Foto: Cartel del acto
El primer miércoles de cada mes, en el Taxidermista organizan su celebración devoradora de textos literarios y ayer me tocaba a mí. Se me había olvidado la fecha y además no me llegó la invitación hasta media tarde, de modo que apenas pude avisar a nadie (al volver me encontré muchos emails casi idénticos diciéndome: "He visto el mensaje a las 9.30! Podría haber venido de haberlo sabido antes..."). Sólo un amigo apareció y cuando subíamos juntos la Rambla me dijo que se alegraba de haber ido.
Había muchas mujeres y algún hombre de una pequeña organización de ciegos que existe dentro o colateralmente a la ONCE. Me escucharon con mucha atención y luego comentaron. Yo les advertí que tiendo a leer deprisa y que me avisaran si era demasiado. Leí mi cuento "La noche que murió Franco" y al final una mujer ciega que se sentaba a mi lado me dijo: "Es verdad que lees deprisa, pero como vocalizas bien y lees claro, no importa, tiene casi más emoción". Fueron entusiastas y me hicieron preguntas y comentarios. Me preguntaron si tenía algo en audio y pude decir que sí, y se apuntaron la antología de Funambulista, y como les anuncié que dos de mis libros van a salir en audio, quedamos que los llevaría para enseñárselos cuando salieran, en uno de esos miércoles. Y entonces una mujer ciega que se sentaba a mi derecha leyó. Era un texto suyo, rimado, poético-narrativo, pero fue toda una experiencia escucharla y verla leer. Leía en Braillie, con las manos, a toda velocidad. Era emocionante ver cómo tocaba las palabras, como sonriendo, sin mirarlas, con la mirada puesta en un lugar indefinido del horizonte, y esa mirada ciega parecía despedir una luz extraña. Tenía una voz sugestiva y todo resultaba muy teatral. Era casi como estar en el teatro y no sé explicar por qué el efecto era tan poderoso. "Qué deprisa lee -me dijo la que se sentaba a mi izquierda-, yo para encontrar cada palabra me paso un rato". Por ese comentario supe que no todo el mundo puede leer a esa velocidad en Braillie y hacerlo bien. Pero era obvio que la lectora tenía un talento, no sólo para escribir y rimar y componer un poema-cuento, sino para teatralizarlo espectacularmente, sólo con esa combinación de manos que buscan, encuentran, acarician las palabras con una sonrisa, como quien juega a la gallina ciega y sonríe al reconocer a sus presas por el tacto. ¡Y esa mirada vuelta hacia dentro, hacia lo secreto, lo que los demás no veíamos...!
No pude quedarme y no sé si leyeron más. Tenía una cena lejos de allí, que fue muy agradable, y me fui, con ese cartel tan bonito como recuerdo. Al llegar, tarde, tarde, encontré un montón de emails. Mi amigo escritor serbio dice que mi último cuento (el mismo que hace unos días conmovió a alguien al leérselo por teléfono y mi amiga madrileña dijo "¡Mándamelo enseguida! Si lograste emocionar a un Leo, debe de ser muy percutante!"): "Puede ser muy buen cuento". A condición de empezar in medias res y de sintetizar el final. Le asiste toda la razón estructural. Creo que voy a hacerle caso, o al menos voy a probar cómo quedaría. Me he vuelto más desprendida con mi materia y puedo borrar o cortar libremente... salvo cuando toca un punto de tuétano. Y G apareció con una idea que cambiaría su vida en estos próximos cuatro años... Tampoco ahora tengo tiempo. Seguiré más tarde, contaré tal vez algo de la cena.
