de Manel Armengol sobre Islandia son maravillosas. Vale la pena ir a esa pequeña galería Tagomago, en la calle Santa Teresa, y el miércoles firmará allí el libro, que es precioso!

delarica@unav.es dijo...

me ha gustado mucho esta entrada ( y la equivalente del objeto a.), y los comentarios e intercambios del backyard
Me ha recordado esa película inmensa que es La forêt de Mogari, a la que aludes
Rilke lo avisó espantado: la imposibilidad, en occidente, de una muerte propia

Belnu dijo...

Gracias, Álvaro, lo entiendo porque empiezo a ver -o lo imagino- también cuáles son tus hilos y madejas de interés y algunos son comunes! Ah, no recordaba esa idea de Rilke, ¿me dirás dónde lo dice, si lo recuerdas?

delarica@unav.es dijo...

en varios sitios pero sobre todo al comienzo de los apuntes de Malte Lauris Brigge, en ese paseo parisino alucinado y alucinante, del que han salido tantas inspiraciones

Belnu dijo...

Sí, ese libro es maravilloso! Mil gracias...

delarica@unav.es dijo...

se me ha olvidado decirte que claro que son comunes, mucho más de lo que en un principio podría parecer

Bel M. dijo...

Me ha gustado muchísimo esta entrada, Belnu. ¿Sabes que Issa Kobayashi es uno (sino él)de mis poetas de Haiku favoritos? Lo leo y lo releo y sus palabras, eso que queda sin decir a lo que alude V. en las Amapolas, reverberan incensantes. ¿Qué te parece éste?:

"Kogoto ifu
aitemo araba
kefuno tsuki"

"Si tuviera a alguien
regañaría con él
bajo la luna de hoy."

Me ha encantado cómo lo cuentas y esa reflexión sobre ESA pérdida, que no es cualquier pérdida y en la que yo apenas puedo pensar. Es simplemente insoportable, incomprensible.
También me deslumbró en su momento Kenzaburo Oé, y ahora me falta Natsume Soseki, del que tú ya habías hablado en otras entradas. Desde luego lo leeré y también "Sarinagara" ¿sabes que una de las pocas veces que me atreví con un cuento empezaba precisamente con un "Y sin embargo,"?
Y también me ha encantado ese estado de gracia, eso que tú cuentas como que el libro se acabó solo.
Y ahora me voy a ver la crónica de "El objeto a".
Abrazos.

Belnu dijo...

Sí, sí, también yo lo creo, y a mí se me olvidaba decirte que con esa frase tuya me he lanzado a por mi edición de las completas de Rilke...

Belnu dijo...

Ah la crónica del objeto a es preciosa, Bel M. sé que te gustará! Como dijo un amigo el otro día, ella puede leer de abajo arriba y de derecha a izquierda si quiere!
Me alegra que te guste mi desordenada crónica. También a mí me deslumbró Issa K., cuando Manel Armengol me pidió que le ayudara a una selección de haikus para sus imágenes me llené la casa de ellos y descubrí algunos maravillosos, y así conocí a los maestros. Por cierto que voy a bajarlos tambiñen del estante y antes del cine, bajo la lluvia, voy a leer alguno...

Anónimo dijo...

Només em queden 10 pàgines del teu llibre. Quina "Navidad serbia" més intensa! ... està molt bé com ho escrius. És un relat intel·ligent i molt sincer. A la qualitat literària s'hi ha de afegir la valentia de fer-ho. Com que et conec, no em sorpren. Et felicito.
Tigridia

el objeto a dijo...

si yo fui con Martina a ver la expo de Manel hace ya unas semanas, nos gustó mucho, mucho, tanto la parte de Finlandia o Islandia (ya sabes, mi geografía...) como las fotos americanas, maravillosas...

gracias por todos esos cumplidos que no merezco!


yo tengo todos mis haikus en francés, y a veces prefiero leerlos en castellano

abrazos

Belnu dijo...

Gracias, Tigridia!

Belnu dijo...

Sí, Objeto a, las fotos de Islandia son preciosas y el libro también. Y las fotos americanas... En cuanto a los elogios, son merecidos...

Ephemeralthing dijo...

Qué placer "escuchar". Lo digo por esta presentación del libro de Forest. Si leer sobre ideas estimula, orienta y libera, el escuchar sobre ellas puede todavía ser más estimulante en el momento que ocurre. A mi me parece que lo moderno es ser consciente del "pathos", lo contrario no es que me parezca reaccionario, creo es la negación de lo que es ser humano.

Belnu dijo...

Sí, Eph, estoy de acuerdo contigo, pero es verdad que hay temas que en Occidente cuesta tratar, que hay tabúes, que apenas se habla de la muerte, del suicidio, que los rituales fúnebres se han ido reduciendo hasta extremos insalubres, y que tal vez en ese sentido mirar a Oriente no es casual. Y sí, hay actos a los que es una suerte asistir y presentaciones generosas e inteligentes como la que hizo Mercè Altimir, y autores que se atreven a hablar de cuestiones como esas

odette farrell dijo...

Leí el post de Petite y ahora el tuyo... esa presentación de libro fue desgarradora en verdad. Lo bueno es que terminas hablando de tus sueños, de tu libro el que se acabo solo :))) Bravo!

Belnu dijo...

Gracias, Odette! Así fue...