miércoles, 8 de diciembre de 2010

Alrededor de la fiebre

Foto: I.N., Paisaje durandiano, en otra estación, 2010
Yo pensaba que estaba aniquilando poco a poco al virus que me ocupa, pero al parecer, el proceso no era tan sencillo. A la tercera noche llegó la fiebre y tomó posesión de mi cuerpo como un íncubo, y yo, en medio de ese estado ensoñado y extraño que produce, trataba de recordar que la fiebre es una buena herramienta para vencer al virus, que...
Antes y después de la fiebre logré escribir un texto que tenía pendiente para la semana que viene, me parecía imposible: ¡tan difícil me resulta luchar contra mí misma! Con los obstáculos que me pongo sin darme cuenta... Leí en Fb una entrevista a Freud muy interesante por insólita, donde hablaba con entusiasmo de los animales con los que vive y de sus flores y decía que no dejaba que ninguna ideología ni pensamiento elaborado mediara entre él y esa realidad física de la vida... Explicaba que la posteridad no le interesa, un poco como la respuesta de Hannah Arendt sobre lo mismo, los dos parecen espontáneamente indiferentes a lo que ocurra una vez se hayan ido del mundo (Freud piensa en sus hijos) y eso les humaniza...
Pasé un buen rato viendo Remembering Jacqueline du Pre y sintiendo envidia por esa fisicidad gozosa y alegre con la que tocaba. Me rodeaba un silencio casi absoluto, el silencio del puente. No podía más que seguir encerrada en mi concha, full immersion en mi gripe. Intentaba no dormir de día, aunque caí en alguna ensoñación efímera mientras escuchaba aún las Fleeting Melodies de Silvestrov que alguien me mandó.
Me devolvieron la conexión telefónica y fue alegre escuchar el teléfono, primero carraspeando y luego ya sonando como antes, repentinamente resucitado. Yo me temía que enganchara con la retrogradación de Mercurio y hasta enero...
Ayer fue un día extraño, París despareció en la nieve mientras que aquí hacía 20 grados... Pero yo, con mis bacilos, seguía más cerca de la nieve... También temía que acabase el silencio del puente, ayer fue el primer día en que enmudeció la grúa siniestra de la plaça Joaquim Folguera. Por suerte, las nubes han prolongado el descanso auditivo, aunque un vecino ha estado cortando su boj con una sierra eléctrica que desafía los límites de decibelios europeos (aquí no hay límites, o sólo para la diversión nocturna).
Me preguntaba si el silencio del puente me haría olvidar esa lejanía de mí misma tan desconcertante, ¡cómo añoro el deseo de escribir algo (¡ficción!) y el momento en que se encuentra el tono! No estar escribiendo me produce casi un dolor físico y aunque racionalmente podría pensar que volverá, desde aquí parece tan imposible como librarme de esta gripe. No escribir es una situación peligrosa para mí, porque la tentación de compensar, de llenar ese vacío en lugar de aceptar la espera está ahí, como cuando Rufus ve pasar una mosca y recobra su espíritu nocturno y cazador... Tal vez por eso me he puesto enferma. En mi teléfono resucitado tenía un mensaje del poeta Rodolfo Häsler, que también contrajo el virus, y al saber de mí, lo ha atribuido a Francesco Zambon, que presentó su libro el otro día en La Central en estado gripal y tal vez expandió el virus entre algunos de los que le escuchábamos. Tal vez el virus, fortalecido por los bestiarios medievales de Zambon, nos traiga su inspiración...
Justo antes de la oleada de fiebre de ayer, me quedé estupefacta viendo un documental de Yael Hersonski, Das Ghetto contenido, serio y sutil (incluso la música, que yo, en mi estado prefebril, tomé primero por Ligeti, pero era de Isahi Adar, era distante y respetuosa para el oyente), sobre lo que los nazis filmaban del gueto de Varsovia. Había algunos supervivientes viéndolo en un cine, reconociendo a alguien, tapándose los ojos, haciendo bromas negras... Y también hablaba uno de los cámaras alemanes que filmó allí y que testificó en el juicio contra el jefe del gueto. Mientras lo veía me preguntaba qué hacía yo contemplando ese horror, si pretendía sacudirme así y volver a ese núcleo duro que me permite escribir...
Luego llegó la fiebre, horas de frío y estremecimientos y pensamientos que se mezclaban a las ensoñaciones y cuando me soltó al fin, a las cuatro y media de la madrugada, en la orilla, yo ya me había vuelto traslúcida como aquellos niños enfermos de Andersen o como el dibujo que Ramon Olives hizo para mi primer y único cuento infantil, que nunca llegó a publicarse. Y otra vez me invaden el sopor y la languidez, así que me retiro a mis aposentos...
He puesto aquí mi texto de la presentación de una novela, hace unos días...
Y aquí en la revista del COPC (Col·legi Oficial de Psicòlegs de Catalunya), se puede leer el texto de una conferencia mía, aunque parezca un texto de otra persona, al final sale discretamente mi nombre. Está en la última sección Otras lecturas, le han puesto otro título y sólo dentro del texto aparece el mío "Memoria, misterio y escritura".

