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viernes, 3 de septiembre de 2010

Lo inesperado


Foto: I.N., Rufus, de cerca, una foto oscura, aclarada por Jordi Esteva, 2010
Con los gatos todo es siempre inesperado", me dijo A.R., que siempre ha vivido en compañía de felinos, y tenía razón. Ayer no nos dejaron ir a buscar a la gatilla gris y blanca que aún no tiene nombre. Hoy hemos ido, pero no nos han dejado llevárnosla (hasta el martes, porque medican a todos los pequeños contra un virus intestinal leve) y hemos vuelto con el gatazo Rufus, que se ha estresado muchísimo con el viaje y aún respira hiperventilando, aunque ronronea y se deja acariciar. Pobre Rufus, tiene una historia traumática, es un superviviente. Llegó a la protectora con una tristeza tan grande por lo que había sufrido, abandonado y en la calle, que estuvo al borde de la muerte. No quería comer y tuvieron que alimentarlo con suero y tratarlo mucho tiempo. Nadie daba un duro por él. Pero sobrevivió, se hizo fortachón y tal vez del alivio le creció una barriga redonda y asombrosa, que le desequilibra al andar, y se convirtió en un gato-almohadón, que sólo quiere que le acaricien su redonda barrigota. Con todo, es muy guapo, se parece a Gilda, aunque su cara tiene una estilización felina más pronunciada y no se ha quitado el guante, como Gilda, sino que lleva mitones blancos, en un gesto post-punk. Al llegar, maullaba y se resbalaba investigándolo todo. Luego se ha instalado en el cuarto de invitados, para vigilar las idas y venidas del pasillo y al fin en uno de los antiguos sitios de Gilda, y ahora dormita y ronronea muy cerca de mí, aun respirando deprisa, pero ha aceptado las flores de Bach que le he ofrecido para pacificarse, y a veces, cuando lo acariciamos y cepillamos, da un hondo suspiro de alivio. He llamado a su cuidadora y me ha dicho que era normal que hiperventilara, y que como pasó las mil y una, seguramente ha creído que iba otra vez a la calle. "Ya se le pasará, hay que dejarle tiempo..."
Anoche no resistí la tentación y me leí dos cuentos de Henry James que había recibido de Navona, "Compañeros de viaje" e "Historia de una obra maestra", bien traducidos (lo cual no es cualquier cosa; todo el mundo sabe lo endiabladamente difícil que suele ser mi adorado Henry James para los traductores), bien editados y espléndidos, aunque no sean del James maduro, penetrante y prodigioso de su madurez, sino de los principios, más ingenuos y tentativos, menos característicos, ya tenían su encanto, ya hay atisbos de su finura intelectual o su humor narrativo y algunos momentos de insight. En los dos el protagonista se enamora de una americana viajando por Europa -uno en Italia, embriagado de arte y sol, y otro en Suiza-, y los dos expresan esa fe asombrosa en el arte, en la capacidad para emocionar y alterar la percepción de las cosas. En el segundo, un hombre enamorado a punto de casarse encarga el retrato de su novia a un pintor que ya la conocía; el pintor había estado enamorado de ella y sufrió y se decepcionó al comprobar que era fría y su retrato permite al narrador darse cuenta de la parte terrible de esa mujer, pero su reacción imprevista, imprevisible, contra la lógica aparente de las cosas pero siguiendo la lógica oculta del inconsciente, en un final que no revelaré, me recordó al gesto final del Swann proustiano con Odette, sólo que Swann no necesitó ese rito liberador para hacer lo que finalmente hizo.
Anoche me entrevistaron en Com.Radio hablando de Kosovo. Pensé que no tendría nada que decir, pero hablé sin parar y no me quedó tiempo para comentar directamente la posición española, aunque podía derivarse de lo que dije. G., que estos días está sumido en sus inminentes exámenes, me escuchó por Internet, me felicitó, dijo: "Parles molt bé, fas unes frases llargues, amb moltes subordinades i jo pensava: se'n recordarà de perquè ho deia? I sí, no perdies el fil. I la teva veu sóna bé per la ràdio, si tinguessis un programa..." Eso me bastó para alegrarme.
A veces, traduzco algún capítulo de Maeve Brennan y me gusta tanto que se lo mandaría a los editores, para que vieran qué bien queda. Pero luego pienso que debería corregirlo y perfeccionarlo y sigo esperando. Ese libro es realmente magnífico. Tengo una mosca zumbando en mi interior, una agitación honda que se ha expresado en el cuerpo antes de poder abordarla. Estaba pensando estos días en lo que ha cambiado en mí, en si Confucio me habría concedido la hidalguía al no experimentar amargura pese a ser ignorada por los humanos, en que ahora me importan más los indicios de que todo acabará saliendo en su momento, procuro simplemente disciplinarme, avanzar en lo posible y no angustiarme de lo que vendrá, aunque sólo fuese por economía psíquica. Pero entonces, de pronto, la llegada de Rufus y la historia de su trauma por abandono retumba con ecos de mi infancia, retumba en lo que intento escribir, en la borradura de M., en la falta de empatía y los experimentos de Mengele que la acechan sin que ella pueda ni tal vez quiera protegerse, por ese terror a la soledad, a ser abandonada, que siempre la llevó a los peores peligros. Y todo se revoluciona inesperadamente.
Mi reseña de Maupassant en La Vanguardia Cultura/s

