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miércoles, 7 de abril de 2010

Manifiesto para preservar los árboles en la ciudad

Foto: Linda Danz Central Park, 2008.
Vuelvo a poner aquí mi viejo manifiesto, ya que la web asociada me lo desactivó y no pude recoger las últimas firmas y ahora ha vuelto a los medios (Hoy en El Punt y BTV, mañana en BTV a la carta). Quienes quieran firmar, pueden hacerlo con un comentario aquí o un email. Si alguien olvidó poner su profesión o apellido, puede mandármelo después. Para encabezar, nada mejor que la conclusión de un artículo de Javier Marías titulado "Árboles y grosería" que me ha mandado el blogger Eph: "España es un paí­s patanesco y no de fiar cuando hay por medio cemento, polí­ticos, constructores y dinero. Y eso es lo que nos domina y define, lamentablemente, en el siglo XXI. Nuestro mayor problema, y no exagero." No es verdad que el 55% de árboles necesiten ser talados dentro de poco. No es verdad que la Diagonal reformada sería verde: los árboles tardarán otros setenta u ochenta años en crecer. No es verdad que el tráfico vaya a disminuir de ese modo (se colapsará en las demás calles). Si quisieran apaciguar el tráfico, no obligarían a hacer parkings en todas partes, sino sólo en las entradas de la ciudad. Texto del manifiesto (en la web, estaba en catalán y castellano):
La política del Ayuntamiento respecto a los árboles y el patrimonio de la ciudad nos preocupa. El proyecto de suprimir todos los plátanos y palmeras de los parterres centrales de la Avinguda Diagonal para que pase un tranvía implica la destrucción de uno de los escasos paseos que quedan en la ciudad y sin duda el más bonito. La inminente destrucción del verde en el ya deteriorado Parc de la Ciutadella para construir un gran aparcamiento para los diputados (nuestros políticos no se deciden a dar ejemplo y utilizar el tranporte público, ni a fingir que lo hacen) nos parece injustificada. La ya aprobada tala (trasplante, en el lenguaje oficial, aunque sabemos que el índice de fracaso de esos trasplantes es del 75 por ciento, y que no se reemplaza la frondosidad arrancada, salvo en los dibujos que entregan a la prensa, como ha sucedido en la desdichada Plaça Lesseps, donde no han dejado un metro de tierra para plantar nada) de los almeces (lledoners) históricos, es decir, la destrucción de la Plaça Joaquim Folguera (para ampliar la línea 9) agravará la contaminación y el ruido. Aun sin cuestionar la necesidad (discutible) de esas infraestructuras, ¿no hay otra manera de construirlas sin destruir el paisaje urbano y empeorar la calidad de vida de la ciudad? Sant Gervasi ha pasado de ser un barrio frondoso y tranquilo, lleno de torres modernistas y novecentistas, a convertirse en una cantera ruidosa y polvorienta en “el distrito más ruidoso de la ciudad” (La Vanguardia 15/09/08), donde la arquitectura mediocre sustituye a las antiguas casas y el cemento de los parkings a los jardines interiores. Y la basura se arremolina en el suelo y en los solares sin que nadie parezca pasar a recogerla. En Collserola, la tala salvaje de las encinas centenarias para construir una nueva montaña rusa, contra la opinión de todos los partidos de la oposición y contra las 35.000 firmas de ciudadanos que se oponían, en el que era el pulmón verde de la ciudad, nos parece muy grave. La ciudad cada día está más contaminada y abocada a la sequía. Los árboles oxigenan el aire y talándolos, agravaremos la sequía y aceleraremos los efectos del cambio climático. Resulta aún más amargo que esa política municipal la lleven a cabo los partidos que se autodefinen como izquierda, incluso un grupo llamado “els Verds”. Todo esto al margen de una Ciudad Vella, un centro de la ciudad y un Eixample degradados y vendidos al turismo, y no precisamente un turismo de cultura, sino el más barato, y ruidoso, donde los hoteles y las tiendas de lujo que han sustituido a los oficios y tiendas de siempre –colmados, tintorerías, imprentas, zapateros— y a la vida de barrio contrastan con unos turistas que se emborrachan en la calle o que comen bocadillos en los bancos del Passeig de Gràcia, sin dinero para ir a los restaurantes ni comprar en las tiendas. Los abajo firmantes pedimos que se interrumpan esas actuaciones y que los trazados de las infraestructuras respeten el patrimonio arquitectónico, histórico y verde de la ciudad.
1. Isabel Núñez, escritora 2. Salvador Foraster Rovira, llibreter 3. Antoni Clapés Flaqué, poeta i editor 4. Javier Mariscal, diseñador 5. Frederic Amat, artista 6. Patricia Gabancho, periodista 7. Eulàlia Grau Donada, artista visual 8. José Antonio Millán, editor digital 9. Manel Armengol, fotògraf 10. Lluís Maria Todó, escriptor 11. Pati Núñez, diseño gráfico 12. Jordi Bonells, escritor, catedrático universitario 13. Rosa Regas, escritora 14. Chelo Sastre, diseñadora de joyas 15. Erika Bornay, historiadora de arte y escritora 16. Joaquim Sala Sanahuja, poeta 17. Victoria Combalia, crítica de arte
18. Lydia Oliva, experta en fotografía 19. Regina Bayo-Borràs, psicóloga 20. Àngels Ribé Pijuan, artista plástica 21. Cristian Cirici, arquitecte 22. Dolors Udina, traductora 23. David Cirici, escriptor 24. Glòria Bohigas, traductora 25. Yoonah Kim, artista visual 26. Colita, fotógrafa y periodista 27. Dante Bertini, escritor, dibujante 28. Perico Pastor
29. Maria Lluïsa Cuchillo, tècnic de vídeo 30. Elena Vilallonga, traductora 31. Jose Antonio Aguirre, consultor 32. Hug Cirici, dissenyador gràfic
33. Eda Kibrik, psicoanalista
34. Javier Montalvo, profesor de ecología 35. Martín Gallego, fotógrafo 36. Christian Martí-Menzel, agente literario 37. Marga Guasch Bertran, gestora administrativa 38. Guillermo Pfaff, artista visual (pintor) 39. Cristina Nunez, fotógrafa 40. Lluís Brau, arquitecte 41. Alicia Núñez, interiorista 42. Laura Zumin, profesora de Geografía Urbana 43. Montse Fuster, metge 44. Pepa Gasull, professora Universitat 45. Iolanda Guiu, empresaria 46. Berta Gasull, músic 47. Marta Pino, traductora 48. Marta Oliver Cama, psicòloga-psicoanalista 49. Lluisa Núñez, bibliotecònoma 50. Montserrat Berges, funcionària europea 51. Ramon Balasch, comunicació 52. Meritxell Colina, assistent d’exposicions 53. Inmaculada Suárez Barral, abogada 54. Albert Buendía, dissenyador gràfic 55. Xavier Romero, professor 56. Mª Adelaida Waldesbuhl, traductora de alemán y español 57. Anna Vallès Recasens, estilista 58. Iñaki Casasnovas, gestor cultural 59. Ramon Martin, economista 60. Almudena García, infografista 61. Jordi Mateu, gestor cultural
62. Dolors Escoute, funcionaria 63. Maipi Esteban, interiorista 64. Cristina Moreno Duran, abogada
65. Angel Vilalta Bernet, professor jubilat 66. Raimon Corberó Fornt, jardiner paisatgista 67. Àurea Juan, llibretera 68. Linda Danz, artist, songwriter, lover of trees 69. Elisa Santos Hurtado, professora 70. Bertila Ysamat, médico 71. Isabel de Villalonga, periodista 72. Berta Muñoz, restauradora 73. Àngels Sagrera i Marigó, herbolària (jubilada) 74. Antonio Cardoso, psicoanalista 75. Julio Piñel Garate, abogado 76. Carmen de Puig, Comercio 77. Jordi Carbonell, empresari 78. Aida Segura Ribes, llibretera-cabaretera 79. Clara Checchi, traductora 80. Ana Núñez Salmerón, psicoterapeuta 81. Angela Reynolds, agente literaria 82. Julia Solans, dissenyadora gràfica 83. Diana Thorimbert, estudiante 84. Juli Costa-Esteban, redactor-traductor 85. Mihoko Sugita, traductora
86. Valentín Nöel, estudiante
87. Àngela Romeu i Diaz, jardinera i professora de jardineria
88. Ascensió Solé Puig, funcionària de justícia 89. Jordi Llobet i Martí, músic 90. Isabel Cabarrocas, moda 91. Clara Sen Campmany, gestió cultural 92. Adriana Campi, neuròloga 93. Enric Bufill Soler, neuròleg 94. Jesús Zulaika, traductor 95. Borja Querol Quadras, abogado 96. Josep Liz Rodríguez, ensenyant 97. Cristina Surroca, relaciones públicas 98. Glòria Domènech Umbert, bibliotecària 99. Daniel Jiménez Schlegl, advocat
100. Carlota Andreu Serra, médico
101. Núria Solé, documentalista
102. Victoria Alsina Keith, profesora de traducción literaria
103. Núria Bàguena, cuinera 104. Isaias Fanlo, editor 105. Joan-Carles Alay i Rodríguez, arqueòleg 106. Manuel Baldiz, psiquiatra y psicoanalista 107. Juan Manuel Grijalvo, administrativo 108. Teresa Morandi, psicoanalista 109. Pilar Brea Gonzalez, coordinadora cultural 110. Aurora Gasull, música 111. Irene Pareja Esmandia, advocat 112. Elisa Santos, professora 113. Elisabeth Miró Coll, anticuaria 114. Salud Márquez Losada, profesora de yoga 115. Cristina Subirachs, estudiant i gràfica publicitària 116. María Amezúa, escritora, traductora 117. Idoia Aguirre, márketing manager 118. Núria Mata, psicoterapeuta y profesora 119. Jordi Diaz Callejo, enginyer tècnic agrícola 120. Miquel Viñals Lozano, jardiner, paisatgista 121. Marisa Salmerón, pintora 122. Josep Lluís Sánchez, Auditor, censor jurat de comptes 123. Iraia Prieto, estudiante 124. M. Carmen Tió, maestra 125. Jorge Chapuis, ciudadano 126. Bea Martín Peralta, Professora de llengua i literatura 127. Francisca Graells de Reynoso, Comercio exterior 128. Rafael Balanzo, arquitecte paisatgista
