lunes, 24 de marzo de 2008

Último día silencioso



Foto: Guillermo Aguirre, Paula en Balmes, 2008

He pasado estos días rápidos y al fin silenciosos reponiéndome de mi síndrome metacarpiano, siempre generado por la combinación perversa de trabajo urgente con un fuerte disgusto. Cuando las cosas afectan a la salud, no queda ninguna duda de que hay que renunciar. Lo realmente provechoso de ese proceso ha sido mi decisión de no trabajar más en esas circunstancias (para alguien que se resiste a confiar en mí, o a valorar mi aportación). Bastó pasar al siguiente pequeño encargo, japonés, para recordar cuánto más agradable es trabajar para un cliente que sí reconoce y valora lo que yo hago, además de cumplir su parte con celeridad. Y me acordé del buen cliente al que había dicho que no -alguien agradable e interesante, con quien sintonizo-, precisamente para cumplir con esa institución equivocada. Y sobre todo, como decía Alexandre Cirici, hay que procurar trabajar con gente con la que uno pueda irse a cenar sin que se le atragante la comida.
Es curioso cómo la memoria funciona de ese modo misterioso e independiente que la hace tan fascinante para la escritura como los sueños, pero también con su parte de dolor. Anoche vi Portrait of a Lady de Jane Campion. Yo desconfío de esas adaptaciones (en los años cuarenta y cincuenta se hicieron algunas maravillosas, como La heredera de William Wyler, o aquella versión antigua también de Wyler de Wuthering Heights, o el mejor Frankenstein; y también estaba Orson Welles con sus Campanadas a medianoche, su Otelo o su Macbeth o El proceso, pero no me gustan las que suelen hacerse ahora) detesté las que hicieron de Jane Austen, me molestó la banalidad hollywoodiense de The Golden Bowl y jamás fui a ver lo que hicieron con Proust. Henry James había sido, junto con Edith Wharton, uno de mis favoritos, de esos autores que prefiero no compartir (recuerdo que durante una época no quería leer contemporáneos y me refugié en el mundo de James, Edith Wharton, E.M. Forster, Somerset Maugham, Steinbeck, Proust, Mishima...). Pero ayer esa adaptación tan sugerente y apasionada (nadie como Nicole Kidman podía restituir esa Isabel Archer tan parecida a la imagen que yo tenía leyéndolo) me devolvió dolorosamente a mi propio momento de horror. Primero me vi en mi habitación reabriendo el libro de James de la mesita de noche y diciendo: "Leí diez páginas de esta novela hace seis u ocho meses, la dejé, y al retomarla ahora, lo recuerdo todo con la misma intensidad que si lo hubiera leído ayer". Lo que yo entonces atribuía a la buena literatura, tal vez se deba más bien a si lo que leemos se entreteje con nuestra vida o resuena en ella. Me gustaba esa protagonista, a mis ojos, una mezcla de mi amiga viajera y de mí misma, y siempre compartí la idea de Henry James del amor como amistad libre, más allá de lo posesivo y cerrado (pero al mismo tiempo la forma en que ella se ciega, entregándose a alguien incapaz de todo eso, tenía otra clase de resonancias más fuertes y oscuras para mí), de los partners como interlocutores, personajes capaces de vernos y entendernos (maravilloso Martin Donovan y buen Viggo Mortensen) más allá de lo ostensible, a lo largo de la vida, que piensan que su vida es más feliz si nosotros estamos incluidos de alguna manera en ella, aunque no sea la manera ideal o la que soñaban. O la idea de James de que el dinero era la única forma de que las mujeres se liberasen de los yugos sociales que las aprisionaban, y esa inquietud feminista suya, su observación penetrante de esas jaulas en las que algunas mujeres se metían (aún ahora) sin darse cuenta, cerrando los ojos, por puro deseo extraviado o por demonios internos que no aparecen en la película. Esa historia me devolvió, como decía, a un pasaje duro de mi vida, algo que los sueños me han recordado años después a modo de advertencia, cada vez que bajaba la guardia en relación con alguien. Hacía tiempo que no soñaba en ese sentido. Y ayer, Henry James volvió a decirme, a través de Campion (qué gracioso el sueño donde convierte a Kidman en un retrato vivo de Isabelle Eberhardt) y de Kidman, el mismo mensaje de los sueños.