jueves, 26 de agosto de 2010

A veces pienso

Foto: Eva Huarte. A la vilamatiana gata negra de Eva H. le gusta La plaza del azufaifo, 2010.
A veces pienso que estas traducciones mías tienen un efecto terapéutico. Hoy el médico del gimnasio, que me había ofrecido una visita como esos servicios que van incluidos, me ha manipulado la pierna con tanta fuerza que ha logrado que me volviera el dolor. Me ha dicho que me dejara de homeopatía, que sin antiinflamatorios y tres semanas más de reposo no bajará, me ha preguntado qué tal mi estómago (si era a prueba de balas, quería decir) y me ha recetado unos de esos potentísimos que hicieron mascullar al dr. M: "Sí, a los traumatólogos les encantan los aintiinflamatorios, pero luego nos vienen a nosotros los pacientes con hemorragias de estómago...". He salido de allí humeando y he llamado a mi homeópata, que está en Francia y no puede verme la rodilla. Ella opina que tanto reposo sólo causa atrofia y no es la primera médica que me lo dice. Me ha cambiado el medicamento homeopático al saber el nuevo diagnóstico y me ha dicho que pruebe durante tres días y que en esos tres días me quede quieta. Luego he hablado con L. quien, con el sentido común y los pies en la tierra que la caracterizan, me ha dicho: "Yo haría caso de tu homeópata. Él es uno de esos médicos deportivos, pero tú no pretendes correr una maratón". Yo visualizaba esos chutes que les ponen a los ciclistas en pleno Tour y se me revolvía el higadillo.
Al volver a casa me he puesto a traducir Maeve Brennan y su mirada irónica y comprensiva hacia lo que ve en las calles de ese Nueva York popular y envejecido me ha consolado, como otros días me consuela Jean Giono. Cuando acabo de traducir vuelvo al Quijote, que sigue maravillándome. Hoy quería haberme llegado a una librería con una idea precisa, pero el consejo de la inmovilidad me ha retenido. Me cuesta mucho esta vida sedentaria, aunque sea visitada, pero sin mis caminatas, sin mis incursiones callejeras. Es un aprendizaje de paciencia que no habría imaginado. Mis amigos me recomiendan una copa de buen vino.
Sigo muy desconcertada por las vacaciones de Correos. Hace un mes que no reparten. Llamé al distrito, me dijeron que a ellos tampoco les llega correo y que si está retenido, será en Madrid o en algún otro sitio. Así supe que el correo internacional pasa primero por Madrid antes de llegar a Barcelona. Me quedé estupefacta. Pero si viene de Francia o Inglaterra, por ejemplo... "Ah", me contestó la operaria, "pero tiene que pasar un control". No le pregunté por qué no puede hacerse el control en Barcelona. Tanta conversación de transferencias y Estatuts y hasta el correo tiene que irse a Madrid antes de llegar aquí. La operaria también me dijo que todos los días pierden empresas clientes, que se pasan a los transportes privados. No le dije lo que pensaba. Sé que los servicios de Correos ingleses, por ejemplo, son mucho más económicos y mucho más eficaces que los españoles; eso me dijo un librero una vez, y la verdad es que lo que ellos mandan llega mucho más deprisa, a pesar de la lentitud de los de aquí.
Y también sigo poniendo música para contrarrestar el estruendo de las máquinas que rompen las calles. No paran de abrirlo todo. En la calle, un tendero comentaba el otro día que las obras sólo sirven para que unos cuantos se enriquezcan con ellas.
Estaba a punto de ir en coche con G. a ver unos gatillos abandonados de l'Ordal y no me he decidido. En parte por mi tentativa de tres días de reposo. En parte porque hay momentos en que no puedo resistir más el vacío que ha dejado Gilda y otros en los que me pregunto si no es precipitado, si no debería aprovechar la sensación de libertad... La marcha de Gilda me ha dejado una inesperada sensibilidad empática por el mundo animal. Por la calle cruzo miradas con los perros. Firmo en todas las campañas contra el sufrimiento y el maltrato a los animales. He puesto el link de IFAW entre mis blogs favoritos. Hay un reconocimiento ahí...
And last but not least. Llevo dos mañanas escribiendo contenta en el maremágnum de mi novela, aunque sigue siendo a ciegas, sin saber, sin ninguna certeza ni garantía, casi sólo acumulativamente, pero qué felicidad a veces...

