Foto: I.N. Autorretrato oscuro y con brillos, 2010
Tener que dejar este pobre barrio -que fue bonito, frondoso y tranquilo y ahora es feo, contaminado y ruidoso- sólo por dos razones: el silencio de los fines de semana -la calle convertida en un desierto- y el pescadero de mi barrio, que ocupa un local diminuto y ofrece poca cantidad pero gran calidad, aparte de sus irónicos comentarios sobre la crisis. Yo siempre llego cuando están recogiendo y él me vende lo que se llevaba para él a precio mucho más humano -según él, porque soy yo, aunque sospecho que la hora ayuda decisivamente. Hoy me he comido una merluza que me ha hecho recordar mis buenos tiempos en San Sebastián (o Donosti, como decían ellos) o en las rías gallegas, quelle merveille; me he sentido obsequiada.
Anoche fui con Tigridia a ver Buried. Es un buen ejercicio de estilo, casi una obra de teatro, eficaz, clara, crítica, ideológicamente didáctica. Metafóricamente habla no sólo contra la guerra, sino del horror de este mundo nuestro globalizado en que las grandes corporaciones y sus lacayos políticos utilizan y esclavizan a una población cada vez más ignorante, más vulnerable, más desesperada. Es casi el Johnny cogió su fusil de estos tiempos, menos intensamente doloroso, con un humor negro realista más contemporáneo (las respuestas de sus interlocutores telefónicos son las mismas que nos desesperan a todos cada vez que tenemos que hablar a alguna compañía, cuando nos contestan robots o gente robotizada. Aquí tampoco hay nadie al otro lado, ¡sólo que él está encerrado en un ataúd y sin apenas batería!). Me alegra su éxito en Sundance y creo que tendrá muy buenos efectos en el público americano, pero no es una película para mí. Yo espero del cine que me haga pensar autrement, que me lleve a un lugar más alejado. Lo que pensé ya lo había pensado leyendo los periódicos, viviendo, intentando que me solucionen un problema cuando me falla el suministro de alguna compañía, sintiendo la desolación de ese poder cada vez más dictatorial que rige nuestro mundo. No me suscitó ningún pensamiento nuevo, no descubrí nada, salvo lo buen actor que es ese hombre y lo correcto que es todo, el ritmo, la luz, el guión. Técnicamente es una buena idea, una proeza inteligente, que se soporte toda una película dentro de un ataúd, como un monólogo teatral (aunque prefiero el monólogo de Copi como rata aislada en su nave espacial sin rumbo, hablando por teléfono con un uraniano). Cuando se despierta y descubre que está enterrado pensé que no lo soportaría porque en esos primeros segundos el terror es universal y metafísico, pero saber que le había ocurrido en Irak me tranquilizó infantilmente (yo no me iría a Irak a trabajar para una compañía americana, pensé, y así alejé la pesadilla). Y repito mi admiración por su habilidad, and so what? Prefiero ver Aristakisyan y su terrible y poético Ladoni. Me habla más del mundo y me hace pensar, preguntarme... Claro que quizás no fuese mi día para esa película; quizás otro día habría sido distinto; ayer habría necesitado una película japonesa...
Me han mandado noticia de esa maravilla china que acaban de publicar en Atalanta, Jin Ping Mei, traducido por Alicia Relinque, y por desgracia he llegado tarde para reseñarlo en el suplemento donde suelo colaborar; lo hará algún sinólogo (mejor que yo. Es sólo que tras escribir y leer tanto al japonés Natsume Soseki -mi artículo en Turia saldrá el mes que viene-, me parece que el viejo Oriente se haya acercado, que no esté ya tan "des-orientada"). Indagaré en alguna revista... De momento espero que me llegue un Handke. Por cierto que me compré un disco en Alibris y en lugar del disco me han mandado un libro sobre Afganistán. Les he escrito para protestar; ahora veremos si hay alguien al otro lado. En NY me pasó con Amazon: le había enviado a mi amiga americana un libro de Maeve Brennan sobre la ciudad y en vez de eso le mandaron Cooking with Aloha. Parecía una broma, como lo parece esto. En aquel caso me devolvieron el dinero. Si no me lo resuelven en éste, nunca más les compraré nada.
Llevo todo el día traduciendo a Maeve Brennan. He añadido una sola frase a mi novela, inspirada en el texto de mi conferencia del sábado, que escribí anoche y aún no he releído. Una idea de un viejo cuento balcánico que duerme en mi mente desde 2003 ha vuelto a aletear y estirarse, como después de un bostezo. Tal vez mañana... Pero la idea de haber escrito sólo una frase me ha recordado a aquel pasaje en el que Naipaul le dice a Paul Theroux: "Llevo toda la mañana intentándolo y sólo he logrado escribir una palabra" y cuando Theroux le pregunta qué palabra, Naipaul responde: "The" (me encantó ese libro y luego pude entrevistar a Paul Theroux y cuando le dije que me había encantado My Other Life (que compré en unas vacaciones atlánticas, en una librería de Santiago de Compostela) me dijo que era su favorito y que la crítica apenas le había hecho caso). Al menos, mi novela tiene ya un working title que casi me gusta.
