Foto: I.N. Tigridia en las cascadas de Sautadet, 2008
Mientras intentaba construir una cronología de la guerra de los Balcanes para mi libro, buscando en los libros publicados sobre el tema, descubro, gracias a la ayuda de mis amigos balcánicos, que incluso esos libros publicados por editoriales serias francesas y anglosajonas omiten datos importantes. En una de ellas, la matanza de Srebrenica (8.000 hombres fusilados) se reduce a que "las fuerzas serbias toman Srebrenica al mando de Mladic". No se incluye el primer asesinato que precede a la guerra en Bosnia, perpetrado por un señor de la guerra musulmán que abre fuego en una boda serbia, o el Kristallnacht ocurrido en Kosovo cuando los albaneses queman iglesias serbias y atacan a civiles de la minoría serbia como "venganza" por lo sufrido a manos de las fuerzas de Milošević, o mucho después, el asesinato de Zoran Djindjic, jefe del gobierno serbio en la posguerra. O la persecución croata contra los serbios que vivían en sus fronteras y el éxodo de 250.000 serbios a raíz de esos hostigamientos, quema de casas, etc. Al parecer, todo lo que no encaja en el esquema esencial -y es cierto que los serbios de Milošević y Karadžić tienen la máxima responsabilidad de la guerra y las atrocidades de esa guerra de los noventa, pero eso no debería llevar a silenciar los crímenes croatas -muy importantes-, o incluso la existencia de criminales también en el bando bosnio-musulmán, aunque sean muy pocos comparados con los serbios y croatas- puede ser suprimido. E incluso lo que sí encaja y constituye la mayor matanza en Europa después de la II Guerra Mundial, Srebrenica, pero que va ligada a la vergüenza holandesa y europea, ya que se trataba de un enclave protegido por la ONU y los cascos azules estaban allí y no lo evitaron, puede ser disfrazado y reducido, omitiendo el número de víctimas. Si podemos encontrar eso en libros publicados por Penguin, Albin Michel y muchas otras editoriales prestigiosas, ¿de quién fiarnos? Por eso me hace gracia que siga habiendo gente que argumenta que los blogs e internet no son fuentes fiables. Naturalmente que en Internet y en los blogs hay inexactitudes, ¿pero y en los libros?
Escribo todo esto pensando que tal vez nadie me lea hasta septiembre (aunque el contador de abajo dice que ya han venido 110 visitantes en el día de hoy y es mediodía; ¿son sólo los que comentan los que se han ido?). No sé si todo el mundo se ha ido, pero en este barrio se nota el éxodo de veraneantes, a pesar de la crisis, y hay que hacer excursiones para encontrar periódicos y otras cosas. El calor es brutal, dicen que oleada africana, aunque eso no impide que sigan cortándonos los árboles, al contrario, parece que el verano inspira a nuestros políticos municipales a cometer las máximas barrabasadas arbóreas, aprovechando que no hay nadie. Parecen decididos a arrebatarnos toda sombra, toda posibilidad de oxígeno y lluvia. Si aún queda algún lector, vaya también a Polis...
Ayer descubrí que en el Boomerang de Félix de Azúa, algunos comentaristas hablaban de La plaza del azufaifo. Uno había incluido el artículo de Sagarra y otro me criticaba enfurecido por defender un árbol en la "zona alta" (imaginando que vivimos en Pedralbes tal vez), y afirma que yo habitaba en un palacete (¡un edificio de pisos normalitos de la Caja de Ahorros en Figueres confundido con un palacete! ¿Será otro defecto ocular como el que me atribuye el reseñista del Heraldo? Y cambia el nombre de la fotógrafa, para rematar, y me atribuye cosas que nunca he dicho y llama al azufaifo "arbolito" y cree que yo tenía un azufaifo en mi palacete... Y es que todo el mundo puede inventar mentiras y hacerlas circular, en la red o en los libros). De esos blogs me sorprende esa agitación de los comentaristas a los que nadie contesta y que parecen ir a su bola, mientras que Azúa va a la suya y no interviene en los comentarios, ni necesita siquiera filtrarlos ni mucho menos leerlos o contestarlos.
He ayudado a G. a hacer su equipaje de ciclista para irse a las Landes. Me gusta ese espíritu energético y resistente, adolescente, que les lleva por ahí. Ojalá la suerte les acompañe.
Tal vez siga más tarde...