sábado, 19 de junio de 2010

Memoria y obsesiones

Foto: I.N, Gilda, ayer, 2010
Mis obsesiones son más pertinaces que mi memoria consciente, de modo que muchas veces me he comprado libros que ya tenía, me pasó con el asombroso Tristan Shandy y con algunos otros... Siempre recuerdo a Gil de Biedma diciendo que algunos poemas ajenos volvían una y otra vez a su mente, nunca los suyos; a mí me ocurre siempre, de tal modo que creo estar siempre citando lo mismo. En una conversación a gritos en un bar ruidoso sobre escritores que hubieran publicado libros sobre sus padres y madres, MGT me dijo algo de un libro de Handke sobre su madre suicidada, pero con el ruido yo entendí Fante, y me pareció plausible, pero busqué y no lo encontré, y al preguntarle por email MGT dedujo que me refería a Handke, y aludió a una traducción española titulada extraña y feamente Desgracia impeorable. De pronto se me ocurrió que pudiera ser lo mismo, pese a la incongruencia, que Le malheur indifférent, y ya estaba a punto de comprármelo en abebooks cuando tuve un presentimiento, recordé haber pensado en ese recuerdo vago cuando PH se puso tan fanático pro Milošević que incluso asistió a su funeral, negando las atrocidades (eso no significa que no tuviera razón en la primera parte, al criticar la ceguera y el maniqueísmo de la prensa eropea occidental respecto a los Balcanes, como se veía en Si un árbol cae, pero hay algo en el gran escritor que fue Handke que le lleva no sólo a la provocación digamos interesada o comercial, sino algo dolorido, espinoso, que me devolvió a la sensación de mi vieja lectura, aunque entonces yo no podía tampoco acabar de comprender, porque lo leí en el setenta y fu, en esa época mía demasiado loca), subí a mi estante germánico y allí estaba, un libro viejo, de 1972, Le malheur indifférent, edición de Folio con un dibujo deprimente a bolígrafo en la primera página, que una tal Valérie debió de regalarme y yo, como decía, leí en mi época kamikaze y había olvidado, pero no del todo. ¿Pero por qué esas traducciones tan divergentes? En el título alemán, Handke parodia la expresión alemana Wunchloses Glück, felicidad inimaginable, y le añade el Un, Wunchloses Unglück, desdicha inimaginable, que en inglés tradujeron como A Sorrow Beyond Dreams, literalmente una tristeza más allá de los sueños. Desdicha inimaginable, pesar inimaginable, tristeza inconcebible por una pérdida insoportable, todo eso me recuerda lo que decía Barthes al perder la suya en ese libro del duelo de su madre, Journal de deuil. Pero no me gusta Desgracia impeorable, ni tampoco Le malheur indifférent... ¿De dónde sacaron la indiferencia? Tendré que releerlo para comprenderlo. Esta noche, por primera vez he dormido seguido y esta mañana me siento capaz de más cosas, tal vez incluso con coraje novelístico... veremos. Gilda hace sus probaturas, pero sigue igual... El mirlo canta victorioso, ya sin la tortura del pitido de la grúa.
Me llama la Belle Elaine, que arde con sus proyectos y a la que veré, con suerte, si me recobro, para celebrar este solsticio en su colina. Hablo con DB, que elucubra sobre el malaise y los gatos y me anuncia que en La Vanguardia publican una carta del poeta que defiende a los árboles centenarios en Sant Cugat. He logrado recuperarla del pdf, pero no sé si me faltará algún trozo o es sucinta, con esa envidiable capacidad de síntesis de los poetas. Árboles centenarios
El inicio de la calle Villà de San Cugat del Vallès es un tramo espesamente arbolado, pues es el comienzo de la calle que lleva al golf y donde antes, en 1900, había torres con mucho espacio y jardín. El otro día desperté con un ruido de motosierra. Estaban cortando árboles, ya habían talado tres. Son árboles centenarios, gruesos, que no los puedes abarcar con los brazos. Paralizamos entre seis o siete vecinos la tala, de momento.
Rodolfo Hasler
Otro arboricidio aparece documentado aquí
Una sorpresa extraña es la que he encontrado aquí, en Verbalia, donde proponen un acertijo futbolístico y prometen al primer acertante un ejemplar de mi libro Algunos hombres... y otras mujeres. Gracias, Màrius Serra...

