viernes, 3 de agosto de 2012

Mi texto de adiós a Ana




Foto: Cristina Núñez, recordatorio de Ana (1965 - 2012) - (diseño gráfico de Pati Núñez)
Cómo cuesta decirle adiós a Ana: dulce y difícil, obstinada y perfeccionista Ana. De pequeña yo la mecía en brazos para dormirla, en uno de esos gestos inversos de quien acuna a otro porque desearía ser acunado. Más tarde le contaba cuentos y ella pedía más y más, desde la cuna en el cuarto de mis padres, en la casa de la Diagonal, y la hacía reír. Yo siempre le repetía la frase de un cuento de Perrault: “Hermana Ana, ¿qué ves?” Y ella tenía que contestar: “Veo el sol que brilla y la hierba que verdea!”
Tengo una foto suya de esa época, con el pelo muy corto, en las escaleras de la casa del alemán, en Comarruga, con una cara recién despierta y algo huraña en la que se le ríen sólo los ojos. Tenía los ojos muy bonitos, grises y verdes, aterciopelados. Luego le creció el pelo y parecía una ninfa de cuento, o una de aquellas niñas que fotografiaba Lewis Carroll. Hay una foto de Colita donde aún se la ve así. Mi madre la quiso mucho y siempre estuvieron unidas, aunque de una forma a veces difícil de comprender. Es inevitable pensar que se ha ido con ella. Ana me decía que yo había sido su segunda madre, aunque fuese sólo en la escucha afectiva, ¿pero cuántas segundas madres tuvo? Pati y Alicia siempre la apoyaron, no sólo en lo profesional, Luisa la acogió en su casa en su peor momento y Cris también quiso cuidarla; prácticamente todo el mundo intentó ayudarla, aunque ella no siempre se diera cuenta. Sus amigos también la querían, su amiga Sandra atravesó todas las barreras y le fue fiel desde casi la infancia. Y Ana nunca renunció al amor ni a la pareja.
Ana tenía sentido del humor y podía ser muy alegre; irradiaba un encanto especial, un tono acariciador, sobre todo cuando se acercaba a pedir algo: no era deliberado, era una especie de instinto natural que seducía y que contrastaba con su exigencia, con su fiera obstinación. Yo siempre quise ingenuamente protegerla, al principio intentaba corregir una dirección de su vida que me parecía equivocada: como si eso fuera posible, como si yo hubiera sabido. Tampoco nuestra relación fue siempre fácil. Estuvimos largos periodos distanciadas. Curiosamente, al final, cuando las dos estábamos enfermas, incluso en sus últimos momentos, cuando Ana ya empezaba a perder el uso de las palabras, las encontraba para protegerme a mí.
Quise ir a visitarla antes de irme unos días a la casa del bosque, porque no sabía si volvería a verla. Fue emocionante, a la vez triste y feliz, porque pudimos decirnos cosas importantes libremente.
“Me preocupa verte aquí”, dijo nada más verme. No pudo explicar por qué, pero yo lo sabía. Había una conexión casi física entre las dos en estos últimos tiempos, aun sin vernos apenas. Dijo: “Me gusta mucho lo que ha pasado entre tú y yo”. También dijo que me quería y que no hacía falta verse para quererse. De pronto me preguntó: “¿Me estoy muriendo?” Yo le dije que no. Ella repuso: “Porque lo parece”. Yo le dije que creía que morirse no era así. Y ella dijo: “Si fuera así, ya no me importaría”. Estaba empezando a desconectar, aunque le dolía sobre todo separarse de Nicolás, su lazo más importante con el mundo.
Aquel día tenía buen color, la sacaban a pasear por las mañanas entre árboles inmensos, un ombú gigante, una gran acacia que se veía desde su ventana, un magnífico castaño de Indias. Yo sabía bien que se iba y hacía días que notaba, desde el bosque, sin que nadie me lo dijera, que se estaba alejando. Pero es extraño cómo funciona el inconsciente. Aunque sepamos que no hay remedio y que alguien tiene que irse o que ya es mejor así, en el fondo siempre queda una fantasía de que pudiera ocurrir un milagro y salvarla. Por eso la muerte, tan definitiva, tan misteriosa, ese soplo de vida que huye del cuerpo, convirtiéndolo en algo inerte, una imitación de quien lo animó, duele tanto. Lo único que me consuela ahora es ese último encuentro y esas palabras suyas, sonriendo muy alegre y apretándome la mano sobre la barandilla de la cama: “Me gusta mucho lo que ha pasado entre nosotras”.
Isabel Núñez, Barcelona, agosto 2012

25 comentarios:

Luis Vea dijo...

Lo siento mucho, Isabel. Un fuerte abrazo.

Belnu dijo...

Gracias, Luis, es todo tan extraño... Un abrazo

delarica@unav.es dijo...

el texto es emocionante y precioso, vale mucho Bel, mucho

Icíar dijo...

Qué bonito, Isabel, sí que es algo incomprensible, a mí me cuesta entenderlo y eso que se supone que lo sabemos desde siempre.
Lo siento de corazón.

