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jueves, 15 de noviembre de 2007

Humo

Balthus, Thérèse
Llevo varios días sin fumar y me preocupa. Contra la idea general de que hay que abandonar el tabaco, yo preferiría mantener ese pequeño vicio. Sería horrible que acabase dejándolo justo ahora que los fumadores se han convertido en enemigos públicos y que nos engañan con la falacia del "espai lliure de fums" sin protegernos contra una contaminación cada vez más grave y a todos los niveles. O con la toxicidad de comida y medicamentos.
Mi problema es que el tabaco que me gusta ya sólo puedo comprarlo en Andorra, y como no conduzco, y allí no se llega en tren, la perspectiva de coger uno de esos autocares de precio excesivo con unos viajeros seguramente poco afines: ¿Quién puede ir a Andorra? Sólo gente equivocada, sin duda, "Andorra c'est le cafard", decía un amigo de mi padre (tan parecido a él que algunos los tomaban por hermanos), francés del sur, que había sido vecino y amigo "du vieux Claude Simon" y que en otra época vendía quesos y aprovechaba sus visitas para conversar con sus clientes y fumar sus puros por esos lares. Decía que al caer el sol, el sentimiento opresivo de aquel valle cerrado y la sola perspectiva de un consumo poco interesante le oprimía el espíritu y sólo le quedaba beber.
Al salir de la clase del posgrado, donde la literatura se fue filtrando y ensanchando un curso demasiado técnico y salí animada del deseo de leer de los estudiantes y de la idea de haberlo suscitado un poco, olí el humo de los que fumaban en la calle y se despertó mi propio deseo de fumar. Pero tenía ganas de llegar a casa y lo pospuse. Una vez allí, lo olvidé una y otra vez, como todos estos días. Me consuela el humo del tabaco en la calle, donde normalmente sólo se huele basura y un humo mucho más desagradable e irritante de los coches. Incluso echo de menos al fumador del ascensor de mi casa, porque con su cigarro mataba el horror de las colonias baratas y ese olor a lavanda que me produce náuseas, asociado al recuerdo de mi niñez y de mi implacable tía Rottenmeyer.
He seguido buscando tabacos posibles, pero ninguno me convence. Para mí, fumar es una fruición maravillosa, no una necesidad regular, sino una costumbre social animada por la compañía de otros fumadores. Tengo una amiga que, según dice, fuma incluso mientras duerme. Se despierta a media noche, varias veces, y se fuma un cigarrillo antes de volver a dormirse. En los Balcanes, donde fuman hasta las viejuzas y las pastoras de cabras, mis amigos y entrevistados me envolvían en una cortina de humo tan denso que abrigaba contra el frío.
Siempre pienso que un día buscaré uno de esos autocares horribles y me iré a Andorra. ¿Quién sabe? Patricia Highsmith decía que, cuando uno está bloqueado, cualquier viaje sirve, y si no tiene dinero, basta con coger un autobús a un barrio inusual. Me encanta ese pragmatismo de clase obrera americana. Yo sé que hay lugares que simplemente deprimen y no permiten l'envolée, pero es cierto que una luz distinta, otras caras, la observación de cualquier arquitectura desconocida, la lámpara entrevista con una silueta sentada por una ventana desde la calle, un fragmento de conversación escuchada de forma ilegítima (overhear, dicen los anglosajones, que tienen, con eavesdropping, dos palabras para esa práctica de espionaje auditivo, y nosotros ninguna, ¿será la pereza secular de nuestros académicos?), cualquier cosa puede rescatar el deseo de escribir. No hay más que ver esas piezas maravillosas de Maeve Brennan observando la vida callejera en Nueva York. Y la frase de Katherine Mansfield sobre todos esos cuentos apretujados en la cabeza, pugnando por salir. Mañana...
Hace poco, una tarde de agotamiento y falta de sueño, decidí dormir una brevísima siesta de media hora y puse el despertador del móvil. Y al oírlo, qué sorpresa, el sonido me produjo una sensación indefinida de felicidad y aventura. Tardé un momento en darme cuenta. Siempre me despertaba con ese sonido en los Balcanes, cuando tenía que levantarme para hacer alguna entrevista. Y a mí me encanta la vida de los hoteles y aún más, unida a la exploración viajera para hacer un libro.