129. Joana Masgrau i Bartis, dissenyadora 130. Jaime Guilherme Serrano, Delineante 131. Jordi Xandri 132. Sarah Baratta 133. Àngels Garcia Aranda 134. Mercè Compte Martínez, mestra d'adults 135. Susana Narotzky, antropóloga 136. Maite Aguirre Segovia 137. Abel Ramon Vidal, llibreter i escriptor 138. Isabel Lacruz Bassols, traductora 139. Ramón Fernández, abogado 140. Rossella Niso 141. Juan Pablo Ballester 142. Mª Ángeles Lería Badell, maestra de primaria (jubilada) 143. Teresa Millán 144. Juana Pareja Miranda, limpiadora 145. Anna de Orovio 146. José Rodríguez 147. Matts de Bloeff 148. Verònica Atienza 149. Silvia Susmanscky Bacal, profesora de Historia del Arte
150. Marta Jaumà 151. Ana Fuster
152. Marta Antonin
153. Pilar Gómez
154. Àngela Bàguena, professora d'Universitat
155. Mariona Martínez
156. Ildefonso Díaz Ruiz, blogger
157. Antoni León
158. Cristina Pamies
159. Ainhara Martí, psicóloga
160. Liliana Montanaro, psicoanalista
161. Xavier Callejo Amat
163. Maria Dolores Castán
164. Joseph Knobel Freud, psicoanalista
165. Marta Rodrigo, psicoanalista
166. Victoria Petersen Amargós
167. José Hernández
168. Jordi Panisello
169. Mercè Bruguera
170. Gisela Panedigrano
171. Josep Maria Civit, director de fotografia
172. Margarita Estela Grimaldos
173. Alberto Hernando Bravo, ensayista y crítico literario
174. Gema Berenguer
175. Vanessa Núñez Gómez, consultora
176. Joan Rabascall, artista visual
177. Enrique González 178. Mercedes López 179. Pere Macià Arqué, editor 180. Manel Soria 181. Marta Ballester Editora
182. Marta Cañadas, arquitecta 183. Dionisia Batlló Gallart 184. Alex Alsina, professor 185. Martí Capdevila, economista 186. Irakli Kobiashili 187. Marga Guasch Bertran, gestora administriativa 188. Cristòfol Jordà Sanuy, enginywr tècnic agrícola 189. Guillermo Aguirre, estudiant
190. Erik Omedes, músic
191. Clara Barbero 192. Magda Rodríguez Naqué 193. Oscar Mansergas Sellens, arquitecte 194. Montse Albareda 195. Marta Batllo, API 196. Anna Alsina i Keith, traductora 197. Eva Arrizabalaga, artista visual 198. Clara Vergés 199. Raimon Àvila, poeta i professor
200. Josep M. Fericgla, professor universitat i director centre investigació 201. Enrique Eskenazi, profesor de filosofia 202. Erika Bornay, historiadora y escritora 203. Ramon Puigmarti poeta 204. Antonio Piñeiro, terapeuta manual 205. Adalia Iglesias, psicóloga 206. Ramón Fernández Telenti 207. Elena Esponera Pardo, empleada pública 208. Elisa Santos, profesora
209. Maipi Esteban Barcelona, interiorista
210. Francisca Graells de Reynoso, comercio exterior
211. Jordi Carbonell, empresari
212. Ildefonso Díaz Ruiz
213. Ed, dibujante
214. Juan Pablo Ballester
215. Enrique Arlanzon Marin, veterinario
216. Enric Bufill Soler, neuròleg
217. Joan Comas Miralles, professor de filosofia
218. Albert Marjanedas Gispert, enginyer tècnic agrícola
219. Emma Cotro, secretaria
220. Carola Arlanzón Martínez, estudiante
221. Marcos Ordóñez, escritor
222. Pilar Véliz, estudiant
223. Francisco Manuel Ramon Abad, administrativo
224. Carlos Bas Short, advocat
225. Liliana Altarriba Muradell, comerç
226. Luis Tejedor, advocat
227. Silvia Rotllant, disseny gràfic
228. Artur Millet Fàbregas
229. Andrés Martínez, arquitecto
230. Leonardo Turek Klajner, psicólogo clínico
231. Ana Menéndez, pianista
232. Pepe Junquera, músic
233. Ricardo Millieri, psicòleg-psicoanalista
234. Guillermo Mattioli, psicólogo clínico
235. José Carlos Cataño, escritor
236. Esther Planas, artista
237. Lola Cabrera, periodista
238. Maria José Blanco
239. Joaquim Daganzo, economista
240. Núria Andreu Bordas, arxivera i bibliotecària 241. Julio Hontana, artista
242. Margarida Tura i Soteras, bibliotecària (jubilada/BC)
243. Verónica Aranda, bióloga
244. Andrea Seoane, estudiante
245. Adrián Mallol, arquitecte
246. Paula Flores, dibujante
247. Ricard Benito Alarcón, artista
248. Eduard Rebarter, estudiante
249. Alberto Seoane, médico 250. Neal Vendrell, estudiante de dibujo 251. Roser Amadó Cercós, arquitecte 252. Laura Pérez García, interiorista
253. Cristina Subías 254. Tina Vallès, traductora 255. Sergio Vila-Sanjuan, periodista
256. Carme Martínez, mestra
257. Meritxell Sales Tomàs, filòloga
258. Enrique Vila-Matas, escritor
259. Mario Ferusic, arquitecte
260. Mª Jesús del Valle Gómez, bióloga 261. Laura Cercós Llàcer, psicòloga i flipada de la vida
262. Emilio Gómez Ceto, profesor servicios socioculturales IES San Blas-Madrid 263. María Jesús Ortiz 264. Mayra Usurín Pareja, estudiante
265. Isabel Franc, escritora y editora
266. Carmen Arboleya, restauradora
267. Carmen Daurella 268. Mercè Ibarz, escriptora, periodista, professora 269. Juan Pedro Quiñonero, periodista, escritor. 270. Neus Aguado, periodista. 271. Jaume Carbonell Guberna, professor Universitat de Barcelona
272. Alicia Chillida, comisaria de exposiciones, historiadora del arte
273. Gabriella Canfield, historiadora de arte
274. Mª Teresa Bertrand, recursos económicos
275. MªJosé Castillo, filóloga 276. Marie-Loup Sougez, historiadora de la fotografía 277. Daniel Aguilar, professor 278. Cristina Peri Rossi, escritora
279. Josefina Puyal Castro-Olivera, producer TV
280. Montse Mateu, editora
281. Zaida Muxí Martínez, arquitecta 282. Josep Maria Montaner, arquitecto
283. Ricardo Ruiz-López, médico
284. Carlota Oliver 285. Cristina Cella, economista 286. Àngels Sagrera i Marigó, herbolària (jubilada) 287. Ramon Muns Salas, metge 289.Ana Gargatagli, profesora universitaria
290. Alicia Yáñez Puentes
291. Alicia Ríos Ivars, historiadora del aceite de oliva y arte comestible. Ali&Cia
292. Gisela Panedigrano, secretaria
293. Josep Casamartina i Parassols, crític d'art
294. Rafael Vilalta i Rueda, editor i reciclador 295. Vera Moreno, socióloga
296. Carmen Oliver Ameztoy, en paro 297. Fede Fontes, relaciones públicas
298. Andrés Lomeña
299. Lourdes, administrativa 300. Jordi Guillamón, dissenyador 301. Ariana Guillamon, estudiant
302. Odette Farrell, pintora
303. Lola Monereo Velasco 304. Xavier Caballé
305. Lola Valdemoro, Profesora de Enseñanza Secundaria 306. Jaime Galbarro, Filólogo
307. Sofia, empresaria, colorista. 308.Mariona Martínez Dorado, maestra de ed. primaria 309.Enrique Arlanzon Marín, veterinario 310. Carola Arlanzon Martínez, estudiante
311. Margarita Ochoa, Técnico de Prevención de Riesgos Laborales
312. Antonio Martínez Conesa, administrativo
313. Alicia de Senillosa 314. Pep Puig Mestres 315. Montserrat Rectoret i Blanch, historiadora
316. Gabriella Canfield, historiadora del arte
317. Fernando Megías Menargues, Artista visual
318. Lynda Harding, United Kingdom 319. Julia Tawyea, Pennsylvania 320. Liliane Keil, Belgica 321. Octavian Paul Draja, Rumanía 322. Can Atik, Turquía 323. Serge Vantalon, Francia 324. Eva Vier, Francia 325.Timea Melinda Kovacs, Rumanía
326.Odette Chauve, Francia 327. Nicole Pley, Francia 328. Philippe Tomballe, Belgica
329. Annie PEYSSON, Francia 330. Nancy Petitjean, Belgica 331.Viviane TITS, Belgica
332. Carole BELLEUDY, Francia
333. Nicolas BELLEUDY, Francia 334.Odile Heckmann, Francia 335.Marie-Rose Heckmann, Francia 336.Geneviève Barbay, Bélgica 337. Jacob Daniel, Francia 338. Suzel Vargas, Francia 339.Yvette Monnet, Francia 340.Stephane Mallaroni , Francia 341.Carolyn Vanini, Francia 342. Marie-france Zamblera, Francia 343. Caroline Prout, Francia 344. Marianne Winnelinckx , Bélgica 345. Vercknocke Pascal, Francia 346. Nicole Verbist, Bélgica 347. Sebastien Vigne, Francia 348. Filomena Pereira, United Kingdom 349.Toni Sokoloski, Massachusetts, US 350. Chantal Buslot, Bélgica 351.Guilherme Correia, Portugal 352. Marcin Sztwiertnia, Polonia 353. Steve Klein, Canadá 354. Charles Mclachlan, United Kingdom
355.Sigrid De Ruyck, Bélgica 356. Loup W, Illinois, US 357.Angela Rhodes, Grecia 358.Erika Stone, Virginia, US 359.Annelies Ooms, Bélgica 360.Bill Craig, Alemania 361.Alejandra Vega, Argentina 362. Jossie Ross, Canadá 363.Pam Boland, Georgia 364.Franziska Eber, Alemania
365. Iván Serrano, oficinista 366. María Samaniego
367. Antonio Martínez Conesa, administrativo 368. Alicia de Senillosa 369. Pep Puig Mestres 370. Montserrat Rectoret i Blanch, historiadora 371. Fernando Megías Menargues, artista visual 372. Iván Serrano, oficinista 373. Cristina Junyent, biòloga 374. Miquel Viñals, enginyer tècnic agrícola, jardineria 375. Montserrat Martinez, documentalista científica 376. Carlos Segura, ingeniero 377. Núria Cid Margalef, comercial
378. Isabel Mercadé, profesora
379. Almudena Orejas, infografista
380. Àvar Montanyés, arquitecte
378. Mercè Redón
379. Megan Saltzman, profesora 380. Luis Vea García, escritor
381. Eva Huarte, escritora-fotógrafa-jardinera
382. José Carlos Cataño, poeta
383. Daniela Aparicio, psicoanalista
384. Antoni Roig Amat, ajudant de tècnic de construcció
385. Inés Batlló, artista
386. Carme Camps Monfà, traductora literària
387. Maria Garcia Garrigues

