sábado, 10 de marzo de 2012

¿Cómo decir?

Foto: I.N., Maraña sobre fachada, Eixample, 2012
En esta época tan salvaje, que trae todos los días una lluvia de desvalorización y recortes, de noticias que confirman el delirio psicopático en que se ha convertido la política -puro pillaje sin sentido común ni consideración-, en un paisaje donde personas mediocres y mezquinas  gozan afirmando su pequeño poder en un asombroso pisoteo a los demás, además del desierto material y la angustia intoxicante que lo acompaña y que parece imbricada a mi malestar fisiológico (María Zambrano lo contó mejor que yo, parecía que hablara de este tiempo, aquí de la mano de Albert Lladó), necesito más que nunca enterrarme en los libros y el cine, escuchar a los poetas y ver a algunos amigos, y a veces me tienta hacer el ejercicio conductista de enumerar todos los pequeños pero resplandecientes gestos de quienes no se identifican con lo que sucede,  de amigos de siempre y también de espíritus afines que siguen apareciendo en cualquier sector, humilde o lujoso, y me devuelven a aquellas páginas de Oscar Wilde sobre el agradecimiento en Epístola in carcere o De Profundis, aquella descripción celebrativa de la gratitud por aquel hombre que, mientras Wilde salía del juicio por escándalo en Reading y la multitud le abucheaba e insultaba, supo quitarse el sombrero inclinándose levemente para mostrar su respeto, sin importarle la furia mediocre que le rodeaba. Decía Wilde que toda su vida no sería bastante para pagar su deuda de gratitud por aquel pequeño gesto (por menos, otros han ganado el cielo, creo que decía) y que se sentía feliz por eso. Históricamente, la gratitud ha sido una  fuente de felicidad momentánea, como la hospitalidad, precisamente porque crecí en un lugar donde no era bienvenida. 
Este mediodía he vuelto a casa perezosamente desde el Eixample, atravesando el mercat de la Concepció, pasando cerca de casa de tres amigos y saludándoles mentalmente y fotografiando los últimos árboles que sombrean viejos edificios, intentando no mirar la fealdad que se extiende (comme des ganglions de laideur et de misère). Por la ventana de la casa donde estaba he visto el escenario de un documental que me gustó y he sabido que el gesto que lo desencadenó acabó rematado simbólicamente por la tala de un árbol. Me ha gustado la idea de JLG de que una imagen capturada provocase un compromiso con lo que luego ocurriera, un poco como ocurre en mi escritura con esos personajes que capturo y empiezan a reaparecer mágicamente.
Hace días que intento pensar en los pequeños gestos de amabilidad para contrarrestar la oscuridad, las amenazas, los disgustos, todo lo demás (incluso con el pescadero, que me hace precios especiales cuando paso a última hora) y que imagino rescatar  una vieja carpeta del pc, de antes de pasarme al mac, que titulé For Dark Moments, donde guardaba mensajes luminosos. Ahora incluiría un mensaje de Véronique, respondiendo a uno mío donde le daba las gracias por su entusiasmo supportive, en el que me decía algo como: "En realidad lo que generas a tu alrededor es lo tú misma emanas, así que yo feliz de seguir estando a tu lado para recibir esas radiaciones tan especiales que nos produces no sólo a mí, si no a todos los que de alguna manera tocas". Un poco como aquel prólogo de EVM en La plaza del azufaifo, que me animaba cada vez que lo leía. Ahora esos gestos me sirven para recordar quiénes somos y en qué mundo nos gustaría seguir viviendo. Por eso durante el fin de semana en el campo, chez la Belle Elaine, desapareció por completo el malaise físico que me acosa desde septiembre y que tantas noches me ha hecho pensar en la huida.
Me gustó mucho el artículo de EVM sobre Oblómov y L'homme qui dort y su actitud somnolienta como resistente. Yo lo pienso siempre contemplando a Rufus. Los gatos transmiten una lección de ociosidad todos los días. Pero para ser Oblómov "es propicio tener adonde ir" y que no puedan echarte si no pagas el alquiler, porque en la calle es difícil seguir durmiendo... A veces, Rufus me pone las dos patas en la frente como si quisiera transmitirme su calma o sus pensamientos siempre positivos o su capacidad de soñar doscientos minutos al día en lugar de los pocos minutos de los humanos.
La otra noche acabé haciendo una especie de cura nocturna de poetas y escuché en youtube una vez más a Juan Carlos Mestre, a Lêdo Ivo y a EC, leí a José Gorostiza, necesitaba esa metafísica de la poesía, esa pregunta a la que aludía EC y que esa noche era una pregunta doliente, casi de ahogo, de por qué, por qué todo esto y si haría falta que yo cayera por esa pendiente para ver y si realmente se trataba de una caída radical de la Casa Usher, donde yo no creía pertenecer, y sin embargo... Naturalmente, Rufus estaba conmigo y escuchó Cavalo morto y a todos los demás.
