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domingo, 9 de marzo de 2008

Monday, bloody Monday

Foto: I.N. Retrato matinal con vestido teñido, marzo 2008

Después de una semana sin tiempo, donde todos los espacios libres se han llenado de comidas y cenas y encuentros fortuitos que se añadían camino de un sitio u otro, y llamadas que se concentraban, creando un efecto de perplejo agotamiento (yo sé que hay gente que vive siempre así, que vuelve a su casa de noche sin haberla pisado desde la mañana temprano, que soporta todos los días el humor de jefes, colaboradores o subalternos, que apenas pasa un rato a solas y que contemplaría horrorizada la perspectiva que yo he elegido, del trabajo en solitario y mi necesidad no sólo de conversaciones, sino también de silencio, o mi perezoso intento de espaciar un tanto los encuentros para poder pensar, concentrarme, escribir), ha empezado uno de esos lunes desagradables que maldecía un amigo castizo (él no quería quedar nunca en lunes, porque siempre estaba de mal humor). El inicio ha sido una conversación telefónica con un tontordenador bancario que no comprendía mis opciones: "Perdone", decía la voz grabada, "no le he entendido. Qué desea?" Y yo, desesperada, por enésima vez: "Hablar con alguien", y él: "Ha dicho que desea hacer una transferencia. ¿Es correcto?"... hasta que al fin me comprendido, pero cuando me ha pasado a un interlocutor humano, ¡lo he tomado por un ordenador!
Después he tenido que hacer alguna gestión familiar, lo que siempre supone dificultades. La luz plomiza de este día y la resaca postelectoral (de acuerdo, no ganaron los malos, y es un alivio, pero tampoco hay buenos) no contribuyen a mejorar el panorama.
Mientras, sigo traduciendo a marchas forzadas (interesantes) textos de Francesc Torres para acabar y poder empezar con una entrevista de Arata Isozaki, rechazando otros proyectos y preguntándome para qué me sirve este trabajo en el que algunos se permiten aplazar indefinidamente los pagos.
En el piso de arriba han empezado las obras y no sé si será un sistema primitivo de fijar un suelo, o es que aprovechan para pisar la uva o quizás es el fantasma de la niña vecina que pasó años saltando, pero en este momento dan unos saltos brutales sobre mi pobre cabeza. Justo ahora que habían parado un momento las grúas y máquinas ensordecedoras que ahora componen la música estable de este desdichado barrio.
Para rematar, tal vez por el efecto de ciertos microorganismos eficaces con los que experimenté ayer, apenas he pegado ojo y me he despertado a las 5 de la mañana con la idea para un cuento. Aún no sé si esas notas me servirán, pero sería un cuento cruel o una parodia de cuento de Navidad. Algún Scrooge se me aparecerá si escribo ese cuento. He encendido la luz para tomar notas y después ya no he logrado dormirme del todo. Me gustaría tirarme al sofá a leer a Isaac Babel. En realidad, antes tengo dos libros que leer para unas microreseñas en La Vanguardia Cultura/s: la idea de ceñirme a un espacio diminuto me resulta espinosa. Una colega traductora y poeta que está a punto de publicar me pregunta si iré esta tarde a la conferencia de Ivan Klima en el CCCB. Yo descubrí hace muchos años al checo Ivan Klima en el viejo Granta de Bill Buford, una pieza suya sobre su niñez en el gueto. Contaba que tenía tres juguetes, un pedazo de cartón, una sábana dibujada por su madre y una cuerda, si mal no recuerdo, con los cuales montaba su teatrillo de marionetas, y con esos pocos elementos su imaginación trabajaba y era más feliz que los dispersos niños contemporáneos con sus juguetes acabados y excesivos. Me acordé de él cuando G era pequeño y le regalamos un magnífico fuerte americano, pero él prefería mover a sus indios por una carpeta mía desvencijada de la Fundació Tàpies. Intenté publicar Love and Garbage o Amor y basura cuando montamos una editorial entre cuatro, hará ya diez u once años, pero nuestro proyecto se fue al garete antes de empezar (por suerte) y ninguno de los editores a quienes se lo ofrecí quisieron esos derechos. Ahora, Robert Saladrigas lo ha leído y dice que no comprende cómo nadie lo había publicado aquí hasta ahora. Tampoco podré ir a verle hoy.

martes, 20 de marzo de 2007

Necesito financiación


Vuelvo a decirlo y esta vez no se autodestruirá el post. Para acabar mi libro balcánico necesito una institución que me apoye, ¡un mecenas! Para ir a Kosovo, para poder acabar mi libro sin tener que traducir interminablemente. Es muy difícil conseguir becas en este país, por lo menos para los que no encajamos con el lenguaje burocrático (sé que hay gente experta; una vez oí a una chica del mundo del arte barcelonés jactarse de que financiaba con becas públicas incluso los viajes de fin de semana a Berlín con su novio, dijo que conocía la beca adecuada para cada caso, pero no quiso aconsejarme qué beca podría encajar con mi libro). Pedirlas exige mucho tiempo y perserverancia. El tiempo que yo necesito comprar. Y pese a todas las vueltas y pérdidas de tiempo, cuando al fin consigo dedicarle un rato a ese proyecto y buscar y escribir, me siento feliz.