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jueves, 22 de octubre de 2009

Notas y desalientos

Foto: I.N., La que fue casa de Nabokov, en San Petersburgo, 2002
A mí siempre me gustó dejar notas y encontrarlas. En mi adolescencia, P. y yo nos escribíamos con letras griegas, y yo le dejaba a mi padre notas con ortografía inventada e imposible y muchos años más tarde, cuando ya no podía enseñárselas, me reí al encontrar dos de sus respuestas muy graciosas olvidadas entre las páginas de un libro. Hace poco cambié un pequeño y feo pizarrín blanco colgado en la cocina para apuntar las compras por uno inglés de pizarra de verdad y escribo ahí con tiza. A G. le ha gustado y cada vez que pasa me escribe algo. Hoy ha venido a imprimir un trabajo de sociología y al ir a buscar agua a la cocina he visto que había dejado su rastro en la pizarra: "The West against the rest", había escrito. A mí me alegran esos mensajes no útiles, aunque sean pesimistas y en este caso una sombría frase de ese horrible SH y su teoría del choque cultural...
Ayer pedí a los estudiantes del posgrado que asistían a mi conferencia sobre Maeve Brennan que escribieran una nota (personal, no un resumen), sobre lo que más les había impresionado de la conferencia o del personaje. Y todos lo hicieron, con más o menos inspiración, precisión o gracia. Excepto una persona, que quiso darme una lección. Sólo señaló que dos veces, yo había cometido un error con el apellido de ese famoso personaje de Truman Capote que fue Holly Golithly, a la que a veces (no en la conferencia, pero sí al comentar de memoria, contestando a preguntas sobre si MB inspiró el personaje de Capote) llamo Dolittle (casi como Eliza Doolittle). Es verdad y no es la primera vez que me pasa. La persona que escribía esa nota me aclaraba que se trataba de un lapsus y añadía entre paréntesis "con todas las salvedades". ¿Qué salvedades?, me pregunté yo. Y concluí que esa persona no conoce el significado de lapsus ni de salvedades. Mi error es una asociación entre dos personajes. Estaría bien que me lo hubiera recordado en clase o que al final de su nota dijera: "Por cierto, ¿se ha dado cuenta de que a veces dice Dolittle a la pobre Golithly?". Pero tras una hora de conferencia con imágenes sobre Maeve Brennan, lo único que le impresionó y le quedó a esa persona fue que yo confundiera ese nombre. Ah, y añadió también un estereotipo sobre la literatura irlandesa que no tenía nada que ver con la conferencia. Leer esa nota me desalentó: cuando damos una clase querríamos que les sirviera a todos, pero eso no siempre es posible. Debió de ser horrible para esa persona soportar una hora y media de clase. Otros alumnos supieron dar vueltas a una idea, una cita, un hilo de la conferencia, la mirada literaria de MB, pareció que les había despertado deseos de leerla, y hubo algunos que me agradecieron el formato de la conferencia leída, los textos de MB incluidos en ella, las imágenes que la acompañaron. Yo tengo un recuerdo vivo de algunos profesores que despertaron algo en mí, no se me ha borrado su presencia con los años, pero es posible que algunos de los que iban a esas clases conmigo nunca conectaran con ellos. Dos veces he asistido, por razones varias, a conferencias o presentaciones de una profesora que habla al público como si fuesen niños, utiliza un power point donde sólo se repiten sus mismas frases, como si el público fuera sordo, y sonríe todo el tiempo absurdamente, aun con los temas serios. Y pese a la irritación que me producen esos gestos, ya que estaba allí, escuchándola siempre he descubierto algo o me ha dado qué pensar. Un poco como le ocurría a Maeve Brennan con Nueva York, siempre le daba qué pensar. En cambio esa pobre persona de ayer no encontró nada, sino que mi error le obsesionó y llenó su mente impidiendo que le entrara nada más. Hace años, en una época en que yo estaba muy estresada, alguien me dejó una cinta de relajación (entonces se usaban cassettes y magnetófonos). Lo más difícil para mí fue superar mis prejuicios lingüístico-culturales con aquella voz que intentaba relajarme. Decía: "Si quieres moverte o cambiar de postura, puedes realizarlo sin problemas". Y a mí, aquel uso estúpido de "realizar" me recordaba a la forma en que habla a veces la policía o gente así, empeñada en conquistar palabras que no domina y en ponerlas donde no toca. Y me enervaba en vez de calmarme. Pero al final, pese a todo, lograba relajarme y dormirme. En cambio, la persona que me escribió esa nota no pudo. ¿O tal vez se durmió y por eso no pudo recordar nada más?
Por cierto, he usado la palabra persona (no para imitar a Coleridge y su Person from Porlock) casi como homenaje a un amigo que siempre hablaba así. Decía: "he quedado con una persona", y todo parecía mucho más secreto y misterioso. Como venía del mundo del teatro, su persona adquiría otro sentido. Y a veces también me decía: "Eres una persona extraordinaria". Pero ese amigo está ya homenajeado en uno de mis cuentos, los que un día de éstos llegarán a las librerías...
Esta mañana me han llegado dos malas noticias editoriales du pays gabache y el cielo es aún más opaco y plomizo que el de ayer. Pero no cejaré en mis empeños. Habrá también buenas noticias, digo yo. Como en la frase de Lenin, Un paso adelante, dos pasos atrás... Y ahora tengo que dejarles. Me queda leer y reseñar otro libro urgente, podar y podar mi próxima conferencia del posgrado, leer un poco más para los premios de traducción... Pero mi panorama se va despejando y en algún momento se interrumpirá esta lluvia furiosa (ojalá esté lloviendo también en Daimiel y sean castigados los responsables) y tal vez incluso podamos detener a esos ignorantes políticos corruptos taladores de árboles. En el trabajo de G. había una cita de Sartre sobre la realidad y la utopía. No sé cómo era la cita, pero me recordaba a Habiter l'utopie? de Jacques Ehrmann, algo muy vinculado a esos mis viejos sueños de la izquierda que aún conservo. La idea es: aunque algo suene utópico, hay que habitar la utopía para lograr acercarla a la realidad.

