Foto: Linda Danz 3 trees, 2005
Hoy nuestra historia del azufaifo ha salido en El País y el Avui. Luego nos han llamado de TVE, un programa titulado España en Directo. Más tarde, dos periodistas de Europa Press nos han entrevistado abajo, al pie de las ruinas de lo que fue la casa del azufaifo, y Ninca y yo nos hemos despachado a gusto sobre la degradación del barrio y la ciudad, el ruido, la actitud del ayuntamiento, la contaminación... Y aún más tarde hemos sabido que en el programa de Josep Cuní querían invitarnos. Y Rosa Regàs, que fue vecina de este barrio y recuerda estos árboles, se ha ofrecido a apoyarnos.
A lo mejor parece una tontería, pero la idea de que mi interés y el de Ninca por el Ziziphus Jujuba de Arimón-Berlinès haya logrado todo este eco me asombra. ¿Habremos tocado un punto sensible? ¿Será que la gente empieza a estar indignada o decidida a no dejarse llover cemento sin decir nada?
Hoy, alguien me ha sugerido que tal vez debería comer azufaifas para curarme de mi insomnio (¡la medicina china las usa para eso!). Tal vez esta acumulación de noches blancas acabe conmigo. Empiezo a pensar en aquel conductor de ambulancias de Scorsese, (pero al final, Nicolas Cage durmió...)
Y al mismo tiempo, en cierta manera, todo este proceso del azufaifo me ha transformado: ando por la calle mirando a los árboles, buscando los ejemplares más antiguos, más altos, de tronco más grueso. Siempre que puedo toco los troncos, no puedo evitarlo, un poco como en aquellos juegos de persecuciones donde había que tocar "casa". En realidad, a veces pienso que, en algunos casos, me reprimo para no abrazarlos como cuando era pequeña. Siempre tengo la sensación de que su respiración arbórea, su toma de tierra, su vibración suave pueden transmitirme algo. O yo puedo transmitirles mi reconocimiento táctil, aunque no sirva de mucho. Tal vez yo haya enloquecido, por culpa de algún virus arbóreo...
Si no fuera así, si no fuera por ese virus arbóreo que recuerda al veneno de Rajaijah no estaría sumida en la ruina más absoluta, con problemas para seguir, mientras traduzco sin parar, sin tiempo para escribir mis libros, sólo con la escapatoria de un blog ruinoso, donde debería suprimir ad-sense y buscarme un promotor que no me disgustara, incluso que fuese afín, que me pusiera lo que llaman un banner y me pagara un tanto al año por mantenerlo. O varios. Eso me han dicho... A lo mejor algún día se lo propongo a algún comerciante afín. Si no acabo homeless al pie del azufaifo.
Por cierto, si alguien quiere ver a las dos defensoras del azufaifo-ginjoler, mañana entrevistan a una de nosotras (UNOS MINUTOS apenas) entre las 11 y las 12h de la mañana en el programa de Josep Cuní, TV3. Será sólo una visión fugaz...

