lunes, 12 de septiembre de 2011

Todo es tan extraño

Foto: I.N., El árbol de la clínica, 2011
Anoche estuve cenando con tres amigos. Uno de ellos estaba sembrado, nos contó sus viajes balcánicos -para fotografiar árboles- con algunas anécdotas delirantes, y hablamos también apocalípticamente de este mundo. Tanto que esta mañana me he despertado angustiada: soñaba que mi cuenta bancaria estaba a cero y no sabía cómo resolverlo. Tenía una mezcla de tristeza interrogativa por algo que he perdido y un temor aprensivo, difícil de explicar.
A mediodía he acompañado a A. a hacerse una prueba. Otra A. distinta la había llevado hasta allí. Hemos hablado un momento del poder restaurador del mar y de los bosques.
El lugar de la prueba no era para mí precisamente neutral. Hace veintitrés años G. nació allí y yo casi me morí, pero me salvaron el azar y la tenacidad atenta de J.
El árbol de la entrada, el mismo que veía desde mi ventana de entonces, parecía enorme y frondoso. Hemos bajado al sótano. Por un momento creí que había perdido mi teléfono, pero no, ha sido sólo un brevísimo instante de pánico. A. había olvidado la petición. "Es culpa del mst", me ha dicho. La enfermera no estaba por la labor, ya que se acababa su turno y comprensiblemente, sólo quería irse. Nos ha dado la dirección de otra del siguiente turno; yo intentaba pedirle a L. que nos la mandara por email, pero allí abajo no había cobertura y tenía que coger el ascensor y salir al exterior cada vez para llamarla o mandarle sms. L. estaba en la calle y al principio no recordaba que podía hacerlo desde su teléfono. Les he explicado a las enfermeras que A. está muy enferma y que no era fácil para ella llegar ni quedarse allí. Cuando L. ya había mandado la petición, nos han pedido que la mandásemos a otra dirección. Vuelta a subir al exterior. Mientras yo me alejaba, A., sentada en la sala de espera, con su collarín, se había dormido. Dice que confiaba en mí, que sabía que yo lo arreglaría. Ha vuelto a dormirse durante la prueba. Y todo ha salido bien. Luego, A. y yo hemos tomado algo allí al lado: A pesar del calor, A. quería estar al sol y de verdad se la veía soleada y radiante. No sólo eso. Habla de las cosas que suceden a su alrededor con un humor y una capacidad de comprensión que resultan espectaculares. Tiene más gratitud de la que ha sentido nunca. La fuerza obstinada de todo la obliga a ponerse en el lugar de los otros, cuando debería ser al contrario; pero la vida es extraña e inesperada y está llena de hechos y coincidencias que parecen casi la jugarreta de un dios burlón. Hemos hablado alegremente en esa terraza de la plaça Molina donde una vez estuve con un personaje de mis cuentos. No ha querido que la acompañara hasta casa. Pasaban muchos taxis, le he dicho que podíamos elegir uno que le gustara y lo ha escogido bien, el taxista era muy animoso y ha intentado convencerla de que el universo estaba de su parte.
Yo he vuelto a casa con el espíritu aligerado, preguntándome si los humanos necesitamos a veces una herida así para transformarnos y comprenderlo todo, o para hacernos estoicos o para entender que todo es mentira y que la realidad la creamos nosotros mismos. También me preguntaba sobre el significado de una situación que se ha repetido tres veces y que podría ser un indicio de algo. Mientras, iba recibiendo mensajes telefónicos alegres y algo misteriosos, pequeños mensajes que me envolvían como una fina telaraña feliz, mensajes del cuerpo.
Rufus me estaba esperando en el sofá y le he pedido que apoyase a A. y a ese médico proscrito que podría ayudarla, porque según dice un amigo fotógrafo y viajero, los gatos son djins benignos y poderosos, mensajeros capaces de mediar con lo divino. Luego me he ido a saludar al librero de la calle Berlinès, que ha vuelto de vacaciones y tenía la librería ya llena y con el teléfono vibrando de encargos, y a pedirle un libro de EVM. Un poco más tarde tenía una cita en el café de La Central (donde tenían una interesante propuesta temática con libros de puentes!) para hablar de una posible traducción de mi libro, con alguien que me ha impresionado gratamente y gracias a la idea de un crítico generoso. Y al volver, he encontrado a G., enzarzado en problemas técnicos para imprimir un elaborado esquema de un trabajo brillante y lleno de interés; veremos si quien valora es capaz de dejar a un lado los prejuicios y darse cuenta de sus virtudes. Antes, he hablado por teléfono con dos hermanos que conozco de siempre: su madre murió anoche (profundo el viento en los árboles rotos/y tiembla la figura doliente de la madre) y estaban sumidos en uno de esos rituales de despedida, en mi ciudad favorita del norte de este país, con buen vino y una mezcla de tristeza, afecto, pérdida y tranquilidad. Al acabar, G. había resuelto sus problemas técnicos y el trabajo parecía impecable.
Más abajo he puesto la reseña que A. de la Rica ha hecho del libro de Maeve Brennan, donde alude generosamente a mi contribución. Leo a Georg Trakl y también releo a Vinyoli y descubro sus coincidencias. Leo también a Denise Desautels, Pendant la mort. Y a Alice Munro antes de dormir.

