miércoles, 24 de febrero de 2010

L'Alliance française en Sabadell

Foto: I.N., Interior de L'Alliance française de sabadell, 2010
Fui a dar mi charla balcánica a esa ciudad, adonde no había vuelto desde mi época de estudiante (entonces la Facultat de Ciències de l'Educació estaba en Sant Cugat, que era un pueblecito plácido y agradable -nada que ver con la megaestructura de autopista y las grandes urbanizaciones de ahora-, frente al claustro del Seminario y junto a la plaza donde se instalaba el mercado), cuando para hacer algún trabajo había ido a casa de alguien que vivía allí.
Me gustó recorrer ese trayecto de tren y comprobar que no han destruido todas las estaciones exteriores (recuerdo mi disgusto el día que en lugar de salir a la preciosa y antigua estación exterior de Sarrià el tren nos abandonó bruscamente en aquel horror subterráneo de mosaico verde kitsch que aún perdura), y que pese a los mares de cemento que duelen a la vista y al ánimo, quedan algunas zonas boscosas aún sin talar, y algunas casas bonitas no han caído bajo la piqueta desaforada que destruye este país, entregado por sus políticos a las mafias del cemento. Recordé que cuando G. era pequeño, fuimos una vez él y yo en tren a casa de unos amigos poetas y por el camino yo le iba diciendo: Mira, aquí vivía X, aquí estudiaba yo, en aquella casa modernista estuvo tal escuela, allí íbamos a pasear con tal y cual... Y él lo observaba todo pensativo y silencioso y al final me dijo, pesaroso: "Tú has hecho tantas cosas, has vivido casi una vida antes de que yo naciera!"
Ayer, al llegar a Sabadell me sorprendió la interminable serie de tramos de escaleras altas que había que subir a pie para llegar a la calle. Al llegar arriba, completamente essoufflée, descubrí que había unos ascensores que debería haber cogido...
L'Alliance Française de Sabadell me encantó. La sede es un magnífico edificio modernista, la Casa Taulé, con un pasado muy distinto. Hace muchos años (desde finales del franquismo) que, además de enseñar francés y cultura francesa, esta institución resiste heroicamente, desplegando una actividad cultural de alto nivel. Ahora, además de cerrar ese brillante y crítico mes del documental, preparan ciclos de conferencias sobre Hannah Arendt, Simone de Beauvoir y María Zambrano, entre muchas otras cosas, y alternan las conferencias, el cine y las exposiciones, sin que ningún medio de Barcelona se decida a darles difusión crítica. Pero Robert Ferrer y Sébastien Bauer, como el resto del equipo, irradian entusiasmo humanista.
Robert Ferrer me presentó muy generosamente. El público era de unas 18 o 20 personas, aunque al final aplaudieron como si fueran 300 (a mí siempre me abruma ese momento y no puedo disfrutar de esa gratificación si no es a posteriori, recordándolo, porque sin darme cuenta suelo abstraerme y mirar a otra parte, abrumada, pensando en todo lo que me he dejado y o no he dicho bien). De hecho no expliqué cómo había sido la guerra en Kosovo, y sobre todo, más imperdonable, me faltó explicar algunas trasposiciones literarias que cuentan la guerra autrement, mis libros balcánicos favoritos. Se veía un público interesado y receptivo y fue una lástima que se me escapara un poco el tiempo porque habría sido bueno escuchar sus intervenciones. Luego tomamos algo rápidamente en una agradable vinatería de allí enfrente y ellos volvieron a su película (De guerre lasses), mientras yo me dirigía de nuevo a la estación.
Al llegar tenía un encargo urgente para hoy y un aviso de correos (al fin llegó el libro de G., que gracias a la eficacia disuasoria de Correos, para que nadie utilice ese sistema más económico, tarda 11 días de Elche a Barcelona, ¡todo un récord! Mientras que la modalidad de correo más barata en UK permite que un libro llegue de Inglaterra a Barcelona en tres o cuatro días, pagando menos; ¿por qué será que en este país pagamos más por peor servicio? Parece una pauta perversa...). Esta mañana ha vuelto a despertarme el mirlo un poco antes de las 7. Es sólo un pájaro y siempre me pregunto, somnolienta, dónde estará posado, si en una antena o en ese magnífico y viejo azufaifo, ahora desnudo y oscuramente invernal, el ejemplar más grande documentado en Europa, que Parcs i Jardins quería cortar y que la regidora de Sarrià Sant Gervasi aún comenta en ciertas cenas que deberían haber talado.
Por cierto que anteayer me escribieron para que participase en un libro sobre los árboles de Figueres (supe que están arrancando los plátanos de la avenida para hacer un parking. ¡El país de los parkings!). Quieren incluir el primer párrafo de La plaza del azufaifo, que a mí siempre me gustó, porque cumple sin proponérmelo la condición de John Irving sobre los principios: salen el azufaifo, V. descubriéndolo, China y mi infancia, y es un "así empezó todo". Dice así:
Fue V. quien me contó que al venir a mi casa se cruzaba con un azufaifo que le recordaba a la China. Ella no sabía de mi historia con el fruto de ese árbol. De muy pequeña, antes de los cinco años, en el colegio de Figueres, saltaba yo una tapia prohibida con otras niñas y nos colábamos en un pequeño huerto, rodeado de muros encalados que refractaban la luz del sol. Allí había un azufaifo y lo sé porque una vez nos dimos tal atracón de esos frutos rojos que al llegar a casa, la Bruja (mi tía Rottenmeyer) aprovechó para ensañarse. «¡Esto para que no vuelvas a comer azufaifas!»,
Sigo leyendo Le Voyageur de Natsume Soseki, meditando sobre esa incapacidad expresiva que paraliza rígidamente a algunos de sus personajes y lo va corroyendo todo, como en Kokoro. Lean aquí mi artículo de hoy en La Vanguardia Cultura/s

