jueves, 25 de agosto de 2011

Yo no quería volver

Foto: Nebojša Trifunović, el periodista que me preguntó si había logrado llegar al monasterio por el camino del bosque y me enseñó a saludar de otra manera en serbio. Yo, en el centro Vuk Karadžić, foto publicada en el Lozničke novosti, 2011
La última noche no podía siquiera dormir. Me desperté cerca de las 3, salí y me impresionó más que nunca lo que veía. Habían apagado las luces del jardín y la claridad de las estrellas (la celístia, esa palabra latina que sólo existe en catalán) era poderosa, la luna era una uña creciente, una luna mora y el campo, las montañas altas del bosque vertical, la lechuza que ululaba a rachas, el rumor del agua, los grillos nocturnos. Subí las escaleras hasta la parte alta del jardín, donde los campos de flores blancas, y pensé que tal vez la belleza se intensificaba con las horas nocturnas, y era un espectáculo tan impresionante que me conmovió extrañamente. Dormí apenas dos horas y media seguidas y soñé que iba (otra vez sin bolso, lo olvidaba) a una casa grande, recorrida por muchos, y allí me encontraba a un artista que fue mi partner en otro tiempo y la emoción era como entonces o como si nos encontrásemos en una descomunal encrucijada histórica, como amigos que se encuentran en una gran guerra, y el encuentro tenía una especie de magia dramática, pero entonces yo le anunciaba mi muerte inminente y los dos llorábamos. Esa noche asistimos a la performance de unos estudiantes con una profesora de dramaturgia de la Universidad de Belgrado, un proyecto llamado Andrić, los sonidos y... Era muy contemporáneo, lleno de talento y receptividad y los alumnos sabían decir los textos y exploraban los sonidos como artistas. Al salir les hablé de la magia de ese bosque, me dijeron que lo que había visto allí sola era seguramente un ciervo, y al mencionar a la lechuza que ululaba, la directora me habló de un árbol colonizado por los búhos, que le había impresionado al verlo. Dijo que en Serbia se consideraba un signo de muerte, pero que se los respetaba por ser cazadores de ratones, y hablamos de Atenea y la lechuza y la sabiduría.
No puedo olvidarme de ese bosque, de la sensación tan emocionante de estar sola con los árboles y los animales ocultos, del privilegio de poder entrar -ya que a veces es vertical e impenetrable-, de poder llegar cada vez un poco más lejos hacia el monasterio de Tronoša, ese camino que el lingüista, el Pompeu Fabra serbio, había hecho todos los días para ir al colegio. Ni tampoco de la sensación del pasado que habita en el presente, de las heridas invisibles de la guerra, de las atrocidades cometidas al otro lado del río, de lo que queda de aquello.
Un día antes se celebró una conferencia de prensa en el ayuntamiento de Loznica para presentarme como invitada -primera escritora internacional en residencia en la Casa de escritores del Centro Vuk Karadžić de Tršić- y decidí explicar cuál era mi conexión con Serbia y hablé de la guerra y de mi libro. Podía parecer arriesgado pero fue interesante y los periodistas me hicieron preguntas incisivas. Creo que a todos nos gustó poder hablar del tema desde un punto de vista otro, sin esquematismos ni prejuicios, pero sin escamotear responsabilidades. Luego salió en algunas tvs y periódicos y las Embajadas china y rusa propusieron al Ministerio de Cultura serbio que invitasen a sus escritores. Ojalá mi libro balcánico pueda traducirse y publicarse allí y en otros países. No puedo poner los links importantes porque tendría que buscarlos en cirílico...
Volví agotada y me di cuenta de que Rufus, con su abrazo poderoso y persistente, es el trozo de Naturaleza que tengo aquí, la sustitución de ese bosque filosófico, de ese bosque metafísico, esotérico, misterioso y tal vez loco, como sugería un psicoanalista en facebook. A mí me daba miedo venir aquí y sentir otro dolor. Alguien en facebook me llamó valiente por irme a los Balcanes y yo pensaba, ¿valiente? aterrada de venir aquí y enfrentarme a lo que tenía que enfrentarme.
