sábado, 20 de agosto de 2011

Un pájaro

Foto: I.N., Rosas en el jardín del monasterio de Tronoša, 2011
Un pájaro no identificado me despertó a las cinco. Sentí un dolor agudo, una punzada en un lugar sospechoso, y entonces me dormí y soñé que iba a ver a los famosos homeópatas hindúes, que estaban en un jardín gris pardusco, y uno de ellos me decía: "Creíamos que eras..." y me comparaba a un animal joven e insólito, movía la cabeza tristemente y me daba nuevos remedios. Luego, en el portal de la calle Muntaner de un antiguo amigo muy alto y excéntrico que murió hace tiempo (un portal bonito pero que en aquella época siempre olía a tocino frito que cocinaban los antiguos porteros y al que luego volví en dos ocasiones, y supe que un visionario cubano que había ocupado el mismo apartamento de mi amigo muerto), allí, en el sueño me encontraba a una conocida joven y guapa y hablábamos, y sólo en el momento en que yo salía a la calle y ella entraba en el ascensor me decía que ese día la habían operado. Más tarde iba a verla, estaba con su hermana, había un posible pronóstico malo y yo lloraba, maldiciéndome internamente por no poder contenerme junto a ella. Al día siguiente venía a verme a mi casa esa joven amiga con su marido y sus niños y a uno de ellos, que en el sueño era mayor y completamente distinto que en la realidad, le faltaba un brazo. G preguntaba por qué, y le decían, con ligereza, que había tenido un accidente con el cacaolat, o con un chupachups, o algo igualmente absurdo. Añadían que iban a ponerle una prótesis y yo decía: "Claro, para el ordenador", y ellos me corregían: "No, para el ordenador no le hace falta"...
A veces me sorprendo contando los días que me separan de volver a casa, a mi cueva de Alí Babá, a ver a G. y también a Rufus y a mis amigos, pero en realidad, volver a lo real me espanta, y más en este momento, como refleja el sueño. No, no tengo ganas de volver al cemento, de ver la escabechina que le han hecho al azufaifo para que la grúa pueda moverse con libertad y puedan construir y cobrar sus comisiones mafiosas, no tengo ganas de volver a un país delirante donde en plenos recortes sociales y educativos salvajes invierten tanto dinero público en la visita de un horrible pontífice que ya vino el año pasado, engañan a los comerciantes con un supuesto negocio -en Barcelona no hubo tal cosa-, donde el presidente del gobierno consulta a ese Papa -el mismo que le critica sus políticas y promueve al partido contrario- para decidir sobre el futuro del Valle de los Caídos (¿es que no ha cambiado nada desde el franquismo?) y manda a la policía a cargar salvajemente. No tengo ganas de volver a las miserias -ayer me atreví a asomarme a mi cuenta bancaria-, de las ridículas tarifas de traducción, a las propuestas de escribir gratis, de conferenciar cobrando siempre menos que el fontanero, que el cristalero, que cualquier otro oficio, a las facturas abusivas, a la contaminación, a los árboles cortados, al cemento. Y sobre todo, no tengo ganas de abandonar este bosque, que se ofrece con su proximidad y sus rumores de agua, ni estas noches, donde las luces se apagan y la oscuridad lo cubre todo y se oye música de grillos, aire, agua, y el cielo está tan lleno de estrellas que parece imposible. O los paseos diurnos observando ese extraño prodigio de luces y sombras que logran los árboles sobre la tierra, refugiándonos siempre en la sombra verdosa que los mismos árboles gigantes ofrecen generosamente en los lugares donde no ha llegado la mafia arboricida de nuestro país.
A veces, en el interior de esa penumbra verde del bosque, con las grietas de luz entrando oblicuamente, con el rumor del agua y el aliento de esas profundidades, en esa catedral arbórea tan alta y elegante me siento agradecida de que se me conceda ese acceso solitario, en una intimidad extraña con animales invisibles, con respiración verde... Por la noche, el encantamiento de este sitio, con las montañas altísimas, el concierto de grillos, la frescura del aire lleno de efluvios florales, herbáceos y arbóreos y el ruido persistente de esos mil arroyos que lo inundan todo (y que son culpables de la persistencia de mosquitas revoloteando frente al que recorre los caminos) y el cielo llenísimo de estrellas es tan grande que acostarme me parece una traición o una condena de encierro y sólo quisiera estar fuera...
