Mostrando entradas con la etiqueta János Székely. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta János Székely. Mostrar todas las entradas

jueves, 3 de enero de 2008

Antigrisaille


Foto: Giuseppe Maria Crespi (1665-1747), apodado "Lo Spagnuolo", Partituras y libros de música.

Traduzco para el MACBA un nuevo texto sobre Nancy Spero que habla de pergaminos, papiros, tumbas egipcias, y esta mañana gris y algo lúgubre, mientras investigaba en la red cómo se cortaban los gruesos tallos del papiro para luego unirlos y formar una lámina lisa donde escribir, o cómo se prensaban las láminas de vellón, se ha restituido mi ánimo con esa magia del papel, el trazo y la escritura. Anoche, V. me habló de un poeta chino y una imaginaria escritura en el cielo con el vuelo de las ocas salvajes (suyas), que interpretaban como mensajes de escritura china.
Mientras sigo preguntándome cómo abordar y reescribir mi cuento de la lechuza, veo unos autillos en el espacio de otro blogger, hoy particularmente pesimista, sin duda influido por la luz de lluvia. Ese cuento mío ya tuvo tentativas fallidas en el pasado, pero siempre acaba volviendo a mi cabeza, de modo que merece mi atención. No sé a qué lector crítico tendré que recurrir esta vez para repensarlo.
Aún no he recuperado el ritmo mágico que logré en Luxemburgo. Me falta espacio para la vida social y las conversaciones que ayudan a pensar y a restituirse, pero también, las extrañas obligaciones familiares arañan mi espíritu y me producen la sensación de que abandonar esa casa de mis pesadillas, no poder volver a ella es una especie de muerte, tal vez de ese pasado, esa infancia (dont il n'avait jamais guéri, à ce secret de lumière, de pauvreté chaleureuse qui l'avait aidé à vivre et à tout vaincre... No, yo tampoco me he curado de mi extraña infancia, violenta y luminosa como la de Camus, que no me ayudó a vivir, ni a vencerlo todo, pero ahora que he logrado recomponer mis trozos y hacerme fuerte a su pesar, sí me ha servido para construir mi ética, la que me define).
Sigo leyendo a János Székely, pero también picoteando Montaigne y ahora además Zambrano, por culpa de un blogger que me hizo bajarla de un estante para recomendársela. La ilustración también es culpa de Montaigne. Me pregunto si el pintor barroco, a quien le llamaban Lo Spagnuolo porque vestía ropas ceñidas, "a la moda de España", estará emparentado con algunos tocayos suyos que conozco. Por cierto que anoche, a s'hora baixa, una amiga elegante y atlética, sin duda salida de una de esas pinturas, dio a luz a un niño y todo salió mágicamente bien, algo que parece tan difícil en este país.
Y acabo esta caótica entrada con el final de Le jardin exalté, un librito minúsculo de Henri Michaux que me subyugó en la Hune (de la sutil éditions Fata Morgana, una editorial que no se puede concebir por estos lares) y sigue por aquí conmigo. Espero que con su ayuda los lectores perdonen mi escritura sincopada, torpe o desmañada de hoy. Hay días... Dice Michaux: "Entre Terre et Cieux -félicité dépassée- une sauvagerie inconnue renvoyait à une délectation par-dessus de toute délectation, à la transgression au plus haut comme au plus intérieur, là où l'indicible reste secret, sacré... (y luego sigue diciendo que se añadía, sin que se supiera de dónde venía) "un rythme sourd, fort, mais également interieur, tel le martèlement d'un coeur, qui aurait été musical, un coeur venu aux arbres, qu'on ne leur connaissait pas, qu'ils nous avaient caché, issu d'un grand coeur végétal (on eût dit planétaire), coeur participant à tout, retrouvé, enfin perçu, audible aux possédés de l'émotion souveraine, celle qui tout accompagne, qui emporte l'Univers."
Traducción tentativa y apresurada: "Entre Tierra y Cielos -felicidad excedida- una bravura desconocida llevaba a una delectación por encima de toda delectación, a la transgresión en lo más alto y en lo más interno, allí donde lo indecible permanece secreto, sagrado... (y se añadía, sin que se supiera de dónde venía) "un ritmo sordo, fuerte, pero igualmente interior, como el martilleo de un corazón, imaginariamente musical, un corazón venido a los árboles, que no les conocíamos, que nos habían ocultado, surgido de un gran corazón vegetal (podría decirse planetario), corazón partícipe de todo, reencontrado, al fin percibido, audible para los poseídos por la emoción soberana, la que todo acompaña, que impulsa al Universo."
Ese final maravilloso parece dedicado a mi pasión arbórea, de dríade. Siento lo de la sauvagerie inconnue. Hay días...

