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lunes, 3 de noviembre de 2008

Hoy


Foto: I.N., Collserola, 2008

He empezado, tentativamente, un libro nuevo. Creo que la escritura, el tono de ese libro (que, si todo sale comme prévu, editará Melusina), surge de aquí. Es decir, no es que sea una escritura bloggeresca o que siga una convención de blogs, sino que yo la he aprendido o se ha generado en este espacio. Veremos cómo avanza pero ese primer capítulo o entrada o post, que lleva su foto: lo ha escuchado G. (me ha animado mucho) y lo ha leído L, que me ha llamado para decirme que le encantaba (aún me ruborizo cuando pienso que me ha comparado a Atget, que fotografió el París que ya dejaba de existir. Guardo su mensaje en la carpeta For Dark Moments). Trata de la ciudad que ya no existe, de la Barcelona que se fue y la que queda. De vestigios y recuerdos, de eso trata. Veremos.
Mientras, he ido al premio Herralde de novela. Lo ha ganado un escritor mexicano, Daniel Sada y el finalista es el escritor peruano Iván Thays. Sada ha contado con gracia su novela de una historia de amor con pudor exacerbado, de amantes que no se tocan, que apenas se ven nueve horas en nueve años...
Estaba Enrique Vila-Matas, aunque no sé si estaba realmente allí, o si seguía en Nueva York, se había ido a Londres o a cualquier otro lugar para no estar en Barcelona, de la que querría siempre huir. Pero se le veía contento, tal vez precisamente porque se mantiene fuera. Herralde también estaba contento: ha dicho que aparte del ganador y el finalista, otros tres libros presentados al premio se publicarán en febrero, ya que el nivel era alto. Otro miembro del jurado, Luis Magrinyà estaba sólo en espíritu, que según él, es como mejor luce. Pero sí he encontrado a Paulina Fariza, también editora mía de Si un árbol cae (mi libro balcánico), y unos cuantos albaneses más. Se podía fumar... He visto un momento a Valeria Bergalli, que me ha hablado de su primer autor del país, Jesús del Campo, un asturiano que elogia Azúa. También estaba mi editor del azufaifo, José Pons, y la responsable de prensa, Carol París. Pons hablaba con Lluís Morral, de Laie (quien por cierto sigue considerando que La plaza del azufaifo es un libro de barrio, no sé por qué esa obstinación, y cree que sólo se venderá bien en la Platón. Le he dicho que se vende bien en La Central, por ejemplo, que no es del barrio, pero sé que no voy a convencerle; se nota que no leyó al Llibreter, ni ha abierto mi libro), sobre la crisis. Dice que aún no la han notado, pero él es pesimista. Me cuenta Cacho que en Argentina la gente siguió leyendo, pero prestándose o recurriendo a librerías de lance y bibliotecas. En cambio Juan Milà, de Salamandra, es moderadamente optimista porque cree que en tiempos difíciles, la gente necesita más los libros. Y yo estoy de acuerdo (mientras no lleguemos al panorama apocalíptico de las guerras del agua). Creo que los libros consolarán a muchos de no poder viajar, comprarse ropa, cambiar el coche o el sofá... Me cuenta JM que, en Francfort, los editores e mostraban mayoritariamente optimistas.
He saludado a Jesús Zulaica, "Yo te hacía en Tarazona", me ha dicho. Y me ha aconsejado que proponga un taller; tiene toda la razón. Dice que la conferencia de Manguel fue magnífica. Zulaica venía de Kenia y de Italia, donde había comido gíuggiole y de pronto se había dado cuenta de que eran azufaifas (me ha recordado a Aldo Busi, que quería quedarse a nuestra fiesta del gíuggiolo). Z. también intenta moverse lo más que puede, llevándose sus traducciones por ahí. También he hablado con Cristian Cirici (no falta casi nunca), que firmó por los árboles de la Diagonal, y Anna Bricall. No he visto a Ana María Moix.
He vuelto temprano, andando y contemplando los erguidos plátanos y las jóvenes acacias de Sant Gervasi, pensando: Por lo menos a vosotros no os talarán.
Y al llegar, G. estaba instalando un aparato de dvd nuevo que ayer me regaló Tigridia. Veremos si ahora podemos ver todas esas películas raras bajadas de Internet por unos y otros, películas orientales de V., películas bien elegidas de Magrinyà y películas de G. Por cierto, conectando con personajes de Peter Pan, C. me escribió el otro día: "Bel, el jueves fuimos al Auditorio, cantaba Jessye Norman. Lo más impresionante fue que había ¡una directora de orquesta! Nunca había visto a una mujer dirigiendo una orquesta. Me emocionó. Lo más parecido que había visto eran las hadas, con su varita mágica, y ¿Campanella? de Peter Pan. Y en verdad esa mujer tenía algo de Campanella, moviendo grácilmente al compás de la música todo el cuerpo, y no sólo el brazo o la mano: un movimiento fluido, armonioso, sutil, que sabía ser muy enérgico cuando la música lo requería. Muy delgada, con pantalón y zapato plano negro, sobrios y masculinos, una levita blanca con vuelo, que cimbreaba al ritmo de su movimientos, y una bonita melena que en los descansos se mesaba, y que al saludar echaba hacia delante, hasta casi tocarle el suelo. ¡Un espectáculo! Eso sí, en un alarde de modestia quiso quedarse en segundo plano y dejó que fuese la Norman quien recibiese todos los aplausos. Se llama Rachael Worby, y en el 84 ya dirigía una orquesta." Recordé un artículo de Le Monde donde contaban las dificultades de las mujeres directoras de orquesta para superar el boicot de tantos teatros y festivales donde se niegan a contratarlas, aduciendo que es trabajo de hombres. Pero parece que ya empiezan a superar esos prejuicios. Yo vi una directora excelente y elegante, casi coreográfica, justo antes o después de que actuara la Camerata Sant Cugat.
Y ayer fui con Tigridia (y Cacho vino un poco) a ver Rodchenko y me gustó mucho, sobre todo las fotos, tan cubistas, me recordaban al D'ací d'Allà, y esas composiciones constructivistas, y los carteles con Mayakovski (yo descifraba las letras cirílicas), lástima una réplica absurda de un mueble que contrastaba para mal con el resto. Ya me lo dijo L. y tenía razón, ¿para qué las réplicas? La exposición vale la pena y me he quedado con ganas de quedarme el catálogo, pero tuve un momento rata y no lo compré.
En Polis hablo de la victoria de Obama...

