La casa llena de flores (lo siento, Frikosal, no es del todo culpa mía, los regalos...). He vuelto a soñar con la misma escalera de caracol, pero esta vez la bajaba saltando, casi volando, con un levísimo taconeo de sandalias. Me he despertado inquieta y con pensamientos de acción. Tengo la sensación de que estos días apenas avanzo, todo es interrumpido. Mi brazo empieza a mejorar y la acupuntora me pide que no lo fuerce demasiado escribiendo de momento.
Alguien me ha recomendado un artículo supuestamente crítico de los arboricidios, en El Periódico, y yo, que me iba corriendo, llevada por la prisa, la recomendación y los titulares engañosos, lo he colgado en Polis sin leerlo. Hasta que he vuelto y me he encontrado un comentario de Eph quejándose del discurso de ese artículo. Entonces lo he leído y he descubierto que era uno de esos supuestos científicos o técnicos vendidos, con el perverso argumento de que como casi todos los árboles de Barcelona se plantaron en el XIX, vale más cortarlos, ya que morirán pronto. ¡Bravo! Por suerte (y porque en esos países la gente se defiende y no detesta los árboles) en Londres y París o en las ciudades alemanas no tienen discursos similares. Aunque este país se convierta en un desierto y contribuya a la desertización del planeta, gracias a nuestros políticos y al electorado que se presta, siempre nos quedará emigrar. Naturalmente, he borrado el artículo. Siempre se encuentran "científicos" y "expertos" dispuestos a defender cualquier cosa, la bomba atómica, la idea de que negros y mujeres somos genéticamente inferiores, la de que hay que cortar todos los árboles o la de que el cambio climático es mentira.
Sigo leyendo los Poemas reunidos de Cristina Peri Rossi: todo está ahí. Sigue la conversación virtual con el escritor levantino, que hoy me había escrito según él casi en trance, un mensaje que se ha volatilizado por esas traiciones cibernéticas, como los sueños que se desvanecen en un segundo al despertarse. He pasado la tarde con T., viendo más lugares posibles de Sicilia y soñando con templos y barroco y mar Jónico y Tirreno y Lampedusa y visiones volcánicas. Mientras investigábamos en lugares sicilianos, V. ha venido un momento, envuelta en exámenes pero radiante, y me ha traído un encargo precioso. Al caer la noche T. se ha ido y era demasiado tarde para recomponer nada. Me ha consolado ese paseo de Derrida que Anna Arzoumanian ha puesto en Facebook (feis). Sólo verle me tranquiliza; por eso tengo su retrato siempre a la vista en mi estantería y he descubierto que ella también lo tiene. Aquí habla del miedo a escribir quoi que ce soit. Y aquí de los animales. Y éste es un párrafo de mi película favorita de JD.
También en Feis, Anne-Hélène Suárez había puesto ese maravilloso taconeo de Sara B. Habían eliminado a un amigo mediante esa censura vaticana de feis, pero los cowboys siempre vuelven. O el cartero siempre llama dos veces, según se mire.
Estoy perdiendo el tiempo, en plena dispersión, pero el manto de palabras de Derrida y las músicas que ponen algunos amigos de feis alivian mi melancolía, la culpa de no estar escribiendo, de haber aplazado la resolución de un conflicto pendiente, de que el peso de ese conflicto influya y congele mi libro... aunque sea sólo unas semanas.
Mientras, parece que mis cuentos siguen su curso para salir este otoño. Cómo necesito ponerlos ahí a correr entre lectores...