viernes, 30 de julio de 2010

Estos días insomnes

Foto: I.N., Playa durandiana, 2010
Hace dos semanas que duermo mal y al contarlas para consultar a mi acupuntora me he dado cuenta de que coinciden con la muerte de mi gata. No es un insomnio dramático: o bien retraso mucho mi retiro al reino de Morfeo o bien me voy levantando periódicamente. Es cierto que hay razones otras y que la escritura de esa novela, que me obliga a dentrarme en terreno escabroso y que condiciona mi distanciamiento del entorno de M., no puede ser ajena. Tengo aquí un huésped serbio que me alegra con su humor negro y sus conversaciones. Como siempre, se reanuda nuestra colaboración de intercambio: él me pregunta dudas de castellano de una traducción de su novela y yo le atosigo con preguntas para un artículo sobre Kosovo en la revista FronteraD. Cuando él se sale de casa y yo vuelvo, vuelve también el vacío que dejó la pequeña tigresa Gilda, la soledad se solidifica y la casa parece convertirse en un agujero de tristeza. ¿Se me pasará alguna vez?
Ayer por la tarde fuimos los tres -T, mi amigo serbio y yo- a nuestra playa durandiana. La luz era maravillosa y no había nadie, pero después del baño, se nubló y oscureció el cielo, poco a poco empezó a tronar y tuvimos que arrancarnos perezosamente a la lectura para irnos. Fue una reconciliación andar entre los pinos y ver la casa de Black Adder, impecable y restaurada, con el jardín que me ofreció para enterrar a la pequeña Gilda. Pero a lo lejos ardía una colina y no llegué a saber qué era. Aún no he leído el periódico.
Acabé el libro de Coetzee, me gustó de un modo distinto que los otros suyos, todo era espinoso y huraño, esa aspereza suya con el mundo, que contrasta con la magnífica escritura, con el paisaje de Sudáfrica en los setenta, y la atmósfera retrógrada y asfixiante de los afrikaners, en la que no él encaja. ¿Pero a quién se le ocurre escribir un libro sobre los propios defectos contados por otros? ¿Quién se retrataría así, desmitificándose y reduciéndose al máximo? Sólo él, en un experimento insólito. Como saben, en el libro, John Coetzee ha muerto y un joven recopila material biográfico sobre su etapa sudafricana de los setenta y entrevista a mujeres que fueron sus amantes o a las que él escogió, colegas de la Universidad, una sobrina, etc., y todos le retratan con dureza: mal amante, mal profesor, mal hijo, incluso dudan de su genio de escritor y niegan completamente su carisma, le describen como torpe, desaliñado, sin encanto, frío, con tendencia a mitificar lo que debería ser la África negra, culpable y distanciado de los blancos, expulsado de Estados unidos, etc. Y aún así está ese fulgor de su escritura, y compone un retrato tan desconcertante que al acabar echo de menos no poder hablar con él, o por lo menos, no seguir leyéndole.
También leía en la playa La vie matérielle de Marguerite Duras, que a veces es oscuro y despiadado como Coetzee, pero de un modo muy distinto. En la playa leí un capítulo del suicidio de una familia pobre a la que cortaron la luz -y curiosamente eso fue después de que T. nos contara de una colega suya a la que habían encontrado en los lavabos de un bar: con el cristal de un vaso roto se había cortado la yugular, con precisión médica brutal-, de la muerte del escritor mentiroso, todo eran historias sombrías.
Mi escritura es irregular, hay días en que pienso que "mi primera mano es horrible", como decía otro escritor, que tendré que trabajar mucho con el paño para limpiar todo lo superfluo. Pienso en los consejos de Chéjov. Otros días sí me satisface haber encontrado algo y me siento casi feliz.
Mi artículo de Kosovo en la prestigiosa revista electrónica FronteraD

25 comentarios:

Isabel dijo...

"Nulla dies sine linea", eso dicen los clasicos. A veces mejor, otras peor.

Belnu dijo...

Sí, conozco la frase latina y el método. A veces avanzando y otras corrigiendo, y otras sólo tanteando para desechar vías

Anónimo dijo...

La playa de la imagen me transmite paz y al mismo tiempo una inquietud de final de verano.
La arena tan oscura choca con el color del cielo y el mar.
Perturbador.....

Un saludo,

Kathy

Belnu dijo...

Kathy: A mí me gusta esa arena en sombra, aunque también me recuerda a una escena inquietante, tal vez mi recuerdo se transparentase en mi foto, mágicamente.

Sinsellos dijo...