Belnu dijo...

Muchísimas gracias, Álvaro. Eso me ayuda a trasladarme a otro lugar

Belnu dijo...

Muchísimas gracias, Icíar, sé que es así!

pipe dijo...

Lo siento mucho Isabel. He leído tu maravilloso adiós. Un abrazo.

Belnu dijo...

Mil gracias, Pipe!

Anne-Hélène dijo...

Mi querida Bel,

He dado un paseo rápido por el Fb, que tenía abandonado. Y claro, he visto tus posts. Son preciosos, siempre luminosos, particularmente el de Ana. Te he visto como la niña de Rackham, caminando por el bosque, caminando sin parar, aparentemente sola, pero tan acompañada por dentro, como en ese poema de Emily Dickinson -aunque el poema tiene un lado inquietante que no es el que veo en ti- y tan querida. Tienes, entre muchos otros, el don de la escritura que ilumina y cura, así que sigue adelante, que la Ana a quien protegiste te protege ahora. Un beso fuerte.

Anne

Betty dijo...

Isabel lo siento mucho.Un fuertisimo abrazo para ti.Precioso escrito a tu hermana.
Un beso Betty

Belnu dijo...

Gracias por ese precioso comentario, Anne-Hélène!!!!

Belnu dijo...

Gracias, Betty! Abrazo también

Anónimo dijo...

Un fuerte abrazo. Pilar

Belnu dijo...

Gracias, Pilar!

Isabel dijo...

Estremecedor y natural, esa es la sensación al leerte y acompañarte en tu dolor.
Perdona la intromisión, mi respeto y muchos ánimos.

Belnu dijo...

No es intromisión, es un texto público, Isabel, yo solo escribo, eso no implica que deje entrar a nadie en ninguna parte más, digo solo lo que puedo decir en público y construyo un texto, un retrato, aunque a algunos les cueste entenderlo

laura cabarrocas dijo...

Belle, il est beau, profond, blue ton texte. A travers le temps et l'espace Ana va aimer ce que tu dis....La mort creuse des vallées infranchisables, mes tu verras qu'avec le temps tu est capable de la mettre dans des petits tiroirs que tu ouvres et referme. ..... Penso amb tu fa rato. Petonets. Laura

Belnu dijo...

Gràcies per aquest comentari poètic i afrancesat, Laura!!!

Mar dijo...

Isabel, lo siento mucho. El texto es precioso y sería lindo aque lo leyeras, pero entiendo que puede ser difícil. Sin embargo, si aún no lo has hecho te animo a ello. Es un regalo que le haces a ella y a los que la quisieron. Leí en el tanatorio, a la muerte de mamá... en esos momentos sólo me inspiraba el amor a mamá y mamá quería una celebración alegre, ese fue mi regalo para ella.
De todas maneras, lo mejor, es que os dijerais en viada todo lo que os querías; ese hermoso encuentro que describes. Ese recuerdo siempre estará ahí. Y ella. un abrazo

Belnu dijo...

No te entiendo, Mar, yo lo leí, lo grabé y se escuchó con mi voz en el funeral, mientras yo estaba ingresada en la clínica. No se trataba de si sería lindo o no, como puedes comprender, sino de fuerza mayor.
Pero mi voz estuvo allí y no voy a reprocharme por estar enferma! ;-)

Mar dijo...

Isabel, ha habido un malentendido y te pido disculpas por el daño que te haya podido causar. No sabía que estabas mal, que estabas mal como para no poder ir al funeral y entendí por tu entrada anterior que no podrías por falta de fuerza espiritual, por estar sobrepasada por los hechos. Pero sí, es verdad algo decías de que las dos estabais enfermas... Yo no sabía hasta qué punto...!Lo siento profundamente. Te leí mal o simplemente, es que hacía mucho que no pasaba por tu blog y me había perdido cosas. Perdona mi torpeza.
Celebro que tu texto se escuchara. Me parece muy buena la idea de la grabación.
Te deseo que te recuperes pronto. Te deseo lo mejor.

Belnu dijo...

No me has causado ningún daño, Mar, qué tontería. Simplemente, mi manía de precisar las cosas

Francis dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Belnu dijo...

Gracias, Francis, pero para mí las cosas no son como dices. No todo el mundo siente igual ni puedes saber cómo se sienten los demás ni cómo viven las cosas. A mí nunca me ha pasado que sólo esté "presente ese dolor tan grande", en absoluto, ni siquiera el día de la muerte de Ana. Esa tristeza ocupa su lugar, el lugar del adiós, pero hay muchas otras más perentorias, que han compartido todo el tiempo mi atención. Una es mi cuerpo enfermo (mientras se desarrollaba su funeral, yo estaba en la clínica), que ahora ocupa mucho, y no tiene que ver con descansar, sino con intentar curarme e intentar comprender. También está la escritura, la lectura, G., mis relaciones, el afecto que me envuelve, los sueños... Nada de lo que imaginas, aunque sea con buena intención. Todos somos distintos, es mejor no dar nada por sentado!

Belnu dijo...

Grazie, Dado!!!!