viernes, 22 de julio de 2011

Consolaciones del arte

Foto: I.N., En el chiringuito, 2011
Anteanoche, volvía a casa contenta tras una cena celebrativa en un pequeño restaurante afrancesado. Esquivé la pobre plaça Joaquim Folguera, arrasada por los corruptos políticos que cortaron toda la frondosidad, se llevaron aquella pequeña belleza fresca y sus farolas antiguas y lo convirtieron todo en una zanja ardiente y contaminada, abandonando las obras. Pero al llegar junto al azufaifo sentí una punzada dolorosa. Hasta entonces había pensado ciegamente en pararles los pies, en detener esas obras que lo ponían en peligro cada vez más. Pero en ese momento sentí una especie de aullido silencioso de ese monstruo verde y antiguo, venido de otro mundo y al que han cortado las raíces. Luego aparecieron, aunque era tarde, dos vecinos defensores del árbol, y hablamos un momento.
Al día siguiente, justo cuando yo volvía a casa a media tarde, los brutos municipales le rompieron la copa con un camión, vinieron a podarlo con su estilo destroyer y ya se vio inclinarse dramáticamente al árbol.
Yo tenía que irme, no podía estar en la concentración cercana para impedir la destrucción de La Rotonda (tantos fuegos por apagar), porque tenía otro compromiso.
Llegué al Macba a tiempo para la visita comentada que Carles Hac Mor hacía de la exposición de Àngels Ribé. Nada más llegar le conté a Àngels lo del azufaifo y ella repitió tres veces: "Aquest país és una merda." La exposición me encantó. Yo conocía poco su obra de esos años -sólo dos o tres piezas- y algo mejor sus obras posteriores (el día antes había ido a la pequeña exposición que inauguraba en el Max Studio, comisariada por la energética Alicia Chillida, donde se ven unos dibujos que tienen algo oriental, algo de la luz negra de Chillida y algo motherwelliano, pero sobre todo y al mismo tiempo son muy auténticamente Àngels Ribé, y allí también hay una delicada borradura filmada de su nombre), y lo que me asombró fue descubrir la gran coherencia de su discurso o de su actitud vital, o de que su relación con el arte fuese realmente la misma desde los años sesenta. Me gustó oírla hablar porque Àngels, pese a su discreción y su actitud fuera de las luchas de poder, de los codazos y de lo peor de los mercados, tiene una fuerza interior y una autoritas indiscutible, una especie de sencillez compleja y ferruginosa. Dijo que no sólo el arte conceptual está en la cabeza del que lo mira, sino que todo arte existe realmente sólo en esa mente. Dijo muchas otras cosas. Y aquellas piezas, su forma de utilizar su cuerpo y la expresión seria que tenían sus fotos o su mirada sobre las cosas, su juego metafísico-poético y su simbolismo me alegraron el espíritu. Había una pieza que ella sólo había incluido a regañadientes, impulsada por la voluntad tenaz de la comisaria, Teresa Grandas. A mí me gustó mucho verla porque era, así lo entendí por sus palabras, una dirección que había probado en aquel momento, por una necesidad interna, y que había abandonado para siempre. Ella no se sentía representada en esa pieza y sin embargo, sarinagara, era una suerte poder ver cómo había probado justamente esa dirección que después no siguió, y conmovía verlo. Àngels me agradeció esa lectura porque giraba en torno a ese extravío del que habla Roland Barthes (que para mí es perenne) y dijo que se había quedado tranquila aclarando las cosas. Carles Hac Mor quiso que los demás habláramos y la hizo hablar a ella, y la visita fue conversada, aunque siempre introducida por él con su humor, su experiencia de la época y sus pequeñas provocaciones. Es una exposición preciosa. Vayan a verla.
Justo antes de irme, Rufus se escapó. Me había dejado algo en casa y al entrar a cogerlo, dejé la puerta entreabierta un momento. La cerré y cuando me metía en el ascensor oí un maullido desgarrador. Rufus había bajado dos pisos y no sabía volver. Fui a buscarlo despacio y lo cogí en brazos y lo devolví a su terreno. Luego le pregunté adónde quería ir, pero no me lo dijo. Prefirió ocultarse en las sombras densísimas de la terraza, intentando cazar.
Hoy he dado mi última clase de la temporada en un chiringuito antiguo del Maresme. Estábamos solas y era un lugar bien bonito, como de otro tiempo. El dueño se quejaba de que entre la crisis y el mal tiempo este verano es dramático. Hablábamos de Bernhard y de El sobrino de Wittgenstein, que ha entusiasmado a todas las alumnas. Cuando ya nos íbamos, V. y yo nos hemos bañado. ¡La textura de ese agua turquesa! Era una sensación deliciosa, aun sin sol.
Y se ha muerto Lucien Freud.
Me quedan pocos días antes de irme a Serbia. Espero que entre G. y Tigridia cuiden bien de Rufus, que estos días está soñador y apasionado como siempre. Cuando me echo en el suelo para hacer mis ejercicios, se pega a mí y ronronea tan fuerte que me hace reír. Vuelve la cabeza con el movimiento de mis brazos. Voy invitada a una casa de escritores, en un bosque, junto al Drina, no muy lejos de la frontera bosnia, no muy lejos de un lugar dramático de la guerra; seré la primera International Writer in Residence, entre escritores balcánicos. Me acompaña una amiga que ha querido aventurarse conmigo.
He visto la película aún inédita y serbia de Dionís Escorsa, Zrak i vrag, El aire y el diablo. Es una película onírica sobre la guerra, llena de interrogantes y de perplejidad y de toda la vida que se produce entre la muerte y de silencios y no-dichos, y de escombros de la violencia y mujeres que barren las ruinas, y pensamientos también barridos y naturaleza. He encontrado en ella también afinidades que me interpelan, como ese soldado que sueña que es un árbol. Y escuchar esa lengua, y esa abuela que vuelve y los vestigios de la memoria. Esa forma onírica es perfecta para transmitir el delirio y la incongruencia arbitraria de la guerra. Como en el Quanta, quanta guerra de Mercè Rodoreda, aunque con una forma contemporánea y distinta. Espero que pronto se pueda exhibir por ahí porque vale la pena.
He acabado la traducción de Jean Giono para Impedimenta. La estoy corrigiendo y me gusta mucho. Ese libro de título pascaliano es una joya extraña: falso thriller poético-metafísico lleno de humor popular y de nieve. Por cierto, pueden leer aquí la introducción y una sleección de fragmentos que hice para TURIA de esa novela. Me llevaré los cuentos de Maeve Brennan para traducir. Por cierto que están a punto de salir sus maravillosas Crónicas de Nueva York, traducidas y prologadas por mí y publicadas por Alfabia (no se las pierdan). Hoy una alumna me ha traído un Vogue donde le han dedicado un reportaje al libro, con las fotos de la guapísima Brennan.
Hace unos días ocurrió algo que no sólo me removió, regurgitó recuerdos brutales y una fantasía oscura, sino que me sumió aún más hondo en mi hoyo de duda de la novela. Aún no sé si mi deseo me arrastrará a algo que parece tan radical. Quién sabe. Tendré que encomendarme a Faulkner, que explicó bien lo que importa en esos casos. "Escribe", "protégete", me dijo el hombre que escucha. Y me llevé esa idea conmigo porque sé que voy a necesitarla. También me situé en ese vértigo asombroso de querer escribir todo lo que me sacude, lo que no entiendo...
En realidad, me alegro de irme a Serbia a distanciarme de ciertas cosas y a olvidar el atentado al precioso azufaifo, que me duele como un arrancamiento físico. No puedo soportarlo. Seguiremos resistiendo y denunciando, pero esa inclinación habla de la muerte del árbol. Es un país bien triste, que protege los parkings en lugar de los árboles, vendido a la mafia del cemento, incansable en esa destrucción de toda la belleza y la memoria para implantar esa fealdad contaminada, de estruendo y toxicidad.
Entre estas líneas he dejado unos links de mi pequeño homenaje a una chica descarriada, con una voz poderosa, sensual y energética, que acaba de desaparecer del mundo.

