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viernes, 12 de noviembre de 2010

Oía

Foto: I.N. Autorretrato entre armarios, 2010
Una música de guitarra latina algo anticuada que llegaba extrañamente de la casa vecina, donde sólo suele oírse música clásica o en todo caso francesa. Esto ocurrió anoche: yo leía en el sofá, con Rufus sumido en su sueño profundo e irradiante, pegado a mis tobillos, e intentaba sustituir una lastimosa sensación autocompasiva con la lectura, pero era en vano, me admiraba de la escritura ajena pensando en mis libros otros, en lo que antes sabía escribir, y en mi novela extraña creciendo y deshaciéndose sin encontrar el arrastre de siempre. Una estúpida pero hábil voz negativa, familiar, es decir, secuestrada de mi infancia, me decía: tú has perdido el rastro de tu escritura y ahora vas a adentrarte en ese terreno ajeno porque sí... Me quedé dormida y tuve un sueño demasiado evidente, aunque con la belleza de ese lenguaje y su abarrocamiento.
Había visto a alguien que antes era hospitalario y amigo y ahora parece condicionado por la opinión ajena, vuelto contra mí sin poder decirlo, fingiendo una naturalidad o una simpatía que ya no siente, manteniendo un hilo que ya no está. Aunque yo necesito comprobar antes de decidir, me puso de malhumor, justo antes de salir a la calle Autopista, con su bosque de feas farolas exageradas y coches rugiendo como tigres (but tiggers are better-looking, aren't they?), intentar una vez más en vano entrar a una tienda de móviles -pero la cola era larga y lenta y asfixiante), comprar otra plancha para sustituir a la rota, buscar rábano negro para desintoxicar, y empezar a curarme de mis pequeños malestares insidiosos.
No te preocupes, me dijo alguien hablando de la precariedad material, esto es transitorio y yo puedo ayudarte mientras dure, como tú me ayudaste a mí. Pero ahí estaba mi sueño, con su conclusión esperanzadora, sin repetir ya el motivo de siempre. Otra vez necesito valor para seguir, para entrar con el machete apartando maleza, hierbajos y espinos, si pudiera... Y antes me queda rescatar y ordenar las fotos de mi libro de la ciudad, otra vez me ataca el síndrome antillano de Jean Rhys, y si no me arrancan el manuscrito...
Cuando escribimos nos entienden felizmente algunos, pero también surgen esos hocicamientos envidiosos de gente que no puede vivir sin nosotros, sin venir a insultarnos, que quisiera dejar sus excrementos y su estupidez en nuestro espacio, sin darse cuenta de que su propia insistencia demuestra sólo su torpe admiración y su deseo... ¡Ja! (esa carcajada triunfante la tomo prestada de mi amiga americana, que diría Ha!). Ellos no pueden entender ni imaginar mis oleadas de felicidad ni saber que incluso ellos son digeridos y transformados en algo alegre, casi un triunfo y que, como dijo la Esfinge la última vez que la vi, me han servido de entrenamiento y ahora me río victoriosa mientras escupo sus huesitos.
Mientras desayunaba, he visto Toni Takitani, de Jun Ichikawa. Habla del duelo y la pérdida y también de la belleza y el vacío y acude a un derrotado y prisionero japonés de la Segunda Guerra para explicar la tristeza y la incapacidad paterna de un personaje. Pero había algo, quizás en esa obsesión fetichista por la moda, las marcas y el vacío (eso sí, el buen gusto hace que todo parezca bonito y nada impostado ni tenga ese exceso abarrocado y a veces peripatético del lujo visto a la occidental, y en esa protagonista no me molestaban siquiera los tacones) que me ha hecho pensar en Murakami, un escritor que no es my cup of tea, aunque siempre tenga algo, pero que me da la sensación de que escoja sus ingredientes para hacer un plato muy bien presentado y le falte algo de verdad, y que en el fondo, a pesar de las apariencias, resulte tranquilizador incluso al contar una historia triste, como si le dijera al espectador: "Es comprensible, su historia es muy particular, no te afecta a ti". Y al ver los títulos de crédito del final (no vi los del principio!) resultó que estaba basada en una novela de Murakami. Y pese a todo me ha gustado verla, me ha sorprendido cómo con esas imágenes de vídeo podía lograr una reducción casi beckettiana a veces, contando todo con voz en off, ilustrada por esas escenas frías y grises.
Qué felicidad el silencio de los sábados, incluso la idea de escoger las fotos de mi libro me hace ilusión. O entrar en esa jungla de mi novela. Voy a poner música mientras tanto...
Last minute news. Acabo de saber que ha muerto Luis G. Berlanga, con quien tuve la suerte de trabajar en el Jurado de La Sonrisa Vertical y del que guardo recuerdos alegres e hilarantes. De ese Jurado primero murió Gil de Biedma, luego Ricardo Muñoz Suay, pero también Juan García Hortelano, Fernando Fernán Gómez y luego murió Toni López: qué ráfaga melancólica porque era un grupo encantador y lleno de humor y genialidad. Otro día contaré mi historia del director de El verdugo, Plácido y de tantas películas memorables durante décadas. O quizás la cuente en algún libro. Pero quería decirle adiós desde aquí.

