lunes, 18 de octubre de 2010

Alguien

Foto: I.N. Rufus en la terraza, 2010
Alguien tosió detrás de mí, con mucha fuerza, una tos seca e inútil, que sólo hacía temblar y estremecerse un cuerpo. No pude verle la cara. Yo venía pensando en la sangre. Misteriosamente. Mi sueño de hoy me llevó a recordar el de ayer. Un poeta me mandó un sueño que no parecía un sueño sino un relato escrito en la vigilia. Y yo pensé entonces que había olvidado mi sueño de Comarruga (y la casaca de seda finísima que yo remendaba y entregaba a una gente de la clase de yoga, quedándome sin nada más que una vieja casaca israelí que me trajo un amigo de un kibbutz en los años setenta y fu y otra cosa, y le pedía a mi hermanas(tra) que me prestara algo para ir a la playa, y ella estaba curiosamente en la cama con A. -ah, la vieja confusión y usurpación de la que escribo- y él me respondía: "Ella no puede prestarte nada porque está embarazada" y mi hermanastra, que efectivamente estaba descomunal, me decía que volviese a barcelona, cogiera el tren y una vez en la ciudad fuese a casa de mi madre a buscar ropa... Pero yo ya no tengo llaves de esa casa, me decía yo, sorprendida... Y el otro sueño era en París, y en una casa de las afueras, y también ahí ocurría algo con la ropa y las maletas y la inmovilidad y la dependencia de otros para llegar adonde quería y adonde tal vez estaban mis cosas), pero el sueño volvió mágicamente a la mañana siguiente, cuando leí las notas apresuradas del otro.
Yo venía hoy del metro, donde había leído fragmentos de Filosofía en los días críticos (pude reconocer algunas cosas cercanas, que me estremecieron, y también otras asombrosamente collobertianas, ¿o sería mi pensamiento? Y también su epílogo, que se anticipa al final, ¡cómo me alivió y consoló de mi escritura! Sólo como podría alguien que filosofa y teoriza y al tiempo vive en lo puramente subjetivo de la poesía; y ahí habla de escribir desde el mí), que me trajo Stalker con una lluvia de películas japonesas y una conversación de poesía y cine que tuvo que interrumpirse. Por cierto que ayer también tuve otra conversación que tuvo que interrumpirse por un olvido de mi interlocutor, que le obligó a dar un largo rodeo. Y hoy al llegar no pude ponerme a ver las películas japonesas porque estaba vigilando a Rufus, un Rufus que se ha erosionado con esa lengua de lija, con esa ferocidad obsesiva para limpiarse de los restos de su pasado. Precisamente hoy, como si lo adivinara, reapareció la comunicadora de animales de nombre ruso y me preguntó: "¿Cómo está Rufus?" La veterinaria aventuró varias posibilidades, pero sus remedios me parecían salvajes y consulté a mi acupuntora-homeópata, que me dio otros remedios. Ojalá sepamos ayudarle. De madrugada me despierta con sus forcejeos abrasivos.
Llegó TRANS, la revista de Traductología de la Universidad de Málaga, con un dossier sobre la literatura estadounidense en España codirigido por Vicente Luis Mora que incluye un artículo mío "Traducir, narrar, traducirse", escrito a principios de este año. Mientras, hubo que preparar textos de portada y microbiografías para el libro que pronto publicará Icaria, escrito al alimón con Lydia Oliva. Mañana tendré que corregir en serio mi libro de la ciudad. Y en cuanto a la novela, parece ser que una fantasía poderosa e irracional es una de las razones de los obstáculos que sigo tendiéndome. Como si al escribirla fuese a agotarse la fuente. Como si al abordar esa mina no fuese a quedar más que ganga. Como si...
