Ilustración: mi bola de palabrasEn el blog de Millán aparece una campaña en favor de la escritura, El abrazo del texto, que me ha recordado a un fragmento maravilloso de Barthes "Le langage est une peau: je frotte mon langage contre l'autre. C'est comme si j'avais des mots en guise de doigts, ou des doigts au bout de mes mots. Mon langage tremble de désir..."
Las palabras en la punta de los dedos para acariciar o doler, raspar, pinchar y lamer, abrazos de palabras, muros de palabras, frases que empujan y atraen, lenguaje que repele, que se estremece, lenguaje que vibra, que tiembla de deseo o de risa, lluvias de palabras componiendo esa sensación de textura pronunciada, verbal e inscrita en el cuerpo.
Alguien, en esta noche de lluvia furiosa, me ha hecho pensar en una escena de Nowhere Man de Aleksandar Hemon en que el pobre desarraigado Jozef tiene un arrebato de desesperación, y en ese momento, una gran mano invisible aparece para consolarle murmurándole palabras en su lengua materna. Yo me acordé muchas veces de esa mano cuando viajaba por los Balcanes, y así se lo dije a Hemon en un café de París (cerca de la rue de la Huchette de la que hablaba Cortázar, muchos años antes, diciendo algo como "Sí, pero quién nos curará de ese fuego sordo, de ese fuego sin color que recorre al anochecer la rue de la Huchette...").
Plus tard...
Cuando empecé este post no sabía hasta qué punto significaría. Hubo una dilación, una separación, un adormecimiento de los sentidos, y sólo horas después, al despertarme, lo he sabido. Hoy soy l'écorchée au vif, así que he puesto encima mi propia bola de palabras, para dibujar lo que tiene que salir, aunque duela, de mi encuentro necesario de ayer con mi pasado más remoto, con el principio de todo, algo que he grabado en dos cintas de vídeocamara, ¿y qué hacer con ello? sólo escribirlo, encontrar la manera, el tono. Y pese a todo, en este extraño estado shambala, sin piel, vestida de palabras como la niña de Rackham que barría un jardín con un traje de periódicos, hay cierta intensa felicidad también, con el sabor de la sangre o como dar a luz o sumergirse en el núcleo palpitante doloroso e hilarante a la vez, ridículo y gracioso y agridulce de lo vital, el túnel de paredes carnosas, los márgenes de la locura en la más pura racionalidad analítica, las palabras que restauran, que restablecen, que restituyen, que permiten seguir viviendo con todo ello. Abrir las costuras, examinar con pinzas, como diseccionando un pobre caracol en el laboratorio de ciencias, airear las heridas, desinfectarlas, dejar que cicatricen de nuevo rescatando la pizca de gasa que quedó dentro la otra vez y lo emponzoñó todo, curarlas con el bálsamo neutro y poético de las palabras. That's it...