Ayer fuimos a ver el Fausto de Sokurov. Los tres amigos que venían conmigo están conectados con el cine en distintos grados. A ellos no les gustó nada la película, y sin embargo yo estuve gozando todo el tiempo y a pesar de las dos horas y media, no miré el reloj hasta que faltaba un cuarto de hora. Iba cansada, era tarde (yo siempre prefiero la sesión de las 20h y no pudo ser), temía dormirme, pero me mantuve allí con los ojos abiertos. Estaba fascinada. Es cierto que, como dijo P.A., era un Fausto sin épica, pero pese a esa iconografía y escenario medieval que tanto me gustaba, esas imágenes como cuadros de Rembrandt, ese barroquismo de algunas escenas, incluso el momento de feroz y salvaje visceralidad del principio, yo lo vi como un Fausto contemporáneo, que se parecía muchísimo a algunos personajes con los que por desgracia he topado últimamente en mi mundo de trabajo, era un Fausto que me hablaba directamente a mí y me consolaba de la tristeza y la soledad que he sentido en esos intercambios, una comida de la que salí como si me hubieran arrancado unas cuantas vísceras,  unos mensajes, unas conversaciones telefónicas, la visión de esos personajes con un comportamiento gemelo a la del mascullante Fausto rembrandtiano de Sokurov o a la de su Mefisto, personajes que no quieren detenerse a pensar  en las consecuencias de sus actos o apartan esos pensamientos mientras se dirigen acelerada y desenfrenadamente a ese "allí" de la película, siempre más allá, sin vuelta atrás, sin importar la destrucción que siembran ni el dolor que infligen. Personajes sin ética ni consideración, fijados en su meta constante, que empujan y pisan para acercarse a ese allá. Yo gocé con las imágenes y el sonido,  con los diálogos y con la tristeza amarga y oculta detrás, con la maravillosa dicción germánica. Ninguna de las tres críticas que leí antes de entrar en el cine me sirvió de nada y comprendía lo que decían mis amigos, pero claramente yo había visto otra película. Tal vez necesitaba que alguien me hablara de eso y que lo hiciera de una forma metafórica y medieval, con homúculus y monos en la luna vistos por telescopio y la persecución de la belleza para cortarla como una flor y la carrera hacia el infierno. Tal vez... Y qué maravilloso paisaje alegórico final.
También mi curso de Correspondencias me alegra. Ahora releo a Hannah Arendt y a Mary McCarthy con fruición. La escucha inspira lo mejor. Sólo con cursos podría vivir con más calma, sin sufrir las miserias de la traducción, la desvalorización y  el agotamiento y el estrés que implica. La primera sesión fue celebrativa, con los espíritus de Flaubert y George Sand flotando en el aire como en una sesión de Madame Blavatsky, rescatados por su conversación a través del tiempo.
Hace ya días volví a ver Miró, L'escala de l'evasió en la Fundació Miró con Tigridia. Es una maravilla y me preguntaba por qué me ponía de buen humor  y por qué me resultaba tan cercano Miró y al final concluí que la impresión envolvente es la libertad interior en la que reinó Miró, cómo había querido y logrado ser libre con su obra y en el mundo, y también me acordé de su tristeza final y le comprendí perfectamente. 
Han destruido otro parque por aquí cerca, en Tres Torres, los Jardins de Roig i Raventós, que los donó a la ciudad y no al aparcamiento privado del Col·legi de Metges, con lo cual parece un tanto irregular. Es una vergüenza que el Colegio de Médicos contribuya a acrecentar la contaminación y destruir el patrimonio verde de una ciudad que está muy por debajo del índice de verde por habitante que recomienda la OMS para la salud de los ciudadanos. Pero aún es más vergonzoso por parte del ayuntamiento, que cobra las comisiones y licencias. Todos los mercados de la ciudad  están en obras y son malogrados para ponerles supermercados y aparcamientos subterráneos. Todas las plazas verdes sacrificadas para más aparcamientos. Fomentan el transporte privado, al contrario de lo que se hace en todas las ciudades europeas. Y sacrifican árboles que han tardado cien, ochenta o cincuenta años, cambiándolos por escuchimizados palitroques. 
Sarinagara, ya tenemos fecha para la presentación de mi libro sobre la ciudad, Mis postales de Barcelona: será el 10 de abril, a las 19:30, en La Central de la calle Mallorca, con Pepe Ribas presentando y el editor de Triangle. El libro lleva un prólogo ilustrado de Mariscal, que también ha prometido estar con nosotros. Será una pequeña celebración resistente en medio de la desdicha de esta ciudad arrasada y sin sombra ni oxígeno.

