Mostrando entradas con la etiqueta impresoras 3D. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta impresoras 3D. Mostrar todas las entradas

domingo, 20 de mayo de 2007

Dimanche toujours

Es gracioso pensar cómo odiaba yo los domingos, no sólo de pequeña, cuando me costaba decidir cuál era mayor tortura, si estar prisionera en mi "casa" o en el horrible colegio del que me expulsaron (que entonces tenía un jardín inmenso), sino después, cuando ya podía fugarme y abandonarme con nocturnidad a esos paréntesis sin tiempo, la tarde del domingo siempre era, por el horror que suscitaba, peor que la temida realidad del lunes. Y luego, muchos años después, odiaba mi prisión de los domingos porque tenía mi espacio ocupado (de fútbol silencioso o de la simple prolongación en el tiempo de algo bueno ya deteriorado) y sólo en las horas laborables volvía a tomar posesión de mi casa.
Y en cambio ahora, este silencio maravilloso de mi barrio (hasta que vuelve la marabunta), me hace desear la reclusión solitaria, y tras la visita de un amigo y el desorden lentísimo de las mañanas, qué felicidad estar escribiendo a trozos mi conferencia y a trozos un libro extraño, y a trozos leyendo, rebuscando y picoteando para componer un recorrido de ideas: Colette, Lo puro y lo impuro, Carver, What We Talk When We Talk About Love, o "Intimidad" (bien traducido por Jesús Zulaika, debo decirlo), Wide Sargasso Sea de Jean Rhys, el Quijote, la Recherche, Aleksandar Hemon, Dubravka Ugresić, un poema de Dorothy Parker, Sarah Waters, Wuthering Heights, Charlotte Perkins, Alice Munro, y tantos otros, para acabar el trayecto con uno de mis cuentos, que debo elegir entre tres... o cuatro.
Qué placer en la lentitud, los tés como rituales, alguna conversación telefónica y luego vuelta a este quehacer maravilloso que sólo puedo permitirme sin la banda sonora de la semana: teléfono, urgencias de traducción, pobre estado de mis arcas, malas noticias, retrasos en los pagos, pesadas negociaciones, maravillosas clases de yoga que a veces me pierdo por presentaciones casi obligadas y vida social que no cabe, como tampoco caben apenas las pasiones nuevas, y dudas mías y ajenas que trenzan cordones nerviosos desconcertantes.
Y en medio de mi retiro silencioso, me llega la noticia de que están inventando unas impresoras en 3D que permiten mandar por email información que se transforma, "imprimiéndolos", en objetos: muebles de cartón, un reloj, qué sé yo qué. Esa idea me encanta. Pronto nos podremos transferir por email todo eso y mucho más, un robot. Y entonces, inmediatamente, pienso con aprensión: cuando ya nadie pueda salir a la calle sin escafandra porque el aire será irrespirable (y no precisamente por el tabaco, ay) y no habrá oxígeno y el sol quemará aún más peligrosamente, dejaremos de tocarnos, de vernos, sólo nos comunicaremos por cables y nos mandaremos objetos por email.