martes, 6 de noviembre de 2007

Almendrita en la madriguera del topo



Ilustración: No sé de dónde la he sacado, si alguien puede ayudar...!?

Ayer fui al festejo del Premio Herralde de novela, uno de los pocos eventos de esa clase al que procuro ir casi todos los años, tal vez porque, para contrarrestar, allí suelo encontrar a unos cuantos amigos (que ayer no estaban), et pour le reste, me parece que cumplo heroicamente con la misión de que recuerden que aún existo. También porque siempre he tenido simpatía a Herralde y Anagrama, editorial para la que he traducido, escrito textos de dorso de portada, reseñado y defendido libros (criticado muy pocos) e incluso presentado alguno, y hasta diría que casi les he perdonado que rechazaran dos veces mis escritos.

Nada más llegar, me recibió Jorge Herralde diciéndome que había leído mi texto paródico sobre los editores, la plaquette publicada por Cafè Central, Del cec de l'Odissea, el bloqueig i un somni d'editors, y se divirtió aventurando la identidad de cada uno de los que salía, aunque sus errores me hicieron pensar que había otros editores barceloneses que podían responder a mis perfiles. Yo le revelé la identidad real de los que habían aparecido en mi sueño e inspirado mi microtexto y al final añadí: "Y tú...", y él me dijo, riéndose: "Nooo, yo no me he reconocido", lo cual tuvo gracia.

Luego vi a Enrique Vila-Matas, y su proximidad accidental, unida al Jujube Affair, me llevó a romper una estricta costumbre muy barcelonesa de no saludarnos nunca en mil años. Tuve el placer de hablar un momento con él de su palmera, mi azufaifo, mi blog y sus cada vez más sembrados artículos del País. Él me animó a publicar este blog en papel, y separadamente, La historia del azufaifo, y creo que debo hacerle caso. Aparte de eso, no sé si serán mis propias proyecciones sobre el éxito literario, pero veo a EVM rodeado de un aire decididamente feliz.