viernes, 6 de marzo de 2009

Resistir

Foto: I.N., Oh Parigi, quanta bellezza (sin destruir), 2009
Seguir escribiendo, pensando, cerrando los ojos al sol, preparando una cena de viejos amigos, leyendo a Valery Larbaud y su nomadismo de hotel mientras recorro las calles feas, ruidosas y contaminadas de mi pobre barrio (que era bonito, frondoso y antiguo hasta que llegó el ayuntamiento de Hereuville a destruirlo), leyendo y escribiendo a los amigos, denunciando en los espacios que tenga todo lo que no funciona y avanza en la dirección equivocada, llamando a la prensa accesible (que es escasa pero existe), apoyando lo que es necesario (como el artículo de Laura Freixas en el Cultura/s del miércoles pasado), intentando compensar con las afinidades y encuentros y lecturas las oleadas y pisadas de toda esa mediocridad despectiva y mezquina, acariciando a la gata Gilda cuando vuelve de su larga siesta soleada, no perdiendo la esperanza de que G. se decida a avanzar, agradeciendo la caballerosidad excéntrica de J., saludando al pasar a mi azufaifo favorito (pronto tendré que actuar como brigadilla de limpieza quincenal porque la gente le tira bolsas de basura, vacía sus ceniceros del coche en ese jardín, y es que este país no tiene remedio), bailando también a veces por la casa, leyendo a Vinyoli al pasar por el baño, celebrando la llegada del segundo tomo de los Relatos de Kolimá de Varlam Shalámov (de Shálamov se habla como si su literatura fuese sólo un testimonio del horror de Stalin en Siberia, en Kolimá, pero se olvida que es alta literatura rusa, que es maravilloso leerle, que su capacidad chejoviana, sobria y asombrosa de convertir en literatura todo aquel hambre y frío y arbitrariedad sin una queja ni una condena, ni una valoración o una lágrima le sitúa en un lugar muy distinto y superior al del quejumbroso Soljenitsin, el lugar de la mejor escritura) y del Viva voz de vida de Marina Tsvietáieva (estoy deseando leerlo), los dos de Minúscula, consolándome de la España de Larra reactualizada y empeorada con intercambios especiales, soñando que la resistencia intelectual de unos pocos compensará el desierto cultural de la Universidad desmantelada, de las instituciones que sólo buscan hipercormecialidad y bajan el nivel de su programación y sus publicaciones buscando un supuesto público-ganado que les saque de la crisis o les justifique numéricamente con sus superiores, escuchando la estulticia de los que creen que la guerra de los Balcanes está pasada, como si el pasado no fuera necesario para entender el presente, como si hubiera que vivir sin pensar, o la de aquellos que creen que hay que disfrazar lo valioso de producto "atractivo" al ganado, riéndonos y buscando, ante la incredulidad de que gente valiosa y llena, absolutamente llena de conocimiento y cualidades útiles e inteligencia esté luchando por salir de la precariedad, animándome momentáneamente con mensajes de escritores que me recomiendan a un editor francés, y también, en este momento, intentando rescatar escritoras y fotógrafas del olvido.
Todos los que me lean están invitados a las conferencias de los lunes en el Espai Cultural de Caja Madrid a las 19horas, plaça Catalunya, 9.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Reacciones en El País

Foto: I.N., Diagonal, 2008
Parece que este humilde y espontáneo manifiesto con algunas firmas de personajes con resonancia en la ciudad empieza a tener repercusiones. Desde aquí, una vez más, GRACIAS a todos los que han firmado. Yo me alegro, porque me parece imposible que los barceloneses prefieran seguir dejando que los alcaldes les destruyan la ciudad, siguiendo la más vil tradición porciolista. La negativa del Col·legi d'Arquitectes a pronunciarse les incrimina, a mi modo de ver. En cuanto a los argumentos de la antiverde Mayol o la idea antisostenible del líder del PP (que se replanten, como si los árboles fueran sillas, como si cortar casi un millar de árboles y sustituirlos por otros no fuese nada), se contestan solos. A mí no me parece precipitado pronunciarse (la plaça Joaquim Folguera va a ser destruida en unas semanas, ya está aprobada y decidida la tala de los 33 almeces, nos usurpan la única frondosidad y quietud que teníamos en medio de esta gran cantera ruidosa y contaminada en la que han convertido Sant Gervasi, con el entusiasmo talador de la regidora y del distrito, que consideran un logro la tala y reforma espantosa de Vil·la Florida (ayer alguien me decía que ese antiguo jardín frondoso parece ahora "un pollo desplumado y escuálido"). El presidente de la FAV considera prematuro considerar que se talarán árboles. Y es que ellos han aprobado esa reforma de la Diagonal incondicionalmente, no sabemos si por ignorancia, mentalidad pro-cemento o a cambio de qué. No han aprendido la lección de la desoladora Plaça Lesseps, cuya belleza y armonía no comprendemos los ciudadanos ignorantes, según la visión del arrogante arquitecto que la ha perpetrado. Ayer pasé por allí y es de echarse a llorar. El único oasis verde de la porcioliana Travessera de Dalt está amenazado y condenado por nuestro magnífico ayuntamiento de Hereuville (con sus pancartas traducidas al alemán para los turistas). En diez años o un poco más habrá verde, promete el arquitecto. Sólo en la parte baja de la plaza, naturalmente, porque no han dejado metros de tierra donde quepan las raíces de ningún árbol. La lección de Joaquim Folguera tampoco les serviría. ¿Pero esa gente no sale nunca del país? ¿No ven la diferencia del trato a los árboles en París, Berlín o Londres? ¿No saben que ninguna obra atenta contra ellos en esas ciudades? Al menos un diario ha querido hacerse eco del malestar de muchos, ya que en otros, que sí apoyaron la defensa del azufaifo, nos han dicho que el tema infraestructuras era "intocable". (Y ya sé que estos dos posts son más propios de polis que de aquí, y los trasladaré...)
La oposición se suma al manifiesto para salvar los árboles de la Diagonal
ICV defiende que se minimice el impacto y Urbanismo pide que se aplace el debate B. CIA / F. ARROYO - Barcelona – El País - 10/12/2008 El movimiento a favor de que el tranvía sobre la Diagonal no comporte la tala de los árboles existentes recibió ayer el espaldarazo de todos los grupos políticos con representación en el Ayuntamiento de Barcelona, salvo el socialista. En opinión de Ramon García-Bragado, responsable del Urbanismo barcelonés, se trata de un debate precipitado, ya que apenas se ha iniciado la discusión con vecinos y grupos políticos. Los primeros proyectos estarán listos, sostuvo un portavoz de Urbanismo, a principios de verano y entonces se verá qué se propone, aunque "se buscará el acuerdo máximo en todos los ámbitos, incluida la salvación de los árboles". CiU, el PP y ERC están claramente contra la tala, aunque aceptarían que hubiera que trasplantar algún árbol. La teniente de alcalde de ICV, Imma Mayol, defendió la conveniencia de "minimizar" el impacto de la obra, pero recordó que lo importante es "el efecto global". La reforma de la Diagonal, dijo Mayol, busca "la mejora ambiental en la ciudad a través de más transporte público y menos privado, menos ruido y menos emisión de gases tóxicos". El Departamento de Política Territorial y la Autoridad del Transporte Metropolitano, responsables últimos de la obra, coincidieron en señalar que la urbanización de la avenida es "responsabilidad municipal", para añadir que es "muy pronto" para saber cómo quedará la Diagonal. "En cualquier caso", precisaron ambos portavoces, "la relación entre los técnicos de la ATM, responsables de la ejecución de la obra, y los del Ayuntamiento, que prescriben cómo debe ser el urbanismo, es "muy buena", por lo que no habrá discusiones entre ambos. De "condición inamovible" calificó Jordi Portabella (ERC) el hecho de que la reforma de la Diagonal no suponga perder la actual cobertura vegetal de la avenida. Y añadió otra cautela: que los jardines del centro de la plaza de Francesc Macià se mantengan intactos. El dirigente republicano considera, además, que debe ser la ciudadanía la que elija entre varias opciones en la consulta ciudadana que el bipartito se comprometió a realizar. Xavier Trias, presidente del grupo municipal de CiU, cree que "una vez más" el problema es que el alcalde lanza una idea que no tiene madurada. "Lo que no se puede hacer es no definir el modelo y dejar esa misión a los técnicos. Las prioridades corresponde fijarlas a los políticos, no a los técnicos", apuntó. Trias cree que la reforma de la Diagonal no puede representar "nunca" la pérdida de los árboles. "Vamos, si hacen una cosa así, me hacen alcalde", ironizó. Alberto Fernández Díaz, presidente del PP, entiende que si se toca un árbol por la reforma de la avenida, "hay que replantarlo, el mismo o la especie que se decida". Jordi Giró, representante de la Federación de Vecinos de Barcelona (FAVB) en una de las comisiones abiertas por la reforma de la Diagonal, considera que es "prematuro" dar por sentado que se talarán árboles. "El proceso acaba de empezar y hay muchos meses por delante para presentar y estudiar las posibilidades", concretó. El que no quiso pronunciarse a preguntas de este periódico sobre la que será una de las reformas más importantes de la ciudad en los próximos años fue el Colegio de Arquitectos. Mi artículo de La Vanguardia Cultura/s de hoy aquí (sobre Natalia Carrero)
Pueden seguir firmando el manifiesto aquí, siempre que pongan nombre y apellido (profesión mejor, aunque no sea obligado), y sin hacer caso de esa petición ajena de dinero de la web.`
En la web de Millán también se puede firmar.