Es verdad que este lugar se parece al paraíso, y sin embargo, fue escenario de unas atrocidades ya conocidas, de una ferocidad ilimitada, en una desigualdad angustiosa. Alguien se preguntaba en facebook por la felicidad, como si tal cosa existiera de una forma permanente, como si no fuese una respiración interna, algo paradójico, que se produce en nosotros a pesar del mundo. Yo hablaba de las mariposas. Aquí son múltiples y espectaculares. Ayer, mientras leía unos cuentos de Aleksandar Hemon entre el sol y la sombra, una mariposa pequeña estuvo posándose sobre uno de mis pies, el otro, el borde del vestido, el libro y por fin mi brazo. Me miraba y no parecía dispuesta a abandonarme. Echaba a volar cuando yo me movía, pero volvía una y otra vez. ¿Qué significa ese extraño movimiento de abrir y cerrar las alas cuando se posan sobre algo? Era muy bonita, aunque no tan espectacular como las alas de la inmensa mariposa muerta que encontramos a las puertas del monasterio de Tronoša y que fotografié en la mano de Ljupka anteayer. También tuve que rescatar a un saltamontes de nuestra habitación y devolverlo a su entorno, pero me costó convencerle de que dejase mi mano. Los saltamontes parecen sonreír, orgullosos y burlones. Damos de comer a los gatillos salvajes de la casa, y el otro día -lo conté en facebook- tuve un intercambio con un gallo, que venía arrogante a quitarles las sobras que les dábamos a otros gatos en el restaurante. Le interpelé, le di pan y le dije que el pescado no era para gallos. Me miró sorprendido, no sé si por la lengua -al fin y al cabo, era un gallo serbio- o porque nadie se había dirigido a él con palabras. Y me sorprendió a mí porque tenía una expresión inteligente, con su cresta caída y sus ojos pensativos. Hace dos noches se oía un pequeño concierto de ranas. Hay una vaca, invisible desde donde estamos, que se hace notar de vez en cuando y puntúa nuestras frases o discusiones con un mugido aprobador. La otra mañana la vi: iba con un pastor y un ternero, y tenían la cabeza bastante blanca y el cuerpo de un tono acaramelado, de tofee. Y es que en este entorno, exceptuando a I. y a la gente del centro o a un escultor de Belgrado que apareció hace unos días, no tengo mucho más intercambio intelectual. Salvo en los libros. Leí La main gauche de Maupassant (precisamente gracias a un comentario de JLG), con tres o cuatro cuentos geniales (el de aquel hombre que pasa la noche en el cementerio para estar cerca de su amada y descubre que a media noche, los muertos salen de sus tumbas y corrigen las mentiras de sus epitafios y confiesan su verdadera naturaleza y sus traiciones, incluida ella. ¡O el de los suicidios organizados! Con su humor y su modernidad de espíritu) y me chocó otra vez la ferocidad de su misoginia y su racismo etnocentrista. Retomé y acabé Una tumba para Boris Davidovich de Danilo Kis, que es magnífica literatura, aunque durísimo, esa crónica de la persecución y la tortura en el comunismo, esa complejidad y ambivalencia de los torturadores (su tenacidad perversa, su insight bárbaro sobre las flaquezas del torturado y su capacidad para escribir de las puestas de sol en Kolima) en plena arbitrariedad salvaje, es mucho más poderoso que Soljenitsin y me hizo pensar en Shalámov. Lástima la descuidada edición, llena de erratas, con catalanismos tal vez del corrector, algo inusual en un editor que siempre había cuidado sus libros. Leí también Moderato cantabile de Marguerite Duras (me gustó esa tentativa intoxicada y desesperada de reconstruir el drama anónimo del bar de un pueblo, la soledad de la mujer que bebe demasiado vino con el desconocido), y esa pequeña joya que Tigridia me pasó traducida y que debería ser lectura obligatoria para evitar lo peor, El vicio de la lectura, de Edith Wharton, donde se dibuja perfectamente ese horrible lector mediocre que tanto prolifera, todos esos que creen que por el hecho de saber que la p con la a suena pa, se creen con derecho de buscar defectos estúpidos e inexistentes en libros que no comprenden, yo he encontrado muchos de esos lectores zoquetes y arrogantes, he tenido que sufrirlos, y a partir de ahora les recomendaré ese librito en cuanto les oiga hablar. Con un poco de suerte se dedicarán a los best-séllers o callarán... Por cierto que encontré una de ellos en casa de un amigo, no hace mucho. Había asistido a un cursillo y se consideraba ya futura novelista y se permitió decir una sarta de tonterías sobre dos textos sin comprender ni poder apreciar en absoluto sus virtudes. Todos somos ignorantes: ¡lo importante es tener conciencia de esa ignorancia! Y lo peor es no tenerla.
Anteanoche intentábamos por segunda vez ver una película de Raúl Ruiz basada en una novela de Jean Giono, Les âmes fortes, y pareció que íbamos a lograrlo, las imágenes del duelo me recordaron a la magnífica Misterios de Lisboa, pero no hubo manera. Y ayer llegó la noticia de su muerte. Estaba rodando sobre su infancia chilena... J.L. Guerín decía hoy en facebook: "Recuerdo La hipótesis del cuadro robado como una de las películas más sugerentes que he visto sobre pintura."
Por cierto que ya entregué el prólogo y la traducción de ese libro intrincado y maravilloso de Giono, Un rey sin diversión, que aparecerá muy pronto en Impedimenta.
En cuanto a mi novela, sigo llena de dudas. Avanzo, pero no las tengo todas conmigo. No estoy ya en el periodo feliz de los veinte primeros capítulos. No sé si quiero seguir este camino. Una parte de mí parece decidida, tal vez la parte más kamikaze, tal vez como forma de alejar para siempre de mí algo que aún me molesta, pero la otra titubea, y sin duda una serie de hechos que se producen en este momento y que tienen relación con los personajes que inspiraron a los míos me dificultan la reflexión.
Y ahora voy a traducir Maeve Brennan.

