Foto: Dante Bertini, presentación de Si un árbol cae en La Central, 2009 (me gusta esa foto casi pictórica)
Recién llego de La Jonquera, en el Museu de l'Exili celebrábamos la última sesión de las jornadas Identitat i Exili. Yo moderaba una mesa con alcaldes de ciudades que escenificaron la retirada, la represión, que fueron bombardeadas y que, a diferencia de Barcelona, que borra la memoria e intenta teñir y disfrazar las marcas de la historia y convertirse en centro comercial inmenso y sin significantes propios, quieren mostrar esas marcas y conmemorar y hablar de lo que pasó. Granollers, Figueres, Petra, Elna y Argelès. El alcalde de Petra, Mallorca, lo ha contado muy bien, que no podían escapar y que se escondían e iban matándolos y aterrorizaban a los familiares, que la gente aún ahora tiene miedo. Allí los mataban y desaparecían, los tiraban a los pozos o al mar o a cualquier lugar. Masacraron a todos los sospechosos de fidelidad a la República, a todos los resistentes. El alcalde es marger de oficio, de esos artesanos que construían los muros de piedra seca. Esos muros que en el silencio de algunas tardes dejan oír el crujido de la piedra en el campo. Es un hombre corpulento y tiene manos fuertes y hoy allí sentado a mi lado ha tenido que callarse un momento por las lágrimas. Arrasaron la isla y la convirtieron en una base nacional desde donde bombardear Barcelona, Figueres... Figueres fue muy bombardeada y llegó a tener 14 refugios antiaéreos, uno de los cuales se abrió hace poco, intacto, bajo el teatro municipal El Jardí. Figueres fue capital de la República el día en que se reunieron las Cortes republicanas por última vez, tres o cuatro días antes de que Azaña, Negrín, Aguirre, Companys atravesaran la frontera (Azaña iba a pie; nunca más volvería a cruzarla; Companys fue detenido por la Gestavo, extraditado y fusilado). Figueres y Granollers tienen alcaldes comprometidos con la memoria colectiva. Una historiadora, Anna M Garcia, ha dado una conferencia muy interesante y valiente, planteando contradicciones y desafíos en ese trabajo histórico, muy culta, muy documentada y seria, muy crítica, apoyándose en Kertész, Benjamin, Primo Levi, Enzo Traverso... Ella fue la primera directora de ese museo, que me ha gustado mucho. También estaba Josefina Piquet, que tenía 4 años y quedó atrapada bajo los escombros en un bombardeo de Figueres y luego atravesó las montañas con su madre y estuvo en el exilio, y es una lección de cómo alguien puede superar el trauma y encontrarle sentido a lo vivido, ofreciendo su experiencia a otros. Otro testigo superviviente ha resumido su experiencia con una ironía que resultaba brutal. El legado del exilio, todos los escritores, médicos, artistas, músicos, mentes brillantes que se fueron. Y la miseria con que se encontraron. Y la muerte en vida que supuso quedarse. Y todo eso, las fotos e imágenes documentales de desfile de jovencísimos soldados, mujeres, niños, tullidos, heridos, con una expresión de agotamiento extenuado, de hambre, de frío, ocurría en los paisajes de mi infancia: Figueres, Le Perthus, La Jonquera, Perpignan... "Si tu padre lo supiera", dijo ayer mi madre cuando le dije que tenía que leer un texto allí. Y hacía tanto frío y el viento era helado y el cielo...
De vuelta aquí, agotada del torbellino histórico y la conmoción y los pensamientos negros del pasado en el presente, iba pensando que algunos (que me interpelan) no comprenden que mi escritura aquí no es literalmente mi vida o si lo es, tiene otra existencia metamorfoseada y que cuando transformo trozos biográficos en escritura aquí, aunque los exponga, no pretendo que me disuadan ni consuelen de un supuesto problema ni tengo interés en consultarles aspectos de mi vida. Tampoco comprenden otros que se pueda abordar o recoger la tristeza, que vive entretejida y mezclada con los bailes por la casa y todos los demás aspectos gozosos y vitales, sin ser desdichado ni necesitar consejos privados. Yo no imagino cómo se puede vivir sin contar con la tristeza y encontrarle un lugar, uno de aquellos compartimentos del costurero chino de mi sueño. Pensar como ellos sería como creer que tener valor es lo contrario de tener miedo. Para mí no existe el valor sin miedo, como no existiría goce de la vida si no supiéramos que hay un final. Tampoco pretendo que nadie me ayude a resolver supuestamente mi rechazo a aceptar mis fotos en formato digital; no estoy interesada en convencerme de que esas imágenes que algunos me hacen valgan más que los espejos, que las fotos que sí me gustan... o que la mirada de algunos partners. Sí me interesa hablar de la calle, de la mirada hacia otros lugares, los libros, la memoria, cualquier otra cosa, pero si escribo de mi infancia y de Rottenmeyer y de los pájaros, es sólo parte de mi escritura, y esa double exposure no es ninguna confesión ni ningún tema real de conversación, sino otra máscara más en la danza de máscaras que es la escritura, o una forma de mirar o el entramado de un leve y humilde ejercicio o juego literario. Sigo pensando (y ya lo dije por aquí) que la escritura de los blogs me recuerda a esos ajedrecistas hindúes que juegan partidas de cinco o diez minutos. Son muy rápidos y aprenden a ganar en pocos minutos, pero los que aprenden así, luego tienen el hándicap de la resistencia, les cuesta aguantar las largas partidas de varias horas de un Kasparov. La escritura de blogs es rápida y no se parece a la de los cuentos, pero a mí me da cierto entrenamiento y también aquí surgen a veces ideas (como las que Mestres Quadreny encuentra en la bañera) que puedo transportar.
(Pueden escuchar un fragmento y ver público de la presentación de Si un árbol cae en youtube aquí)