sábado, 29 de diciembre de 2007

Apropiaciones, correcciones, fin de año

Foto: I.N., Sombras en Luxemburgo, 2007

Cuando G. era muy muy pequeño, una vez escuchamos el relato de un atraco callejero y más tarde, G. me preguntó: "Pero esos ladrones, si no tienen dinero ¿por qué no van a la Caixa?" La idea de que los perversos y avaros Bancos repartieran generosamente a todo el mundo me encantó. El mundo de G. siempre parecía más agradable que éste. A veces, cuando estoy de viaje y sueño con una vida distinta en esos otros lugares, como no puedo mirar el estado de mi cuenta y simplemente saco dinero sin ver las consecuencias, me acuerdo de la idea de G., y me imagino viviendo en una ciudad elegida, sin tener que buscarme un modus vivendi, cogiendo dinero del cajero cuando me hiciera falta, sin opulencia, un poco como aquel zurrón mágico con tres monedas de oro que se reponían inmediatamente al sacarlas. Se lo contaba el otro día al librero de la calle Berlinès, que sigue ocupado con sus metáforas.
Volver a Barcelona es también volver a lo real. En Luxemburgo pude andar hasta el bosque con nieve y viento helado, pude salir de noche y recorrer la calle desierta con temperaturas gélidas, o descender a la humedad verde de río y patos y piedra fría del Gründ y salir indemne. Llego a Barcelona, a un buzón lleno de facturas, visito la casa de mi madre y me pongo inmediatamente enferma... Ayer estuve todo el día tirada como un jergón (como dijo mi amiga Inés), agotada y sin nervio. Mi gata Gilda siguió conmigo, expandiendo sus buenas vibraciones gatunas, que tanto acompañan en la enfermedad, y hoy me he levantado con mucha más energía, aunque no puedo comer como antes. He salido a la calle y he subido en el ascensor con una niña vecina, que llevaba ¡una varita mágica plateada en la mano! "Un día de estos te la voy a pedir prestada", le he dicho, y me ha mirado perpleja, tal vez preguntándose si yo me habría vuelto loca (o acaso porque yo no sabía que ¡las varitas mágicas no se prestan!).
Mientras, un blogger argentino incluyó un post mío sobre la cineasta Heddy Honigmann (yo hablaba de sus películas O Amor Natural y Good Husband, Dear Son) en su blog, y lo puso como si yo se lo hubiera mandado en forma de comentario. Ahora El País lo ha publicado en blogs invitados y aparece mi texto (unas 25 líneas) entrecomillado pero sin firma, mientras que su texto sólo ocupa las primeras 5 o 6 líneas de introducción. Yo me he escandalizado. Le he escrito a él, pero me dice que ha sido cosa de El País y que no puede hacer nada. He escrito a El País, y espero que enmendarán pronto ese error. Ya sé que no es tan grave, pero es injusto, digan lo que digan sus amigos, con lo fácil que es poner un link. Aún más perpleja me deja la lluvia de insultos e interpretaciones psicologistas baratas que eso ha provocado, como algunos comentarios insultantes que llegan hasta aquí, todo en un lenguaje delirante y sin firma; pero sería absurdo darles acceso o intentar razonar con ellos. Yo siempre defenderé lo que me parezca justo, y como siempre me gustó citar las fuentes, me gustan los blogs, ¡espacios idóneos para citar!
Ayer avancé con János Székely, que al principio me parecía una especie de Lazarillo húngaro y luego empezó a atraparme, aunque temía que mi estado semifebril, a ratos de auténtica duermevela, mediatizara la lectura. Leía y dormitaba. Alguien me trajo manzanas reinetas y compota con los periódicos. Más tarde, tuve la compañía de G. y P., y hubo también, además de las turbulentas, otras llamadas amigas. Empezamos a planear con qué películas celebraríamos la noche de san silvestre.
Siguen lloviendo las felicitaciones para 2008. Ojalá ese cambio de año sirviera realmente para traer buenas rachas y épocas propicias. Ojalá encontrase la manera de cumplir propósitos y objetivos. Y ojalá lograse mágicamente sortear esos obstáculos que todos nos ponemos en el camino, aunque fuese con un feliz rodeo. "¿Qué tal el año nuevo?", me preguntó mi antiguo y lujoso dentista hace dos o tres eneros, cuando puede decirse que yo trabajaba para pagarle. "No sé", le dije, "No he notado nada. Tal vez mejore con el Año Nuevo Chino..." Esa idea le encantó ¡y además era en febrero! Pero también está Rosh Hashaná, el año nuevo judío, con ese nombre tan prometedor... Siempre, mientras vivamos, nos quedarán esos otros años nuevos... (con sus músicas encontradas, como bien sabe V., sus caracteres elegidos, traducidos...)