Foto: Javier Romero. Luis Magrinyà y yo, esperando a Delgado en la presentación de Si un árbol cae, La Central, 2009
Anoche leí el artículo de VM, El copista de Kubrick y estuve a punto de escribirle, pero me quedé pensando que seguiría en las nieves y viajando, así que decidí escribirlo aquí, como cuando la misteriosa Pastora de gansos (que habla con la cabeza de caballo colgada en la puerta) le dice al viejo rey que ha jurado no repetir su historia y él le dice: "Entonces cuéntale tus penas a esta vieja chimenea". Y el rey se sitúa detrás de la chimenea... (eso decía la traducción, pero yo me preguntaba si sería una estufa o dónde se colocaría el rey, que lo escucha todo y toma medidas ejemplares para vengar a la princesa reducida a pastora). La cuestión es -oh blog, vieja chimenea- que hace años, en una época de árido bloqueo, mi vecino Todó me pasó un libro de Victoria Nelson (On Writer's Block, traducido al catalán por Glòria Bohigas - Francesc Gual como El bloqueig de l'escriptor), diciéndome que era muy yanqui pero tenía interés y no decía tonterías. La gracia del libro era que se basaba en las entrevistas de la Paris Review de Georges Plimpton a los escritores (y yo enseguida empecé a buscarlas por ahí y a comprarlas de segunda mano; así descubrí también a the Person from Porlock de Coleridge, que es una de mis figuras favoritas del bloqueo, además de Torrance). Pero una de las cosas que recuerdo es cómo explicaba la locura de Torrance como escritor bloqueado (Stephen King sabe bien del bloqueo y de las miserias y obligaciones de la escritura; en Misery ya había hablado de eso) que sólo escribe una frase (All work and no play made Jack a dull boy) donde según VNelson está la clave del bloqueo, es decir, el escritor ha perdido el espíritu del niño-que-juega, por ambición calvinista o por querer triunfar antes que divertirse, y ese niño interior se rebela y le bloquea, porque para escribir o hacer arte hay que pasarlo bien, hay que ser libre, jugar interiormente y gozar...
La verdad es que el viaje a los lugares de mi infancia y del maltrato, asociado a los lugares del duro itinerario del exilio y la represión, me removió como aquellas olas atlánticas que nos arrojaban con fuerza en la arena. Que la geografía confirmase mi asociación simbólica me sacudió. Pensar que en los mismos lugares donde yo viví prisionera había ocurrido todo aquel espantoso sufrimiento colectivo. Para rematar, recibí unas fotografías (alegres para quien las mandaba) de la casa de Figueres, y me encontré mirando la oscura y fría escalera donde siempre estaba castigada o la puerta de la cocina donde me metían la comida a la fuerza, tapándome la nariz. Sólo faltaba el cuarto de la caldera, donde me encerraban.
Así que me fui a andar, llegué a La Tamarita, que estaba misteriosa y nocturnamente abierta y solitaria, y hablé con la sabia V, que entendió todo enseguida y dijo y descifró y puso en palabras lo que había que decir, mientras el aire helado me azotaba el abrigo y la cara y yo miraba desde abajo los árboles altísimos de ese hermoso jardín.
Antes, a media tarde, un amigo librero vecino (cuya identidad no sé si estoy autorizada a revelar) y yo habíamos formado la brigada de apoyo al azufaifo y provistos de guantes multiusos recogimos esas basuras que los vándalos del barrio le arrojan al azufaifo, y aproveché para saludar a mi árbol amigo, del que fui nombrada dríade por un poeta, y admirar los surcos profundos de su tronco rodeado de verde silvestre. Alguien nos preguntó si cobrábamos por hacer aquello. Por cierto que siempre nos dicen que hay ratas, pero suelen ocultarse cuando yo aparezco.
Esta mañana me he encontrado a un músico vecino que además suele acompañar a Casasses en sus recitales y vive aquí cerca y tiene un pequeño azufaifo en su jardín. Y al contarle del concierto de Mestres Quadreny, me ha dicho lo que pensaba de sus músicos preferidos (MQ no estaba entre ellos), yo he citado al gran Vinyoli (todos los días le leo y tengo breves epifanías) y él ha recitado algunos versos suyos y de Estellés, y de Salvat Papasseit, y él me ha contado que estaba investigando de canciones populares del campo, ha dicho algunas, y al final hemos concluido que mañana intercambiaríamos mi Crucigrama por un disco suyo.
Sigo leyendo los cuentos de Clarice Lispector para La Vanguardia, impregnada en esa atmósfera suya pintada, llena de sensualidad y fantasía, de pensamientos que pasan como mariposas, de cotidianeidad transfigurada por las ideas. Hoy hablaré de Dorothy Parker en el CCCB. Espero no decepcionarles. En Facebook me piden una ponencia para el grup d'estudis carleshacmorians. He prometido entregarla en un mes...