martes, 9 de diciembre de 2008

Hoy, en EL PAÍS Cataluña

Foto: I.N. Diagonal, 2008
Un manifiesto exige que el tranvía no comporte tala de árboles en la Diagonal Intelectuales y ciudadanos critican la política 'verde' del Ayuntamiento FRANCESC ARROYO - Barcelona - 09/12/2008 Son casi 300 los firmantes de un manifiesto que tiene un eje central: la política verde del Ayuntamiento de Barcelona va a acabar con los árboles de la ciudad. La última gota ha sido la amenaza que pende sobre la arboleda del eje central de la Diagonal, un millar de árboles (sobre todo plátanos y palmeras) amenazados por la llegada del tranvía. El manifiesto es claro: no hay que rechazar las infraestructuras, pero tampoco tienen que arrasar todo lo preexistente. "Ya es hora de que el Ayuntamiento se apee de tanta arrogancia" El manifiesto ha sido impulsado "de modo espontáneo" por la escritora Isabel Núñez, que, tras redactarlo, lo envió a algunos amigos que le habían comentado la inquietud por lo que ocurre en Barcelona. Empezó a circular por Internet la semana pasada. El sábado había un centenar y medio de firmas y ayer rondaban las 300. Entre los firmantes figuran la fotógrafa Colita, el dibujante Javier Mariscal, el arquitecto Cristian Cirici, la crítica de arte Victoria Combalía, el escritor Lluís Maria Todó, la escritora Rosa Regàs, la historiadora del arte Erika Bornay, la periodista Patricia Gabancho, el poeta Joaquim Sala Sanahuja y el artista Frederic Amat. Hay también firmas que aparecieron en su día en movimientos a favor de otros árboles, como las de los contrarios a la reforma del Turó Park y quienes rechazaban la tala de encinas en el Tibidabo para instalar una nueva montaña rusa. El texto denuncia que se subordine todo a las obras de infraestructuras. "No es sostenible talar árboles centenarios como los que hay en la Diagonal. Es cierto que dicen que los trasplantarán, pero el índice de supervivencia apenas supera el 25%, de modo que lo que se hace es cargarse plantas para las que ha hecho falta mucha agua", dice Núñez. El punto de partida es la Diagonal, pero el manifiesto recuerda que en Barcelona no sólo las plantas de esa avenida están amenazadas. La propia Núñez empezó a batallar por asuntos similares con ocasión de la amenaza sobre un azufaifo (finalmente salvado) en Sant Gervasi. Luego, muy cerca de ese mismo árbol, fueron los de la plaza de Joaquim Folguera los condenados. En este caso para construir una estación de la línea 9 del metro. Y hay más. El manifiesto recuerda que el proyecto de un aparcamiento en la Ciutadella también se llevará un montón de árboles por delante ("nuestros políticos no se deciden a dar ejemplo y utilizar el transporte público", señala). Sin olvidar la dureza gris cemento con la que se yergue la nueva plaza de Lesseps o la muerte rusa de las encinas en el Tibidabo. "Lo más desconcertantes es la falta de diálogo que muestra un gobierno de izquierdas. Creemos que ya es hora de que se apeen de tanta arrogancia", dice la redactora del texto. Y ciñéndose a la Diagonal, añade: "Es cierto que es un desastre, pero no los árboles, sino el tráfico. Que lo cambien". El texto va acompañado de una cita de un artículo de Javier Marías titulado Árboles y grosería: "España es un país patanesco y no de fiar cuando hay por medio cemento, políticos, constructores y dinero. Y eso es lo que nos domina y define, lamentablemente, en el siglo XXI. Nuestro mayor problema, y no exagero".
[Gracias a todos los que ya han firmado. Pueden seguir firmando aquí. No hagan caso de las peticiones de dinero de la web! Nada que ver con este manifiesto. Pero es inútil firmar como Anónimo o sin apellido, como hacen muchos].
Mi artículo de La Vanguardia Cultura/s aquí (sobre Natalia Carrero)

