Foto: Giuseppe Maria Crespi (1665-1747), apodado "Lo Spagnuolo", Partituras y libros de música.
Traduzco para el MACBA un nuevo texto sobre Nancy Spero que habla de pergaminos, papiros, tumbas egipcias, y esta mañana gris y algo lúgubre, mientras investigaba en la red cómo se cortaban los gruesos tallos del papiro para luego unirlos y formar una lámina lisa donde escribir, o cómo se prensaban las láminas de vellón, se ha restituido mi ánimo con esa magia del papel, el trazo y la escritura. Anoche, V. me habló de un poeta chino y una imaginaria escritura en el cielo con el vuelo de las ocas salvajes (suyas), que interpretaban como mensajes de escritura china.
Mientras sigo preguntándome cómo abordar y reescribir mi cuento de la lechuza, veo unos autillos en el espacio de otro blogger, hoy particularmente pesimista, sin duda influido por la luz de lluvia. Ese cuento mío ya tuvo tentativas fallidas en el pasado, pero siempre acaba volviendo a mi cabeza, de modo que merece mi atención. No sé a qué lector crítico tendré que recurrir esta vez para repensarlo.
Aún no he recuperado el ritmo mágico que logré en Luxemburgo. Me falta espacio para la vida social y las conversaciones que ayudan a pensar y a restituirse, pero también, las extrañas obligaciones familiares arañan mi espíritu y me producen la sensación de que abandonar esa casa de mis pesadillas, no poder volver a ella es una especie de muerte, tal vez de ese pasado, esa infancia (dont il n'avait jamais guéri, à ce secret de lumière, de pauvreté chaleureuse qui l'avait aidé à vivre et à tout vaincre... No, yo tampoco me he curado de mi extraña infancia, violenta y luminosa como la de Camus, que no me ayudó a vivir, ni a vencerlo todo, pero ahora que he logrado recomponer mis trozos y hacerme fuerte a su pesar, sí me ha servido para construir mi ética, la que me define).
Sigo leyendo a János Székely, pero también picoteando Montaigne y ahora además Zambrano, por culpa de un blogger que me hizo bajarla de un estante para recomendársela. La ilustración también es culpa de Montaigne. Me pregunto si el pintor barroco, a quien le llamaban Lo Spagnuolo porque vestía ropas ceñidas, "a la moda de España", estará emparentado con algunos tocayos suyos que conozco. Por cierto que anoche, a s'hora baixa, una amiga elegante y atlética, sin duda salida de una de esas pinturas, dio a luz a un niño y todo salió mágicamente bien, algo que parece tan difícil en este país.
Y acabo esta caótica entrada con el final de Le jardin exalté, un librito minúsculo de Henri Michaux que me subyugó en la Hune (de la sutil éditions Fata Morgana, una editorial que no se puede concebir por estos lares) y sigue por aquí conmigo. Espero que con su ayuda los lectores perdonen mi escritura sincopada, torpe o desmañada de hoy. Hay días... Dice Michaux: "Entre Terre et Cieux -félicité dépassée- une sauvagerie inconnue renvoyait à une délectation par-dessus de toute délectation, à la transgression au plus haut comme au plus intérieur, là où l'indicible reste secret, sacré... (y luego sigue diciendo que se añadía, sin que se supiera de dónde venía) "un rythme sourd, fort, mais également interieur, tel le martèlement d'un coeur, qui aurait été musical, un coeur venu aux arbres, qu'on ne leur connaissait pas, qu'ils nous avaient caché, issu d'un grand coeur végétal (on eût dit planétaire), coeur participant à tout, retrouvé, enfin perçu, audible aux possédés de l'émotion souveraine, celle qui tout accompagne, qui emporte l'Univers."
Traducción tentativa y apresurada: "Entre Tierra y Cielos -felicidad excedida- una bravura desconocida llevaba a una delectación por encima de toda delectación, a la transgresión en lo más alto y en lo más interno, allí donde lo indecible permanece secreto, sagrado... (y se añadía, sin que se supiera de dónde venía) "un ritmo sordo, fuerte, pero igualmente interior, como el martilleo de un corazón, imaginariamente musical, un corazón venido a los árboles, que no les conocíamos, que nos habían ocultado, surgido de un gran corazón vegetal (podría decirse planetario), corazón partícipe de todo, reencontrado, al fin percibido, audible para los poseídos por la emoción soberana, la que todo acompaña, que impulsa al Universo."
Ese final maravilloso parece dedicado a mi pasión arbórea, de dríade. Siento lo de la sauvagerie inconnue. Hay días...