Acabé los cuentos de Hemon, me puse a leer las Penas precoces de Danilo Kiš, que me hicieron pensar en Isaak Babel, no por el estilo sino por cierta atmósfera de fondo, salvando las distancias, de los judíos, los progromos, la violencia mezclada al humor y la melancolía ("Oí un alboroto bajo la ventana y pensé que venían a matar a mi padre", empieza uno de los cuentos. "Y entonces un violín sembró la duda y me libró del miedo"). Y en ese chico absorto, embriagado por el olor del heno, abrumado del espectáculo y el poder sensual de la naturaleza, con su hipersensibilidad de escritor, decidido a huir y lanzarse al mundo por vergüenza cuando le descubren besando a una niña en la paja o por miedo y culpa cuando pierde a una hermosa vaca embarazada, y todo en medio de la amenaza y lo brutal. Pensaba en Una tumba para Boris Davídovich, en su condición implacable, en esa crítica despiadada y en el peso tremendo que tiene para desbaratar cualquier creencia en el pasado estalinista, un peso tan inmenso como su riqueza de matices, su ambivalencia para explicar la complejidad, su calidad literaria. ¿Y cómo no iba a ser despiadado alguien que a los 7 años presenció la matanza de judíos y serbios en Novi Sad?
Me consuelan las conversaciones con G. y algunos pensamientos. G. sueña con proyectos posteriores, aunque le cuesta ponerse las pilas para su septiembre. Y a la vez me ofrece su comprensión. Pero al anochecer me puse literalmente mala, con un lumbago que no me ha abandonado. Luego me he cortado de una forma algo salvaje y la sangre no quería cesar de salir. Hace mucho calor. Es una suerte estar viva, aunque todo sea difícil, a veces detecto que podría darse la vuelta como un calcetín, sólo se trata de resolver el jeroglífico y de agradecer esas cosas supuestamente nimias y en realidad vitales, que muestran su importancia al enfrentarse a lo otro... Cuando iba a copiarlas, borré sin querer todas mis fotos de Sunčana Reka y de Banja Koviljaca. Algunos fotógrafos en facebook me han dado consejos de programas que descargar para recuperarlas, pero yo no logro nada; me han aparecido otras mucho más viejas, pero no las que me interesaban.Cómo añoro la noche fresquísima del bosque... Aún me pregunto por qué no quisieron llevarnos al Drina cuando hacía sol.
Me pregunto si podré volver a dormir por las noches. Lo que está ocurriendo me ha convertido en insomne y si no me duele una cosa me duele otra, porque el dolor no puede concentrarse en sí mismo y se traspone, para hacerse tal vez más soportable, estúpidamente desviado a pequeños males insidiosos, sin importancia, síntomas de lo que sí importa.
Al llegar me he encontrado los ejemplares de las Crónicas de Nueva York de Maeve Brennan, traducidas y prologadas por mí y publicadas por Alfabia. Por ese libro estuve persiguiendo editores, hasta que logré despertar el entusiasmo de los alfabios. Antes incluí a Maeve B. en mis escritoras de Sinrazones del olvido. ¿Quién dijo que aquí siempre corría el aire? A media noche no había ni una gota. Este calor tiene algo infernal, esa sensación sudorosa, sucia y ardiente que sólo se cura bajo la ducha y en el aire helado del helio. Y pese a todo, hoy, andando por Major de Gràcia, en pleno bullicio acalorado e irritante, yo me sentía otra vez feliz de seguir viviendo, de poder andar y escribir, a pesar de mi lumbago y del bloqueo, y de que ese bloqueo se debe precisamente al núcleo doloroso de algún personaje de mi novela, o de tener que estar cerca de la oscuridad aquella, comprobar esa extraña costumbre, tan opuesta a mi naturaleza y que tanto me enferma, de no decir, no reconocer, enterrarlo todo y poner encima un parche tras otro, sin abrir, limpiar, airear y separar con pinzas como mandaría Freud.

7 comentarios:

Luis Vea García dijo...

Ese fragmento de bosque que hay en ti, que hay en Rufus es lo que nos hace más humanos.
Re-bienvenida.
Abrazos
Luis

Luis Vea García dijo...

Maldita tecnología, Isabel.
;-)

Stalker dijo...

me alegra que vuelvas y esa sensación de felicidad en la tórrida atmósfera...

y todas tus metamorfosis, dentro: hermosas

abrazo

Belnu dijo...

Gracias, Stalker, a mí también me alegra que tú vengas por aquí y me leas!!!
Abrazo!

Belnu dijo...

Gracias, Luis!! Sí, bendita y maldita tecnología...

Emma dijo...

Enhorabuena por el libro de Maeve, Isabel. Me encantará leerlo. Bienvenida.

Belnu dijo...

Gracias, Emma!!! Bienvenida también tú...