miércoles, 8 de octubre de 2008

Post-Madrid

Caspar David Friedrich, El árbol solitario.
El lunes cogí el AVE por primera vez para ir a Madrid. Aunque en esa feísima estación, que huele a dudoso aceite de coche frito, hubo un caos considerable, nos hicieron cambiar de cola porque se les había estropeado el aparato de control de equipajes y esperar lo suyo, lo cierto es que sólo se trataba de pasar las maletas por el escáner, y comparado con el horror que implica ya coger un avión, me pareció bastante llevadero. (Viajé sin compañero de asiento en la ida y en la vuelta, y eso es importante). En cuanto el tren arrancó y empecé a ver el paisaje corriendo por la ventanilla sentí la vieja felicidad reflexiva y fecunda de los trenes. Duró poco, pero yo estaba advertida. Aún no han hecho aquí, como en otros lugares de Europa, vagones sin móvil, y la gente más grosera está siempre ahí, dispuesta a contarnos toda su banalidad y los pormenores de su trabajo a gritos y desoyendo la petición de renfe de que bajen el volumen de los timbres. No me había dado tiempo a adaptarme un trastito de esos que acumulan música, así que llevaba un aparatejo obsoleto y más grande con unos cuantos cds, y me lo puse enseguida para ensordecerme ante la zafiedad. Como yo nunca escucho la música así, en los oídos, me molestaban los casquillos, y por otra parte, escucharla tan cerca, confundida entre los latidos y sutiles mareas internas de mi cuerpo, me confundía y sentía unos deseos irresistibles de bailar, como si aquellas melodías formasen parte de mi fisiología, procedieran de mi memoria o mis emociones. La idea de arrancarme allí (aunque no por bulerías) a cantar y/o bailar me hizo pensar en esa irrealidad caprichosa y teatral de los musicales, o en la película de Bjorg y Lars Von Trier, donde los personajes, en cualquier contexto cotidiano, se levantan, cantan y danzan en coreografías simétricas que nunca podrían ser espontáneas, ilustrando lo que acaba de ocurrir. Sólo que, mirando a mi alrededor, me pareció imposible que aquellos viajeros supieran desempeñar su papel, así que me abstuve.
En Madrid, además de disfrutar de la hospitalidad, los tés, la belleza del entorno y la conversación inteligente de mis anfitriones, fui al programa Las noches blancas, de Sánchez Dragó, junto con José Ovejero, Luisgé Martín y José Machado para hablar de la antología de Funambulista con cuentos (o fragmentos de blog, en mi caso) de nosotros cuatro y de Enrique Vila-Matas, Cristina Grande, Colectivo Todoazén, Rosa Montero, José Maria Merino, Fernando Aramburu, Antón Castro y Mercedes Cebríán. Pasé el trago del maquillaje, que siempre me produce aprensión, y no miré a la cámara como es debido, sino todo lo contrario, por reflejo inconsciente de camera shy. Hay que reconocer que Sánchez Dragó se prepara bien sus programas, se lee los libros con atención y no sólo deja hablar sino que escucha a sus invitados. Para mí, eso resulta más importante que el disenso o consenso ideológico en un programa de libros. (Y también la receptividad: de momento, no me quisieron -ni a mí ni a La plaza del azufaifo ni Crucigrama- en el único programa de libros que hay por aquí, y me consta que no ha sido porque no les gustaran mis libros. Naturalmente no cupo todo lo que yo quería, hablé de mis libros, me dejé cosas, sobre todo porque un contertulio planteó el tema de la memoria histórica, la guerra civil y etcétera desde una posición bastante opuesta a la mía (él quiso objetar a lo que José Ovejero había escrito en el prólogo y el epílogo del libro, para mí afín y muy atinado) y eso nos llevó a todos por otros derroteros; pero aún ahí, y ese tema es una de mis obsesiones, creo que pude decir algunas cosas que me parecían importantes. Luego nos fuimos a cenar los cuatro, aunque por un accidente o un exceso de prontitud, en la tv habían pedido un taxi para cada uno y llegamos al restaurante, en la calle Libertad, en cuatro coches. En la cena (el lugar era uno de esos sitios castizos con zócalos de mosaico y pescado en adobo) pudimos intercambiar información editorial y de revistas, repasar personajes del mundillo y despotricar de nuestras respectivas ciudades: ellos aún no se han dado cuenta de la degradación que está acabando con BCN, ni de los árboles que aún tienen en Madrid, pero claro, saben mejor que yo de las lacras de ruido, cemento y errores que allí les tocan. Más tarde, ya en casa y de madrugada, estuve viendo el programa de ese día (el nuestro saldrá seguramente en noviembre, nos avisarán y mandarán copia), una entrevista a Jaime Bayly absolutamente genial, por el personaje gracioso, excéntrico y talentoso y porque de nuevo SD se había leído sus libros con atención y parecía disfrutar de esa conversación.
Al día siguiente, con la lentitud forzosa de las interrupciones y la conversación, fui con mi anfitriona al museo Thyssen para ver la exposición ¡1914! La vanguardia y la Gran Guerra. Es una muestra amplia, con esa amplitud que tanto se da ahora, lo cual implica casi siempre o por fuerza irregularidad, es decir, junto a piezas maravillosas, cuya contemplación supone un privilegio gozoso que justifica la visita y la caminata, se ven otras sin interés o que no pueden compararse. Egon Schiele, Otto Dix, Paul Klee, Brancusi, Goncharova, Emil Nolde, sutiles y maravillosos Kandinskis, Léger!, Man Ray, Chagall, Picasso e tutti quanti, más la triste pequeña reproducción de cuadros que había que irse ver en la Fundación Caja Madrid, ya que la muestra se reparte en dos espacios. Otro problema era la señalización inexistente, que nos llevaba constantemente a aterrizar en salas donde se exponía la colección permanente: esa colección incluye pinturas maravillosas (Caspar David Friedrich es un ejemplo) y era imposible resistir la tentación de mirar un poco, de asomarse a esos paisajes que yo querría atravesar, entrar en el cuadro reviviendo mi viejo deseo de niña, de huir del mundo espinoso y hostil que me rodeaba adentrándome en la atmósfera sugestiva de muchos cuadros (algo que sólo pude hacer leyendo, naturalmente).
Encontrar un sitio para comer algo fue difícil, pero al menos, me consoló la frondosidad de Madrid, que está llena de árboles gigantes e inmensos, abetos, magnolios, plátanos y tantos otros y esos árboles (algunos salvados por la baronesa, en el gracias a ella aún hermoso Paseo del Prado... Por cierto que en el programa me preguntaron: "¿Y tú no tuviste que atarte al árbol?" No había tiempo de explicar mi espíritu impaciente e inquieto, pero sí conté de tantos ofrecimientos de amigas y conocidas, algunas célebres, que me dijeron cosas como: "Si hace falta yo me ato al azufaifo, pero tendrá que ser esta noche, porque mañana salgo de viaje, o sólo de 7 a 8, o mañana por la mañana antes de mediodía, ya que luego tengo que hacer una comida, tengo una reunión..." Diría que todas eran mujeres.) Y no tuve tiempo de ver a mis amigos, así que la próxima vez procuraré ir más días. Yo siempre he sido bien acogida en esa ciudad, a pesar y al margen de quien la gobierna, y para mí, las leyes de la hospitalidad son sagradas.
Volví de noche, de nuevo en un AVE que me parece carísimo, auténtico latrocinio como ya casi todo en este país, pensando en un cuento de Daniel Handler donde todo vale millones de dólares y el dinero se le acaba a la protagonista en 9 días. Pero es que aquí, hablar por móvil vale mucho más que en el resto del mundo, y la verdura y los productos básicos son muy caros respecto a los bajos sueldos, y eso, unido al fragor de las obras, a los árboles talados, a los edificios antiguos y valiosos derruidos hace que la vida no sólo se haga difícil y nuestras ciudades inhóspitas, sino que además, lo cotidiano sea áspero e irritante. Volví preocupada por un dilema espinoso que me tiene preocupada y encontré a G, que me enseñó una vieja animación que me encanta: animales de plastilina entrevistados y hablando con acento y gestos muy británicos de sus condiciones de vida en cautividad y sus quejas (Aardman).
Se me olvidaba decir que durante el viaje en tren a Madrid me llamó Lucas López, de Radio ECCA para entrevistarme en un programa de libros y otras cosas que se emite en Canarias, "Nos gusta la gente", sobre La plaza del azufaifo. La entrevista se hará el domingo a las 19, hora de Barcelona.
Por cierto, firmad mi manifiesto aquí. Han empezado a aparecer algunas firmas ilustres entre los firmantes (arquitectos, psicoanalistas, escritores, artistas, críticos...). No comprendo a los que firman como anónimo: esos votos no contarán de ningún modo. Reenviad la dirección a la gente que conozcáis, por favor. Por cierto, me han dicho que en esa web piden dinero para campañas: nada que ver con esta campaña. No hemos pedido dinero.
Mi artículo de hoy en La Vanguardia Culturas aquí.