Alguna gente pide "amistad" en facebook y en cuanto se la concedes empiezan a presionarte con sus libros, a veces sin ningún tacto. Un tipo me dijo directamente: "Gracias por aceptarme y espero que cuando salga mi libro, te ocupes de él en tu columna de La Vanguardia", le retiré la amistad, que es ese gesto infantil característico de Facebook, como una vuelta al patio del colegio. Otro, aún más caradura y completamente desconocido, pretendía que le comprase su libro para luego reseñarlo (!), y también le eliminé de mi lista. Otros te avasallan con actos, libros y presentaciones invadiendo tu espacio, "etiquetándote" y sin acordarse nunca de que tú también escribes, sin acordarse nunca de leerte, de interesarse en lo tuyo. Da la impresión de aquel mundo de Los demasiados libros. Y sin embargo, es una suerte que haya tantos libros que leer... He recibido El ruletista, de Mircea Cărtărescu, que tiene el tamaño ideal para leerlo por la calle y promete...
Y por cierto, se me olvidaba. Un día me compré sin querer Figuraciones del yo en la narrativa de J.M. Pozuelo Vivancos (centrado en Javier Marías y Enrique Vila-Matas. Digo sin querer porque había quedado en el Café de La Central, lo abrí al pasar, por una página fascinante y me lo llevé a la mesa mientras esperaba. Luego, cuando mi amigo motorista me dejó en casa, seguí leyendo esa segunda mitad hasta el fin. La parte dedicada a EVM me gustó tanto que he encargado dos libros suyos que me faltaban y a pesar de mi atasco de libros los espero con impaciencia. Por cierto, que el mismo martes 19 en que yo empiezo mi curso en el Ateneo, EVM hablará con Marcos Giralt Torrente en Madrid: me habría gustado escucharles. Tampoco habría que perderse el post de Amapolas en octubre, donde la Otra Bel ha puesto los links de sus estupendos artículos sobre Clarice Lispector.
Me ha llegado mi té Long Jin Shi Feng de mi tienda francesa preferida y me han incluido en el paquete una muestra de Kuai, otro té chino Wu-Long, semifermentado y aromatizado con polen de flores de canela y pistilos de orquídea, además de otro saquito de Gemaicha y otro té del hammam. Me ha hecho mucha ilusión y ha compensado el envío equivocado de Alibris. Antes compraba los tés en Sans & Sans, pero además de que la oferta no se puede comparar, en BCN son mucho más caros, incluso contando el transporte francés, me sale más económico comprarlos fuera. Son cosas de este país. Unos amigos me contaron que les salía más barato que su hija estudiara foto en una prestigiosa escuela francesa de Arles, pagando vivienda y manutención, que matricularla en la Massana viviendo con ellos. Este país cada vez es más caro y cada vez paga menos a los que trabajamos en lo cultural y no somos famosos, pero sigue subiendo los honorarios de unos pocos. El otro día supe de una escritora catalana mediana con sueldo institucional enorme, a la que los contribuyentes pagamos las conferencias a 3.000 euros, mientras que a los demás nos piden que las hagamos gratis o por 200 euros brutos.. por la crisis.
Mientras, pensaba que últimamente me está ocurriendo algo parecido a lo que M. deseó que le ocurriese a ella durante muchos años, sólo que yo no lo deseaba, y por tanto, puede considerarse otra de las burlas de la Gran Ironía que rige nuestro mundo.
Rufus lleva todo el día durmiendo profundamente. Por la mañana ha ido a ver a la gata vecina y ha vuelto refunfuñando, como siempre, misteriosamente (no sé si quiere decir que no estaba, que no le ha hecho caso o qué). Mientras yo desayunaba, he puesto Arte Tv, as usual, y salían muchos perros: Rufus, sobresaltado, se ha subido a la mesita para verlos de cerca; por suerte, al desaparecer los perros de la pantalla, ha vuelto al sofá. Anteayer, de madrugada, abrí los ojos y le vi sentado mirándome sobre el edredón, volví a dormirme y soñé que la cama era un tablero de ajedrez y Rufus estaba allí, como una ficha... A veces, cuando ronronea, los ojos se le entrecierran en una especie de trance, como si hubiese tomado una droga poderosa, tal es el efecto que les produce esa vibración endorfínica y gatuna...