Ayer recibí un mensaje de una traductora prestigiosa que vive en Luxemburgo y que aprovechaba sus vacaciones insólitamente solitarias para explicarme qué le gustó de mis cuentos. Ella se excusaba mucho por haber tardado tanto en escribirme, pero a mí me alegró saber cómo mis historias habían podido acompañarla y despertar sus pensamientos y su memoria. Escribimos para encontrar esos lectores.
Algunos amigos me leen en el blog y luego me escriben y me comentan. Ayer fue la Belle Elaine, con quien paseé por una Barceloneta aún auténtica, que a momentos me hacía pensar en Orán, bajo cielos de viento racheado y nubes extrañas, y fuimos a parar a un barecito simpático que llevan un argentino y un mexicano jóvenes, uno de ellos pintor y el otro no sé si músico. Por el camino vimos y fotografiamos a un viejo amigo que cantaba para los turistas Sad Eyed Lady of the Low Lands azotado por los vientos y según nos dijo, luchando contra su resaca. Es un personaje libre, vive en un barco, ahí en el puerto, y los domingos suele cantar en la calle. Esta mañana, mi amiga de Austin comentaba mis últimos posts por email, además de sus sueños de conversaciones con animales, y más tarde me ha escrito, tras un paréntesis, otro lector pensante y de excepción. La idea de que ellos me lean y sus ideas y comentarios sobre lo que leen me llena de esa respiración feliz de la que a veces he hablado aquí.
Ayer reseñé para La Vanguardia dos novelas interesantes, cada una por razones muy distintas y las dos con títulos poco logrados: La ciutat del teu destí de Peter Cameron (me sorprende que ningún editor la haya comprado en castellano, y más sabiendo que James Ivory y Ruth Prawer Jhabvala están a punto de estrenar una película basada en ella. Claro que hay editores que compran novelas, impidiendo así que nadie más las publique, y luego se dedican simplemente a dejar que caduquen los derechos. Ayer me lo comentaba con ironía un editor que no se permite hacer esas cosas) y El clima desde hace quince años, de Wolf Haas. Hoy me dedicaré a mi conferencia sobre traducción, en cuanto acaben las preguntas e interrupciones de G., que ha aparecido de forma imprevista, con un sms a las 14h (Puc venir a dinar?) y yo, que tenía ya muchas ganas de verle, le he dicho que sí, he improvisado una comida y ahora escribo este post mientras él se enfrenta a un trabajo sobre el modernismo y la transformación de la ciudad a principios del XX y me acribilla a preguntas. Se ha acostumbrado a utilizarme en vez de buscar en la Enciclopedia o en Internet, y tiene poca experiencia de búsqueda. Y a mí me gustaría que aprendiera ese hábito de buscar y descubriera mejor sus recursos de investigador. Pero hete aquí que ya hemos acabado y sale de nuevo hacia la Universidad, donde se aglomeran los estudiantes en vísperas de exámenes.
Hay que aprovechar esta última tarde de silencio antes de que vuelva la marabunta. Copio una frase del historiador hispanista Anthony Beevor sobre la memoria histórica, la memoria necesaria, que he decidido añadir a mi libro balcánico: "Si existe una herida profunda, conviene airearla porque si no, se pudre." Es una frase también psicoanalítica, contra la negación, que me resulta restauradora.

