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martes, 16 de marzo de 2010

He subido una pendiente

Foto: I.N. Maraña de árbol en el cielo, 2010
Andando a paso rápido, lo que mi amiga americana llama a brisky walk, porque quería llegar a la nueva casa de Yelena Caterinova antes de que oscureciera y he sido mucho más rápida de lo que imaginaba. Ahora la Belle Elaine y su familia tienen un pequeño pero doble jardín, con una nudosa y magnífica morera, unos cipreses olvidados que se recuperarán enseguida de su abandono, un árbol que por el tronco parece acacia (su desnudez invernal dificulta momentáneamente la verificación) y una gran invasión de acanto. Los ventanales de la sala dan a esos árboles y hasta la puerta de la casa es bonita. Yo, que he dejado de angustiarme tanto por la pérdida de mi casa para confiar extrañamente en las razones del universo (si tengo que perderla, ya habrá tiempo de sufrir), sueño ahora con tener un día unos árboles y un pequeño jardín. ¡Soñar es fácil! En el jardín de la Belle Elaine me ha recibido un mirlo que cantaba con toda su potencia mientras atardecía. Uno de los gemelos leía en posiciones acrobáticas que he pensado imitar y el otro cruzaba constantemente la línea que yo le había marcado señalando "el rincón de las cosquillas", así que tenía que cosquillearle, porque a esa edad aún no han decidido si las cosquillas les gustan o no, y se ponen a prueba todo el tiempo. El hermano mayor, que no estaba, había escrito un retrato suyo que me ha dejado atónita, donde acababa diciendo que no tenía modelos de niños, tal vez porque "no soy infantil". La Belle Elaine, que va a presentar su película muy pronto, se ha apuntado a un corto ciclo de documental de una directora que a las dos nos entusiasma y que estará tres días en Barcelona. Yo quería que G. se apuntara también, pero no lo he conseguido. Por cierto que G. ha presenciado esta mañana la persecución de unos ladrones que habían atracado una joyería en Mandri y luego me contaba la conversación de vecinos, portero y transeúntes y como imitaba a cada uno era un auténtico teatrillo. Le he dicho que si le va mal su profesión, siempre podría hacerse cómico, pero él estaba impresionado por el aspecto dramático de lo que había visto. Yo buscaba un poema de Zagajewski de 1999, titulado "Ver", donde habla de Barcelona y dice algo como "la pena de las mujeres viejas en los barrios nuevos / de los suburbios de Barcelona". ¿Alguien puede ayudarme? Tengo otro poema suyo que también se titula "Ver", pero es anterior, y no es el que busco. He empezado la última novela de Vladimir Tasic, publicada en francés por Les Allusifs, Le mur de verre, y creo que me gustará. En las primeras páginas, una mujer recién separada ve a veces en la cara de su hijo la sombra de una expresión del padre y esa sombra convierte al niño en misterioso vehículo de cosas que pesan demasiado. Curiosamente hay una frase que también salía en uno de mis cuentos de Crucigrama, "Vinçon". En mi cuento, una pareja iba por la ciudad en un coche americano y la narradora leía una y otra vez la frase impresa en el espejo del copiloto: Objects in mirror are closer than they appear. En la novela de Tasic, la frase sirve para que el padre dé una explicación científica al niño. El domingo vi una película convencional y clásica, pero me gustó. Seguramente fue gracias a Jeff Bridges, que para mí es también un viejo conocido y su presencia sirve para matizar y dar credibilidad a cualquier cosa. Creíamos que era la biografía de un músico, pero no estaba claro, aunque se parece a la biografía de unos cuantos. La cuestión no era ésa; todo era previsible y no muy original, y sin embargo... Me gustó, no sólo por el ingenioso humor negro de las respuestas del personaje, que parecía casi Robert Mitchum en Retorno al pasado, o por sus canciones y la forma de cantarlas, sino esa presencia física de JB, esa manera de mostrar el exceso, el descontrol, la autoindulgencia, el abandono, cosas que me interesaban simbólicamente. Y el contexto también. Así que una película simple me ha dejado ecos interesantes...
Intento esquivar la desolación de la plaza Joaquim Folguera. Han cortado todos los árboles y sólo queda cemento y obras. Hoy un tendero me decía que la visión sin los árboles se le hacía insoportable. "Els hem vist sempre", decía. Él ha ido a ver los pocos que han trasplantado a una plaza, más arriba, para consolarse. Yo ya no salgo nunca en esa estación de metro, lo que me obliga a andar más, pero no soporto salir y ver ese páramo de cemento en vez de nuestros preciosos lledoners. Naturalmente, ya no huele como antes aquella fresca espesura. Ahora huele a ratas (por la excavación) y a tubo de escape y a cemento. Durante tres años será así y luego... ¿más desolación? El tiempo se echa encima y ya es casi primavera. Espero que en alguna de mis librerías favoritas me inviten a firmar mis cuentos para Sant Jordi... Y tal vez vaya en mayo a la feria del libro del retiro...
Hoy me he saltado los periódicos. He estado avanzando en mi libro de la ciudad y era como si paseara por esos lugares, bajo los árboles. Tal vez por eso he tenido el impulso luego de subir la colina helénica. Leo también a ratos las memorias de Canetti, que había abandonado y que son extraordinarias. Pero en realidad no puedo porque estoy buscando citas para un trabajo bonito y laborioso. Ha sido un día extraño y lento, como si algún duende roedor clavara dentelladas a mi tiempo, como si todo se empeñase en ocurrir interrumpidamente, como si algo en mí no quisiera ponerse en marcha del todo...
Mi artículo de hoy en La Vanguardia Cultura/s sobre Robert Pinget, aquí