Foto: I.N. La raíz de un Ficus citrifolia en el Parco Garibaldi de Palermo, 2009
He ido a comer con JC, que me ha contado un poco de su viaje a la Toscana, con un esguince, hospedado en una casa palaciega que alquilaban entre varios amigos, madrugando para nadar en la piscina y hablar con los jardineros, que le contaban (con su acento toscano) cómo podían saber en qué mes estaban según el sol se pone en tal torre o tal campanario, disfrutando de la belleza de los alrededores, contemplando los ojos verdes de la propietaria de la mansión, recorriendo museos, pueblos e iglesias con su pierna renqueante, saboreando brebajes deliciosos e intoxicantes al ponerse el sol, frente a la silueta sugestiva de Siena, oyendo música italiana, buscando en librerías, trayéndome los Canti de Leopardi en una edición barrocamente anotada.
JC está leyendo para documentarse sobre un futuro viaje a Japón e intercambiábamos lo poco que sabemos (yo algo puse en Los meandros de la traducción) de esa cultura y me decía que a los japoneses les educan para no molestar; lo ha recordado porque el camarero me decía que el pan de nueces tenía más calorías y yo, corrigiéndole, le replicaba que a mí me importaba más que fuera integral y digestivo que hipocalórico. Pero luego, cuando el camarero nos ha preguntado si nos había gustado el rape, los dos hemos respondido como japoneses: "Sí" (ese rape era un remedo, una pura idea de rape sin su consistencia ni sus otros rasgos). Y yo me he quedado pensando en mi doble actitud japonesa y occidental, ya que en ciertos contextos tengo verdadera obsesión por no molestar y en otros soy pesada, quejica y respondona y no me importa mostrar mis manías y caprichos ni un cierto hipercriticismo combativo que necesito para no detestarme cuando me quedo a solas conmigo. Sin embargo, contemplo con estupefacción a esa gente que se presenta en las casas o despachos de otros sin avisar, sin ser esperada y tal vez en momentos en que pudiera ser molesta. Lo hice alguna vez cuando era adolescente y sentí vértigo, cierto temblor; no he vuelto a repetir.
Siempre envidio los viajes de JC, sus lecturas y paseos, sus visitas a museos, su manera de ver las cosas me produce una alegre nostalgia. Hemos comparado nuestras visiones sicilianas, hemos hablado de Mario Rigoni Stern. No me ha dado tiempo de contarle ni sobre todo de preguntarle más, ya que él me lee y sabe mucho más de mí que yo de él, como él mismo ha señalado. Pero hablar es una compulsión en mí ("'You are right', said the Spaniard, drying his tears, 'joy is a convulsion, but grief is a habit, and to describe what we never can communicate, is as absurd as to talk of colours to the blind").
Yo le he llevado tres libros piccolissimi, para que prolongue su italianización a sorbos pequeños, el Sciascia que mencioné sobre la muerte de Raymond Roussel en Palermo, el Sogni dei Sogni de Tabucchi y una Lettera sulla Toscana de Manganelli). Lo malo ha sido salir del restaurante sin recordar que vivimos en La fragua de Vulcano, pero sin la belleza pictórica de Velázquez, que esta ciudad ya no es la que era, que nuestras temperaturas son las normales en Córdoba o Sevilla, pero no por estos lares. Creí que me moría. Con este calor se nota una diferencia abismal entre las plazas de tierra y árboles y las de cemento. Al salir del metro del Putxet lo he vuelto a comprobar: aún no han talado la arboleda de Joaquim Folguera y ahí se puede vivir (la habrían cortado ya, simplemente para dejar allí la maquinaria de la obra, tal es el desdén municipal por los árboles, ya no estarían de no haber sido por el grupo de mujeres resistentes, que logró un aplazamiento de la tala), pero la plaza siguiente, llamada tradicionalmente Pitarra (allí donde crecía el mítico árbol de la libertad, que los republicanos regaban y que el franquismo taló y este ayuntamiento, en lugar de replantarlo y hacer una plaza verde, siguió la peor dirección) y oficialmente Frederic Soler, es un horno crematorio, gracias al cemento y a ese parking venerado por el ayuntamiento, ese parking que es tan importante preservar que condena a todos los almeces a morir, ya que el metro podría haberse construido ahí, como se hace en las ciudades civilizadas, y no sustituyendo a la arboleda maravillosa. Pero antes ya había venido buscando árboles para guarecerme, mareada, respirando un aire que arde y sintiendo el fuego que quema brazos y piernas: ¿habrá que vestirse de tuareg? Pronto esto será un desierto peligroso y Hereu y los suyos estarán revolcándose en sus arcas de oro como el tío Gilito en sus refugios nucleares, o tal vez girarán sin fin en la montaña rusa o vivirán en Canadá con el botín acumulado, en lugares de bosques que nadie puede talar.
Al bajar al andén mi metro se iba. Sentada en el andén me he puesto a leer a Leopardi y una nota explicaba su alusión a un texto de Leónidas: "Avanti con coraggio, o Spartani; stasera forse cenaremmo agl'Inferno", y me ha parecido la frase giusta.
En Facebook, el escritor valenciano y poeta de sopetón A.G. citaba un fragmento de poema del jerezano (qué bonito gentilicio, jerezano, que suena a cerezas y a vino de jerez) Caballero Bonald:
"Entra la noche como un vértigo
por la ciudad desprevenida,
rasga las sábanas más tristes,
repta detrás de los cobardes,
ciega la cal y los cuchillos
y en el fragor de las palabras
entra también la noche."
Por cierto que el escritor valenciano vendrá a la Lectura del Refugi del próximo martes 25. Y eso me lleva a anunciar que, dado el éxito de esas lecturas, se ha prolongado a una sesión más, la del martes 8 de septiembre. Espero que las pruebas de mis cuentos de otoño lleguen por fin este viernes para ponerme a corregir las correcciones...Por cierto que en esos cuentos hay un breve homenaje oculto a JC...
Ha pasado un tornado por el norte de Manhattan, Nueva York. Linda D, mi amiga americana me manda fotos de árboles gigantescos tristemente quebrados y caídos en Central Park, con la noticia de los que se han salvado... (Alguien al dorso me manda el link acertado, tras un forcejeo de emails). Y ahora les dejo, que tengo trabajo y lecturas urgentes, pero si no bajan las temperaturas no volveré a salir hasta que oscurezca.