Tengo dos libros más que reseñar. Quería avanzar un buen trecho en mis traducciones. Debería preparar los trabajos de mi segunda sesión en el Ateneo. Volver a reunir el coraje para estar en mi novela. Ver películas japonesas. El domingo iré al bosque; voy con dos amigos a una especie de excursión literaria y gironina. No quiero pensar aquí en el horror de este país, en los horrores que todos los días se descubren, en las malas noticias, entre la corrupción y la estupidez de unos políticos que ahondan más y más el agujero en el que nos han metido. Al menos aquí déjenme seguir con sueños y lecturas y mi gato paseando con sus ojos misteriosos, con esa arandela, de un verde que apenas existe en la naturaleza, desvaneciéndose y reapareciendo alrededor de los iris. Y enseguida se le cierran con el poder hipnótico de su propio ronroneo. Ojalá consigamos curarle de esa ferocidad abrasiva.
Una psicoanalista me mandó una entrevista magnífica a Santiago Kovadlof sobre la imposibilidad de ser judío. Él ve lo judío como una tarea, una indagación, una exploración del pasado como metáfora del presente y del presente como símbolo de ese pasado. "En ese territorio exploratorio", dice, "yo celebro mi judaísmo". Y en otro momento añade: "Es como Moisés diciéndole a Dios: No destruyais al pueblo por haber caído en la idolatría, sostenedlo en su eterno salir, en la constante tentativa de ganar la libertad..." Dice que ser judío es imposible, que por eso la Biblia es un libro escandaloso, porque hace dudar de los profetas, da razones al cuestionamiento de lo judío; ser judío es una tarea, implica empezar de nuevo. Y para él la sinagoga no puede ser un lugar cómodo, porque es el lugar de la pregunta (de la tarea), es el espacio donde se produce la búsqueda... Para él, el dios judío no pretende ser reconocido en su existencia, sino en su significación. No le interesa tanto si existe o no, sino el problema que plantea. Dios es el problema del origen del mundo que asalta al hombre. El único porvenir judío consiste en luchar contra su propia idolatría de lo judío, contra ese becerro de oro... Vale la pena.
Ha vuelto el calor. Ayer, al llegar a casa, en la oscuridad de la plaza dura y fea que fue republicana, había dos rusos no muy jóvenes, envueltos de efluvios alcohólicos pero con una belleza que no se ve nunca por estos lares, sentados en un banco. Los dos se alegraron al verme y uno me dijo en inglés que me sentara con ellos. Stay with us, me dijo, y yo también les sonreí mientras me alejaba, aunque sólo fuese una forma de celebrar esa belleza histórica bañada en alcohol. Después vi el azufaifo, aún exuberante pese a la basura que le arrojan los horribles habitantes de este barrio, esos mismos que se dedicaban a la construcción y ahora lamentan su ruina.
Y de noche, a trozos, mientras no llegan los dos libros que me he comprometido a reseñar, entro en el mundo de A.G. y su flamante novela, aún inédita, que ha querido someter a mi lectura. Pero mi agotamiento no me permite más. Llevo demasiados días despertándome de madrugada, sin querer, interpelada por ese pasado de Rufus que me recuerda al mío y que le lleva, como me llevó a mí en otro tiempo metafóricamente, a la desolladura.