Acabo de conocer tu blog, y me he topado con la punta de tus pies asomando en la arena... me has hecho recordar una foto que me hice asi, hace muchos años, en una playa sin sol y con dunas, cerca de Arcachon... disculpa que comparta aquí mis recuerdos, pero es lo primero que se me ha venido a la cabeza al abrir tu blog.

Seguiré leyéndote.
Un beso
Beatriz

Belnu dijo...

No es nada nuevo, sino universal, mucha gente se fotografía los pies. Sobre todo no te sientas obligada!

Icíar dijo...

Tu primera mano no es horrible. Hablo como lectora.
A veces pienso que Coetzee, en ese ponerse tan mal, no sé si hasta cierto punto, somos las mujeres las que podríamos quedar retratadas. Parece como si a pesar de las cosas buenas que tenía (de hecho alguna decía que añoraba sus conversaciones, y el ánimo que transmitía cuando ella decaía) hay en realidad algo que la mujer no perdona en un hombre, y es que no tenga esa manifiesta virilidad a flor de piel.
El experimento sexual de Wagner, tiene su gracia. He cogido la pieza y reconozco que no me inspira esas actividades.

Belnu dijo...

Gracias, Icíar, pero tú sólo conoces mi primera mano en el blog, es muy distinto, aquí improviso y no tengo que sujetarme a nada, aquí soy libre... Otra cosa muy distinta es la ficción. Cuando quieres contar una historia hay que luchar y luchar por encontrar un tono, aunque sea un tono desnudo y despojado como me gusta a mí, cuesta mucho. Sobre todo cuando trabajas con material humeante y altamente tóxico. Acabo de ver una entrevista a Céline de Louis Pauwels, él dice que las historias no cuentan, la calle está llena, sólo cuenta el estilo y también dice algo como lo que se paga, lo que duele, lo que no es gratuito. Dice que escribir le mata, que se asesina, pero que tiene que hacerlo...
Pero dejando a ese hosco Céline que hablaba lleno de cólera y envuelto en miseria y contradicciones, lo que me gusta del personaje que se construye Coetzee es que detrás está el escritor, que lo ilumina. Y su retrato es tan realista que no puede no tener lados buenos, aunque él los reduzca, ahí están.
No era Schubert? Pues qué memoria la mía, creí que era Schubert.

Icíar dijo...

¡Qué bueno! jajajajaja. memoria la mía. Era Schubert. ¡¡¡Era Schubert!!!

Belnu dijo...

Tú debiste pensar que tal vez con Wagner fuese mejor... pero no lo creo. El Zu Vield de Tanhauser lo dice todo

JML dijo...

Ese libro de Coetzee espera su turno en mi mesilla de noche desde hace semanas. Es un autor en el que me cuesta entrar. Espero que esta sea la definitiva.
Comprendo muy bien esos huecos de tristeza, la sombra que proyectan algunas ausencias.
Ánimo con tu novela.

Belnu dijo...

Gracias, JML. En este momento estoy en el atolladero en la novela, espero que salgamos bien paradas ella y yo. En cuanto a Coetzee, no empieces por ahí, lee Boyhood (Infancia) o lee Disgrace (que debería traducirse como Deshonor o Caída en desgracia y no como Desgracia), si no lo hiciste ya. Porque Summertime es la pura desolladura y antes estaría bien haber visto sus luces. Para mí es el único escritor hombre que explica la misoginia, los celos en la relación con la madre, que sabe lo que es la maternidad y todo eso desde su estilo despojado y de la mejor tradición anglosajona, fluido como si le cuentas una historia a alguien. También me ayudó, junto a Goldblatt, a entender ese paisaje sudafricano hecho de jirones por el apartheid y el odio y la ambivalencia de enamorarse de esa luz y de esa tierra (lo opuesto del paisaje inglés, por ejemplo, o norteuropeo) con el remordimiento y la conciencia de no tener derecho a estar allí, por ser del grupo de los invasores racistas, a su pesar.

JML dijo...

Ten entiendo. Yo también estoy en un atolladero. Empieza uno tirando del hilo sin darse cuenta de que se agota la madeja. Madeja a madeja, corre uno el peligro de que le salga una novela deshilachada, por eso es necesario tomar distancia y tiempo. Creo que por eso he vuelto al blog, a la espera de que se deshaga el nudo.
Tomo nota de tus recomendaciones. Hace años leí "El maestro de Petersburgo", mi primer Coetzee, y la verdad es que no me gustó demasiado. Lo intenté de nuevo con "Hombre lento" porque siempre me han interesado esas temáticas decadentes de personajes enfrentados a su final, ese intimismo frente al abismo... Hombre lento me gustó mucho, aunque al decir de algunos no pasa por ser el mejor Coetzee, pero a mí me valió para continuar perseverando. Hay escritores que tardan en entrar, pero luego no salen, espero que éste sea uno de esos amores difíciles...