jueves, 4 de junio de 2009

Ya sé

Foto: I.N., Balcones de Madrid, mayo 2009
Que debería estar leyendo otra cosa, pero después de Sebald, necesitaba más Sebald, así que abrí Los emigrados, vi esa foto maravillosa de un cementerio desordenado de pequeñas lápidas bajo la sombra de lo que parece una gran encina y leí las primeras frases, que me arrastraban a saber de su viaje con Clara por Norwich, luego al dorso vi que era una meditación sobre la memoria y la pérdida, y me lo llevé. Y lo que sigue me arrastra aún más, de hecho sólo me he permitido leerlo en el metro, pero el primer encuentro con ese "ermitaño ornamental", que cuenta las hojas de hierba y muestra una cortesía antigua y la casa que decae y las manzanas deliciosas de un huerto también ruinoso, todo con esa escritura tan seductora y genuina, me ha llenado de esa vieja alegría del encuentro con un libro amigo y afín, que parece escrito para mí y viene a aliviar cualquier pesadumbre y a refrescar como una fuente a la sombra en verano.
Y no es que yo estuviera ya pesarosa. De hecho hace unos días que me despierto ya sin ningún desaliento, sin la resaca melancólica -el duelo de mi libro balcánico, la estela de mis guerras-, llena de la sensación vagamente alegre y expectante que suele acompañarme y más en esta estación. T. y yo hemos empezado a planear un viaje a Sicilia y si los hados del clima no lo impiden, este fin de semana iré al mar.
Estos días pensaba que a veces el mundo parece llenarse de signos interpretables, como en Bomarzo (el extremo inquietante sería la psicosis de Pi o aquel adolescente que encontró un zapato en la calle y lo entendió como un mensaje personalizado que le avasallaba, y así se desencadenó su locura), pero ¿acaso no son nuestras propias obsesiones las que se repiten y cazan al vuelo todos los signos para repensarse, como la embarazada que sólo ve cochecitos en la calle o el celoso asaltado boleros que le hablan de traición?
En Madrid, el doctor Chang me aconsejó que abordara lo aprendido de mis muertes y que escribiera basándome en la memoria. Al llegar, un amigo librero me había mandado un texto de Canetti sobre la muerte y al día siguiente me dejó en el buzón un libro de Vicenç Riera Llorca titulado: Fes memòria, Bel (que además tiene que ver con mis temas). Yo iba sonriendo para mis adentros... Más tarde me preguntó en un mensaje si no me habían crecido los ojos... Yo había preguntado por un cineasta y al día siguiente me invitaron a ver un documental suyo...
Otro amigo me había pagado la primera visita de una acupuntora para aliviar el malestar de mi brazo y esas agujas dolorosas parecían señalar las cicatrices que habían surgido con las interrogaciones del doctor Chang. La acupuntora dijo que en cuatro sesiones sabremos si algo se mueve. Lo cierto es que a la mañana siguiente empecé a sentirme de nuevo energética y con todas esas esperanzas pequeñas que brotan furiosamente como hierbas silvestres en las macetas. También danzan ante mí los fragmentos de sueños que logran entrar en mi memoria consciente como colas de películas: todo se integra en el torbellino de pensamiento.
Hoy he vuelto a Delfos y la sacerdotisa que durante años me guió (y avanzamos juntas lo duca e io) con su lámpara psicoanalítica me ha dado, al despedirnos, una frase clave para unir al torbellino, al zibaldon di pensieri, una idea que ha hecho carambola inmediatamente y que podría explicar mi extraño cambio de los únicos tiempos, una frase que va creciendo y ramificándose en mi mente como las buganvillas rojas de la terraza.
Ayer, cuando salía de La Central me encontré a Jordi Herralde, que acompañaba a Jonathan Coe con buen ánimo. Herralde nos presentó y añadió a mi nombre a writer, a translator, a literary critic and a friend, lo cual siempre es una buena presentación. Coe me preguntó si además era cliente de la librería y yo le dije que por supuesto, y estuvimos elogiándola, y luego Jordi Herralde me recomendó vivamente la novela de Coe, hablando del giro que ha dado y que hoy el autor matizaba en los periódicos, ya que según él era un proyecto viejo que le acosaba y que hasta ahora no había sabido abordar. Habrá que leerla.
