Mostrando entradas con la etiqueta espíritus. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta espíritus. Mostrar todas las entradas

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Los espíritus que nos habitan

Foto: Guillermo Aguirre. Yo en NY, desenfocada, el año en que vivimos peligrosamente.
A pesar de las predicciones apocalípticas, de la crisis que se extiende a todas partes, de los augurios de Jacques le Fataliste para conmigo, de su maldición chamánica, parece que los resultados de los análisis no son malos, aunque mañana tengo que visitar al dr. U., pero la sage homeopathe ha sido muy tranquilizadora por teléfono. La cuestión es que me he pasado el día en la calle, abstraída en recados diversos y en los trayectos leía despacio, a sorbos pequeños porque lo quería guardar para el avión, a la maravillosa Jean Rhys, en este caso After Leaving Mr. McKenzie, y en cada página hay al menos una muestra fulgurante de su insight, de su inteligencia poética, de su humor, aunque todo sea un charco negro de melancolía y yo siga pensando en E. aunque la acción ya no transcurra en Londres sino en París, pero esa chica solitaria, pensando en las musarañas horas y horas en su cuarto y recibiendo la carta semanal del señor McKenzie hasta que... Iba pensando yo que siempre ha habido injusticia en el mundo y gente talentosa y perdida en habitaciones cutres de las grandes ciudades, forcejeando contra el destino, y siempre la razón de las cosas ha estado sobre todo o casi sólo en la literatura.
Y pensando eso andaba feliz en el aire no tan frío de la ciudad iluminada. Me ha dicho una de las jefas de una charcutería de lujo que la gente seguía comprando, pero todo más barato. "Caviar por ejemplo -me ha dicho-, no tengo, me parece ofensivo ponerlo, porque hay mucha gente que está cayendo, incluso gente rica de siempre..." Yo no podía explicarme en qué consistía esa especie de nostalgia walseriana, como en aquellas excursiones suyas montaña arriba, a pesar de su pobreza, de su falta de recursos, había una ensoñación feliz, algo que... He visto a mi editora del libro balcánico, ella es muy alegre pese a su realismo, y se moría de risa con mis historias, dice que tengo vis cómica y que no es extraño que escriba cuentos. "Sólo tienes que hacer un volcado de lo que me has dicho", me dice... Y es verdad, pero una parte de mí se resiste a escribir esos nuevos gérmenes de cuentos hasta que un editor haya querido pujar por los ya acabados.
Y es que ayer, mientras forcejeaba yo en un probador con un vestido de Isabelle M., tuve dos llamadas insospechadas, una política pero que acabó tomando por sorpresa un cariz histórico-personal (el pasado que se agita en el presente, sí, con su fondo de tristeza e ineptitud mía frente a ciertas cosas, ¿qué sabía yo entonces, cómo podía haber ayudado a alguien que no quería, si a duras penas podía conmigo? y pese a todo, cuánta belleza y vitalidad perdida) completamente insospechado, y otra de Dubai, de emergencia metafórica y con un paisaje onírico. Y me preguntaba qué pasa con el teléfono en los probadores, y tal vez ésa sea la razón de que yo nunca me decida a ir de compras porque hace tanto calor con luces halógenas y el teléfono suena siempre con llamadas misteriosas e imperativas y yo no consigo salir nunca y al fin acabo comprando tal vez más o menos de lo que quería, ansiosa por salir de esos no-lugares y sospechando de los espejos trucados...
Una amiga italiana me ha pedido que le recomiendo un libro de VM para regalar y por un momento me ha convencido de que El viento ligero en Parma se llama en italiano Dalla città' nervosa, aunque parece que es otro, y el título de la ciudad nerviosa me ha gustado aún más en italiano, era como si Barcelona se convirtiera en una ciudad trémula, vibrante, un poco como aquella noche que se movía de Arthur Penn o como La notte de la que hablaba VM en los dos libros y en el deseo que esa película, donde Mastroiani era escritor, despertaba en él, que decidió convertirse en escritor para ser como Mastroiani y casarse con una mujer como Jeanne Moureau, escribiera lo que escribiese. Así que lo encargaré, si realmente es otro, Desde la ciudad nerviosa.
¿Por qué será que ese libro tan triste de Rhys me pone alegre? ¿Será Scrooge en la calle iluminada, la locura del consumo y la idea de que me voy y dejo atrás la atmósfera cutre de villancico franquista que predomina aquí durante la Navidad? Aún no he mirado las temperaturas de Bruselas. Aún no sé qué voy a meter en la maleta que me ha regalado J quien por cierto regala La plaza del azufaifo por Navidad y me hace dedicarlos), me pregunto si sabré abrirla o si me quedaré mirándola impotente, sin poder leer ni cambiarme de ropa ni... O si la reconoceré en la cinta transportadora. O si me sentiré como una hormiga en Bruselas, rodeada de frío y lluvia y moules et frites. Y si el frío será terrible y si resistiré la pesadilla de los aeropuertos. O qué dirá mañana el doctor U. De todas formas, los agoreros me han sugerido que podía tener enfermedades terribles estos días, y yo, que no soy hipocondríaca, estaba ya pensando en que tal vez era el momento de morir, que mis huesos se habrían hecho finos como papel de fumar, como insinuó con una sola palabra alegórica incluso la Belle Hélène. Y hoy parecía que nada de eso está cerca y que sigo siendo la que era. Pero, ¿a qué ese espíritu fogoso y vital que me anima?
En realidad, esto no es un post, es sólo la ampliación de un mensaje que he mandado a alguien, o un simple volcado, como dijo Paulina. ¿Saben qué libros me gustaría leer pero tengo que añadir al montón de espera? Mi autorregalo navideño: Hazlitt, El espíritu de las obligaciones, Dostoievski, Diario de un escritor, Zweig, Sueños olvidados, Stevenson, El emigrante por gusto, Kierkegaard, Johannes Climacus o De todo hay que dudar, Turguéniev, Páginas autobiográficas y una Guía de cementerios y tumbas literarios. Qué ratos maravillosos de tiempo robado...
Y dos cosas completamente en serio, que irían a Polis si yo tuviera claro que quiero mantener mi blog político y no dejar que todo se mezcle:
1) ayer me propusieron que participara en el debate sobre la Diagonal en instancias más oficiales; véanse, como muestra, los comentarios del post (yo le pedí al experto jardinero Joan Bordas que me acompañase) y 2) Lean a Vicenç Navarro en El País de hoy: 'Spain is different' o la impunidad mantenida. La tercera es que se ha muerto el escritor F. Casavella, a los 45 años.
Y una vez más, si les importa que no talen los plátanos, palmeras y acacias de la Diagonal, los almeces de la plaça Joaquim Folguera, la diversidad del Parc de la Ciutadella, firmen aquí.

