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martes, 5 de mayo de 2009

Urgencia de la poesía

Foto: I.N. This morning self-portrait, 2009
La mañana ha empezado con una llamada de la compañía del gas, parece que desde julio de 2007 tenían un problema con mis lecturas pero por alguna razón misteriosa no se molestaron en decírmelo y aunque parece que se han equivocado a su favor y vendrán a revisar el contador, me dicen que de momento les debo 800 euros, y para negociar y que me lo fraccionen sin intereses y vengan a comprobar, he tenido que hablar con diez personas y repetirle a cada una todos mis datos. En diez minutos vendrá un informático, lo cual para mí es inquietante, nunca me gustó que me removieran la (segunda) cabeza (en este caso, el informático es palestino y de confianza). En este estado de cosas, aparte de algunas noticias que tampoco parecen del todo buenas, paso por el cuarto de baño y abro el libro de Edna St Vincent Millay y reencuentro este poema, escrito con nocturnidad, escrito para mí, podríamos decir, admitiendo que el mirlo me esté cantando a mí todos los días y los sauces estiren las ramas para acariciarme el pelo. Y me doy cuenta de hasta qué punto es urgente para mí la poesía y cómo necesito tenerla bien repartida por los rincones de la casa donde paso, a falta de cine. Aquí les dejo con ella, mientras escucho un disco que my American friend me ha mandado por mi cumpleaños (por cierto, he felicitado a mi amigo castizo con un mensaje cantado, todo está en orden... me vuelvo con Zygmunt Baumann hasta que llegue el informático en pocos minutos... ya les contaré, perdonen mi acelerada banalidad de hoy)
What lips my lips have kissed, and where, and why, I have forgotten, and what arms have lain Under my head till morning; but the rain Is full of ghosts tonight, that tap and sigh Upon the glass and listen for reply, And in my heart there stirs a quiet pain For unremembered lads that not again Will turn to me at midnight with a cry. Thus in winter stands the lonely tree, Nor knows what birds have vanished one by one, Yet knows its boughs more silent than before: I cannot say what loves have come and gone, I only know that summer sang in me A little while, that in me sings no more.

jueves, 26 de julio de 2007

Poesía de azufaifos

Foto: Manel Bosch, Mandri, 1958 (Sí, sí, es la misma calle Mandri, esquina con Arimón, en Barcelona)
Me lo dijo Casassas, que había encontrado en una web unos haikus de Celdoni Fonoll sobre azufaifos, y aquí están:
Ginjoler-gralla.
Vius espinguets de festa.
Muntanya blava.
Ginjoler
En fer-se gralla,
el ginjoler espingueja
amb cor de gínjol.

Ginjoler
En ser tenora,
el ginjoler refila
amb cor de gínjol.
(Barcelona, 2003-2004)

I también citan al luminoso Verdaguer
Lo préssec d’Illa com pom d’or rosseja,
no tant com lo raïm de Tarascó;
la cirera d’arboç hi vermelleja
amb lo gínjol rient i l’ametlló.

“Cant tercer: L’encís”, Canigó

…marges per on collia agret a mitjan vesprada;
mitja-taronja blava, Santa Maria al fons;
ginjoler de l’era.

Y mi vecino escritor me pasó el otro día este trozo de La venganza de Don Mendo, de Muñoz Seca, donde aparece el personaje de La Azufaifa, del que ya me había hablado V y que ya cité por aquí, que hace prodigios con su pomada, tan mágica como el brodo della gíuggiola...

Y diz, que una de las moras,
la que Azofaifa es llamada,
sabe de augurios y hechizos
y fabrica una pomada
que aunque al verla se os antoja
vaselina boricada,
es pomada milagrosa,
pues con una pincelada
torna al anciano en adulto
y a la nieve en llamarada.

Quién sabe si me convertiré yo en azufaifa, si sigo así, y acabaré haciendo augurios y hechizos con los frutos que caigan en septiembre...