Después me encontré al traductor Jaime Zulaika, y a su lado había un personaje para mí desconocido que resultó ser el también traductor y poeta Daniel Najmías, quien me preguntó por qué me había retirado de una de las listas de traductores que él frecuenta, y añadió que mis aportaciones "no pasaban desapercibidas". Lo cual demuestra que tenía razón mi amigo Oriol con su one never knows, ¿de qué materia están hechos los silencios? Tal vez lo que yo tomaba como desdeñosa indiferencia fuese un silencio lleno de interés y atención... no verbalizados. O quizás quiso ser benévolo. Me gusta ser intrusa, pero para mí, la hospitalidad es sagrada y el bullicio de la lista, con sus pasiones y cruces de cuchillos virtuales (eso sí, seamos justos, uno sugería una duda e inmediatamente le contestaban veinte, ofreciendo soluciones generosas) me fascinó (entomológica y literariamente: ¡material de cuento!) la primera semana, luego me desconcertó y al final no se me ocurría ninguna razón para seguir recibiendo trescientos mensajes al día.
Volviendo al premio Herralde, hubo algunos problemas de sonido, multiplicados por el hecho de que nos habíamos refugiado en el piso de arriba, y en un momento dado, me volví al que estaba a mi derecha y le pregunté quién era el que hablaba al micro, pero la gente se había movido y me respondió el propio Luis Racionero, con una ironía sobre el Tripartit, ya que el orador era claramente extraliterario, con toda la grisaille de los funcionarios políticos antibartlebianos.

Lo cierto es que me reí bastante con el ingenio vasco del traductor que tenía a la izquierda, muy inspirado observando desde lo alto a otro escritor supuestamente plagiario, que se había puesto su jersey del altiplano, había caído en aparente desgracia, y apenas encontraba interlocutores. Por otra parte, el traductor resultó muy hábil para atrapar canapés al vuelo y reponer el vino. Y es que, fuera de las listas, los traductores pueden ser no sólo ingeniosos, sino también encantadores. O tal vez la proverbial y tímida antipatía de los barceloneses hace destacar enseguida a los que nunca se han contagiado del aire de aquí.

Ganó un argentino y quedó finalista un escritor de Guadalajara, México. Los periódicos lo cuentan mejor, y también seguramente Martín, que también estaba por allí, en su blog. En cualquier caso, yo acabé volviendo a casa en esa estupenda compañía traductora. Incluso tuve el privilegio de enseñarle a uno de ellos nuestro hermoso azufaifo, y al pie del árbol estuvimos departiendo sobre los nombres del árbol (giuggiolo, jujube tree, jujubier, ginjoler, azufaifo... ¿y cómo era en chino y en árabe? tengo que preguntar a V y a A.)

Por alguna razón misteriosa, el encuentro con el mundillo editorial casi al completo me produce una resaca importante, de la que apenas me repongo para llegar al año siguiente. Una resaca no alcohólica, sino espiritual. Ayer me convertí en libélula para revolotear por un invernadero entomológico... pero no impunemente.

Y una vez fuera de la madriguera del topo, quería decir que ya se ha hecho pública la edición de un libro de la editorial Funambulista, titulado La España que te cuento y editado por José Ovejero, una antología de narradores españoles que incluye unos fragmentos de este blog. Se trata de un audiolibro, y hemos leído y grabado los textos en 3 CDs, lo cual me gusta mucho. Lo pensé mientras grababa y tal vez ya lo dije aquí: que en los textos leídos, la voz del autor carga cada palabra de su máximo sentido. Sé que el título no va a gustar por estos lares y aquí cada cual tiene sus razones para la reserva. Ya lo expliqué en mi otro blog.
En el CD1, Enrique Vila-Matas (Los de abajo/Señas de identidad), el propio Ovejero (Julia, Pablo y el cubo de Rubik), Cristina Grande (Temperaturas), y José María Merino (El apagón). En el CD2, Rosa Montero (Tarde en la noche), Luisgé Martín (El álbum de fotografías) y Fernando Aramburu (La colcha quemada). Y en el CD3, Antón Castro (Cartas de domingo del más allá), Colectivo Todoazen (El año que tampoco hicimos la revolución [fragmentos]), José Machado (Dos chinos en una piscina hinchable y otras historias reales), Isabel Núñez (Verano. Fragmentos de un blog) y
Mercedes Cebrián (Mercado Común [poemas]). Como señala Eva Urúe en Divertinajes, citando el prólogo de Ovejero, se trata de ofrecer una panorámica del país posterior a la Transición, con los temas dominantes en la sociedad, sobre todo los que nos diferencian de los setenta. Con la idea de que la literatura no es una actividad aislada y desconectada de su contexto. Contar el país a través de una recopilación de cuentos.