sábado, 26 de mayo de 2012

Días difíciles

Foto: I.N., Autorretrato como
Unos buenos amigos me invitaron a pasar el fin de semana a una casa preciosa en Cadaqués, por encima de una preciosa cala, donde todas las mañanas se bañan antes de que nadie aparezca en un mar solitario y brillante que parece recién formado de manantiales purísimos. Se ofrecían a cuidarme y me tentaba el recuerdo de ese lugar radiante y aún salvaje, pero tuve que decir que no, porque mi malestar me vuelve huidiza y sólo quisiera esconderme con Rufus. La Belle Elaine me propuso su campo, con el argumento de que es plano y no abrupto como Cadaqués, más adecuado para mi baja forma, según su lógica, pero también dije que no, por la misma razón. Y Anne me invitó a una cena informal, pero también tuve que rehusar, aunque me gustaba imaginarme encontrándome bien y tomando deliciosas aceitunas francesas entre aquellos bonitos balcones y acompañados de libros chinos.
Pasé una mala noche. A las tres, desesperada, fui a sentarme al sofá de la sala. Rufus, que estaba enfrente, me vio enseguida, se instaló muy pegado a mí y con la vibración de su ronroneo acabé por dormirme. Lo difícil era volver a mi cama. A las ocho estaba de nuevo en pie, en plena crisis, y alguna de las llamadas de mantenimiento me pilló in fraganti. Luego recobré la paciencia, me propuse un plan de acción para la semana siguiente, la homeópata me mandó un nuevo medicamento para mañana, me instalé en la esterilla de yoga a hacer algunos ejercicios y Rufus vino enseguida a mi lado. He salido a la calle dos veces, vacilante, envidiando a la gente que corre, que anda deprisa, que se ríe saludablemente. He visto en Arte una buceadora que investigaba los efectos de la brutal contaminación sonora en las ballenas y me parecía tan lejano poder nadar y agitar los pies en el agua. Cuando estamos sanos no nos damos cuenta de la suerte inmensa de poder hacer todas esas cosas, de respirar sin que nada duela, de moverse y bailar. Una tarde alguien me mandó una canción maravillosa y bailé un poco con mi dolor, de forma casi imposible.
He bajado a tirar la basura, muy despacio. Había un hombre con mochila rebuscando en los contenedores. Cuántos más habrá si siguen con la misma política de robo a gran escala (Bankia), corrupción completa, agujeros y paraísos fiscales, impunidad absoluta y recortes salvajes sobre todo lo necesario y social. Intento ver todo eso desde la distancia, para no dejar que me haga daño, porque ahora tengo que economizar energías.
Los amigos me llaman y mandan mensajes para saber cómo estoy o para proponerme planes que me gustarían si yo estuviera en mi self de siempre. 
A veces siento que me voy reduciendo como el germánico Gaspar de la sopa (que en la versión inglesa se llama Augustus). Por cierto que el otro día les hablé a mis alumnos de Der Stuwwelpeter, vía Adorno y Benjamin, y tengo que mandarles el link de esos cuentos de terror decimonónico que resumen una extraña y violenta idea de la educación por el miedo. A mí también podrían habérmelos contado en mi infancia, habrían sido coherentes, pero preferían la acción directa. He intentado también ver todo aquello autrement, como una parte de mi proceso de cambio. Procuro tener paciencia, hacer mis ejercicios, buscar la manera de curarme, pero el agotamiento me arrastra a veces. A las cuatro me he dormido veinte minutos justos, en el sofá, y me ha despertado una niña lejana que cantaba ociosamente una canción inventada olalayaolalaya oh oh...
Parece que La plaza del azufaifo se va a publicar en francés, aunque de momento sólo en versión digital. La place au jujubier. Traducido por Mélanie Gros-Balthazard.
Ayer estuve leyendo para el curso del martes, completamente arrebatada (lo contaré después de la clase del martes), pero luego empezó a intensificarse tanto el malestar que aún no he podido pasar mis notas. Mañana. Me recuerdo a Katherine Mansfield, con todos aquellos cuentos que se agolpaban en su mente y ella posponía al día siguiente por su cansancio y su debilidad física. Ella llegó a un estoicismo casi místico que yo no sabría compartir... pero algo en mí está cambiando también en mi interior; sería imposible que no fuera así. Dicen que las enfermedades son una oportunidad para cambiar y si así fuera, la clave sería esa carrera contrarreloj para llegar a tiempo.
También pienso en Salvat Papasseit, en la cama, imaginando todo el mundo cotidiano que se pierde (Ara que estic al llit, malalt / estic força content). Todos los días, al oscurecer, me sube una pequeña fiebre, muy pequeña, tal vez un resorte de mi cuerpo, una hipertermia natural, para curarme.
De todas formas es maravilloso el silencio que me envuelve en la ciudad vacía (ahora lo ha roto un perro) y el sol de las mañanas en la hamaca. De haber tenido fuerzas habría ido a por otra hamaca, para poder aprovechar las horas del sol de la tarde, que dan al otro extremo de la casa. Tal vez pronto me recupere, aunque sea un poco. Tal vez vaya mejorando ligeramente con los días que pasen. Tal vez... Continuaré mañana.

8 comentarios:

delarica@unav.es dijo...

muy fuerte todo lo que cuentas Isabel

¡te admiro muchísimo!

Belnu dijo...

Gracias, Álvaro! Si hubiera algo que admirar en esta resistencia...
los animales se esconden y sufren estoicamente, aceptando lo que les viene, esperando, sin quejarse...

Anónimo dijo...

Estás llena de luz, Isabel. Tu vitalidad vencerá como siempre, porque sé que tienes las cosas claras. Yo hubiera aceptado esa invitación en Cadaqués. La contemplación del mar siempre recarga las pilas.
Un beso y ánimos.
Hilari
http://www.youtube.com/watch?v=VcDHq_P8cCU

Belnu dijo...

Gracias, Hilari, por las palabras y la música, ese Don't you worry about a thing. Ojalá sea como dices. A mí me encanta estar allí, pero se necesita una mínima forma para salir de casa! En estos días la luz de la mañana, los pájaros y Rufus han sido suficiente belleza...

Anne-Hélène dijo...

Ya has visto el cuadro de Guennady Spirin que te he enviado (virtualmente). De toda esa nebulosa parda, que también tiene su belleza y de la que sin duda extraerás experiencias valiosas, sale la garza espléndida, ligera y libre. Las cosas llevan su tiempo, pero también lo tienen y, en algún momento, ese tiempo llega.

Belnu dijo...

Sí, eso mismo pensé yo al ver el cuadro maravilloso y como de pequeña me había sentido el patito feo, no me costaba verme como el cisne, aunque fuese espiritualmente! Ojalá sea como dices, y mil gracias, Anne-Hélène!

AT dijo...

Isabel, el crucigrama se resolverá con las dos palabras que faltan: amanecer, árbol.

Belnu dijo...

Mil gracias, Albert! Ojalá sea como dices