lunes, 29 de septiembre de 2008

Retorno


Foto: Caterina Solivellas, Al otro lado de Cala Figuera, Mallorca, 2008
Dijo G. anoche que el piloto había aterrizado muy bien en Barcelona, y era verdad. Pero la suavidad de su aterrizaje no pudo evitar la dureza ni los trompicones del retorno a la realidad de esta mañana, después de un fin de semana en la isla, rodeados de árboles vetustos con troncos inmensos y sombra generosa, ficus y almeces, con cielos suntuosos de nubes baudelairianas, en una ciudad vieja elegante y bien conservada, con ese aire italianizante que decía L., y que M. y yo recorríamos andando con nonchalance hasta que se nos unió un escritor mallorquín, viejo amigo de M. (y amigo de VM) al que yo había conocido en París, y me fue explicando la historia de algunos edificios y rincones, mientras ellos dos intercambiaban observaciones sobre la conservadora excentricidad de carácter y protocolos de los mallorquines.
Por cierto que pasamos por una librería nueva de Palma que me gustó mucho, con su café. La selección de pensamiento me pareció interesante, así como la más puramente literaria y de ficción, y allí estaba La plaza del azufaifo. M. lo compró para regalárselo a una amiga y yo acabé dedicándoselo al escritor mallorquín, quien a su vez me trajo El informe Stein, reeditado con la portada que siempre quiso, una misteriosa foto de Cartier Bresson inspiradora de un retrato paterno en la novela.
Esa noche M. y yo repasamos hablando el tiempo perdido, instaladas en esa zona nuestra de entente sobre lo familiar, las relaciones y la memoria, entre su cultura judía y mi pasión psicoanalítica, y acabamos a las tres y media, pero la noche siguiente teníamos cena con J.C.L y la bella H, que le acompaña a todos los homenajes y tournées francesas (por lo visto él sigue triunfando en Francia más que en este país, y cuando le pregunté por ese éxito dijo que era la sonrisa que se le ponía al afeitarse, y cuando se preguntaba a sí mismo: "¿De qué te ríes?", le venía a la mente el éxito francés). Lo cierto es que empecé su libro esa madrugada, al acabar la cena, y reencontré esa escritura suya que arrastra, con una extrañeza cercana, y pensé que le gustaría a G.
Mientras, G. paseó y conversó con su viaje amiga C., la misma que de pequeños trepaba como él por el marco de la puerta de la sala hasta el techo, en un alegre y extraño ritual.
En el aeropuerto de Barcelona, la guardia civil había parado a G., quien ya lo había previsto. Los dos estábamos malhumorados ante la larga cola del aeropuerto, maldiciéndonos por viajar en fin de semana en estas fechas, y cuando salí al fin de la mascarada ritual y le vi con la guardia civil, me dirigí a ellos indignada y logramos abreviar las cosas (no eran de lo peor, aunque no estuvieran dotados para la dialéctica ni siguieran ninguna lógica, y acabaron disculpándose e intentando congraciarse con G, que les perdonó antes que yo).
En ese momento G. vio a Frikosal, que acababa de salir del mismo desagradable e inútil protocolo y se iba hacia un país andino. Nuestra dirección de embarque no estaba lejos y estuvimos andando con él por las cintas. Dijo que seguramente tendría poco tiempo para mirar bichos, sólo el fin de semana, así que tal vez traiga más fotos del lugar que de especies interesantes, pero quién sabe. Fue un paréntesis agradable en medio de la pesadilla de los aeropuertos.
En Mallorca, el tiempo fue otoñal, con muchas nubes, alguna lluvia dispersa, pero nada impidió nuestros paseos, incluso un baño fugaz ayer en un mar de agua transparente y maravillosa (¿Cala Blava?), y luego comimos y paseamos hasta Portitxol. Antes habíamos recorrido Cala Figuera y los alrededores, y la verdad es que todo estaba bastante cuidado y limpio. Todo el fin de semana fue muy agradable, gracias a la hospitalidad de nuestros amigos, a la aromática galería de su casa, a los paseos y a esa afinidad de conexión en la que todo se retoma fácilmente, como si el tiempo no hubiera pasado.
Volver a esta pobre ciudad invadida de basura, hoteles y cemento, a sus pobres árboles escuálidos y amenazados y al barrio más ruidoso de Barcelona resulta triste. Supe que nuestro autoritario alcalde, señor del cemento, había aceptado una consulta popular sobre la destrucción de la Diagonal que ha decidido emprender, pero al parecer luego matizó sobre tal consulta. Cuenta con la pasividad de los ciudadanos, miedo revestido de pereza y nihilismo, incultura arboricida y pensamiento débil, esa parte indudablemente heredada del franquismo, que dejó todo atado y bien atado.
A la vuelta, con su ironía burlona, G. me dijo que formábamos un grupo cohesionado (él y yo), y así nadie nos pararía en los aeropuertos.
Supongo que iré reconciliándome con las cosas, desprendiéndome del lastre de los excesos, escribiendo (aunque el dolor del brazo ha vuelto enseguida) y leyendo, y tal vez la visita de mi amigo serbio sea uno de los alicientes para soportar lo que aquí ocurre, como la buena noticia de que ya hay galeradas de mi libro balcánico.
Plus tard...
He salido a la calle y no he parado de encontrarme gente conocida. ¿Qué pasaba hoy? Yo iba leyendo a Brigitte Reimann mientras me dirigía a un estudio familiar y luego, subiendo Major de Gràcia, leía Ella era Hemingway y No soy Auster, de Enrique Vila-Matas, en una de esas pequeñas ediciones tan logradas que ha hecho la nueva editorial Alfabia (me gustaron las páginas donde habla del "encanto" del escritor, como habló Stevenson, o como Lorca en Teoría y juego del duende, ese hechizo que hace que perdonemos todo o casi todo a algunas personas, el mismo que poseen algunos escritores, aunque no sean siempre los más grandes, y del que carecen algunos de los más grandes, decía VM). Justamente el otro día J.C.L me habló de esa nueva editorial de la que era editora mallorquina de Alpha Decay. Yo iba hacia casa de V., y le llevaba un libro de Tanizaki por haber cuidado de nuestra Gilda estos días. V. estaba hoy como el campo de JRJ, llena de vida y de pasión, con una fiereza radical que impresionaba, pero que a mí me tranquiliza en cierta manera, porque yo tengo ese état d'âme otras veces y la visceralidad suele despertar mi simpatía (como al leer la crítica acerada que VM hace de la arrogancia de Unamuno), mucho más que la tibieza de espíritu. De vuelta a casa, he seguido encontrándome gente por la calle y preguntándome por qué. Por cierto, me encanta que en esos libritos de Alfabia haya un espacio para notas. Piedad para los que, como yo, ¡acabamos anotando cosas en los periódicos, las tarjetas de metro y la última página de algunos libros! La cuestión es que, pensaba yo andando hacia mi casa, V. tiene ese enchantment de Stevenson, o duende lorquiano. Y también lo tiene G., al menos a mis ojos. G ha venido un momento y me ha arreglado el teclado, que parecía muerto. Tras este intensivo juntos, parece que los dos, en vez de saturarnos, nos añoramos...
En Polis, un artículo del AVUI de hoy sobre la basura que los vandálicos habitantes de este barrio arrojan al descampado del azufaifo y que el Ayuntamiento y el distrito se niegan a limpiar, ni a requerir al propietario que limpie. Sepan que en Hereuville se tolera el mantenimiento de vertederos urbanos, aunque eso incluya ratas y haya una guardería al lado (dicho esto, yo no me considero "líder" de ningún "movimiento vecinal").

sábado, 20 de septiembre de 2008

Alea jacta est


Foto: I.N. Estos liliums los compré, envidiosa de una editora del barrio, a un florista cercano, desesperado de que vayan a arrancar los majestuosos almeces (lledoners) que dan sombra a la Plaça Joaquim Folguera, a diferencia de esa gentuza supuestamente más burguesa (y en realidad analfabeta y zafia) que cree que ni los árboles, ni la tierra ni la frondosidad importan, o que los árboles "están viejos"... Los liliums tardaron tanto en abrirse que casi iba a reclamar y de pronto es una apoteosis de flores carnales y exuberantes, con ráfagas aromáticas que me recuerdan a algo lorquiano.

Acabé la corrección de correcciones de mi libro balcánico y ese hecho me llenó de una intensa felicidad, aunque sólo fuera una fase más, aunque sólo fuera el deber cumplido, o la aproximación al momento en que ese libro (que viajará secretamente a Europa aún en forma de manuscrito) salga a la calle y empiece su vida independiente. Además de felicitarme de lo atinado de las sugerencias del editor, me daban ganas de releerlo todo una vez más...
Luego, una visita al dentista, las malas noticias de Saturno y Némesis me devolvieron bruscamente al suelo, en un aterrizaje forzoso. Estaba lloviendo y ni siquiera mi perspectiva de fin de semana leyendo y escribiendo, sin obras, sin estruendo infernal ni polvo ni sirenas perforadoras de tímpano, podía arrancarme la melancolía dental (ya empezó bajo la fea luz de la sala de espera, y las moléculas de olor que yo, como el personaje de Rick Moody (de quien ya traduje un extraño libro de cuentos), intentaba evitar en vano, mientras leía mi último Agota Kristof, Hier (recién he terminado de encajar mi reseña en los 4.000 caracteres prescritos; allí contaré sintéticamente los ecos de mi borrachera de lectura de sus libros, mi full immersion en Agota Kristof, que ha valido la pena, aunque su desesperanza no fuese teóricamente lo mejor para acompañarme al dentista ni para consolarme de lo que tendré que desembolsar, ¿pero qué libro lo sería?).
Y ahora me volveré al sofá a leer, entre hoy y mañana y tal vez pasado, a Peter Hobbs y a Daniel Handler y a Bergsson (a quienes también voy a reseñar), interrumpiéndome a s'hora baixa para los encuentros sociales o de cualquier especie afín, ya que si no acabaré enloqueciendo y dando voz a las casas como los deslumbrantes psicóticos de la Kristof. Y quien sabe si tal vez reúna el valor para abordar esos dos posibles cuentos que ahora yacen en forma de germen diminuto en uno u otro cuadernillo, antes de que se vuelvan lejanos e irrecuperables.
Ayer me llegó la carta breve y amable de una lectora de La plaza del azufaifo que no sabía mi dirección y me la dejó en un portal de la calle Berlinès, diciendo Carrer del Ginjoler o algo parecido. Por cierto que esta mañana he mirado al árbol desde un ángulo privilegiado y lo he visto más extendido e inmenso que nunca, con el suelo cubierto de azufaifas (he cogido tres o cuatro, para plantarlas) entre la basura que le tiran los vándalos de este barrio ciego y sordo, este barrio destruido y sin apenas belleza, donde la mayoría es ya gente embrutecida, que desdeña los árboles y celebra la fiebre del cemento, ruido y basura del alcalde de Hereuville. Por cierto que hoy, en El País, Patricia Gabancho, en un artículo moderado para mi gusto, señalaba algunas cosas certeras sobre la política municipal. Ah, y anoche se me malogró un post que estaba escribiendo, donde me interrogaba sobre las divergencias en la concepción del tiempo que tengo con una gran parte del mundo, no siempre exclusivamente masculina.
Y una última cosa. En mis lecturas del baño alterno Lavorare stanca de Pavese con La realidad y el deseo de Cernuda y aunque los dos son magníficos, ese libro último late y tiembla, centellea, Cernuda logra disparar tantas hebras nuevas del tapiz inacabable y tanta pasión que...
Vayan a Polis, sobre la que nos viene encima...