10 comentarios:

DanteBertini dijo...

aforos parecidos, estimada Zbelnu...creo que podemos luchar contra fantasmas y molinos, pero los forofos del Barça unidos a los inocentes sindicales, son demasiado para nosotros...
la intimidad de los parques.

Belnu dijo...

En efecto, el barça y la comida y el parking, lo único que mueve a este país...

frikosal dijo...

A mi me parece que Sabadell tiene su encanto y una vida asociativa interesante, por ejemplo el Adenc, en el que suelo participar dando cursos o charlas o apuntándome a los cursos de otros y a las salidas de botánica.

Es muy bueno ese primer párrafo y efectivamente este es el país de los parkings y a mi me duelen las viejas encinas que cortaron cuando se destruyó la plaza que hay cerca de mi casa. Era una humilde plaza de tierra con encinas y una fuente; ahora es la tapa de un parking, y tiene unos arbolitos escuálidos.

Un saludo afectuoso.

Belnu dijo...

La tapa de un parking! Todo el país se está convirtiendo en la tapadera de una red de parkings! Pobres encinas... Me alegro de que haya más vida cultural en Sabadell

Ephemeralthing dijo...

Ya sé que la Sra. Luchy Miquel, responsable de comunicación del ayuntamiento o algo así, me considera un indocumentado, porque según ella desconozco la variedad de la oferta cultural de la ciudad, pero si pudiera informarle le explicaría que para mi el hecho cultural, o acontecimiento, más importante y lleno de significado de esta década barcelonesa, ya que estamos en el año diez, ha sido el rescate del Azufaifo de las garras de los especuladores, incluyendo en esa acepción a los estupendos funcionarios municipales, llevado a cabo por un grupo de ciudadanos.

Belnu dijo...

Gracias, Eph! Fue un empeño humilde como el propio azufaifo que, como dijo el músico Rafa Zaragoza, es a la vez humilde y majestuoso. Pero simbólicamente estuvo bien actuar contra esa perversa tendencia política que destruye el paisaje y el medio en este país y encima con un lenguaje mentiroso que habla de sostenibilidad. Y ahora que doy largos rodeos para no pasar por la pobre plaça Joaquim Folguera, al menos pasar ante el azufaifo me sigue llenando de una rara felicidad

Bel M. dijo...

Me alegro de que saliera bien, y que a pesar de ¡todo! haya gente interesada me sigue pareciendo un milagro.
Como también es un milagro que se mantenga ese precioso edificio... y el azufaifo.

Belnu dijo...

Gracias, Bel M!!!! Como decía Tsvietáieva, "el milagro... existe!"

Anónimo dijo...

Realmente podría ser cierto, no sin grandes dudas, que hay lugares, o situaciones, que nunca sabemos si volveran a nosotros, transformadas tal vez, como casi nuevas, o irreconocibles. Esa repetición de lugares, en el transcurso de la vida, que sólo a veces podemos percibir, si el tiempo nos lo permite. todo esto lo digo por la coincidencia de las dos relaciones con el árbol, distintas, con V.
iluminaciones.

Belnu dijo...

Sí, es verdad lo que dices, aunque cuando dices dos relaciones distintas con V. y el árbol, ¿te refieres a su relación con los azufaifos chinos y la mía de las azufaifas del huerto en Figueres y luego las dos con el gran azufaifo de mi calle y el libro que las reflejó? A mí me salen multiplicadas! Pero me he alegrado al ver tu firma. Últimamente llegan muchos anónimos insultantes, que no dejo pasar, porque no me interesa ese lenguaje y al ver anónimo siempre contengo el aliento, pero si la firma es luminosa, qué alivio. Como la naturaleza en las películas de Ozu que estoy viendo, o en las novelas de Soseki, parece ordenar el mundo, como esas ocas salvajes que escriben ideogramas en el cielo.