sábado, 1 de noviembre de 2008

Espíritus

Mariscal, El pi del català, 2006
Ayer fui a comer con un viejo amigo. Llovía furiosamente y fue una aventura llegar hasta allí. El lugar donde trabaja se ha convertido en un jardín frondoso y los árboles y las enredaderas cubren los edificios industriales de principios del siglo pasado. El reencuentro fue alegre. Me enseñó lo que estaba haciendo, estallidos de color y pasiones y obsesiones, una expo en Londres, una película de animación, varios libros... Me enseñó artistas del cómic favoritos del mundo. Me anunció que se reeditará a color el cómic donde yo salía, el mismo que aparece citado en un libro mío. Yo le llevé mi azufaifo y le dije que le he dibujado yo también (a mi manera) y eso le hizo gracia. Le veo y recuerdo por qué conectamos hace muchos años, in the first place. Su entusiasmo me parece contagioso y ayer le vi energético y plácido a la vez. Me regaló un libro de retratos, y cuando ya me alejaba, me dieron ganas de hacerle una propuesta de libro juntos... pero primero tengo que pensar...
Una amiga me escribe desde Austin hablando del origen celta de Halloween, "Halloween (All Hallow's Eve), el fin de año celta, samhain. Según el calendario celta el invierno empezaba hoy, y el día antes llevaban al ganado desde los prados a los establos a pasar el invierno. Y también era el día en que los espíritus salían a apoderarse de los cuerpos de los vivos para resucitar y volver de algún modo al mundo. Para asustar a los espíritus, los celtas decoraban y ensuciaban las casas con huesos y calaveras. Más adelante, a esta tradición se añadió la fiesta romana de la diosa de los arboles frutales "Las Fiestas de Pomona", y las manzanas y otros frutos se añadieron a la fiesta..." Aunque parece absurdo que esa tradición icónica de la calabaza y los disfraces se haya trasplantado aquí por vía mercantil, a mí me gusta la idea -tradición compartida- de que haya un día para todos los muertos. Hace años, en la vieja BTV, más alternativa, pusieron un programa espléndido sobre la muerte, que trataba todos los aspectos, desde el forense y el policial, el biológico (salía un antiguo amigo biólogo hablando de los huevos de mosca que tenemos en los brazos aunque nos duchemos), el de la eutanasia, el religioso, el filosófico (faltaba el psicoanalítico, como siempre ocurre aquí, y en su lugar había un psiquiatra lletraferit), el de pompas fúnebres, etc.
Me he pasado el día enclaustrada, primero forcejeando con la corrección de los cuentos en castellano de mi amigo serbio y debatiéndome también mentalmente con uno de esos espíritus (¿celtas?) que me persigue desde el lunes pasado, me obliga a interpelarme con desplantes y pequeños conflictos absurdos.
Curiosamente, ese espíritu alevoso coexiste en mi cabeza con la rara felicidad de la proximidad de la publicación de mi libro balcánico, mi búsqueda (también esperanzada) de editor para mis cuentos (me hace ilusión recibir algunas respuestas animosas de editores que quieren leerlos, que no reniegan del género ni de mí), el final de ese libro (aún corrijo mientras imprimo copias para mandar) y los primeros interrogantes sobre un viejo proyecto de libro rescatado que aún no sé cómo arrancar. A veces me recorre un escalofrío al pensar en la publicación de estos cuentos, en dar la cara por ellos, en equivocarme, pero seguramente es el mismo espíritu celta. Otras veces me alegra mostrarlos y siento la vieja necesidad de ese intercambio que es publicar. Y por otra parte me hace ilusión encontrar el editor de esos cuentos, convencida -a ratos- de que cada libro encontrará el suyo, de que todo es cuestión de pensar y de seguir los consejos que me han dado los que mejor conocen ese mundo. El lunes iré a registrar el libro completo.