jueves, 4 de septiembre de 2008

Del dolor y sus grietas


Foto: Manel Armengol, As Furnas, 1999.
Leo a Agota Kristof, repentinamente y casi por casualidad. Hacía mucho tiempo que Yelena me la había recomendado, sé que ella la propuso a alguna editorial y no le hicieron caso o reaccionaron demasiado tarde, cuando otra editorial ya la había descubierto. Entonces publicaron en el Babelia una entrevista brutal, que permitía adivinar la mirada de su prosa, esa desesperanza ósea, completamente descarnada: me impresionó. El otro día pesqué La preuve y la estoy leyendo. Es una nouvelle, pero la alterno con Sebastian y con Maugham y en los pocos ratos que me quedan para leer. Ayer volví a leer andando por la calle (controlando los obstáculos de soslayo, con el rabillo del ojo) porque el relato de Kristof me atrae irresistiblemente: esa extraña mezcla de dureza y vida dentro del horror, con una sensualidad que no se agota en el dolor, con encuentros intensos y protectores, tal vez con humor incluso, pero siempre viviendo en el infierno, un lugar donde no hay reglas (Thomas Mann), donde reina la arbitrariedad y la muerte es siempre una posibilidad cercana e impuesta, como el saqueo y el miedo. Hay una oscuridad, o más bien, una grisaille que lo domina todo, y sin embargo, hay momentos en que Kristof recuerda a la locura delirante y mucho más esperanzada pese a todo de Babel, o a la atmósfera de Trastorno de Bernhard. Aunque lea otras cosas, me parece que sólo estoy con ella. Su voz es como un susurro persistente, capaz de erosionar y crear un canal constante. Siento que ella es el mundo, aunque haya cosas más luminosas fuera. Es la historia del siglo XX, junto con la parte de Primo Levi y de tantos otros. (La parte que a algunos nos costó reconocer, porque se había solapado a una ética que aún nos sigue convenciendo. Yo seguiré pensando, como Berger, que el marxismo era una buena idea que se aplicó mal, y como tantos balcánicos, la única salida de esa ética del rojerío estaría más cerca de la socialdemocracia estilo nórdico.) La historia de la brutalidad y el terror, pero también de cómo en medio de un ambiente (en ese niño lisiado y pequeño, abandonado por su madre, en ese gemelo solo que convive con los esqueletos de su madre y su hermana y espera a su gemelo que cruzó la frontera, y acoge a una mujer desesperada y visita a un cura que juega con él al ajedrez y le dice que se condenará o visita a un secretario del Partido que comparte su miedo porque es homosexual y puede ser descubierto) así, puede transcurrir la vida. Seguiré leyéndola.
La leo mientras no se apaga el dolor de mi brazo. Me dijo mi nuevo osteópata que me dolería dos o tres días tras la primera sesión y en eso estoy. Discutimos sobre si mi inglés sería mejor o peor que su castellano y en inglés explicó que todo estaba en la nuca y me enseñó lo que ocurría con una columna vertebral de plástico. Dijo que en tres sesiones lo resolveríamos. Hoy volveré a yoga. Todo este proceso empezó con un terrible disgusto de traducción en un museo, y aunque resolví no trabajar más con aquella falta de confianza, el dolor ha seguido ahí porque una vez se pinza el nervio hay que hacer algo para resolverlo fisiológicamente.
Me duelen los árboles condenados, la ciudad que sigue siendo destruida. No me dejan olvidarlo porque aquí, el estruendo es constante, y el polvo y la basura que la gente sigue tirando a la calle.
La música me consuela muchísimo, aunque a veces la escuche como una música dolorida. Y es que el dolor, como en el relato de Agota Kristof o tal vez con más intensidad para mí, tiene siempre grietas por donde se cuelan el placer y la fruición y también oleadas de una extraña felicidad. Yo puedo bailar con ese dolor y de paso reírme de mi extraña heteregeneidad d'états d'âme, puedo todavía notar esa respiración que ensancha las grietas de tal forma que a veces casi parecen transformarlo todo, como las esperanzas que crecen en las macetas de G (espero que los dioses griegos le iluminen hoy en su examen oriental y su examen castellano). Pero pensando en las grietas del dolor, recuerdo que una vez, cuando G. era pequeño, en Cadaqués, cerré la puerta pillándole un dedo, y cuando le llevaba, en brazos de su padre, al hospital del pueblo, llorando de dolor sin parar, con una intensidad que hacía insoportable mi asfixia culpable, a pesar de las lágrimas vio algo al pasar. Y al salir de la cura, señaló un muro encalado y ajardinado con una higuera olorosa y dijo que allí vendían helados, porque había visto salir a un niño con uno, y él también quería. Era la demostración gráfica de que el deseo e incluso un pequeño placer siguen latiendo en medio del dolor. Para mí, la niñez de G. estuvo llena de esas demostraciones.

martes, 26 de agosto de 2008

La dificultad de volver y un pequeño homenaje inesperado

Foto: I.N., Sant Josep de Sa Talaia, Ibiza
Es extraño. En esta semana no he sentido la añoranza de la conexión, no he visitado los cibercafés, no me ha abrumado la falta de mi ordenador, he escrito tan sólo fragmentos en un cuadernillo, y aunque echaba de menos un espacio más grande donde la mano pudiera expandirse en la escritura, tampoco me he molestado demasiado en cambiar, he empezado varios cuentos posibles, he soñado con ellos cerrando los ojos al sol quieto de mi embarcadero favorito o en las conversaciones, en que A. intentaba retarme a escribir una novela erótica basada en viejas andanzas y en las historias que yo les contaba a V. y A., que estos días han soportado estoicamente mi presencia en la isla y la lectura de mi último cuento.
He leído a Somerset Maugham, algunos cuentos magistrales, con ese personaje suyo narrador-observador de los dramas ajenos y del discurrir de un mundo dolorosamente imperfecto y convulso, y ese personaje es tan británico en su escucha y su mirada... siempre me fascina. He recorrido un bosquecillo de pinos desde donde se divisaba el peñón gigante de Es Vedrà. He disfrutado de la quietud de una solitaria playa paradisíaca cuya ubicación no puedo revelar. He recorrido media isla a pie, bajo un sol de justicia, siguiendo a A. y V. hasta un pequeño embarcadero oculto donde se celebraba un cumpleaños por sorpresa. He pernoctado en una hermosa casa de Formentera, donde todo era bonito, agradable y acogedor, aunque los libros y la literatura parecían excluidos del universo de todos los que allí paraban. He alimentado lagartijas con pieles de rajas de melón y gatos flacuchos con restos de pescado y yogur. Me han mordisqueado pececillos perfectos, bien diseñados ellos sí por las leyes de la misteriosa y sufrida naturaleza. Algún atardecer me acribillaron los mosquitos, en una especie de peaje estival.
He concluido que sólo si los alemanes se ocuparan de medio ambiente, alcantarillado, recogida de basuras, etc., se salvaría este país. Todo está lleno de basura. Nadie vigila y nada impide a los barcos arrojar la basura al mar. Yo he visto al barco rápido de Ibiza arrojar su basura al mar en pleno puerto de Barcelona, pero seguramente, como dice el reseñista del Heraldo de Aragón, es mi trastorno ocular. Yo he visto ciudades, pueblos, playas y bosques en Europa sin un sólo papel o colilla en el suelo, pero sin duda es ese mismo defecto ocular, que me hace ver Arcadias inexistentes, y mi imaginación enferma que me hace ver basura en playas y bosques y ciudades de este pobre país nuestro, tan limpio y cuidado y preservado que no puede criticarse. Los peces comen plásticos, los plásticos son petróleo y nosotros nos comemos esos peces con petróleo y todos nos envenenamos. Y el paisaje se llena de fealdad y basura y gritos.
Al volver, quería empezar a hilar alguno de esos cuentos aún embrionarios, empezar el tejido por cualquiera de esas puntas, siguiendo sólo mi deseo, pero he encontrado mensajes que borrar y algunas urgencias. La mayor es mi libro balcánico. Me he comprometido a entregarlo en pocos días. Mi amigo serbio me manda sus sugerencias de matices. He hablado con él: me dice que el libro le ha excitado, me dice que es un libro importante, que no hay ninguno así, que será un hito, que hay partes geniales (curiosamente las primeras ochenta páginas, de las que yo tanto dudaba, le han entusiasmado) y que por eso tengo que cuidar más esos posibles errores o repeticiones o matices. Así que se me ha contagiado la excitación balcánica y sin apenas deshacer la maleta me he lanzado a corregir las correcciones, a integrar lo que sí, a buscar alternativas, a considerar la poda, a matizar mi difícil cronología, a reunir valor para dejar que cada uno hable por sí mismo sin puntualizar, etcétera.
Hoy me he despertado prematuramente a las 6 y al bajar de la estantería el libro de Dante Bertini Amorimás, que prometí dejarle a V., no he podido evitar abrirlo, y al leer un poema al azar, he tenido que leerlo entero. Ese libro me encanta. Lo recordé porque A. leía estos días su prosa con fruición y nos hablaba, pero yo admiro en DB su genio poético (y temo siempre tener que enfrentarme a la misoginia de la narrativa erótica., de la que no saldría yo indemne, pues todo me afecta, como me afecta el ruido y la tala de árboles). Acepto que él no quiera leer La plaza del azufaifo como contrapartida; comprendo que piense que no debe invertir pues ya lo ha leído en mi blog, aunque para mí sea completamente distinto y el libro no pueda identificarse con esos posts, sino que adquirió enseguida otra entidad y se lee muy distinto. Yo siempre comprendo a los que no quieren leerme, por eso no sería buena vendedora. Hay amigos que no sólo me leen sino que compran más ejemplares de La plaza del azufaifo y los regalan a otros. Y esos compensan a los que lo piden prestado: mi Crucigrama valía sólo 10 euros, pero hubo un grupo que se iba pasando el mismo ejemplar regalado por mí, mientras otros no paraban de comprarlo. Yo también procuro comprar los libros de amigos escritores que me gustan para apoyarles). Es imperdonable que la Poesía Completa de DB no aparezca rápidamente en Lumen o en cualquier buena editorial capaz de cuidar la edición y distribuir por todas partes. Tengo que volver a decírselo a ese poeta que es Cachodepan. Me gusta su mezcla de pesimismo-ironía-ingenio poético y luminosidad callejera, cotidiana de esos poemas, su mirada burlona y llena de matices.
la inquietud que produce en arcanos deseos
aquel vecino alto que fuma distraído
apoyado a la puerta
o bien aquellos otros versos de "Primera batalla":
la calle donde estaba la casa donde nací
tenía grandes plátanos
con el tronco camuflado para una guerra
que finalmente los abatió sin piedad
uno a uno
o bien
Deposito en un banco mis ausencias,
me pongo a caminar cabeza abajo,
giro al revés, derviche alucinado,
aspiro el polvo gris, la falsa nieve...
No sé cómo voy a desprenderme de él para prestárselo a V., creo que voy a buscarlo en las librerías de viejo (¡está agotado!) para regalárselo o para que el editor se decida a reeditarlo. O para que el autor escriba más poemas desaforadamente, sin parar.
Aún llevo conmigo el deslumbramiento de Joseph Brodsky y su Marca de agua. Dice Brodsky que la infancia raras veces es más que una escuela de insatisfacción e inseguridad, y yo, con mi horrible experiencia de entonces (salvando sólo mi relación con el paisaje y los libros) no puedo sino darle la razón y aplaudir, como cuando Coetzee decía que según su impresión, la infancia era sólo cuestión de apretar los dientes (Boyhood) y resistir. A Brodsky le transporta el olor a algas heladas (en parte por la fonética de la palabra rusa vodorosli) y explica que nos reconocemos en ciertas moléculas, en ciertos elementos: "Después de todo, un olor es una violación del equilibrio en el nivel de oxígeno... es un asunto de moléculas, y la felicidad, supongo, es el momento en que descubrimos nuestra propia composición en libertad... y sentí que, al salir al aire frío, me había introducido en mi propio autorretrato." Así que me imaginé autorretratada en el olor de las higueras ibicencas, o del genjibre, el té verde chino, la menta o el jazmín... Dice Brodsky: "Asumiendo que la belleza consiste en la distribución de luz en la forma que más agrada a la retina, una lágrima es el reconocimiento, tanto de la retina como de la lágrima, de su incapacidad de retener tanta belleza". Eso explicaría mis lágrimas al entrar a Goa en ferry, o en la escena que hace unos días he descrito en un cuento, en el ruedo de un antiguo club de hípica que ya no existe. Brodsky se convierte en gato que come pescado en un momento del libro. En otro vuelve a la mitología o a un encuentro real con la política y la negación, o duda "qué engendra qué: una experiencia un lenguaje o un lenguaje una experiencia". O nos recuerda que somos en parte aquello que miramos y no se extraña de la creencia medieval de que una mujer embarazada que deseaba tener hijos hermosos debía mirar objetos hermosos". Sigo con mi idea jodorowskiana de que la belleza cura y la fealdad enferma y de que tendré que seguir resistiendo a este ayuntamiento que sólo nos sustrae la belleza y la destruye, llenándolo todo de esa fealdad pestilente y ruidosa, cortando los árboles (oh, qué olivos inmensos he visto en la isla... y qué pinos calcinados y renacidos...).
Ya me voy. Tengo que decidir si lanzarme a la calle a por los recados necesarios o bien sumergirme ya sin más dilación en lo balcánico y acabar lo empezado...