domingo, 17 de octubre de 2010

Fui

Foto: I.N., Autorretrato nocturno y algo desvaído, 2010
Con un grupo de Cafè Central, el viernes por la tarde, a la gran exposición Paral·lel de Benet Rossell en el Macba. Era una visita privilegiada, con un Benet inspirado, sembrado, que nos explicaba algunas de las obras grosso modo, improvisando con esa gracia asociativa tan característica de su poética inclusiva y miniaturista, donde todo parece relacionado en una cadena metafórica y literal sin fin, siempre irónica y autoburlona, con un uso de esa condición libre y falsamente naïf del artista entretejida en la historia del arte y los latidos del mundo, su voz crítica y paródica y su posición entre artistas e intelectuales y cineastas europeos que le acogieron o colaboraron con él, sus músicas construidas, su imaginada banda sonora alternativa a los ruidos del mundo y sobre todo su universo inacabable, como el tapiz inacabable que puede seguirse por cualquier extremo. Todo eso estaba en sus palabras y en las piezas de toda su trayectoria, dibujos, collages, vídeos y obras multimedia, acabando con el desaparecido El Molino, sus maravillosos telones pintados en la calle Carretas encontrados en la basura (ese abandono del patrimonio y la historia de esta pobre ciudad abandonada a la especulación y el cemento), con un blog que crece y se diversifica y una muy particular interpretación suya del flamenco llena de su humor y de su gracia. Me encantó.
Y ayer tenía la mesa redonda de la Plataforma Psicoanálisis siglo XXI. Llegué tarde a la primera mesa, que me interesó mucho, sobre todo el lúcido y combativo psiquiatra y psicoanalista Josep Moya y el médico e investigador Gabriel Capellà (que se situó en una subespecie rara de la profesión). Me alivió y alegró escuchar esas voces críticas que resitúan las cosas y el legado de ciencia y humanismo en el que convergían y su condición resistente frente al poder absoluto de los lobbies de grandes laboratorios farmacéuticos.
Y luego se abrió la nuestra. Joaquín Oristrell nos hizo reír a todos con su sentido del humor, tanto que yo ya empezaba a dudar de mi intervención, sobre todo porque ese tono mío construido en la reescritura de lo autobiográfico, aunque no sea más que otro juego de máscaras y parapetos, siempre me hace dudar porque no todo el mundo lo entiende y a veces crea malentendidos. Eso no ocurre casi nunca con el público psicoanalítico, que entiende y escucha de otra manera. Hubo un momento, mientras leía, en que el silencio era tan sepulcral que no se oía nada más que mi voz; intenté no sobrecogerme. Era impresionante, nadie tosía ni se movía. Creo que desde que estuve en una lectura poética en la cárcel no había sentido una escucha tan intensa; aunque si pienso en algunas lecturas, me vuelven sensaciones de esa vibración. Yo sé que hay algo que se puede vehicular poderosamente a través de la voz, sobre todo en un texto escrito. Luego, en la comida, un escritor que siempre tiene muy buena respuesta en el ámbito psi comentaba mi éxito con ese tono afectuosamente irónico tan suyo. Assumpta Mateu contó su experiencia con un bosque quemado y cómo ese encuentro dio lugar a una obra. Tessie Morandi situó los parámetros y se hizo preguntas sobre psicoanálisis, arte y ciencia, y al final, Ruth Sonnabend comentó algunos logros de ese grupo resistente y atento al mundo, que intenta recuperar esa presencia de lo psi en nuestro árido desierto de pensamiento y reflexión. Por cierto, parece que mi intervención se publicará en la Revista del Colegio de Psicólogos. Lástima que ninguno de esos actos tenga nunca repercusión mediática (como ocurriría en Francia o Alemania) y que quede ahí, aislado en su burbuja.
Y anoche estuve, invitada por una amiga, en una extraña tertulia cinéfila que se celebra hace treinta años. Comentan, puntúan y votan las películas del año y de la década. Mi contacto ya me había advertido que allí el problema era hacerse oír, que a veces es bastante "olla de grills", y era verdad. Pero tanto entusiasmo por el cine y tanta subjetividad compitiendo y con tanto humor. Es verdad que la mayoría hablaba como si la subjetividad no existiera, como si sus posiciones respondieran sólo a la calidad o su ausencia. Y a la vez todo eran opiniones contundentes, de una visceralidad caprichosa y venal, llena de las resonancias que el cine provoca en cada uno. Yo no había visto muchas de las películas comentadas y los nuevos no tienen voto, pero a veces pude defender o atacar lo que quería, haciendo un esfuerzo de voz. Entre la discusión larguísima y el humo acabé agotada. Nos fuimos de allí a las tres y pico andando hasta casa. Apagué la luz a las cuatro. Por razones que no vienen al caso, no he podido hacer la grasse matinée como habría querido, así que mis planes para hoy se verán reducidos a certo recogimiento interior (búsqueda de textos para mi curso, lectura de ese primer Handke, tal vez un paseo al atardecer). Por la mañana me he despertado melancólica y en Arte había un concierto maravilloso, pero me disgustaba ver dirigiendo a un director austríaco ex nazi y a la vez no podía evitar que despertara recuerdos mezclados en mí; por suerte, el sol de octubre y dos frases más de mi novela me han ayudado a sacudir las telarañas.

