sábado, 8 de marzo de 2008

Tiempo detenido


Foto: I.N., retrato matinal de hace tres días, 2008
Estos días me parece como si se hubiera detenido el tiempo, como si las cosas flotaran en las nubes esperando una descarga, como si para todo hubiera que esperar. Demasiado trabajo de traducción. Un texto breve y jeroglífico, mi piedra Roseta, finalmente aclarado. Siempre he pensado que en el fondo, los problemas vitales son también como jeroglíficos, y si pudiéramos dar un paso atrás y mirarlos como tales, comprenderíamos que siempre tienen alguna solución... que va cambiando. Hace un momento he escrito, contestando a un comentario, aquello que decía T. S. Eliot en sus deslumbrantes Four Quartets, a los que siempre hay que volver, que la experiencia es una trampa, porque crea una pauta que se incumple constantemente. Pero en eso consiste la gracia de vivir... Llevo días con sueños agitados, atropellados y bulliciosos, aunque a veces sólo logro retener una sensación, una escena, una atmósfera antes de que se desvanezcan por la mañana. Pero ahí están, y como dice la sabia V., ¡qué suerte de los sueños, que nos permiten sufrir ahí, a salvo, y mirarlos luego y seguir viviendo luego como si esos males y miedos fuesen ficción o literatura onírica...
Ayer estuve en un acto del Espai Freud, en la magnífica sala Joan de Sagarra, con sus paredes forradas de estanterías acristaladas y libros viejos, en representación de un mundo humanista coherente con la charla de ayer. La vida medicada. Estaba abarrotada, con gente de pie y hasta un par de niñas bulliciosas (¿por qué se llevará uno niños a un acto así?). La mezcla era inteligente: la moderadora era la psicoanalista Carmen Lafuente, que introdujo un tema para mí doblemente interesante (la medicalización de género), luego habló un antropólogo médico que dio datos impresionantes sobre el gasto médico y la corrupción que implica y la fabricación de síntomas para poder prescribir medicamentos, luego el psiquiatra y psicoanalista Jaume Aguilar, que hizo una exposición abierta pero no menos contundente, lanzando ideas, y al final el psicoanalista Juan Pundik, que fue radical y vehemente, se definió como militante político, nos hizo reír y a mí me alegró con su pasión transformadora y combativa, con la que sólo puedo identificarme. Él denunció los indicios de corrupción sin tapujos, también la agencia europea del medicamento, y por supuesto la española, y sus palabras confirmaban los datos y ejemplos que habían apuntado los demás ponentes, de cómo el neoliberalismo propicia esos ciudadanos medicados (otra vez Huxley), a los que no se da el tiempo de interrogarse en una consulta, sino que se tapan los interrogantes con drogas, más o menos peligrosas (como ese medicamento en los niños llamados "hiperactivos", que afecta al crecimiento y a las hormonas, que intenta curar lo que sólo es una manifestación vital; el primer niño hiperactivo fue Churchill, explicó Pundik, por suerte entonces no habían inventado ese medicamento, añadió, o habríamos tenido nazismo para rato), y de cómo los laboratorios financian carreras, congresos, etc. entre los médicos y psiquiatras, y consiguen que el umbral para prescribir medicación se vuelva muy laxo, y la tristeza o las dudas o el insomnio puntual o cualquier síntoma vital se convierta en patológico y merecedor de psicofármacos. Y Pundik contó sus batallas en la Unión Europea, no sin resultados. Jaume Aguilar fue algo más optimista y dijo que el gasto tan enorme y excesivo llevaba a algunas Administraciones a plantearse si no se podría incluir las psicoterapias en el sistema, para no gastar tanto. Todo estaba bien contextualizado y es coherente con lo que ocurre en otros ámbitos. En lugar de tiempo, de interrogación y reflexión, de crítica, se promueve la mercantilización, los excesos de regulación, la sumisión y un huxleyano sopor, unos ciudadanos integrados y más consumistas, a costa de su salud mental y sobre todo de su libertad.
También me alegró esa impresión de psicoanalistas abiertos, que valoran el trabajo de sus colegas, sean lacanianos o freudianos (o que incluso, como Jaume Aguilar, defiendan que haya psicoterapias en la seguridad social, aunque no sean psicoanalíticas, porque por lo menos habrá una escucha y un tiempo para el paciente. Claro que esa idea tal vez sólo esboce el momento tan desesperado en el que estamos.) Pero no siempre se ve esa apertura, y en ese sentido creo que son decisivos el espíritu y la tenacidad del librero de la calle Berlinès.
Luego, tras tomar algo con dos amigos por allí cerca, en mi trayecto de vuelta estuve leyendo unos cuentos maravillosos de Isaac Babel que aún no están traducidos aquí y que voy a proponer rápidamente a un editor. Aunque no para traducirlos yo, naturalmente, sino sólo para que los lectores voraces puedan disfrutar con ese yo joven, arrebatado, loco y ensoñado, capaz de introducir su realismo en medio de una locura generalizada, y que a veces me recuerda al protagonista del Juguete rabioso de Roberto Artl.
Y volví aún a Isaac Babel, tras una alegre conversación con mi amigo serbio, antes de que los sueños me envolvieran otra vez.
Y me voy corriendo, ya seguiré, ya corregiré, disculpen las prisas, lectores silenciosos y lectores ruidosos...

8 comentarios:

Gladys Pinilla dijo...

Pero que linda y que joven es usted y las cosas maravillosas que nos cuenta siempre

Anónimo dijo...

por ser un tiempo detenido está lleno de acontecimientos, encuentros, hallazgos y gente amistosa.
Fuera de nuestro mundo, siempre reducido, continúa el otro, un circo donde los payasos se dan cachetazos y mamporros para hacernos crer que no son de la misma empresa, aunque finalmente, una vez acabado el espectáculo, se repartirán gozosamente las ganancias. cacho de...

zbelnu dijo...

Gracias, Gladys, tú siempre tan charmante

zbelnu dijo...

Efectivamente, y lo peor es tener que votar a alguno d elos payasos sólo para que no gane el otro

el objeto a dijo...

sí, fue una velada de lo más estimulante, y muy buena tu crónica de todo lo que se dijo, contrastó, compartió y demostró. Felicidades a ese Espai Freud que ya echábamos de menos y que tanto puede aportar a estos tiempos silenciosos y detenidos

zbelnu dijo...

En efecto, y en estos tiempos de analfabetismo generalizado, burocracia y pasividad soporizada y autosatisfecha, qué estimulante es rodearse del público psicoanalítico, comunidad pensante, parlante, discutidora y con pasión!

Anónimo dijo...

estoy de acuerdo con que la palabra es curativa. Esa curiosa herramienta que tenemos.
impromptu

zbelnu dijo...

Sí, aunque no todo el mundo puede utilizarla, es un privilegio y una suerte contar con ese vehículo, poder verbalizar y poner palabras al dolor, a las preguntas internas, al miedo...