miércoles, 26 de septiembre de 2007

En Serbia


Foto: I.N. Pastora camino del Danubio, Čortanovci, 2007 (Por cierto, esa pastora se sentó a fumar al cabo de poco, en un gesto muy balcánico, imposible por estos lares, donde si existen pastoras, nunca fuman).

Me habían invitado a la Casa de Escritores de Čortanovci (Чортановци), una de las antiguas residencias de Tito en la Vojvodina (como tenía una o dos en cada una de las repúblicas yugoslavas, algunas no llegó a usarlas), en medio de bosques altísimos, una especie de construcción de fantasía neogótica casi propia de Disneylanda o de Exín Castillos, pero dignificada por la frondosidad y exuberancia de la vegetación, y con bungalows de ladrillo visto donde nos alojábamos los escritores, con la visión del Danubio al fondo del valle.

Pero como todo lo balcánico suele ser imprevisible y al parecer debido a un conflicto político entre dos facciones, en lugar de pasar los cinco días allí y los tres últimos en Belgrado, tuvimos que irnos precipitadamente a un hotel de Sremski Karlovci, en la ribera del Danubio, porque necesitaban el lugar para hospedar a no sé qué políticos, hasta que llegó el momento de ir a Belgrado.

Lo mejor de las lecturas públicas que hicimos en Novi Sad, Pančevo y Belgrado, fue poder ver a Kazuko Shiraishi recitando sus poemas con su entonación japonesa y sus rollos de papel de arroz. Igor Marojevic leyó un capítulo de su irónica última novela, Schnitt, situada en Zemun, hoy un suburbio de Belgrado, donde confluyen el Danubio y el Sava, que había pertenecido al imperio austro-húngaro y que en la II Guerra Mundial estuvo regido por un gobierno croata títere de la Alemania nazi. Amir Brka, poeta bosnio, editor, director de la revista Diwan, leyó sus poemas, como también la rusa Alexandra Petrova, la serbia Dejana Nikolic y el francés Mathias Enard, el serbio montenegrino Nikola Malović leyó un capítulo de su novela, situada en Boka Kotorska, y yo leí tres cuentos de Crucigrama. Por desgracia, no había traducción para nosotros, es decir, que los que no entendíamos serbio ni japonés ni ruso, no podíamos saber lo que se estaba diciendo. Con lo simple que hubiera sido repartir un papel con la traducción al inglés, por ejemplo. Eso creaba situaciones extrañas. En mi lectura de Belgrado, por ejemplo, me desconcentró oír que los demás hablaban a mi alrededor: en realidad, los que entendían la lengua lo traducían a otros.

Fue gracioso que, tras contestar a unas preguntas sobre mi libro a una periodista muy joven, se acercó otro periodista radiofónico de Pancevo para que le hablara de árboles (en Pančevo planeaban una tala y algunos empezaban a movilizarse, aunque allí los árboles son gigantescos y ubicuos, cada plaza es un bosquecillo, ya quisiéramos nosotros ese patrimonio arbóreo... comparativamente, los árboles de Barcelona son ramitas enanas y sin densidad, por eso produce estupor ese comentario de las autoridades municipales de que Barcelona tiene más árboles que ninguna ciudad de Europa... Basta acercarse en avión a CUALQUIER ciudad europea, Zurich, Belgrado, París, Londres, Madrid, para comprender la falacia de esa frase) y dijera unos consejos para los que intentan resistirse a la voracidad del mercado inmobiliario protegiendo sus árboles. Fue "culpa" del escritor serbio Vule Zuric, a quien yo le había contado la experiencia del azufaifo durante el desayuno, en Čortanovci , y él se lo contó a un colega de la radio de Pančevo (Панчево).
Aproveché los ratos libres para escribir mi libro balcánico, corregir un cuento y empezar alguna cosa nueva. Leí poco (porque la vida social y las lecturas y paseos comían mucho tiempo), acabé En el nombre del hijo (todo el libro está bien, aunque los mejores, con gran diferencia, son los relatos de Félix de Azúa y Víctor Gómez Pin, y después el de Eugenio Trías, sólo por esos ya valdría la pena y no comprendo que no se reedite. Estaría bien que alguien hiciera uno similar de escritoras y sus madres, con un criterio comparable, no con cuentos; del Madres e hijas de Laura Freixas, hecho con criterios de ficción, salvaría su prólogo y un cuento genial de Cristina Peri Rossi sobre una niña enamorada de su madre, y tal vez el relato de Esther Tusquets, por lo que añade a su propio personaje; pero confieso que me aburrió Rosa Chacel y no comprendo por qué siempre incluye a cierta escritora de masas), empecé los cuentos de Fascination de William Boyd, seguí un poco con Maeve Brennan y con Jacques Brosse (que me acompaña en mi conexión arbórea, ya crónica, y muy intensa en mis paseos balcánicos). Ahora me esperan Rant de Pahlaniuk y Europa Central de William Vollmann para La Vanguardia. Ah, y una biografía de Melville.