8 comentarios:

Dante Bertini dijo...

un espíritu burlón, "y especialmente sádico", añadiría yo...
hoy, mientras mataba las pobres hormigas que invadieron mi cocina (el hambre es un hecho global que traspasa géneros, nacionalidades, especies y estúpidas pretensiones de pureza étnica)tratando de convencerme en cuanto a la necesidad de aquel terrorífico hormiguicidio (artesanal al menos: sólo usé un trapo, agua, mis manos), imaginaba que si hubiera un ser más poderoso nos vería como a ellas y después de perdonarnos la vida durante un tiempo -relativamente corto dada su inmortalidad- decidiría que ¡Basta ya de tropelías! y nos arrasaría sin piedad, dejando de lado todos sus escrúpulos y miramientos.

Dante Bertini dijo...

ah! el árbol de la foto (planta en realidad)
es un ombú rioplatense, el mismo al que aquí llaman bellasombra...
magnífico!

Belnu dijo...

Gracias, Dante! Claro, tenía que ser un ombú, como aquellos de Cadaqués, ¡había olvidado su nombre y me resultaba tan familiar!
Ah, a lo mejor ese es el espíritu que nos machaca, quién sabe, una venganza tal vez...

Francis Black dijo...

Hay una frase de Lou Reed que dice : "mi semana supera tu año" Es lo que me pasa a mi cuando leo tu actividad, por suerte citas a Rufus y pienso, bueno más cosas que él si que hago.

Belnu dijo...

Francis! Si lo pusieras todo por escrito verías que parece mucho más de lo que es... A mí siempre me ha parecido que tú lees muchísimo!

Belnu dijo...

Más que Rufus, ja ja, eso es fácil...

Francis Black dijo...

Pues no, poco y mal, leer bien es un proyecto vital claro que cuando lo consiga ( si es algo que se puede conseguir) tendré noventa años y no podré volver a leer otra vez lo que he ido mal leyendo, hace unos años me compre la obra completa de Vinyoli por 10 euros y me supo mal, toda la vida escribiendo para que cualquiera te pueda mal leer por 10 Euros.

Belnu dijo...

Yo también tengo ese libro, Francis, y es maravilloso (aunque podrían haber puesto otra foto en la portada), pero la poesía tiene esa capacidad de síntesis extraordinaria, no sé por qué la gente no compra más poesía, en ese libro está el mundo entero! Y es que en este país los libros son carísimos, en Francia hay libros de 2, 4, 6 euros, 10 a montones, y aquí nada, yo me compré el de Georg Trakl y es bien caro!
Pero has leído The Vice of Reading, o El vicio de la lectura, de Edith Wharton? Es en realidad un artículo, diminuto, pero habla de lo que estamos hablando, yo sé que tú lees bien, si lees ese librito comprenderás por qué lo digo. O tal vez lo hayas leído ya. Es obligatorio leerlo para cualquier buen lector! Acabo de recomendárselo a las posibles alumnas d emi curso de este año