martes, 23 de marzo de 2010

Del azar y la historia

Foto: Lluïsa Núñez, Melia azedarach, 2010
Esta mañana, justo cuando había aceptado una invitación de C. para ver una Electra en el TNC el miércoles, me ha llegado una pequeña avalancha urgente de textos. Traduzco un catálogo sobre la evolución urbanística e inmobiliaria de Nueva York en la segunda mitad del siglo XX y me acuerdo de la Nueva York del XIX que describía Jacob Riis en Cómo vive la otra mitad, con sus fotos maravillosas y esa ciudad de ciudades ya entonces, tan moderna, anticipándose a todo, y las miserias y los guetos y esos niños de las fotos. Riis aprovechó el invento del flash para entrar a las viviendas insalubres donde se hacinaban los pobres y denunciar la injusticia. Y logró que Roosevelt -entonces gobernador- le acompañara y que se cambiaran las leyes. (Siempre me sorprende que ese libro, un clásico y que tanto me gustó traducir, se haya vendido y comentado tan poco en este pobre país nuestro...) En el texto que traduzco para un catálogo se ve el forcejeo entre el mercado, la imposición de autovías y expropiaciones y la resistencia y la batalla por la preservación del patrimonio y los derechos civiles... El mercado siempre defiende sus intereses y los políticos son sus servidores, pero hay lugares y momentos en la historia en que los ciudadanos se defienden y encuentran intermediarios en figuras de urbanistas, abogados y escritores. Me han llamado para que propusiera a alguien para un debate sobre la Diagonal. No he preguntado por qué no me querían a mí, la verdad es que no tengo tiempo, tampoco quería incomodar al periodista y he propuesto a alguien mucho mejor (espero que pueda). Le he conseguido a G. La ética protestante de Weber (¡podrá compararla con La ética del hacker!). He probado una maravillosa mermelada de fresas que hice ayer en un momento, mientras traducía. También mientras traducía, he teñido de verde oliva una camisa de Karl L., que compré hace dos años en unas rebajas y creo que nunca me puse (espero no haberla desgraciado). Y treinta personas han aceptado a JCM como amigo en Fb, a propuesta mía.
A mediodía he tenido que esperar en una consulta cercana y me han dado una revista. La he abierto y allí estaba EVM, hablando de su Dublinesca. Me ha parecido una señal. A pesar de mi PCG, tengo una cuenta en el librero de la calle Berlinès, así que he ido a por mi ejemplar de Dublinesca. El librero había salido un momento y yo recordaba haber encargado también un libro que habla de Handke, pero no recordaba el nombre de la autora ni el título. Mientras el ayudante del librero, que parece estar al corriente de todo, buscaba entre la pila de encargos, he abierto el libro de EVM y en esa página (128) ¡salía Handke! He leído un poco por el camino y pintaba muy bien, aunque ya oscurecía. El azufaifo se veía ya a punto de echar brotes. Y es que se acabó el invierno. Tal vez sea justamente ésa la razón de una sensación alegre y energética que me recorre. El mirlo lleva días cantando mañana y tarde. Mi amigo escritor serbio despotricaba en FB contra la primavera; él no la soporta. Me lo dijo el primer día que hablé con él, porque era finales de febrero y mientras andábamos bajo la lluvia, sin paraguas, cantó un mirlo y yo dije que pronto sería primavera, y él se quejó con cierta melancolía. Pero yo nací en esta estación y también me salen brotes, un poco antes que al azufaifo. Hoy me he dado cuenta de que el fondo de armario me apoyaría en esta árida temporada de PCG y ha sido un alivio.