En Čortanovci y en Sremski Karlovci, me gustaron especialmente los paseos por el Danubio, con una atmósfera de merenderos, casitas, barcas de colores y personajes que me recordaban a viejas películas de Europa del Este. En el primer paseo, Kazuko decidió que iba a morirse si no bebía agua y Dejana y yo fuimos a buscar un restaurante, pero estaba abandonado. Al final, unos lugareños que fumaban y jugaban a las cartas en una mesita inestable, se rieron con la historia y nos enseñaron una fuente. Luego nos sentamos Dejana y yo en una hamaca y ella me habló de su vida con fuertes sollozos, mientras Kazuko escribía en la mesa del merendero. El segundo paseo por el río, en Sremski Karlovci, lo hice sola, y tras la orilla, los perros que dormitaban, la gente y las barcazas bajo los árboles gigantescos, me aventuré por un camino del bosque hasta que el camino se convirtió en río y no pude avanzar más. Luego cogimos una barca para un paseo de grupo, pero el conductor puso una música discotequera, esa especie de rancheras serbias o tal vez algo de turbo-folk, una locura completa, pero inspiró a Kazuko a parodiar un baile, con Nikola Malović mirándola fijamente, sin sonreír.

Y los últimos tres días, en la ruidosa y sucia pero interesante Belgrado, con ese extraño olor a humo que no sé de dónde viene (una vez le pregunté a Igor Marojevic si la gente encendía la chimenea o había fuegos, "No", me dijo, "es el olor de Belgrado"), paseando por los cibercafés y las terrazas abarratodas de gente que toma café, y las librerías, buscar en vano prensa extranjera y volver a un hotel vetusto y precario que pide a gritos una inyección de dinero. Hubo un concierto a todo volumen que sacudía el hotel y hacía temblar paredes y ventanas, así que huí con un amigo inglés que da clases en universidades privadas de Belgrado y está empezando a cambiar su condición de ex-pat recalcitrante para aprender al fin serbio, y por la vía del mito, simpatiza incluso con la irracionalidad nacionalista (por ejemplo, en la cuestión de Kosovo). Jonathan, que me había citado en un restaurante bar muy bonito llamado Manyez, me acabó llevando al Orao, que suscita en mí un recuerdo muy inquietante. Eso me recuerda que antes de empezar la lectura de Belgrado, cuando aún no había llegado la gente, encontré a Jonathan (tan parecido al Carreidas de Tintín) mirando un zócalo de madera. ¿Qué pasa? le pregunté. Y él me señaló un ratón que empujaba el zócalo para entrar en la sala, y a veces enseñaba el morro, pero no lo conseguía. "Es nuestro público", le dije.
En la plaza arbórea frente al hotel, la última mañana me puse a mirar uno de esos cuervos eslavos del Báltico que ya había fotografiado en San Petersburgo, en los jardines del palacio de invierno de Pedro IV. Son negros con una parte gris. Los anglosajones los llaman hooded crows, cuervos encapuchados . Son unos carroñeros de aspecto muy elegante, y no se mezclaban a los grupos de palomas, sino que se agrupaban en una zona definida de árboles y césped. Aquí también lo fotografié y me di cuenta de que me observaba. Se acercaba discretamente, dando esos saltitos tan graciosos o a veces andando, contoneándose como suelen hacer. Cada vez que pasaba un perro o alguien andando vigorosamente, mi observador alado retrocedía, pero luego volvía a acercarse. Pronto empezaron a venir los demás, y al final, tenía un grupo de seis cuervos mirándome de cerca. Emocionante. Tal vez, como yo estaba quieta, pensaban que me quedaría fiambre y tendrían un opíparo desayuno. Me pareció una escena muy propia de Belgrado. Luego, los escritores Zvonko Karanović e Igor Marojević me acompañaron al aeropuerto, un gesto que mitigó la sensación de abandono, extravío y furia que me producen los aeropuertos. Jonathan me había dado una botellita de rakia. Si te tomas esto en el avión, todo cambiará. Objeté que no me dejarían llevarla, pero él (que nunca coge aviones) me persuadió de que en Serbia sí. Naturalmente, se equivocaba. me la confiscaron y debió de bebérsela la propia agente.
Lo malo fue que en los dos aviones de vuelta, todo el mundo tosía, estornudaba y se sonaba constantemente y en esa promiscua proximidad de los aviones, debían de congregarse tal vez los diecisiete virus distintos que llamamos gripe, y alguno tenía que vencerme. He dormido tosiendo y tengo la garganta como si me la hubiera arañado un gato. Por cierto que una mosca balcánica volaba con nosotros en el avión, como he dicho aquí detrás, sólo que ella no pasaba controles policiales. Tal vez fuese una aliada de los supuestos terroristas, que sirven de excusa a la policía internacional para maltratarnos y que transportan plutonio saltándose mágicamente todos los controles. Tal vez la mosca llevara plutonio. La sorprendí frotándose las manos en el asiento de delante. Me encanta ese gesto.