viernes, 15 de octubre de 2010

Sábado 16: Encuentros de psicoanálisis, arte y ciencia

Psicoanàlisi, ciències i art “Psicoanàlisi, ciències i arts: confluències vers la complexitat del subjecte” Barcelona, dissabte 16 d’octubre de 2010 10 – 14 h. Auditori Casa del Mar c/Albareda 1-13 Programa 10:00 h. Recepció 10:30 h. Taula rodona “Psicoanàlisi i ciències: confluències vers la complexitat del subjecte” • Maria Teresa Anguera, catedràtica de metodologia de les ciències del comportament, Facultat de Psicologia, UB. Vicerectora de la UB. • Gabriel Capellà, metge, director del Laboratori d’Investigació Transnacional, director del Programa de Càncer Hereditari i director Científic de l’IDIBELL (Institut d’investigació biomèdica de Bellvitge) • Josep Moya, psiquiatre, psicoanalista, coordinador de l'OSAMCAT (Observatori de Salut Mental de Catalunya) Modera: Carme Grifoll. Psicòloga clínica i psicoanalista, Directora de Fundació Nou Barris S.M. 12:15 h. Taula rodona “Psicoanàlisi i arts: confluències vers la complexitat del subjecte”
• Assumpta Mateu, pintora. Ha exposat en prestigioses exposicions internacionals. Ha efectuat, entre moltes altres obres,“Arbre: interrelació cultural” per a la commemoració dels 50 anys dels Amics de la UNESCO. • Isabel Núñez, escriptora, traductora y crítica literària. Autora, entre d’altres, de: Crucigrama, La plaza del azufaifo, Algunos hombres... y otras mujeres, i Si un árbol cae. Conversaciones en torno a la guerra de los Balcanes Joaquín Oristrell, director i guionista cinematogràfic. Autor, entre d’altres, de la pel•lícula “Inconscientes” • Teresa Morandi, Psicoanalista. Psicòloga Clínica. Supervisora i Docent Institucional. Membre del Patronat de la Fundació Congrés Català de Salut Mental. Modera: Lluís Farré, psicòleg clínic i psicoanalista. Ex-cap Servei Psicologia Fundació Puigvert. Responsable formació Servei Psicologia de la Fundació Puigvert 13:45 h. Cloenda Aforament limitat Reserva de plaça per e-mail: psicoanalisissigloXXI@gmail.com

