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viernes, 4 de abril de 2008

El libro, el árbol, un torbellino

Foto: Félix Arnaudin, Parque naturel des Landes de Gascogne

Mi editor del azufaifo quiere que el libro salga a finales de junio y que celebremos una presentación más abierta y festiva que lo habitual. Al fin y al cabo, éste es un libro callejero, al aire libre. Así que de pronto todo se ha precipitado. Ayer hablé con un poeta trobadoresco-contemporáneo que tal vez, si los dioses griegos nos son propicios, podrá actuar en esa fiesta. Le llamé al móvil y estaba comiendo en Mallorca, pero después el teléfono se le cayó en un coche y el coche se fue, como el sidecar de Harpo Marx, y más tarde reapareció, y sobre un fondo de gran griterío callejero, y me recitó algunos poemas extraordinarios de una poeta rescatada, con aire victoriano (a la que iba a homenajear), una poeta mallorquina (amiga del entonces muy joven Palau i Fabre, y hoy recibo el anuncio de la edición de su correspondencia con él) que en medio de una obra convencional, escribió piezas de una genialidad extraña, como los dos poemas que escuché ayer, de atmósfera femenina y doméstica y febrilmente poderosa e imprevisible, (con amigas y ortigas sobre la madera de planchar) con esa sencillez fluida de los poetas visionarios, que choca porque parece que sus palabras tenían que ser forzosamente esas, y casi nos sorprende no haberlas encadenado nosotros antes. ¿Maria Antònia Salvà? A mí me encanta el rescate, y me gustó oírlos, pese al estrépito callejero de fondo, con la voz de siempre (de una familiaridad también chocante, porque conecta con otro tiempo, como si no hubieran pasado años desconociéndonos, olvidando lo que sabíamos mutuamente, cambiando irremisiblemente y de forma secreta para el otro) de ese amigo al que nunca veo y que no suele contestar a mensajes, sumergido en su propio torbellino público, pero que responde a mis emergencias y entonces, si de verdad aparece, es con todas las de la ley.
No sé si será la astenia primaveral o mi recuerdo de las dificultades del año pasado (entonces tuve que espabilarme sola, yo, que soy la antiorganización colectiva, y aunque por suerte me apoyó gente como Antoni Clapès con los poetas, o Rafa Zaragoza con el sonido (y la imagen del azufaifo) o mi vecino y la gente del mercado con la electricidad, hasta que al fin volvió Ninca de su retiro del Vallès el día antes de la fiesta, estuve sumida en un frenesí nervioso y me fui a Serbia en estado de agotamiento total), pero tengo la sensación de que todo se ha disparado. Esta vez el peso pesado recaerá sobre la editorial y todo parece indicar que el sabio librero de la calle Berlinès se implicará en el acto, lo cual me tranquiliza. Los actos callejeros siempre son más complicados, aunque tener el cielo como techo siempre resulta más vibrante, aun a pesar de la fea contaminación lumínica de esta ciudad.
Y por otra parte, empiezo a preguntarme quién podría presentarme el libro. No puedo pedírselo a mi ilustre prologuista, sumido en su maratón de viajes y compromisos donde no cabe nada más. Tengo un par de ideas posibles: es el problema de un libro de estructura extraña, libro-blog, cajón de sastre, entre la reivindicación crítica y denuncia de la degradación urbana, el diario literario, la autoficción y tantas otras cosas. Lo que más me gusta del libro es justamente lo más problemático. ¿Quién debería presentármelo, un escritor fabulador, un poeta o antropólogo agitador o las dos cosas a la vez o ninguna? O tal vez sólo el trobador con su músico. O quién sabe. Por un lado será una fiesta callejera, y por otro, no habrá como la otra vez un montón de oradores, sino sólo uno, además del poeta-recitador con su músico, el editor, y yo para agradecer y situar la cosa. Es un libro callejero, como los poemas de ortigas que EC me dijo bajo el griterío mallorquín, pero es un libro y contiene una ficción, aunque sea autobiográfica, mía y de mis visiones de la ciudad. Y aunque dentro de esa historia salgan todos los que han participado en la batalla por el azufaifo, con sus escritos, imágenes y palabras.
Los ruidos siguen por encima de mi cabeza, mi traducción japonesa también avanza y esta tarde, a s'hora baixa, veré qué me cuenta mi amigo serbio.
En cuanto a la foto, me encanta ese ambiente de pastores elevados hablando como si nada, con pose de espantapájaros, unos metros por encima de la tierra. ¿De qué hablarán? ¿Por qué llevarán zancos? ¿Habrá que comprar las Oeuvres Complètes de Arnaudin para averiguarlo? Arnaudin fue un estudioso del folklore, etnólogo de la Grande-Lande de Gascogne, fotógrafo excepcional y poético, recogió cuentos populares de allí, como los Grimm en su pueblo, también canciones, y escribió un Dictionnaire de la Grande-Lande... pero fue además un personaje romántico, melancólico lector de Goethe, Musset, Sand y Lamartine, y denunció la corrupción y el lucro y la industrialización, "des profiteurs" que ya entonces empezaban a destruir su tierra.