27 comentarios:

cacho de pan dijo...

no te equivocas,isabel. He logrado pasar todos los controles sin ser detenida con mi carga de virus ¿Cómo no estar contenta? Me frotaba las patitas porque siempre lo hago después de un trabajo bien acabado. Estamos hartas de vosotros: no os gusta la comida basura, fruncís la nariz frente a un buen plato de mierda y cuando recorremos curiosas vuestro cuerpo nos espantáis ofendidos. ¡La caca al poder! (Bueno, eso ya está hecho)
Shittie, la mosca.
(Agradezco al cacho de pan viejo por prestarme su PC)

zbelnu dijo...

Ja ja, La Mosca! ¿Recuerdas la película, la versión antigua? ¿Cuando entraba una mosca en la máquina y eso dividía al pobre protagonista entre una mosquita con su cara y un hombre con cara de mosca? Mi hijo de pequeño cantaba una canción sutilmente triste de una mosca, que decía así:
Una mosca volava per la llum
i la llum es va apagar,
la pobra mosca
es va quedar a les fosques,
sense poder volar...

ed dijo...

perfecta crónica de la tortura que es viajar hoy (la mosca se frota las manos o aplaude? me encanta ese gesto también, de chico no podía creer que no fuese un gesto con verdadera intención de parte de la mosca)

zbelnu dijo...

Aplaude, qué buena idea... Es exacto, parece un gesto tan deliberado... A mí siempre me gustaron los disfraces de mosca. Una vez mi hermana le hizo a su hija uno muy bueno: los ojos de la mosca eran dos coladores de rejilla. También tuve un broche que era una mosca de plata, preciosa...

nomesploraria dijo...

Los bosques que describes me producen una tremenda nostalgia. Aquí es imposible pasear sin tropezarte con algún Homo boletarius o alguna moto desbocada.
Ahuyenta tus 1/17 virus cuanto antes.

zbelnu dijo...

Sí, sí, els boscos! Hi havia un poeta molt jove obsedit en portar-me als boscos que envolten Belgrad, on ell passeja amb dos gossos, però no podia ser. I aquí, on els boscos mai no envolten les ciutats, segueixen talant els arbres de tot arreu, els partits falsament verds, i els boscos de les muntanyes són envaïts per aquestes famílies de serafí llantió.

cacho de pan dijo...

querían llevarte al bosque?
aquí, como casi no tenemos árboles, sólo llevamos al huerto. si nos dejan.

zbelnu dijo...

Sí, allí tienen bosque y lobos para Caperucitas... Pero el invitante tenía gracia, por su mezcla de candor y osadía. En cambio, hace muuuchos años, en Mallorca, un pijorro que no me gustaba, de verdad se ofreció a enseñarme el huerto y me atacó allí, y no soportó mi risa ni mi rechazo. Seguro que aún se acuerda!

nomecentro dijo...

Acabo de desenterrar de la memoria la extraña imagen que me había quedado del Danubio. La guardaba muy condicionada por la gente de la zona, que tardaba mucho en poder clasificar. Los campesinos, aunque eran algo secos, contrastaban mucho con otra gente mandona, marcial y brusca que miraban demasiado de reojo.

zbelnu dijo...

No sé, yo no puedo generalizar así sobre la gente, en todas partes cuecen habas, dicen, siempre hay un camarero enrollado y un camarero borde en cualquier lugar del mundo, uno que te regala un racimo de uvas en el mercado y otro que ni te contesta, uno que te ayuda a buscar una dirección y otro que se niega a decir lo que sabe... Es verdad que aquí hay más gente de mala leche por todas partes, que se dedica a ejercer su pequeño poder negativo para desahogarse, pero en el Danubio... qué sé yo.

la muniequera dijo...

