martes, 1 de mayo de 2012

En EL PAÍS, en su Café Perec, Enrique Vila-Matas habla de "Mis postales de Barcelona"



Foto: I.N. Rufus mirando por la ventana, 2012


CAFÉ PEREC


Envidio un bellísimo libro que Isabel Núñez acaba de publicar, Mis postales de Barcelona (Triangle), descripción de un íntimo paisaje urbano, la ciudad que mi generación ha perdido. Leerlo ha sido una experiencia extraña porque llegué a él tras haberme conmovido con Emily Dickinson y El viento comenzó a mecer la hierba (Nórdica) y creía que tardaría en registrar emociones tan altas. Pero no fue así. Quizás mecido por la hierba alta del efecto Dickinson, percibí una continuidad natural entre un libro y otro.
Como si el mar se retirase y mostrara un mar más lejano y al final sólo viéramos la conjetura de series de mares no visitados por las costas. Puede que éste sea el efecto o, mejor dicho, la brisa Dickinson. La íntima inmensidad de la conciencia fue la inquietud más permanente de esta escritora a la que en su ensayo Cajas y marionetas Charles Simic imagina sentada en un cuarto durante interminables horas, con los ojos cerrados, examinando su interior, diciéndose que el hecho mismo de estar consciente ya nos convierte en seres múltiples, divididos.
Hay tantos otros yo dentro de nosotros mismos que el mundo entero viene a visitarnos a nuestra recámara interna, creo que pensaba ella. Qué extraño fue todo, ya no solo Dickinson, sino sus visiones y misterios y pensamientos secretos en días y años de encierro radical en la habitación de su casa con jardín en Amherst.
Y cuántas cajas. Emily Dickinson sabía que todo universo está contenido dentro de otro universo, y pasaba horas abriendo cajas de Pandora. En unas encontraba el terror; en otras el éxtasis; en otras, ciudades donde un día ocurrió algo. Dickinson no podía apartarse de esas cajas. En cada una veía un teatro y en ese teatro todas las siluetas que el yo y el Mundo y el Universo infinito proyectan; veía en cada una de ellas la misma obra, siempre en plena representación, y quizás sólo la escenografía y el vestuario diferían en cada una de las cajas.
Leer El viento comenzó a mecer la hierba (ilustrado por Kike de la Rubia) es comprobar con asombro cómo su autora llega en ocasiones a una última caja, aunque a la larga esta impresión acabe siempre resultando falsa, porque siempre vemos que termina quedando otra por abrir. “Era víctima de un truco como lo somos todos los que deseamos llegar a la verdad de las cosas”, dice Simic al respecto.
Dickinson escribió que no podía estar sola, pues le visitaban multitudes, incontables visitantes que irrumpían en su cuarto. Lo mismo parece ocurrir en Mis postales de Barcelona, donde las almas dolientes de los visitantes toman la forma de paseos erráticos y nos van describiendo un muy personal mundo urbano de teatros y cajas de la memoria que el tiempo ha intentado ir anulando. En esos itinerarios van despertándose fachadas de casas que, aunque sólo sea por su aire exterior, aún permiten soñar: “Imagino que las habitan viejos humanistas con bibliotecas generosas y sillones donde se lee y escucha música celestial. Gente cultivada como hubo en la República, amantes de los libros y las tertulias”. Son las últimas fachadas de la ciudad perdida, estancias iluminadas, donde todavía es posible imaginar una Barcelona que ya no está y que nos recuerda aquello que decía Gil de Biedma: encontrarte que has sobrevivido a la ciudad de tu juventud es una experiencia moderna, bien desconocida en otros tiempos.
A quienes sobrevivimos en rincones que hemos perdido nos queda, por fortuna (quizás sea también el efecto, la brisa Dickinson), un mundo de cajas y marionetas y de puertas siempre abiertas a los incontables visitantes sin ropas ni nombres, sin tiempo ni ciudad: esos fantasmas cuya llegada se nos comunica de un modo bien sutil en el libro de Isabel Núñez, casi desde nuestro propio interior, desde las únicas entrañas donde nada parece todavía haberse derrumbado. Y es que leer Postales de Barcelona es a veces como visitar una ciudad donde un día ocurrió algo.

18 comentarios:

Jesús Garrido dijo...