12 comentarios:

Joselu dijo...

Somos sembradores de cosechas con la ventaja de que no nos afecta la climatología, solo la oportunidad. Mas nos vale no perder la energía para sorprendernos por lo que algunos nos quieren. Es porque les queremos. Deberíamos querer a todo como un Dersu Uzala en nuestra ciudad. Abrazar a nuestros vecinos y pedir permiso para hacerlo a nuestros arboles. Crucigramas, redes tejidas con los hilos del cariño por lo que somos, lo que son y lo que tenemos.
Suerte con tu libro ahora que terminas tu trabajo.

Francis Black dijo...

10 de abril perfecto, apunto, voy a intentar no comprar el libro hasta esa fecha que siempre voy a las presentaciones con los libros leídos y me da corte llevarlos para que me lo dediquen pues pienso que la gente dirá, mira el atractivo Black se pira sin pagar el libro

Belnu dijo...

Ja ja, gracias, Francis! Aún no ha salido, supongo que estará en la calle a final de este mes o primeros de abril, semana santa!

delarica@unav.es dijo...

como te dije, ojalá que pueda estar allí, y conocer al gran Black

lo estoy deseando

por cierto, para mí el De Profundis de Wilde es uno de esos grandes textos, yo lo sitúo junto a las Confesiones de San Agustín o las Ensoñaciones de un paseante de Rosseau

siempre me pregunto si son literatura u otra cosa aparte y pienso que en una respuesta a eso habría tantas cosas que considerar

en fin que te agradezco el aire fresco que traen siempre tus entradas Bel

Belnu dijo...

Oh gracias, Álvaro, soyez le bienvenu! Yo diría que esos libros son literatura luminosa o llena de luz, y es que San Agustín iluminó el pensamiento de Hannah Arendt, pero hay más, la poesía muchas veces, ayer alguien me mandó un poema de San Juan de la Cruz, pero estoy improvisando, qué sabré yo, habría que preguntarse más largamente, en un debate radiofónico o televisivo que debería existir ¿te imaginas?, como existe en Francia o existió en Italia

Belnu dijo...

En cuanto a Francis Black, él sabe!

JML dijo...

Eso me pasa a mí también, que para mantener la ociosidad rebelde de Oblómov hay que tener donde caerse muerto. Entregarse a esa (in)actividad en estos tiempos de zozobra es asomarse directamente al abismo...

Un saludo, en cualquier caso.

Belnu dijo...

Exacto, JML, eso es lo que ocurre. Ya quisiera yo tener un lugar mío donde gozar de la ociosidad (lectura y escritura, en mi caso tampoco sería tan ociosa) y la libertad sin tener que pagar facturas... Hay que haber heredado para eso... Incluso para dormir sin fin...

Belnu dijo...

Saludos, JML, encantada de verte por aquí!

JML dijo...

Es un placer, ya sabes...

Belnu dijo...

Mine pleasure! Gracias

Belnu dijo...

Gracias, Joselu! Este comentario se había quedado atascado en la bandeja de entrada y nunca me llegó al email! Es muy bonito lo que dices...