El helicóptero ha estado rondando como un moscón sobre mi barrio, al fin he llamado al 010 y me han dicho que era "de vigilància". Sorprendida, le he preguntado si es que ahora pensaban vigilarnos así, ruidosamente y sin más, como en un estado policial. Entonces me ha dicho: "És que hi ha un cap d'Estat a la ciutat". Le he hecho repetir, había entendido "un cop d'Estat" pero unido a la ciudad no tenía mucho sentido... Cuando al fin se ha ido el moscón gigante, el perro de una vecina, encerrado en la terraza, ha empezado a ladrar sin fin, y ahora que el perro ha sido liberado por fin, un vecino perverso ha decidido hacer bricolage. Y al fin, silencio de pájaros...
Al pasar por la magnífica arboleda de Joaquim Folguera que el ayuntamiento ha decidido arrebatarnos me invaden impulsos resistentes: no puede ser que nos quiten esos almeces, en ninguna ciudad europea podría pasar esto y aquí es continuo. El ayuntamiento castiga especialmente un barrio que detesta, porque lo considera "del enemigo" y día a día nos van despojando de toda sombra, toda arquitectura valiosa, toda belleza. También corren peligro las magníficas palmeras y el gran sauce que quedaban en l'Escola Sant Gregori, vestigios del jardín frondoso que había desde los tiempos de la República y que han ido talando. Ahora van a volver a abrir la calle Arimón, seis meses. Ya la abrieron el año pasado, pero sólo cuenta que ellos vuelvan a cobrar. Si esto no es corrupción... Llenan el buzón de propaganda, ¿creerán que somos estúpidos? Yo fui votante de Iniciativa, pero ahora, ¿creen que unas frases electorales van a borrar esa policía de Saura, que saca los ojos a los jóvenes y no rectifica ni paga una condena? ¿O esas encinas taladas en el pulmón verde del Tibidabo con el apoyo de Imma Mayol para hacer la montaña rusa de Hereu? ¿O la ley de educación que sigue los pasos de CIU y sólo apoya las escuelas privadas y eclesiásticas mientras abandona la escuela pública? Hay que ser idiota para votarles. Ninca me pasa un link de La Vanguardia donde se hacen eco de los inminentes destrozos del patrimonio arbóreo y del grupo de resistentes que intentan evitarlo. En fin, se me ha colado aquí un trozo de Polis... Por cierto, pueden leer aquí mi reseña rimbaudiana de ayer en el Cultura/s.
Last Minute News: Mientras, G. ha vuelto a cambiar de rumbo y su dirección parece tener sentido. He ido a Gràcia a ver a un amigo, que nos coge entradas para algunos hitos del Grec, italianos. Por desgracia me perderé el Purgatorio de Dante, porque coincide con mi lectura de textos de guerra en el Refugi 307, refugio antiaéreo construido por los vecinos en Poble Sec, en una actividad organizada por el Museu d'Història. Ayer tuvimos una interesante y suculenta cena china de amigos bloggers, y también ayer, Enric Casas, director de Comunicación del ayuntamiento de BCN, puso en su Facebook la portada de mi libro balcánico, elogiándolo. Me han mandado la entrevista que me hizo Lino Veiguela para la publicación asturiana Les Noticies, ¡en bable! La pondré aquí mañana, hoy no logro pescarla porque el diario digital está plantado en el día de ayer.
El martes 9 daré una pequeña conferencia en la presentación del libro de poemas Allò doncs, de Danielle Collobert, en el l’Espai Mallorca (Carme, 55 – Metro Liceu) traducido al catalán por Antoni Clapés y Víctor Sunyol, y editado por Jardins de Samarcanda (Cafè Central / Eumo editorial), donde también hablará la filósofa Nelly Schnaith y leerá poemas la actriz Montse Vellvehí. Mi texto se titula Danielle Collobert, naufragi en un mar de paraules. Curiosamente, ya Alberto Hernando me había propuesto hacer algo sobre esta autora hace tiempo y cuando Antoni Clapés me lo dijo encontré el libro en casa con sus obras completas. Estuve forcejeando y resistiéndome, pues la escritura de Collobert no me resulta fácil, sino todo lo contrario, pero Antoni Clapés insistía. Y de pronto, una frase de Colette prendió la chispa del texto que leeré y cuya acabó arrastrándome mágicamente, por uno de esos misteriosos modos del inconsciente, a un proceso inesperado, que describo al final de mi texto. ¡Espero que vengan algunos de mis lectores silenciosos!

