viernes, 18 de marzo de 2011

Fui

Foto: I.N., Sausalito, cerca de los bosques de Muir, 2011
Fui a ver Lola (Abuela) una película filipina de Brillante Mendoza. Ante esa atmósfera de pobreza abigarrada y compleja, bajo una lluvia feroz que me recordaba al Somerset Maugham de "Rain" (Outside, the pitiless rain fell, fell steadily, with a fierce malignity that was all too human"), me gustó ver a esas dos abuelas opuestas luchando solas, agotadas y frágiles, pero llenas de recursos en un mundo donde los hombres sólo existían para ser alimentados o para crear problemas con su fuerza física y su estamina, y el agua omnipresente, los pasos arrastrando las chanclas, la sensación del trópico, la comida que esas abuelas siguen preparando y llevando en bolsas, los patos, o esa escena primera contra la lluvia y el paraguas intentando encender una vela por un asesinado. Me preguntaba qué había dejado España allí, salvo esas palabras mezcladas al tagalo o a las múltiples lenguas. Los nombres. La expresión de una de las abuelas, tan española con esas cejas dibujadas y su orgullo antiguo en medio de la pobreza. Pensé en Donde hay nilad.
No era tan radical y salvaje como otra película de B. Mendoza (sobre la adopción-compra de niños en las chabolas de Manila- que vi en el Baff (ay), ésta parece algo más comercial, sencilla de estructura y en dos ocasiones le pone musiquilla cuando no hacía falta, y pese a todo, sarinagara...
También me gustó escuchar a mis amigos cineastas hablar de sus películas. Luego, la Belle Elaine y yo subimos andando hacia nuestras respectivas colinas. Le conté que antes, cuando iba hacia el cine, me había encontrado a alguien que me dijo algo extraño, pues no parecía hablar de mí. Primero dijo: "No te llamo porque parece que estés tan rodeada de gente..." (¿sería eso algo malo?, me pregunté yo, siempre feliz de que mis amigos sigan apareciendo). Y luego concluyó (por la muerte de M y mi operación) que yo estaba atrapada en el sufrimiento, que atraía la desgracia en ese famoso goce lacaniano. Me dejó estupefacta. Es alguien que apenas me conoce, me ha visto dos veces, y sólo ve en mí oscuridad, pero extrañamente sigue acercándose. Hay gente que no advierte nuestro humor, y yo lo comprendo, el sentido del humor no puede compartirse con todos, ni las afinidades, ni la simpatía, ¿pero por qué seguir acercándose a alguien que te disgusta? ¿Qué puede ser eso sino puro goce?
Yo, que me sigo sintiendo a veces extrañamente feliz en medio incluso de esta época agitada y de la tristeza convulsa del mundo, y aún en el duelo, que me asalta a oleadas inesperadas, y del postoperatorio, con su estela más larga de lo que parecía, al cabo de un rato puedo seguir bailando o celebrando a mis amigos, encontrando caminos para mi novela en un simple paseo hasta el Eixample, siendo visitada por los mirlos, que no pueden resistir más que no empiece la primavera, cubriéndome del ruido de las obras con impermeables de música celestial, me quedé atónita. Le dije que se equivocaba, que yo llegaba tarde, y volví, por suerte, a lo mío.
Uno de los amigos cineastas, anoche, estaba ya radiante con la primavera, aunque yo sentía humedad y frío mientras les esperaba y ellos pedían shawarmas, y hoy he visto que tenía razón. El sol lo ha inundado todo, aunque el aire aún sea fresco. Al abrir los ojos, Rufus estaba tan cerca que casi no le he visto. Venía a apoyar su frente de tigre en la mía, para despertarme, en ese saludo ritual que también me hacía Gilda. Y el sol se había enseñoreado de la casa.
La lluvia del cine me devolvió a nuestra lluvia de estos días, tan insólita aquí. La Belle Elaine contó cómo ella había salido a las Ramblas ya harta de refugiarse en la Fnac, en plena granizada, luchando con el paraguas y oyendo a la gente gritar y luego atrincherada en una tienda donde vomitaban una música terrible cuando sonó su móvil y un amigo le contó que le había picado algún bicho tropical en otro continente y estaba hospitalizado, pero el pobre no debía de estar tan mal porque le preguntó asombrado qué era aquel estrépito de horrible música.Y yo, cuando salí de la terapia geocromática y casi ni veía la calle del agua cayendo a chorros, simbólicamente cerca de la antigua casa de M., de la casa de mi infancia, el paraguas invertido y el viento, tuve que coger un taxi casi a la fuerza para salir del agua y pese a todo llegué a casa chorreando. Pero la lluvia tropical es otra cosa, con calor, con chanclas, como en La Habana. Y ayer hablamos de otras lluvias. Y luego Elaine (parece que nuestro libro de cartas saldrá pronto) y yo pasamos por un lugar donde M tuvo un famoso olvido que yo puse en Crucigrama y por ese cable que se llenaba de pájaros en República Argentina y que sale en mi libro de la ciudad. El otro día, alguien le dijo a J. que podría presentarse como alcalde y J. bromeó que en ese caso me encargaría a mí los pregones. Y estuvo parodiándome por teléfono en esos supuestos pregones donde yo decía algo que parecía de Armando Manzanero: "Estas calles de Barcelona que me vieron llorar..." y me hizo reír. Pronto presentaremos Sinrazones del olvido.

5 comentarios:

Bel M. dijo...

Hay gente que ve la brizna de paja en el ojo ajeno por no ver la ladrillo que tiene en el propio... en fin. Enhorabuena por esa fluida escritura que nos arrastra suavemente, por esa preciosa foto y por la próxima presentación del también precioso libro!

Belnu dijo...

Gracias Bel M., por tus palabras y esa brizna de paja! A veces vuelven los viejos refranes con todo su peso, sin necesidad de darles más vueltas...

Anónimo dijo...

Qué bonito todo.
Y sí, esa gente que solo se acerca para echarte púas, qué gente.
El otro día g. morán hablaba de esa película.
L.

Francis Black dijo...

Si ya llega la primavera, la lluvia es un palo pero no por mojarse es por la falta de luz, si plou y fa sol mola.

Estoy leyendo, "El día del juicio", Salvatore Satta ¿lo has leído? , muy bueno.



http://www.letraslibres.com/index.php?art=15205

"atrapada en el sufrimiento, que atraía la desgracia"

Muy simpático el coleguita. La estampa es tremenda, encontrarte a alguien por la calle y que te suelte este tipo de sentencias.

Belnu dijo...

Hola, Francis!!! Me anoto lo de Salvadore Satta, sólo me acuerdo de haber leído que alguien lo citaba, pero no sé más!´
Sí, de todo hay en la viña del señor...