Lo disfruté y te conocí en parte, ahora deberé leerte.

Belnu dijo...

Gracias, Jesús! Me conociste? Te refieres al artículo?

delarica@unav.es dijo...

q bueno Isabel!!!

Anónimo dijo...

Felicidades por la acogida que está teniendo tu libro, Isabel. He terminado de leerlo y realmente me ha gustado. Tus postales barcelonesas re-dibujan la memoria eidética y a muchos lugares comunes de nuestra generación. Los decolorados tatuajes de los paisajes hurtados.

Un abrazo.

Hilari

Anónimo dijo...

Felicidades por la acogida que está teniendo tu libro, Isabel. He terminado de leerlo y realmente me ha gustado. Tus postales barcelonesas re-dibujan la memoria eidética y a muchos lugares comunes de nuestra generación. Los decolorados tatuajes de los paisajes hurtados.

Un abrazo.

Hilari

Belnu dijo...

Sí, Álvaro, maravilloso!

Belnu dijo...

Hilari, gracias por tu lectura y tu comentario!!!

civisliberum dijo...

Isabel, He leido el libro (que me dedicaste por Sant Jordi) y sencillamente me ha encantado, creo que todos tenemos recuerdos como los tuyos y que al leer el libro salen a flote. Por cierto, tu amigo octogenario, librepensador y profesor de lengua y literatura anglosajona ¿no se llamara A.V.B.?

Belnu dijo...

Gracias, Civislib! Sí, mi amigo se llama AV, no recuerdo ahora su segundo apellido...
Me alegro mucho de que te gustara el libro

Ephemeralthing dijo...

"… que pasaban en oleadas bajas acercándose a mi oído con un rumor de besos burlones".

Ya sé que en otros lugares será lo mismo, los estorninos o las golondrinas, pero es también puro mi ciudad. En el Ensanche esa oleada incluso es capaz de apaciguar el otro rumor, el del tráfico de los coches. Y siempre ha sido así, es de los detalles barceloneses que no han cambiado.

Como dice civislib, leer "Mis postales" es sacar a flote los recuerdos, dar conciencia a tantas sensaciones.

Belnu dijo...

Gracias, Eph! Me hacía ilusión que tú también lo leyeras, por lo que compartimos de mirada sobre la ciudad!

Belnu dijo...

Espero que te haya gustado el artículo de EVM!

Ephemeralthing dijo...

… el artículo está muy bien y la cita de Gil de Biedma es una maravilla, nos confirma como verdaderos modernos.
Me parece fantástico que EVM reivindique "tus postales", aunque en el artículo se refiera a mucho más que eso.

Belnu dijo...

En cambio a mí no me parece que haya una contradicción sino una suma. Que diga que después de leer a ED pensó que ningún libro estaba a la altura y le pareció que el mío lo estaba es muy importante y significativo para mí, y no soy la única que lo piensa. Mi editor y otro buen amigo lector inteligente se emocionaron al leerlo, por mí. Pero en fin, cada uno lee un artículo distinto, como con los libros y películas! Tengo otro amigo que me dijo que el artículo daba ganas de leer mi libro, pero que no había entendido qué tenían que ver tantas cajas con Emily. A mí me parece magnífico estar en el mismo artículo que una de mis poetas favoritos. Hay un poema suyo que me sé de memoria y que nunca me deja

Francis Black dijo...

El artículo es bueno, muchas veces leemos un libro y pensamos, vale ahora o me paro una semana o las próximas lecturas van a quedar a la sombra de esta, así que es un gran elogio el artículo.
Lo voy a leer en breve, pero mi punto de vista va a ser diferente, aunque estoy seguro de que me gustará y tendré que esperar varias semanas para leer otro.

Belnu dijo...

Hola, Francis! Sí, a mí esa idea me alegró, aparte de que me gusta lo que cuenta y de que el espíritu de Emily D. lo ilumina todo para mí. Y claro, me alegrará mucho que tú leas esas Postales mías, a ver qué encuentras en ellas...

civisliberum dijo...

Realmente el mundo es mas pequeño de lo que parece, tu amigo A.V.B. es tio segundo mio.

Belnu dijo...

Por lo menos, esta ciudad es pequeña. Yo me considero privilegiada por la amistad de tu tío, Civislib, a quien admiro de verdad