Esta mañana hacia Correos he descubierto varias cosas. La primera, que ya sabía, pero en este caso multiplicada en intensidad, se refiere a la mala educación o el primitivismo de este país, que lleva a la gente a mirar fijamente y sin disimulo, con la boca abierta, lo que los anglosajones considerarían un insulto. Naturalmente, me refiero a las marcas de mi accidente, que atraen poderosamente todas las miradas y la sensación es parecida a la de un enjambre de moscas que se te posaran encima. La segunda, que el 90% de los hombres me miraban con franca desaprobación. Sin duda me tomaban por una mujer maltratada (y es lógico: el hematoma de la frente va bajando como ríos formando ojeras de tonos oscuros) y o bien pensaban que me lo había buscado, o bien, como sugería Bel M., les parecía una osadía y de muy mal gusto no ocultarlo.
De vez en cuando, un hombre más desprejuiciado o más humano me miraba como diciendo: "Vaya golpe..." empáticamente y sin juzgar. Muchas mujeres, sobre todo mayores, me miraban con simpatía, alguna incluso ha sonreído o me ha preguntado si me había caído, excepto unas pocas que me han dirigido la misma expresión reprobadora, como diciendo: "si te metes en esos líos o los provocas, ¿por qué no escondes tu vergüenza?" Me he quedado muy sorprendida, pero lo he tomado como uno de esos experimentos periodísticos en que un profesional de la prensa se hace pasar por indigente o por musulmana para comprobar las fobias sociales, el funcionamiento de los servicios, el racismo, etc. Al fin y al cabo, para disimular mis moraduras tendría que pintarme como uno de esos artistas del teatro No.
Al llegar a casa, una voz conocida me ha preguntado desde la otra acera: "Què t'ha passat?" Con mi miopía he tardado un momento en reconocer a un músico contemporáneo vecino que siempre parece contento de verme, un poco como si bajara de sus nubes. Al acercarse se ha quedado impresionado. Y cuando se despedía, me ha dicho "Estàs molt guapa igualment!" y me ha entrado la risa. Esta gradación de morados es una especie de maquillaje. Me acaba de llamar G., que ha visto las fotos en facebook, y comentaba con otros que se me veía muy bien en las fotos pese a todo; he vuelto a reírme. Mi aspecto tiene una teatralidad innegable.
Por la tarde he ido a otro recado y al final he cogido un taxi para volver, para no incumplir los consejos del reposo para mi pierna. El taxista me ha interrogado y sus conclusiones me han dejado estupefacta. Tras razonar correctamente que es obligatorio por ley permitir el paso al mar, ya que esos accesos pertenecen a la Marina y no son privados, ha dicho que le extrañaba que nadie hubiera ido todavía a "pinchar" al tipo que me había echado de la propiedad. Y luego me ha explicado un conflicto que tenía y en el que acabaría "pinchando" a su rival con un estoque que llevaba detrás. Aún sin saber si era un farol, yo le decía que matar a alguien no era buen asunto, y que aunque se saliera de rositas (él decía que nadie lo sabría), luego se pasaría toda la vida obsesionado con ese gesto. Pero él no parecía precisamente fácil de convencer. Ha salido del taxi para abrirme la puerta y me ha estrechado la mano con vehemencia, para mi desconcierto. Un asesino en potencia... ¡caballeroso!
He escrito mi reseña de Maupassant, algo sorprendida de sus contradicciones, de páginas deslumbrantes e ingeniosas y pensamientos modernos contrastando con prejuicios y una fuerte misoginia que nunca había detectado en sus cuentos. Necesitaba más espacio para explicar los contrastes...
Otro intento distinto de abordar mi novela. Quousque tandem abutere? Me he despertado melancólica, pensando que mi pierna no progresa adecuadamente y que sigo empantanada con la novela. Es muy difícil de resolver. Luego me ha llamado una rusófila apasionada proponiéndome que la acompañe a Crimea a recibir un premio a mediados de septiembre. Y yo con mi pierna mala buscando billetes a Kiev y a Simfeporol y dudando y soñando. Si en mi periódico me encargan algo, iré. Si no, renunciaré... de momento.
Ahora volveré a Giono y a La estepa de Chéjov. O quizás vea Le plaisir de Max Ophuls...
En la revista Cuaderno de Poesía se hacen eco de mi curso en l'Escola d'Escriptura