Y al mismo tiempo, he empezado a preparar mi fuga navideña, alertada por mi hermana italiana, que en un mensaje me preguntó adónde iba a escaparme este año. Esta vez tengo compinche y espero que ese viajecillo europeo a una ciudad helada nos salga comme sur des roulettes... La verdad es que ya necesito airearme, para rescatar a mis mejores espíritus y encerrar en un cuartucho a ese espíritu de los desplantes que tanto me ha zarandeado esta semana... La búsqueda me ha llevado a conversaciones con viajeros que me recomendasen hoteles: "Es propicio tener adónde ir", dice el I Ching.
Ayer vi una película interesante, Encuentros en el fin del mundo de Werner Herzog, un documental distinto sobre la Antártida. Las imágenes submarinas bajo el hielo eran de paisajes surreales, a veces parecidos a cuadros de Tanguy o Max Ernst, era maravilloso imaginar cómo sería estar allí, ver aquellas especies, extrañas estrellas de mar y seres muy distintos y voraces, depredadores salvajes que viven bajo la capa de hielo. Oír las conversaciones con los científicos que allí se encuentran, escuchar sobre todo las preguntas que se hace, les hace, nos hace el propio Herzog, que habla ya del fin de nuestra especie en una Tierra demasiado amenazada (aunque haya quien, como el feo bigotazos, prefiera negarlo). Contemplar la locura de esos pingüinos que un día abandonan la manada para encaminarse a las montañas, andar kilómetros y morir, en un extraño y obstinado suicidido. El paisaje terrestre también era maravilloso: "There is something almost sacred about being there,” dice WH, “something that does not belong to our planet anymore. As if it were science fiction, as if we were confronted with the essence of creation.” En cambio, la base era terrible, un lugar industrial deprimente, con largos túneles construidos, banderas y espantosos estandartes y rótulos de países, alacenas kitsch para dejar a unos habitantes del futuro, unos extraterrestres que visitaran la Tierra cuando ya no estemos. Un lingüista hablaba de la extinción de las lenguas. Los vulcanólogos estudiaban al borde de la herida agitada de la tierra. El biólogo que estudiaba los pingüinos era muy taciturno y Herzog le provocaba con preguntas que mantuvieran la conversación. Había una mujer aventurera y osada que había recorrido los lugares más peligrosos, y también la parodia de los que intentan batir récords Guinness, como si eso sirviera de algo. Es verdad que, como dijo L., habría sido mejor reducir las escenas de la horrible base y ampliar las del paisaje helado y subacuático, pero a mí me gustó mucho ver la película y oír la voz de Herzog preguntándose así.
Por lo demás, he estado leyendo la Vida de Manolo de Josep Pla, que es una biografía llena de charme, por el personaje y por la forma y el ángulo del escritor, además de seguir picoteando en el librito de Olivier Rolin que leo a trocitos, y releo! No lo acabaré nunca porque vuelvo a releer la parte de Kawabata, que justamente habla de su obsesión por la muerte y de las raíces de esa obsesión. Y la foto de K me fascina.
Llega una amiga viajera y me llama desde el autobús del aeropuerto. No sé si tendré fuerzas para salir a verla bajo la lluvia o si pospondremos para mañana... (Por cierto, "el hombre que llamaba demasiado", que sigue sumido en su silencio post-blog, no me llamó pero me avisó de que salía ayer en El Mundo, pero yo no estoy suscrita y no puedo darles acceso a la página entera...) Ah, y en el blog de Martín, lean algunas de las cosas que Assouline le dijo a Sergio Vila-San-Juan sobre los blogs...