miércoles, 18 de marzo de 2009

Solazo

Foto: I.N., librería china en París, 2009
Una simple combinación como el sol radiante que hoy me envuelve en esta sala, unida a un pensamiento que he tenido al leer mi reseña de Erling Jepsen en La Vanguardia Cultura/s y los restos de una ensoñación matinal han bastado para sentirme energética y acabar mis ejercicios bailando alegremente por la casa. Justo antes, un G. recién tatuado con un dibujo esotérico maorí me ha llamado preguntándome por qué ayer estaba mustia y me ha dicho una de sus frases iluminadoras sobre nuestra vieja conexión shasán.
Anteayer vi a mi vecino en manga corta por la calle, aunque soplaba un viento bastante fresco bajo este mismo sol. Iba con un alegre acompañante belga en shorts y le señaló como culpable de la ligereza de su atuendo. Il faut profiter du soleil me dijo el radiante belga, que estaba probablemente feliz de salir de la grisaille del norte. Me recordó a aquel agosto en San Peterburgo en que yo buscaba la sombra mientras los lugareños seguían por el sol porque, decían, allí duraba poco y había que aprovecharlo.
Es verdad que los almendros han florecido, que los brotes de mi castaño de Indias han estallado en hojas peludas y que ayer vi uno de esos abejorros castaños describiendo sus particulares círculos de vuelo en torno al jacinto que me regaló V., que yo estaba trasladando a una maceta, aunque fuese un riesgo para sus flores (embriagadoras).
A momentos desespero, mi impaciencia no puede, mis tentativas con la novela generan millones de dudas, los pensamientos negros (JRJ. Era mayo y el campo estaba lleno de vida y de pasión./ Yo iba con mis pensamientos negros hacia un mundo sin ojos) se desencadenan, los franceses no contestan, el contrato no llega, las instituciones de las conferencias son lentas, mi escritura no avanza y a veces la parte de mí contraria a una opción vital extraña que adopté hace poco inconscientemente se rebela y el resultado son momentos de tristeza, como ayer, cuando visité a los dos orgullosos tatuados, que me ofrecieron quesos sofisticados e incluso hospitalidad nocturna. Pero yo iba sin nada, vestida de yoga y envuelta en mis pensamientos grises como una cortina delgada, así que me volví a casa. Luego estuve leyendo la biografía de la Esfinge y su grupo y me reí, añorando esa brillante ligereza wildiana y leversoniana. Decía Ada Leverson que Oscar Wilde demostraba un especial talento literario en los telegramas. Me acordé de lo que decía G. de mis sms balcánicos, y es que salvando las abismales distancias, ¡las exigencias de síntesis propician lo literario!