9 comentarios:

Bel M. dijo...

Tampoco yo deseo volver a la realidad (e incluso parece que mi inconsciente esta haciendo de las suyas para evitarlo) y sin embargo...
En cualquier caso,estupenda, precisa y poetica cronica!

Belnu dijo...

¡Sabía que al menos te haría reír esa vaca que muge aprobadoramente! Te comprendo muy bien... Mil gracias por el elogio!

Francis Black dijo...

Pobre gallo, pan en vez de pescado, el tío no es burro es gallo, si puedes mira si la vaca salta sin carrerilla desde la ultima vaca que salto sin carrerilla estoy intrigado,claro que veo más raro una vaca marcha atrás para pillar impulso. Lo digo en serio es algo muy raro porque si falla se la pega y una vaca pegándose un tortazo en un prado tampoco me suena, El hombre es el único animal ridículo , que decía Monterroso.

Belnu dijo...

Ja ja, Francis, pero a mí me gustan también los asnos, creo que el nombre es inmerecido. Hoy en cambio los gatos brillaban por su ausencia en el restaurante y llamábamos a gallos y gallinas, que corren por allí y por todo el pueblo como Pedro por su casa, pero no venían. Sólo cuando ya nos habían empaquetado las sobras de pescado para los gatillos salvajes de la casa (que nos esperan como a agua de mayo), entonces ha venido un gatillo negro precioso, de esos a los que les gusta que les hablen y entrecierran los ojos de gusto sólo escuchando, y hemos tenido que decirle lo que nos decían a nosotras al principio, estilo Larra pero en serbio: Sutra, sutra! que significa "Mañana"

Belnu dijo...

Ah, y la vaca aquí sólo muge, pero apenas se la ve!

Ephemeralthing dijo...

Todavía tengo que acabar con tu texto, pero entreveo ya algo: quieres demasiado a Barcelona como para no volver y seguir cuidándola de los bárbaros. Aunque parezca que ganen tu eres la vencedora.

Belnu dijo...

Gracias, Eph! Por ese ánimo! No sé, a veces me imagino viejuza y pudiendo retirarme a una pequeña ciudad francesa y abandonando a la pobre BCN! De momento, malheureusement, no podría... si no acaban conmigo ni me hacen homeless seguiré resistiendo como pueda a esos bárbaros.

Esther Planas dijo...

Bel!!
Increible sitio..
parallel paradise!!
que buena la imagen
mental que puedo hacerme
de mariposas y verdes sombras
disfruta!!xxx

Belnu dijo...

Sí, Esther, cómo me duele tener que dejar estos bosques y volver a lo real! Ayayay...