miércoles, 13 de octubre de 2010

Sentiría

Foto: I.N. Autorretrato oscuro y con brillos, 2010
Tener que dejar este pobre barrio -que fue bonito, frondoso y tranquilo y ahora es feo, contaminado y ruidoso- sólo por dos razones: el silencio de los fines de semana -la calle convertida en un desierto- y el pescadero de mi barrio, que ocupa un local diminuto y ofrece poca cantidad pero gran calidad, aparte de sus irónicos comentarios sobre la crisis. Yo siempre llego cuando están recogiendo y él me vende lo que se llevaba para él a precio mucho más humano -según él, porque soy yo, aunque sospecho que la hora ayuda decisivamente. Hoy me he comido una merluza que me ha hecho recordar mis buenos tiempos en San Sebastián (o Donosti, como decían ellos) o en las rías gallegas, quelle merveille; me he sentido obsequiada.
Anoche fui con Tigridia a ver Buried. Es un buen ejercicio de estilo, casi una obra de teatro, eficaz, clara, crítica, ideológicamente didáctica. Metafóricamente habla no sólo contra la guerra, sino del horror de este mundo nuestro globalizado en que las grandes corporaciones y sus lacayos políticos utilizan y esclavizan a una población cada vez más ignorante, más vulnerable, más desesperada. Es casi el Johnny cogió su fusil de estos tiempos, menos intensamente doloroso, con un humor negro realista más contemporáneo (las respuestas de sus interlocutores telefónicos son las mismas que nos desesperan a todos cada vez que tenemos que hablar a alguna compañía, cuando nos contestan robots o gente robotizada. Aquí tampoco hay nadie al otro lado, ¡sólo que él está encerrado en un ataúd y sin apenas batería!). Me alegra su éxito en Sundance y creo que tendrá muy buenos efectos en el público americano, pero no es una película para mí. Yo espero del cine que me haga pensar autrement, que me lleve a un lugar más alejado. Lo que pensé ya lo había pensado leyendo los periódicos, viviendo, intentando que me solucionen un problema cuando me falla el suministro de alguna compañía, sintiendo la desolación de ese poder cada vez más dictatorial que rige nuestro mundo. No me suscitó ningún pensamiento nuevo, no descubrí nada, salvo lo buen actor que es ese hombre y lo correcto que es todo, el ritmo, la luz, el guión. Técnicamente es una buena idea, una proeza inteligente, que se soporte toda una película dentro de un ataúd, como un monólogo teatral (aunque prefiero el monólogo de Copi como rata aislada en su nave espacial sin rumbo, hablando por teléfono con un uraniano). Cuando se despierta y descubre que está enterrado pensé que no lo soportaría porque en esos primeros segundos el terror es universal y metafísico, pero saber que le había ocurrido en Irak me tranquilizó infantilmente (yo no me iría a Irak a trabajar para una compañía americana, pensé, y así alejé la pesadilla). Y repito mi admiración por su habilidad, and so what? Prefiero ver Aristakisyan y su terrible y poético Ladoni. Me habla más del mundo y me hace pensar, preguntarme... Claro que quizás no fuese mi día para esa película; quizás otro día habría sido distinto; ayer habría necesitado una película japonesa...
Me han mandado noticia de esa maravilla china que acaban de publicar en Atalanta, Jin Ping Mei, traducido por Alicia Relinque, y por desgracia he llegado tarde para reseñarlo en el suplemento donde suelo colaborar; lo hará algún sinólogo (mejor que yo. Es sólo que tras escribir y leer tanto al japonés Natsume Soseki -mi artículo en Turia saldrá el mes que viene-, me parece que el viejo Oriente se haya acercado, que no esté ya tan "des-orientada"). Indagaré en alguna revista... De momento espero que me llegue un Handke. Por cierto que me compré un disco en Alibris y en lugar del disco me han mandado un libro sobre Afganistán. Les he escrito para protestar; ahora veremos si hay alguien al otro lado. En NY me pasó con Amazon: le había enviado a mi amiga americana un libro de Maeve Brennan sobre la ciudad y en vez de eso le mandaron Cooking with Aloha. Parecía una broma, como lo parece esto. En aquel caso me devolvieron el dinero. Si no me lo resuelven en éste, nunca más les compraré nada.