8 comentarios:

Cartas en la noche dijo...

Hoy, a las diez de la noche, en las ruinas romans de Segóbriga un violín y un piano silbaran sobre los fantasmas co0n túnica que viven allí, y por los que vamos a sentarnos esta noche en un rincón incómodo de la Cavea. Me acordaré de ti, y me llevaré la novela tuya que no he terminado de leer allí, mientras que haya luz...

Belnu dijo...

GRacias por ese recuerdo romano, ¡qué suerte estar allí! Pero leerás mi ensayo, porque mi novela aún no la he acabado de escribir! :-)

Ephemeralthing dijo...

Evocadores azules los del chiringuito. ¿Dónde está?, si se tercia iríamos a "promocionarlo" un poco. Se echan de menos los lugares con un poco de "savoir faire", la moda "dubaibiza" parece invasiva.

Belnu dijo...

Muy cerca de la estación de Montgat, Eph!
Aunque no sé si borrar mi comentario por si acaso...

Belnu dijo...

Y es verdad, esa moda Dubaidizadora del cemento... Yo ahora vivo en una cantera gigante y desoladora

Mariela R dijo...

Isabel, he leído fragmentos de tus cuentos más el contenido de este blog y realmente me han capturado. Quisiera acceder a alguno de tus libros, pero por cuestiones de distancia creo que es algo complejo; estoy en Argentina.
De todos modos, celebro que estas historias viajen a través de la red, y podamos ver que sin importar nuestra residencia nuestras vidas presentan similares situaciones.

Belnu dijo...

Mariela, muchas gracias por tus palabras. Algunos de mis libros están en Argentina, por ejemplo, mis cuentos "Algunos hombres... y otras mujeres" (que también se vende como ebook en portales como Amazon u otros), o el ensayo balcánico "Si un árbol cae". Si no los encuentras también puedes pedir el envío a www.xoroi.com o en el email xoroi@xoroi.com (antes de que cierre por vacaciones a mediados de agosto, creo), ellos te pueden mandar "Crucigrama" o también "La plaza del azufaifo"...

Anónimo dijo...

Si no fos per ...

Aprofito per afegir que no només sembla que no s'entén la importància de la natura en el nostre entorn, tampoc la necessitat de conservar el que les anteriors generacions han cuidat. ¿Per què s'ha de lluitar tant per conservar una platja, evitar la construcció d'autovies innecessàries, preservar els edificis emblemàtics, evitar la tala d'arbres centenaris? És trist veure a l'estiu com les cadires de relluent acer estan buides sota arbres raquítics i copa transparent. Cada cop hi ha menys bancs còmodes i amb un disseny perfecte com els antics de ferro colat i llistons pintats de verd. Cada cop hi ha més terrasses que ocupen els passeigs i menys llocs per caminar tranquil·lament sense preocupar-se per anant esquivant les altres persones i al mateix temps procurant no fer els girs bruscament per por que els ciclistes no t'atropellin.

... seria un país magnífic.

Àngels