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domingo, 31 de diciembre de 2006

Pena de muerte

Knight, Death and the Devil, 1513 En mi largo y accidentado viaje de vuelta de Belgrado (con retrasos, pérdida de conexión de vuelos y por supuesto, todo agravado por los absurdos controles de seguridad en Múnich), me ha sorprendido la ejecución por sorpresa de Sadam Hussein. La brutalidad medieval de la pena de muerte, tan lejana a cualquier espíritu democrático, tan descriptiva de la barbarie y la violencia, siempre produce horror, pero además, como decía muy bien Tahar Ben Jelloun en La Vanguardia, contrasta con la muerte injustamente apacible y sin condena de un criminal de guerra como Pinochet, hace tan sólo unos días.

Roberto Arlt, Magrinyà y Belgrado

Tras mi encuentro con el villano, en los días helados y oscuros de Belgrado, con una penumbra gris por la mañana que se cerraba en negra noche a las cuatro de la tarde, necesité, además de largas conversaciones con mi amigo serbio, algunos libros que me transportasen rápidamente. Primero fueron los dos cuentos que me quedaban por leer de Belinda y el monstruo de Luis Magrinyà: ese libro es definitivamente lo que algunos llaman un must (o un gotta-have, por decirlo en un registro más tosco). Su tono me gusta mucho, tanto que le he perdonado sus crueldades con algunos de sus maravillosos personajes femeninos. Por desgracia, se acabó pronto y en la biblioteca de Igor encontré un auténtico tesoro, El juguete rabioso de Roberto Arlt en la magnífica edición de Rita Gnutzmann (CVC. Roberto Arlt: un escritor actual ). Es una lectura maravillosa, una celebración del lenguaje, el relato deslumbrante de una adolescencia de ladrones que sueñan con personajes de Dostoievski y fogonazos de Baudelaire (o las aventuras de Rocambolé), en una particular versión moderna de la picaresca que conecta con Sallinger o con Sillitoe, y a la vez con la tradición de la literatura hispánica y con tantas otras cosas. Ahora comprendo lo que allí encontró Roberto Bolaño, y en cuanto pasen los fastos correré a comprarme la Obra Completa de Arlt, pronunciado a la cortazariana.