Belnu dijo...

Sí, JML, yo he querido tirar demasiado del hilo, es decir, he tenido esa prisa de quien está asustado, o esa pereza que en realidad esconde un miedo. Ahora tengo que recomenzar en cierto punto, revisar. Cuando me bloqueo procurp al menos corregir, pasar el paño, quitar toda exageración, eliminar la autocompasión, la rabia, los adjetivos, etc, distanciarme del horno, enfriarlo todo.
Yo no leí esos libros de Coetzee que mencionas. Abandone The Age of Iron a mitad, aunque me quedé con una cita que siempre repito. También me gustó el pequeño Life of Animals, por razones otras.

odette farrell dijo...

Ánimo querida amiga...
la foto de tu post es maravillosa y me dió una sensación de paz y de purificación que solo el mar te da.
Te auguro lo mejor para esta nueva novela...

Belnu dijo...

Oh gracias, Odette!!!!

Stalker dijo...

Te deseo descanso, paz y morada, y que estos días extraños fluyan en ti sin herirte.

Ya sabes que la gata está dentro: suavemente te ilumina y te empuja a la vida, te conmina al gesto preciso, a la atención, la escucha y el regazo.

abrazos

Belnu dijo...

Gracias, Stalker! A veces todo me asusta, me siento en la desolladura, intento contenerme, consolarme, disciplinarme, luchar contra el caos que se apodera de esta casa (se me ha ocurrido unir todas las entradas del blog donde hablaba de Gilda; son muchísimas más de las que pensaba!) y esas palabras tuyas me acunan extrañamente.

Anónimo dijo...

No sabemos cuando algo nos abandona del todo, cuando deja de ser un preocupación en la mente, aunque tal vez tengamos algo que ver en todo ello, para pasar a ser otra cosa, de nuestro pasado. Ese carácter de baja autoestima o de marcado peso sobre lo peor, es muy de aquí, por algo Cioran veía en nosotros cosas que le aceraban nuestro país.
iluminaciones.

Belnu dijo...

Iluminaciones! No lo sabemos. Mi amigo serbio me decía que los cristianos no se equivocaban poniendo 40 días de duelo. A veces los ritos o sus calendarios pueden convertirse en apoyaturas para contener un dolor incomprensible, injustificable, que se alía secretamente a otros dolores más viejos.

Ibarra dijo...

Gilda es hoy el hilo...; tu palpitar...; allí donde puso la esperanza de todo lo que representabas para ella...

Belnu dijo...

Todo lo que yo no sabía, Ibarra, lo que no podía imaginar...

Ibarra dijo...

Pon la luz de tu recuerdo para darle la vida que ahora ha de tener en ti... y en tus palabras. Aunque el conocimiento que ha traído su ausencia invite al silencio...

Sangaride dijo...

Llegué a tu blog después de verte en las noches Blancas de Dragó. La verdad es que me llamaste la atención por muchas cosas pero fundamentamente por tu naturalidad y sencillez, rebuscabas en tu bolso para encontrar una diminuta semilla. Te acuerdas?
Tras la muerte de Soseki, y por supuesto la lectura del libro que Fernando le dedica, llega ahora la desaparición de Gilda. Reconozco que me habéis atrapado con vuestro gran afecto hacia los gatos, para mi unos grandes desconocidos pues soy de las que vivo rodeada de perros.
Lamento tu pena y te envío desde el noroeste peninsular un abrazo de esos que aprietan fuerte la espalda y coloca muy juntos los corazones

Belnu dijo...

Sangaride: Puestos a precisar, no era una diminuta semilla, sino una peonza hecha con madera de azufaifo por un luthier al que conocí! Me acuerdo bien porque por desgracia se perdió en un cambio de bolso. Yo salí terriblemente fea en ese programa, se ve que la luz nos desfavorecía a los que nos sentábamos a la derecha y el resultado se parecía más al Yoda de Star Wars que a mí misma. Pero me alegro de que pese a todo, sirviera para que me leyeras. ¿Probaste a leer mis cuentos o alguno de mis libros? Son los que aparecen a la derecha en el blog. Gracias por los ánimos.