Tuve que levantarme y la quietud silenciosa de estos barrios me asaltó: Barcelona es un pueblo, pensé. Tan ruidosa como El Cairo de día (ahora condenan a años de cárcel a los de los bares y yo pienso que es injusto y desproporcionado porque el ayuntamiento, con su escandalosa doble moral y su compromiso con el cemento, promueve y aprueba el estruendo diurno, y las obras, las sirenas, los transportes no tienen aquí límites de frecuencia ni de decibelios) hasta la náusea y la enfermedad, de noche es rural y quieta, sin el rumor vital de las ciudades de verdad, sin la sensación de que uno podría bajar a la calle y seguir viviendo, como ocurre en París o en Nueva York (en Buenos Aires, dice Cacho).
Por cierto, ha desaparecido a traición mi contador de visitantes invisibles. He intentado poner otro; no sé si funcionará, pero empieza desde cero...
Plus tard... Copio en Polis lo que me cuentan del brutal desalojo de los estudiantes y la forma en que los Mossos a las órdenes de Saura los han castigado desproporcionadamente. Si eso es la izquierda...
Escucho otra vez estos días, sin cansarme, a la que fue maravillosa cantante de los Fugees y que en este disco sabía cantar llorando y reírse mientras lloraba y hacerlo todo en una atmósfera desnuda y hechizante y al ir a buscar un link (por MB, un psicoanalista amante de la música y lector -espero que todavía- de este blog, que me sugirió que dijese con qué música bailaba yo por la casa en mis momentos de felicidad) de youtube, he leído de su supuesto desequilibrio, de un supuesto quinto embarazo del hijo de Bob Marley, que no reconoce a los hijos, y la noticia me ha causado desazón, y me pregunto tontamente cómo esa voz magnífica, tan llena de calor e insight, y esa belleza energética y joven y... en fin, casi como la pregunta retórica de mi madre cuando yo era adolescente (como si ella no hubiera sabido realmente nada de su responsabilidad en lo que me había destruido): "¿Cómo puedes llorar, con esos ojos tan bonitos?"
Firmen aquí contra la destrucción de la Diagonal, la tala generalizada en Barcelona, y no hagan ni caso de esa petición de dinero de la web, nada que ver con nuestro manifiesto...
Me mandan de Portugal una información vilamatiana para que la divulgue:
JumpCut – Promotora de Teatro e Cinema informa que novamente se va a apresentar en Portugal Sentido Portátil, la adaptación teatral de História Abreviada da la Literatura Portátil, de Enrique Vila Matas.
Acontecerá en Teatro Taborda (Costa do Castelo, 75, Lisboa) de 15 a 26 de Abril por las 21h30, de Miércoles a Domingo. (Lo envío de esta información es para poder divúlgala en todos los blogs que hablen e gustan de Enrique Vila Matas. Puede ser que alguien se interesé e venga al espectáculo). Para mas informaciones, por favor contacten:
Daniela Siragusa jumpcut@jumpcut.pt
Tel.: +351213230053/+351962316170
www.jumpcut.pt