La Belle Elaine, cuyo documental se estrenará justo después de semana santa, me ha escrito una carta, en un intercambio necesario para un proyecto epistolar, aún indefinido en mi mente. Le he dicho que ha hecho bien en irse a vivir a la montaña porque ayer vi un documental en Arte tv donde unos científicos alemanes preveían grandes inundaciones de todas las zonas costeras en los próximos años. Se veían imágenes de Manhattan inundado, entrevistaban a los holandeses, que son los primeros en caer, y aquí nadie lo piensa, pero toda la Barcelona antigua podría quedar bajo el agua. Après moi, le déluge... Y es que el fatuum parece apoyar a los destructores, como esa nevada que acabó con tantos árboles en Collserola y en la ciudad, y que alegra a nuestros políticos... así no tienen que "mover" tantos árboles. Así el desierto se va haciendo sólo, apoyándoles... Hoy en cambio he visto en Arte tv un programa precioso sobre Japón.
De noche, entre otras lecturas, avanzo unas páginas de la novela de Sergio Vila-San Juan y tengo que hacer esfuerzos para rendirme y apagar la luz. Tiene razón Pepe Ribas, es apasionante esa Barcelona pre-republicana, tan agitada (alguien la comparaba a Chicago años 20) y que permite comprender lo que ocurrió después o por qué algunos tomaron el partido que tomaron. La novela está muy bien contada y es lo que llaman un page-turner, arrastra hacia delante, y al mismo tiempo hay una verdad detrás, todo el tiempo. Tiene algo informativo, como las novelas del XIX, y aparece esa galería de personajes, las distintas facciones del anarquismo, desde los seguidores de la Blavatsky, los naturistas y esperantistas utópicos a los más duros, como en un cuento de Edith Wharton, pero con el sesgo del narrador, tan bien dibujado, ese abogado periodista reformista y católico, que cree sobre todo en la ley y el orden, aunque contempla fascinado a esas mujeres apasionadas y vehementes, arrastradas por la Historia, y da paseos y fuma sus cigarros para meditar en los momentos difíciles.
Así que no veré esa Electra, pero estoy contenta, por la pura joie paradoxale. Anoche volví de una conversación editorial, donde la actitud sabia y humilde de un editor (me recordó a Magris) contrastaba con la impaciencia tal vez arrogante de su interlocutor, con cierta gracia literaria en la teatralidad de su gesto. Yo iba a coger el metro, pero alguien me llamó y decidí seguir andando. En la Rambla Catalunya me detuvo una chica alemana, que dijo ser de Colonia y me contó la típica historia de que le habían robado el bolso, en el consulado le habían dado un billete y llevaba todo el día sin comer. Yo recuerdo una época donde mucha gente contaba historias similares, adaptadas a distintos públicos (en la Universidad siempre venían unos que habían salido de la cárcel o habían sido torturados, o etc.), pero a mí siempre me pareció un mérito inventarse una historia y contarla, y siempre les di algo. Ayer también le di a la chica de Colonia, tal vez por aquello de "uno sólo tiene aquello que da"; algo que no todo el mundo tiene en cuenta. Hace dos días le pedí un favor muy fácil (no pecuniario, sino mediático o literario) a una escritora que prefirió no sólo abstenerse, lo cual era legítimo, sino contestar con un innecesario desdén, y yo pensé justamente en esa frase, que cantaba Chicho Sánchez Ferlosio. No se puede decir que sí a todos los favores, ni dar a todos los que piden, pero sí se puede intentar no guiarse siempre por puros intereses mezquinos. Aunque sólo fuera por la ética del buen persianero, de quien hablé aquí hace mucho tiempo...
El 23 de abril firmaré libros a las 20h en el puesto de La Central, en Rambla Catalunya, entre Mallorca y Provença. Tal vez algún otro librero me acoja a alguna otra hora... En mayo iré seguramente a la Feria del Libro del Retiro, en Madrid, pero aún no sé en qué caseta estaré, ni qué días. A mí me gustan esas ferias y así veo a mis amigos madrileños... Por cierto que los amigos franceses de Fb están en plena efervescencia con el Salon du livre.
Es tarde. Vuelvo a ese texto sobre Nueva York, la especulación inmobiliaria, los derechos civiles, el patrimonio y los gays... ¡Y las guerrillas verdes, que conquistan solares abandonados y los ajardinan y plantan árboles y flores o huertos urbanos, en plena ciudad! Qué maravilloso movimiento, supongo que muy difícil en este país de arboricidas, pero mi piaccerebbe... Si mañana lo acabo podré volver a mi otra escritura...