sábado, 29 de diciembre de 2007

Apropiaciones, correcciones, fin de año

Foto: I.N., Sombras en Luxemburgo, 2007

Cuando G. era muy muy pequeño, una vez escuchamos el relato de un atraco callejero y más tarde, G. me preguntó: "Pero esos ladrones, si no tienen dinero ¿por qué no van a la Caixa?" La idea de que los perversos y avaros Bancos repartieran generosamente a todo el mundo me encantó. El mundo de G. siempre parecía más agradable que éste. A veces, cuando estoy de viaje y sueño con una vida distinta en esos otros lugares, como no puedo mirar el estado de mi cuenta y simplemente saco dinero sin ver las consecuencias, me acuerdo de la idea de G., y me imagino viviendo en una ciudad elegida, sin tener que buscarme un modus vivendi, cogiendo dinero del cajero cuando me hiciera falta, sin opulencia, un poco como aquel zurrón mágico con tres monedas de oro que se reponían inmediatamente al sacarlas. Se lo contaba el otro día al librero de la calle Berlinès, que sigue ocupado con sus metáforas.
Volver a Barcelona es también volver a lo real. En Luxemburgo pude andar hasta el bosque con nieve y viento helado, pude salir de noche y recorrer la calle desierta con temperaturas gélidas, o descender a la humedad verde de río y patos y piedra fría del Gründ y salir indemne. Llego a Barcelona, a un buzón lleno de facturas, visito la casa de mi madre y me pongo inmediatamente enferma... Ayer estuve todo el día tirada como un jergón (como dijo mi amiga Inés), agotada y sin nervio. Mi gata Gilda siguió conmigo, expandiendo sus buenas vibraciones gatunas, que tanto acompañan en la enfermedad, y hoy me he levantado con mucha más energía, aunque no puedo comer como antes. He salido a la calle y he subido en el ascensor con una niña vecina, que llevaba ¡una varita mágica plateada en la mano! "Un día de estos te la voy a pedir prestada", le he dicho, y me ha mirado perpleja, tal vez preguntándose si yo me habría vuelto loca (o acaso porque yo no sabía que ¡las varitas mágicas no se prestan!).
Mientras, un blogger argentino incluyó un post mío sobre la cineasta Heddy Honigmann (yo hablaba de sus películas O Amor Natural y Good Husband, Dear Son) en su blog, y lo puso como si yo se lo hubiera mandado en forma de comentario. Ahora El País lo ha publicado en blogs invitados y aparece mi texto (unas 25 líneas) entrecomillado pero sin firma, mientras que su texto sólo ocupa las primeras 5 o 6 líneas de introducción. Yo me he escandalizado. Le he escrito a él, pero me dice que ha sido cosa de El País y que no puede hacer nada. He escrito a El País, y espero que enmendarán pronto ese error. Ya sé que no es tan grave, pero es injusto, digan lo que digan sus amigos, con lo fácil que es poner un link. Aún más perpleja me deja la lluvia de insultos e interpretaciones psicologistas baratas que eso ha provocado, como algunos comentarios insultantes que llegan hasta aquí, todo en un lenguaje delirante y sin firma; pero sería absurdo darles acceso o intentar razonar con ellos. Yo siempre defenderé lo que me parezca justo, y como siempre me gustó citar las fuentes, me gustan los blogs, ¡espacios idóneos para citar!
Ayer avancé con János Székely, que al principio me parecía una especie de Lazarillo húngaro y luego empezó a atraparme, aunque temía que mi estado semifebril, a ratos de auténtica duermevela, mediatizara la lectura. Leía y dormitaba. Alguien me trajo manzanas reinetas y compota con los periódicos. Más tarde, tuve la compañía de G. y P., y hubo también, además de las turbulentas, otras llamadas amigas. Empezamos a planear con qué películas celebraríamos la noche de san silvestre.
Siguen lloviendo las felicitaciones para 2008. Ojalá ese cambio de año sirviera realmente para traer buenas rachas y épocas propicias. Ojalá encontrase la manera de cumplir propósitos y objetivos. Y ojalá lograse mágicamente sortear esos obstáculos que todos nos ponemos en el camino, aunque fuese con un feliz rodeo. "¿Qué tal el año nuevo?", me preguntó mi antiguo y lujoso dentista hace dos o tres eneros, cuando puede decirse que yo trabajaba para pagarle. "No sé", le dije, "No he notado nada. Tal vez mejore con el Año Nuevo Chino..." Esa idea le encantó ¡y además era en febrero! Pero también está Rosh Hashaná, el año nuevo judío, con ese nombre tan prometedor... Siempre, mientras vivamos, nos quedarán esos otros años nuevos... (con sus músicas encontradas, como bien sabe V., sus caracteres elegidos, traducidos...)