Llevo todo el día traduciendo a Maeve Brennan. He añadido una sola frase a mi novela, inspirada en el texto de mi conferencia del sábado, que escribí anoche y aún no he releído. Una idea de un viejo cuento balcánico que duerme en mi mente desde 2003 ha vuelto a aletear y estirarse, como después de un bostezo. Tal vez mañana... Pero la idea de haber escrito sólo una frase me ha recordado a aquel pasaje en el que Naipaul le dice a Paul Theroux: "Llevo toda la mañana intentándolo y sólo he logrado escribir una palabra" y cuando Theroux le pregunta qué palabra, Naipaul responde: "The" (me encantó ese libro y luego pude entrevistar a Paul Theroux y cuando le dije que me había encantado My Other Life (que compré en unas vacaciones atlánticas, en una librería de Santiago de Compostela) me dijo que era su favorito y que la crítica apenas le había hecho caso). Al menos, mi novela tiene ya un working title que casi me gusta. Alguna gente pide "amistad" en facebook y en cuanto se la concedes empiezan a presionarte con sus libros, a veces sin ningún tacto. Un tipo me dijo directamente: "Gracias por aceptarme y espero que cuando salga mi libro, te ocupes de él en tu columna de La Vanguardia", le retiré la amistad, que es ese gesto infantil característico de Facebook, como una vuelta al patio del colegio. Otro, aún más caradura y completamente desconocido, pretendía que le comprase su libro para luego reseñarlo (!), y también le eliminé de mi lista. Otros te avasallan con actos, libros y presentaciones invadiendo tu espacio, "etiquetándote" y sin acordarse nunca de que tú también escribes, sin acordarse nunca de leerte, de interesarse en lo tuyo. Da la impresión de aquel mundo de Los demasiados libros. Y sin embargo, es una suerte que haya tantos libros que leer... He recibido El ruletista, de Mircea Cărtărescu, que tiene el tamaño ideal para leerlo por la calle y promete...
Y por cierto, se me olvidaba. Un día me compré sin querer Figuraciones del yo en la narrativa de J.M. Pozuelo Vivancos (centrado en Javier Marías y Enrique Vila-Matas. Digo sin querer porque había quedado en el Café de La Central, lo abrí al pasar, por una página fascinante y me lo llevé a la mesa mientras esperaba. Luego, cuando mi amigo motorista me dejó en casa, seguí leyendo esa segunda mitad hasta el fin. La parte dedicada a EVM me gustó tanto que he encargado dos libros suyos que me faltaban y a pesar de mi atasco de libros los espero con impaciencia. Por cierto, que el mismo martes 19 en que yo empiezo mi curso en el Ateneo, EVM hablará con Marcos Giralt Torrente en Madrid: me habría gustado escucharles. Tampoco habría que perderse el post de Amapolas en octubre, donde la Otra Bel ha puesto los links de sus estupendos artículos sobre Clarice Lispector.
Me ha llegado mi té Long Jin Shi Feng de mi tienda francesa preferida y me han incluido en el paquete una muestra de Kuai, otro té chino Wu-Long, semifermentado y aromatizado con polen de flores de canela y pistilos de orquídea, además de otro saquito de Gemaicha y otro té del hammam. Me ha hecho mucha ilusión y ha compensado el envío equivocado de Alibris. Antes compraba los tés en Sans & Sans, pero además de que la oferta no se puede comparar, en BCN son mucho más caros, incluso contando el transporte francés, me sale más económico comprarlos fuera. Son cosas de este país. Unos amigos me contaron que les salía más barato que su hija estudiara foto en una prestigiosa escuela francesa de Arles, pagando vivienda y manutención, que matricularla en la Massana viviendo con ellos. Este país cada vez es más caro y cada vez paga menos a los que trabajamos en lo cultural y no somos famosos, pero sigue subiendo los honorarios de unos pocos. El otro día supe de una escritora catalana mediana con sueldo institucional enorme, a la que los contribuyentes pagamos las conferencias a 3.000 euros, mientras que a los demás nos piden que las hagamos gratis o por 200 euros brutos.. por la crisis.
Mientras, pensaba que últimamente me está ocurriendo algo parecido a lo que M. deseó que le ocurriese a ella durante muchos años, sólo que yo no lo deseaba, y por tanto, puede considerarse otra de las burlas de la Gran Ironía que rige nuestro mundo.
Rufus lleva todo el día durmiendo profundamente. Por la mañana ha ido a ver a la gata vecina y ha vuelto refunfuñando, como siempre, misteriosamente (no sé si quiere decir que no estaba, que no le ha hecho caso o qué). Mientras yo desayunaba, he puesto Arte Tv, as usual, y salían muchos perros: Rufus, sobresaltado, se ha subido a la mesita para verlos de cerca; por suerte, al desaparecer los perros de la pantalla, ha vuelto al sofá. Anteayer, de madrugada, abrí los ojos y le vi sentado mirándome sobre el edredón, volví a dormirme y soñé que la cama era un tablero de ajedrez y Rufus estaba allí, como una ficha... A veces, cuando ronronea, los ojos se le entrecierran en una especie de trance, como si hubiese tomado una droga poderosa, tal es el efecto que les produce esa vibración endorfínica y gatuna...