Qué de viajes! me encantan los nombres serbios y de por ahí, suenan musicaaaaales

zbelnu dijo...

Gracias, Muniequera! Son muy difíciles de pronunciar. Por ejemplo Cortanovci, la primera C lleva sombrero, es decir, es ch, pero ellos tienen tres maneras de decir ch, según colocan la lengua más o menos abarquillada en el paladar... yo siempre lo digo mal. Uno me consoló diciendo que algunos serbios también lo pronuncian mal...

zbelnu dijo...

Y sabes qué? Estoy tan cansada de aeropuertos y controles que ahora me apetece estar quieta un rato... si pudiera viajar con alfombra mágica o como en Star Trek (mano en el corazón) o como en La Bella y la Bestia (cambiando el anillo de dedo), seguiría...

Anónimo dijo...

No sé porqué me ha hecho sonreír éste último comentario sobre el cambio de dedo de anillo, la mano en el pecho, la mano en el libro.. etc. , y etc.
impromptu

zbelnu dijo...

La mano del libro es metafórica? O supuesta?

Anónimo dijo...

sí, es otra forma de viaje
impromptu.

zbelnu dijo...

Lo dijo Céline:
"Voyager c'est bien utile, ça fait travailler l'imagination. Tout le reste n'est que déceptions et fatigues.
Notre voyage à nous est entièrement imaginaire. Voilà sa force... (...)
Et puis d'abord tout le monde peut en faire autant. Il suffit de fermer les yeux.
C'est l'autre coté de la vie..."

elperdedor dijo...

Sí,mi querida Isabel, he vuelto a trabajar, aunque con intermitencias.No estoy en mi mejor momento, por eso las visitas se agradecen más. Estos arreones no se sostienen sin viento de cola.

Gracias (en otro momento hablamos de todo esto que nos está contando)

zbelnu dijo...

Vaya, espero que todo se vaya asentando y corrigiendo para bien!

frikosal dijo...

Vengo del libro impreso al blog, estaba repasando algún trozo, y en esta ocasión el texto impreso ha funcionado como un enlace.

Ese olor ¿podría ser de los coches que todavía usan gasolina con plomo? No he estado en Belgrado pero en Moscú se nota un olor raro y creo que es ese el orígen.

También agradecer que describas a los cuervos y a las moscas que se frotan las manos.

zbelnu dijo...

Gracias, Friks. Ellos me hicieron compañía! Siempre están ahí y yo los veo, tal vez por influencia de mi madre
En cuanto al olor, podría ser... pero huele como a leña quemada, a carbón...

Anónimo dijo...

Ola. He encontrado por Google Imagen una foto "sasha4" sobre su blog, pero no la he visto ligada a un articulo. Donde se encontra ? Quien es ? (sorry for my spanish, I'm french... :))

Nito.

zbelnu dijo...

Bonjour, Nito. Je comprends pas vos questions. Pouvez-vous les répéter en français? Je ne sais pas si vous me demandez par Sasa Markus? Ou Sasha Hemon? Ou pour moi? Je suis écrivain, j'habite à Barcelone, je suis allée beaucoup des fois aux Balkans pour écrire un livre sur la guerre et puis j'y étais invitée à la maison des écrivains dans la Vojvodina.

zbelnu dijo...

Ah je vois, vous cherchez alessandra petrova, elle habite en Italie, je crois, mais au fait elle habite nulle part, elle voyage toujours entre les maisons d'écrivains qui veulent l'inviter. Cherchez la femme! J'avais une adresse d'email mais je l'ai perdu

Anónimo dijo...

Bonjour, merci d'avoir répondu, il me semblait que ma question était claire... Il y a une photo en noir et blanc d'un jeune homme sur votre blog, qui s'appelle "sasha4" : http://macle.voila.fr/index.php?m=c9ae77e8&a=7d397569&share=LNK4761490c990107b30

et je vous demandais : qui est-ce ?

Nito.

zbelnu dijo...

Mais c'est pas un jeune homme! C'est une jeune femme, poète russe, mais une femme... Aleksandra, son nom complet est écrit sur mon post

Anónimo dijo...

Alexandra Petrova... Je vois... :) On jurerait un jeune garçon de 14-15 ans sur cette photo, c'est fou !! She has a very boyish face, amazing...

Muchas gracias !!

Nito.