13 comentarios:

cacho de pan dijo...

me alegro por usted, zbelnu, aunque también por la Campion, la Kidman, James y finalmente yo, que correré a verla...Como bien vió, mi sesgado consejo no era desacertado.

zbelnu dijo...

En efecto. Fue la mejor de las tres (September ya la había visto! Léolo... no sé, no pude atravesar la barrera del feísmo hiperrealista y escatológico del principio). Y siempre es un placer compartir esos tés post videoinstant...

e dijo...

buenas fotos!

zbelnu dijo...

Gracias, Ed! A G. le alegrará...

civisliberum dijo...

Me ha gustado lo que dices de la Barceloneta aun autentica. Trabajo en el barrio y aún esta la gente de siempre, las tascas de siempre El Maño, Els Pescadors, la Cova fumada y otros, pero toca a su fin, 250.000 Euros por "un quart de casa" de 25 metros cuadrados es absurdo. Los londinenses estan comprando todos los "quarts de casa" que salen a la venta junto con amarres del port vell.
Tot lo bo s'acaba. Una llastima.

nomesploraria dijo...

Cada vez me gusta más esa foto. ¿Sabes que las las etiquetas de las latas del fondo las diseñé yo? No se puede decir porque son muy feas (qui paga mana).

"Si existe una herida profunda, conviene airearla porque si no, se pudre." Sí.

zbelnu dijo...

Vaya, Civislib, eso que dices suena fatal. Parece que ni con burbuja inmobiliaria estallada se puede parar la gentrificación...
Bienvenido, Nmp! Qué gracia lo de las latas, se lo diré a G, seguro que lo olió... Has fotografiado muchos bonitos bichos? Hoy había un festival de moscas en la terraza. Gilda no les prestaba atención hasta que ha llegado un abejorro gigante, precioso, amarillo y marrón, con tonos distintos de miel o de melaza, y peludísimo... Gilda fascinada y el abejorro se le plantaba casi en la nariz, pero creo que ha escapado...

el objeto a dijo...

Esa película sobre la obra de H. James me impresionó y me gustó mucho, mucho. Es que la Campion me gusta, aunque se equivoque, aunque haga cosa s que le salgan mal.
Admiro la valentía de sus personajes

zbelnu dijo...

Pero la valentía de esos personajes no es de Campion, sino de Henry James! Eso sí, tienes razón en lo que dices y la peli es brillante, apoya a James en vez de rivalizar con él o banalizarlo como hacen otros! Y es que ella no es mediocre.

el objeto a dijo...

sí, yo hablaba de las películas y la elección de personajes e historias de Campion, puesto que me sorprendió este proyecto suyo, es que de repente adquirió un sentido en su trayectoria cinematográfica y me ayudó a entender un poco sus preocupaciones, su búsqueda, su verdad

ah! me gustó mucho la palmera y al fondo ese cielo plomizo

zbelnu dijo...

Me he dado cuenta de que estos días voy siempre mirando al cielo, obsesionada por la textura de los árboles enmarañados contra el espacio mítico de los dioses y del origen del mundo, algunos árboles ya han brotado, como el castaño de Indias de mi terraza, y otros siguen ahí ralos pero llenos de ramitas como telarañas, sin duda llenas de brotes...
Entiendo lo que dices de Campion, es verdad. Y su versión de James es tan buena...

impromptu de ohio dijo...

A veces es sorprendente como las imágenes, palabras, películas se entremezclan en la mente y la vida. Cada vez más, supongo. Se podría proponer una terapia médica en la que se aplicara el cine, en esta cultura cada vez más visual/sonora.
Y estoy de acuerdo en que falta ese espacio para la reflexión y la desconstrucción, que no sé si se dará, en términos generales.. Habrá que esforzarse.

zbelnu dijo...

Sí, sí, terapia cinematográfica, sin duda, pero muy personalizada, porque todo se mezcla en la mente y la vida de cada uno... a usted le conviene una película de Ozu, diría alguien, y a usted aquella de Renoir, La regle du jeu...