lunes, 10 de diciembre de 2007

Ponedeljak



Foto: Harry Callahan, Trees, Chicago, 1950 (prestada de V)


Ponedeljak significa lunes en serbio, o al menos, eso pone en un viejo diccionario granate y algo despeluchado que mi amigo se dejó y acabó por regalarme.

Es un lunes extraño. Me comprometí a hacer dos traducciones urgentes y echo tanto de menos mis auténticos deberes literarios que tal vez acabe haciendo algo para escapar. Sueño que escribo. Siento accesos de extraña felicidad mientras ando por la calle. Imagino mi serie de retratos, junto a las piezas de la ciudad. Uno de mis textos a traducir era sobre el legado del comunismo; artistas lituanos, de arte activista...; lo malo era que el inglés también parecía lituano y costaba tanto desentrañarlo que empezó a dolerme la espalda. Me acordé de mi antiguo profesor Cuartero con su pasión frente a la clase aparentemente adormecida: "¿No han oído hablar lituano? ¡No se lo pierdan, es delicioso!" Por fortuna, la discusión sobre el texto con mi inspirada colega poeta (y traductora al catalán) me tranquilizó: al menos la responsabilidad es compartida y hablar en voz alta siempre me ayuda a ver claro. Durante una época, siempre unificábamos los textos que traducíamos y nos ocurría algo curioso: a mí me gustaban más sus soluciones y a ella las mías, entonces las dos las cambiábamos y poníamos, con permiso, lo que había puesto la otra. Todo quedaba igual, pero invertido. Después dejamos de pasarnos las versiones enteras, y ya sólo discutimos las frases y palabras conflictivas, para no influirnos tanto. Pero siempre nos quedamos con la sensación de que la otra ha sido mucho más elegante en su versión. "Ah, claro", dice ella, "tácito es la palabra exacta" (y su tono reviste la palabra de una magia que antes no tenía...) "¿Te importa que te la copie?" (y de pronto es como si yo hubiera inventado todo lo tácito del mundo)... Estaba a punto de devolver el siguiente texto, pero al lado del lituano, parecía de una lisura increíble, y además, mi interlocutora del museo me había prometido que trataba de feminismo y psicoanálisis, así que me lo he quedado.

Me siento casi invulnerable a la maldita navidad, sólo porque tengo un billete, una especie de discutible stairway to heaven, o al menos, la vía para desintoxicarme de esta España peluda y áspera que me asfixia, un pied-à-terre europeo prestado, un salvoconducto. A ratos picoteo Lévinas (con lápiz) Luego Montaigne. Y A vueltas con la pintura, un catálogo-libro delicioso de César González Ruano ("Dedicatoria: A los objetos inanimados de mi cuarto..."), y trozos sueltos de Psychanalyse: Contre-attaque (La règle du jeu; la revista dirigida por BHL que me había reservado el librero de la calle Berlinès...). Y no tengo tiempo y se me escapan los días, y pienso en eso que decía Zizec de sus no-lecturas, no-películas y no-escritura, en una vieja entrevista que me pasó la luminosa e inteligente V, a quien vi ayer en la casa (casa hermosa, llena de dibujos y fotos y con un cuarto de baño que nos hizo soñar, y un gato elegantemente huraño, Federico) de unos amigos que nos agasajaban porque sí (como no son fumadores, Lola sacó su cenicero portátil y fumamos en la escalera, despotricando alegremente de esa ley que nos convierte en proscritos). No sé qué será de mí. Si alguna vez lograré utilizar el tiempo en mi favor. Si acabaré mi libro balcánico. Espero que los dioses arbóreos me protejan e iluminen, si es que realmente me han nombrado dríade.