He leído una entrevista a Terry Gillian en La Contra y me he sentido afín en muchas cosas.
De pequeño, mi hijo pensaba que todas las cosas interesantes las hacíamos cuando él no estaba (el simbolismo freudiano era justo) y una vez, cuando él pasaba unas vacaciones con su primo en Galicia, me dijo: "Segur que fins i tot heu anat al Tibidabo". A mí me pasa algo similar con La Contra. Según me cuentan, tengo la impresión de que las mejores entrevistas parecen publicarse los días que yo estoy fuera o no compro La Vanguardia. Hoy la he leído mientras comía, en un pequeño café que hay en Muntaner, donde unos franceses hacen quiches caseras, zumos naturales y brownies con buena materia prima. Y ha sido una excepción. Las cosas que dice Terry Gillian: Intentar ser libre, conectar con la infancia (¿y qué ocurre cuando la infancia fue una tortura, cuando no se pudo apenas jugar, cuando la cobardía de unos adultos y la violencia de los otros dominaron casi todo, y el silencio y la desigualdad fueron la única herencia, exceptuando sólo mi conexión precoz con el paisaje y el mundo maravilloso de los libros?. Lo que ocurre es l clave del bloqueo. Sigo repitiéndome, siempre dando vueltas en torno al mismo ensimismamiento), crear espacios de resistencia, ser crítico, usar la imaginación, valorar lo que se tiene. Y su visión crítica de la gente drogándose con drogas legales o ilegales y refugiándose en hypods mientras dejamos que unos pocos nos estafen, manipulen y limiten.
Y volviendo a mi resistencia contra la política municipal de regalar la ciudad sin poner límites al mercado más mafioso, Eugeni Madueño me manda, vía un amigo común, unos escritos del desaparecido Huertas Clavería en La Vanguardia, en su sección “Pasaje de los ciudadanos”, donde cuenta que el azufaifo o ginjoler (otro de los tres ejemplares que había en Barcelona, y hablo en pasado porque el nuestro tiene los días contados, aunque si lo hubieran dejado en su sitio tenía una expectativa de vida de 70 u 80 años) era el árbol preferido del alcalde que reinició la degradación de esta ciudad.
Copio aquí sus dos comentarios:
Lunes 10 junio 2002
El árbol favorito del alcalde Clos
El árbol predilecto del alcalde de Barcelona, Joan Clos, es un azufaifo –en catalán “ginjoler”– que se encuentra junto al palacete Albéniz. El “ginjoler” da unos pequeños frutos precisamente en esta época del año. Teniendo en cuenta la devoción de Clos por este árbol, muy propio de Montjuïc, sería oportuno plantar uno junto a la Universitat Pompeu Fabra, en la Rambla, ya que su ampliación supuso la desaparición de la calle Gínjol. Sería una forma de recordar que existió. La citada calle era conocida sobre todo por los amantes de la noche, puesto que allí se encontraba La Buena Sombra, un célebre local de diversión. Así, la frase hecha “estar més content que un gínjol” gozaría de mayor justificación.
El árbol favorito del alcalde Clos
El árbol predilecto del alcalde de Barcelona, Joan Clos, es un azufaifo –en catalán “ginjoler”– que se encuentra junto al palacete Albéniz. El “ginjoler” da unos pequeños frutos precisamente en esta época del año. Teniendo en cuenta la devoción de Clos por este árbol, muy propio de Montjuïc, sería oportuno plantar uno junto a la Universitat Pompeu Fabra, en la Rambla, ya que su ampliación supuso la desaparición de la calle Gínjol. Sería una forma de recordar que existió. La citada calle era conocida sobre todo por los amantes de la noche, puesto que allí se encontraba La Buena Sombra, un célebre local de diversión. Así, la frase hecha “estar més content que un gínjol” gozaría de mayor justificación.
22 noviembre 2002
Llega el “gínjol” a la Pompeu Fabra
El 3 de diciembre, el alcalde Joan Clos inaugurará un “gínjol” (azufaifo), su árbol predilecto, en un rincón junto a la Pompeu Fabra, a dos pasos de la Rambla de Barcelona. El “gínjol” es un obsequio de Jaume Pagés, el hombre fuerte del Fòrum de les Cultures. La razón de instalarlo en ese lugar es recordar que durante muchos años existió una calle llamada del Gínjol, que desapareció cuando se construyó el nuevo edificio de la Pompeu Fabra.
Josep Maria Huertas Clavería.
En cuanto a la ilustración, se la debo a Eduardo Martín de Pozuelo, pues mi batalla por el azufaifo le hizo pensar en que Calvin y Hobbes llevan unos cuantos días desesperados por la tala de árboles. Y es que en su mundo se cuela la fealdad que está devorando el nuestro. Lástima que no logro ampliarla...
Además de los periodistas conocidos que me consuelan con sus sugerencias, están los amigos. Uno me cuenta batallas suyas similares (contra un campo de golf en L'Escala!), otro me propone que plante un azufaifo con los frutos de éste, otra descifra los jeroglíficos de mi existencia cotidiana por teléfono, en tiempo récord.
Visitad el blog de Amics Arbres... Arbres Amics para ver al ginjoler... cada vez más amenazado.
Pero vamos a presentar demanda a Patrimoni de la Generalitat.