10 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy buenos ambos textos. Me maravilla tu capacidad para gestionar el tiempo y dedicarte a varios proyectos a la vez. ¿Cómo lo haces? ¿Es parte de tu carácter?

Belnu dijo...

Gracias, Anónimo! Me has hecho reír... ¿No lo hace todo el mundo?

Anónimo dijo...

Pues creo que no... Yo, al menos, tengo graves problemas para manejar mi tiempo... Es mi lucha diaria y mi mayor frustración.

Belnu dijo...

Pues no sé, yo creo siempre que hago poco y que soy caótica, pero sobre todo es que en este país lo que yo hago no tiene ningún valor (si no eres famoso), así que mucho ruido y pocas nueces.

Stalker dijo...

Conmovedor y delicado relato de tu estado febril. Nunca la gripe ha sido tan hermosa de leer, aunque prefiero privarme de esa pequeña experiencia límite, de esa escritura del borde, y saberte lejos de los microbios.

También sigo atentamente el itinerario que deja Rufus en cada una de tus entradas. A veces entra inadvertidamente, imprime una huella con su patita, se enrosca y sigue durmiendo.

Es un animal maravilloso.

Abrazos +

Belnu dijo...

Stalker! A veces me pregunto cómo es posible que no escribas (libros). Supongo que no sientes el deseo, pero todo lo demás -la mirada, la palabra, el tono, la música, la composición intuida- están ahí.
Rufus es maravilloso, sí. Ayer, al despertar después de una noche tempestuosa, vino a saludarme, abrí los ojos y le vi muy cerca, justo antes de que apoyase su frente en la mía, en ese gesto misterioso y afín de los gatos.
Pero estos días he vuelto a recordar a Gilda, incluso me leí aquella despedida que le hice aquí, y es que el duelo sigue vías más pequeñas, más invisibles, pero sigue siempre. Y tal vez la enfermedad recuerda a la muerte. Diciembre es el mes de la muerte de mi padre, eso también cuenta.

Emma dijo...

Leí tu conferencia en la revista Isabel, y sé que no te han pagado pero, no sé, casi me vi corriendo hacia la orilla del mar con las otras, y recordé también, asi que lo único que puedo darte hoy son las gracias otra vez

Belnu dijo...

Gracias a ti, Emma, por tu lectura y tus palabras! Y por correr a la orilla conmigo y aquellas otras...

Francis Black dijo...

Estoy con Anónimo, tu con fiebre haces más cosas que el resto sanos.

El tema de la posteridad es curioso, hay gente que vive para cuando esté muerta, otros que lo hacen todo "para mis hijos y los hijos de mis hijos" suelen ser bastante pesados, también están los que temen lo que ocurra (con ellos) después de la muerte (la suya) y viven en consecuencia. Son maneras de vivir, pero para mí los más peligrosos son los que creen que hay una fórmula para vivir, una manera, y que una vez se alcance la humanidad será feliz, el segundo paso es decirte que ellos saben la formula y el tercero obligarte a llevarla a cabo.

Belnu dijo...

Me has hecho reír, Francis, con lo de "Estoy con Anónimo", como si fuese un nombre... Pero si tú lo lees todo y encuentras todos los links! Lo mío es sólo una percepción vuestra de las cosas...
Y sí, tienes razón, lo peor es esa certidumbre, esa no duda, ese creerse en posesión de la verdad... Como esos que pedían despido libre para los controladores (luego sería extensible a todos) o pena de muerte para los terroristas (la pena de muerte no puede defenderse en ningún caso). Y por cierto, qué felicidad, ¡parece que mi amigo el bloguero persa ha sido liberado!!!!