domingo, 15 de marzo de 2009

Après la plage

Foto: I.N., Fachada en una calle de París, 2009
Anoche, el cambio de medicamento homeopático produjo un viraje espectacular y mi tos desapareció y cuando al fin me retiré a mis aposentos dormí profundamente. Esta mañana me he ido con Tigridia a andar por una playa ventosa y solitaria, el agua del mar brillaba tanto que sólo esa visión ya me ha transformado. Es verdad que un momento antes había comprobado cómo una turba de gente estúpida y analfabeta hacía caso omiso de las peticiones de silencio de un lugar protegido y dejaba gritar a los niños o hablaba en voz demasiado alta y apenas se veían los caballos salvajes y los ibis de otras veces. ¡Pero la playa! No había nadie y nosotras íbamos cerca de la orilla, aunque sin descalzarnos (yo por mis bacilos). Mi cámara se había quedado sin batería cuando intentaba retratar a uno de esos patos verdosos y aterciopelados...
Al volver, tras un rato de llamadas y sofá, he puesto una música que no escuchaba hacía tiempo (gracias, J) y me he sentido otra vez invadida de esas oleadas de rara felicidad, como si la música se tragara de pronto la rabia de escuchar al hombrecito de turno que viene a darme lecciones balcánicas o a demostrar su saber sobre soldaditos por haber escrito mi libro balcánico (¿cómo osé adentrarme en territorio viril, territorio vedado?), como si de pronto mi propia irritación me diera risa (y tras intercambiar mensajes absurdos L. y yo en una batalla contraria, a saber: cada una cree que le debe más favores a la otra, yo amenazándole con mandarle una foto de su platillo en la balanza, mucho más ligero de deudas que el mío), yo mezclaba fragmentos de recuerdos y pensamientos y le daba vueltas a la frase de un amigo que añoro al teléfono y me sentía sobre todo agradecida de su llamada y sus frases al cabo del tiempo, como Oscar Wilde con aquel hombre que se quitó el sombrero ante él mientras la multitud le abucheaba a su salida de la cárcel (antes de refugiarse en casa de Ada L.), y yo sonreía pensando en cosas que sólo ahora puedo entender aunque ocurrieron hace mucho, mucho tiempo, y aun mi melancolía de no poder explicárselas a alguien desaparecido es una melancolía con algo hilarante: tal vez al final sólo escribamos cosas de forma abstraída como si habláramos con nosotros mismos, como a veces Colette en Le pur et l'impur...
Y ahora voy a tener que leerme por encargo la novela de uno de esos autores que busca temas en los periódicos para escribir la canción del verano y ganarse bien la vida, y en esos instantes de hastío (¡con la cantidad de libros maravillosos que me esperan!) siempre me acuerdo de Los demasiados libros de G. Zaid y pienso en cuánta razón tenía y en que la crisis, aunque debería servir para que los editores publicaran menos libros mediocres, en realidad hace que algunos busquen sólo esos libros con los que imaginan que se harán ricos o que no necesitarán los imposibles préstamos bancarios (aunque hay grados muy distintos, en función de la dignidad, la imaginación y el espíritu de cada cual). Como también debería servir la crisis para enmendar errores, cuidar el medio ambiente, invertir en educación y no en cemento, corregir lo que nos ha llevado al hoyo, pero nuestros políticos sólo abundan en ese camino equivocado de la desdicha.
Voy a seguir escuchando esa música que por alguna razón misteriosa parece encenderme una luz interior o un producirme un cosquilleo o hacerme respirar de otra manera. No sé qué es, tal vez la poderosa memoria que cada vez pesa más en esta fase de mi vida, ¡envejezco!, pero hay un efecto inesperado y alegre en algunas músicas, aunque sean músicas imperdonables que mis amigos contemporáneos nunca entenderían...
Pero para enderezar simbólicamente alguna cosa, mañana lunes, vengan a escucharnos a Caja Madrid a las 19h, Plaça Catalunya 9, hablaremos de Dorothy Parker y Berenice Abbot...