
Arthur Rackham: La Cenicienta
Carlota O. me avisa de que en La Contra de hoy, un neurólogo inusual comparte mi idea de cubrirse con un manto de palabras.
Aunque yo recelo de los neurólogos y psiquiatras, que suelen reducir el alma humana a un conjunto de impulsos eléctricos e intentan adormecer sus malaises históricos con pura química, Cyrulnik, tal vez por su historia familiar (toda su familia murió en los campos de concentración y él, prófugo, vivió en casas de acogida), que le humanizó e iluminó en el sentido que señalaba Pater (Who never ate his bread in sorrow, who never spent the midnight hours, weeping and waiting for the morrow, he knows you not, Heavenly Powers; una idea que nos sirve a los ateos y humanistas, creyentes en el arte, o como decía Cixous “Tout ce qui est plus grand que moi, en bien ou en mal, peut être nommé dieu”), y dice algunas cosas que comparto.
Cyrulnik habla de la resiliencia (suena a resina, a algo cerúleo, ¿será ese otro significante aquí?), la capacidad de transformarse a pesar de lo sufrido. Dice que utiliza la palabra alma "en el mismo sentido que Freud. Somos materia y representaciones no materiales, somos carne y alma…"
Aunque yo recelo de los neurólogos y psiquiatras, que suelen reducir el alma humana a un conjunto de impulsos eléctricos e intentan adormecer sus malaises históricos con pura química, Cyrulnik, tal vez por su historia familiar (toda su familia murió en los campos de concentración y él, prófugo, vivió en casas de acogida), que le humanizó e iluminó en el sentido que señalaba Pater (Who never ate his bread in sorrow, who never spent the midnight hours, weeping and waiting for the morrow, he knows you not, Heavenly Powers; una idea que nos sirve a los ateos y humanistas, creyentes en el arte, o como decía Cixous “Tout ce qui est plus grand que moi, en bien ou en mal, peut être nommé dieu”), y dice algunas cosas que comparto.
Cyrulnik habla de la resiliencia (suena a resina, a algo cerúleo, ¿será ese otro significante aquí?), la capacidad de transformarse a pesar de lo sufrido. Dice que utiliza la palabra alma "en el mismo sentido que Freud. Somos materia y representaciones no materiales, somos carne y alma…"
"Cada uno de nosotros se construye una película de sí mismo con imágenes y palabras... con los recuerdos y con la imagen que el otro tiene de ti…" "...Podemos intervenir y modificar la idea que tenemos de nosotros mismos. Hay herramientas para no ser un esclavo del pasado..." "La indiferencia es la muerte psíquica y el sufrimiento es la vida. Mientras sufrimos podemos seguir soñando con algo mejor…"
Sólo se puede vivir revestido de un manto de palabras.”
La visión de Cyrulnik, la película de Elisabeth Roudinesco Lacan, réinventer la psychanalyse, la comida plácida en una casa luminosa, de amigos casi familiares, la lectura en el metro, y sobre todo, una breve pero intensa conversación con mi hijo son los elementos restauradores que entretejen mi manto de palabras de hoy, contra la (sí, ya sé, necesaria, pero melancólica nevertheless) lluvia.
Y con todo, el discurso de Cyrulnik, al lado del discurso de Lacan en la película -mucho más literario, lleno de matices y de preguntas abiertas-, me parece reductivo y básico, un poco como comparar el discurso americano, didáctico y aniñado, con el francés, siempre más elaborado y complejo.