domingo, 3 de agosto de 2008

Otro cuento

Foto: I.N. Descalza en el bosque de cedros, entre Bonnieux y Lourmarin, 2008
Ayer estuve rehaciendo un cuento viejo, es decir, intentando aprovechar una historia que siempre quise escribir y que ha vuelto a mí en múltiples ocasiones. La nueva versión corregida ya no chirriaba, pero le faltaba algo como el núcleo duro, el hueso, lo que para mí le daría sentido. Entonces me fui a cambiar un libro que ya tenía (cogí unas cartas entre Rilke y Lou Andreas Salomé, que me pareció haber leído muchos años atrás, en mi época deslumbrada por ellos dos, cuando lo busqué todo, la biografía de Lou, sus correspondencia con Nietzsche y Rilke, los Cuadernos de Malte Laurids Brigge, las Elegías de Duino, las Cartas a un joven poeta y al final sus Completas, aunque esa traducción célebre nunca me convenció por una cuestión de estilo. Rilke hablaba de las distracciones que le impedían escribir: ""mis sentidos se ocupan sin pedirme permiso de todo lo que me molesta. Que se produce un rumor... renuncio a mí mismo y paso a ser ese rumor... huyendo de la claridad, una vida anónima se ha refugiado en mi interior, se ha retirado a un lugar más alejado y allí vive cxomo los habitantes de una ciudad asediada, entre privaciones y aflicciones"), y luego fui a buscar el helado para la cena a un lugar artesano que me había recomendado la propia V.
Y fue entonces, mientras andaba, ya sin leer, cuando me asaltó la solución. Hay algo en ese gesto de andar que precipita el pensamiento y ayuda siempre a resolver los problemas de escritura. He leído en The New Yorker que algo similar les pasa a algunos científicos y que Henri Poincaré resolvió su clave para la geometría no-euclidiana subiendo a un autobús y atribuyó su repentina comprensión matemática al "trabajo inconsciente"; el autor del artículo "The Eureka Hunt" (Jonah Lehrer) recomienda dar un paseo cuando tienen un bloqueo o dificultad en resolver una teoría, "go to a walk or a journey". En mi caso, faltaba la parte oscura. Faltaba el conflicto, la vieja tristeza, la exposición excesiva al peligro de mi narradora en aquellos tiempos para ella pasados, faltaba el reverso de lo que había contado el cuento. Por qué era importante aquel personaje tan físico, casi sólo sonrisa placentera como el gato de Cheshire, y en qué consistía su reserva silenciosa y crítica hacia la narradora, su sonrisa que la perdonaba, lo que no decía. Así que llegué, metí el helado de higo en la nevera y me puse a ello a toda prisa. Pero el tiempo se desvaneció en ese proceso y al mirar la hora, me di cuenta. Había prometido llevar el hielo de la cena y tenía que pasar por la gasolinera antes de dirigirme al Putxet. Dejé mi cuento a medias, emocionada. Por el camino, una llamada telefónica me impidió ver el paisaje destruido. Llegué cuando todos los demás comensales estaban ya en la terraza. La cena fue agradable, todo estaba delicioso, predominaron el sentido del humor y las experimentaciones tecnológicas, ya que una misteriosa inquietud o una vibración de viaje o quién sabe qué parecía impedir a los invitados franceses concentrarse de verdad en ninguna conversación de fondo.
Sólo a la vuelta, al acompañar a los franceses hasta Balmes para que cogieran su taxi, vi el hueco de los árboles arrancados, esas dos placitas pequeñas pero umbrías que humanizaban ese itinerario y que el ayuntamiento ha decidido destruir también. Cuando acaben con esta ciudad, no quedarán rincones de sombra, ni verde que no sean matorrales o ramitas escuálidas, pero tendrán, eso sí, una red de metro poderosa que permitirá a los pocos turistas que sigan viniendo llegar en metro de la borrachera de las Ramblas a la montaña rusa que tanto emociona a Hereu (Alguien debería obligarle a viajar en ella sin fin). Y eso si la política de subcontratar una y otra vez e ir pellizcando el presupuesto de las obras no lleva a que se caigan los edificios como en el Carmel. Perdonen mi rabioso pesimismo; no puedo evitarlo.
Anteanoche leía el rápido e intenso esbozo biográfico de Josep Palau i Fabre en sus Poemes de l'Alquimista y las descripciones de Guillamon, Perejaume, Triadú sobre el personaje, atravesado por esa especie de llamarada vital, y algunos de esos poemas que le reflejan aleteantes.
Volviendo a mi escritura. Esta mañana me he asomado al cuento, justo antes de salir a por el periódico en el último momento. He acabado de meter lo que creía que faltaba. Y diría que sí, que ahora lo tengo. Seguramente tendré que pulir y sacar brillo, pero creo que está ya... En este momento necesito con urgencia algún lector inteligente para al menos oírme leerlo y notar así los posibles fallos o sobre todo, si el cuento tiene realmente sentido. G no puede: ¡se va corriendo a la playa! Me ofrece escucharlo más tarde. G es un interlocutor interesante. Por un lado, no puede comparar mucho, ya que no ha leído demasiado. Pero por otro, su lectura suele ser profunda e inteligente, tiene un instinto indudable para la literatura y una escucha que sólo podría calificar de psicoanalítica, aunque sea sutilmente.
Tengo que seguir investigando para una cronología balcánica que le falta a mi libro. Todas las que veo son demasiado exhaustivas en unos aspectos, silencian otros y resultan tendenciosas. Ayer me encontré a Simona Skrabec en la librería y hablamos de esa dificultad. Y dos visitas que hacer esta tarde. On verra bien...