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jueves, 26 de julio de 2007

Poesía de azufaifos

Foto: Manel Bosch, Mandri, 1958 (Sí, sí, es la misma calle Mandri, esquina con Arimón, en Barcelona)
Me lo dijo Casassas, que había encontrado en una web unos haikus de Celdoni Fonoll sobre azufaifos, y aquí están:
Ginjoler-gralla.
Vius espinguets de festa.
Muntanya blava.
Ginjoler
En fer-se gralla,
el ginjoler espingueja
amb cor de gínjol.

Ginjoler
En ser tenora,
el ginjoler refila
amb cor de gínjol.
(Barcelona, 2003-2004)

I también citan al luminoso Verdaguer
Lo préssec d’Illa com pom d’or rosseja,
no tant com lo raïm de Tarascó;
la cirera d’arboç hi vermelleja
amb lo gínjol rient i l’ametlló.

“Cant tercer: L’encís”, Canigó

…marges per on collia agret a mitjan vesprada;
mitja-taronja blava, Santa Maria al fons;
ginjoler de l’era.

Y mi vecino escritor me pasó el otro día este trozo de La venganza de Don Mendo, de Muñoz Seca, donde aparece el personaje de La Azufaifa, del que ya me había hablado V y que ya cité por aquí, que hace prodigios con su pomada, tan mágica como el brodo della gíuggiola...

Y diz, que una de las moras,
la que Azofaifa es llamada,
sabe de augurios y hechizos
y fabrica una pomada
que aunque al verla se os antoja
vaselina boricada,
es pomada milagrosa,
pues con una pincelada
torna al anciano en adulto
y a la nieve en llamarada.

Quién sabe si me convertiré yo en azufaifa, si sigo así, y acabaré haciendo augurios y hechizos con los frutos que caigan en septiembre...