sábado, 9 de octubre de 2010

De visita

Foto: I.N., El jardín de M, 2010
En mi sueño volvía a la casa de la Diagonal que ya no es nuestra, allí consolaba a un joven pálido a quien me parecía conocer de otro sueño y había una intensidad en el aire y el tacto, pero no lográbamos casi nunca estar solos, y luego, cuando andábamos por extraños desfiladeros, él se había convertido en un poeta que conozco de fuera del sueño, sólo que había rejuvenecido y tenía el pelo negro brillante como cuando éramos adolescentes, y no quería enseñarme lo que yo misma había escrito sobre mis preferencias y estaba ofendido como un niño, pero se sabía las canciones medievales que yo aprendí en mi época universitaria, él las empezaba y yo las cantaba distinto, como si hiciera otra voz, como si no pudiera dejar de improvisar. En el momento más peligroso del desfiladero pasábamos una parra cargada de uvas diminutas y él las cogía, aunque estaban cubiertas de una telaraña con una textura que no existe, y se las comía a pesar de mi advertencia. Y luego, mientras intentaba fijar ese sueño en mi memoria tuve otro, pero no podía con los dos, y soñé que el segundo se grababa o fotografiaba escrito como estaba en forma de texto... y lo olvidé. Por la mañana oí el afilador y recordé cómo me alegraba ese sonido cuando era pequeña en Figueres, qué extraña sensación de esperanza de huir me producía su silbido, como también extrañamente una cinta de música con cenefas donde decía eurovisión en la tv al llegar a BCN. Luego, Bel M. me habló de una canción de John Lennon de desolación de hijo abandonado, Mother, y yo le recomendé entonces la versión postpunk de Rammstein, ese Mutter que me regaló mi amigo serbio y que a mí me sigue fascinando, y escuchándola me di cuenta de que mi estancamiento en la novela estaba asociado al vacío de M y decidí ir a verla, pero para ayudarme a llegar hasta allí me llevé a J. Sabía que a ella le alegraría verlo, ahora más que nunca le importa sólo la belleza y la juventud, además de los dulces. Allí hablan de ella como si fuese otra persona. Dicen que es afectuosa y siempre sonriente, que le gusta tanto bailar y que come muchísimo. Su delgadez es extrema. De verdad parece contenta allí, aliviada de haber encontrado un lugar, de que se ocupen de ella y parece sentirse más libre en esa extraña celda mental, en la demencia que la ha convertido en prisionera. Allí parece haber encontrado una pequeña vida después de todo, una microvida, y nadie la amenaza, nadie se exaspera, nadie la vigila especialmente, sólo la cuidan. Pero a mí, que he vivido en la fosa de Rammstein, todo me parece la contemplación de un castigo o la conclusión de una vida de decisiones siempre dolorosamente equivocadas.
Estamos cerrando el libro de correspondencia entre escritoras que edita Esmeralda B. y la Belle Elaine, mi penpal para la ocasión, dice que ella seguirá escribiéndome mientras yo quiera contestarle, aunque el libro haya acabado. Ayer ella encontró mi carta perdida y fue un alivio frente a mi desorden. Pero como dice la Esfinge, no debo ser tan dura conmigo...
Dice el prólogo de la Vie d'Henry Brulard: "S'il était besoin de prouver que la psychanalyse existait avant Freud, il suffirait de lire la Vie d'Henry Brulard. Point d'oeuvres qui détruisent de façon aussi tonique et aussi salutaire une mythologie de l'enfance "pure", heureuse, sans désirs..." Y más adelante dice el propio Henry Brulard: "je vais avoir cinquante ans, il serait bien temps de me connaître".
Ayer me angustió la idea de estar perdiendo miserablemente el tiempo. Entre la agitación política de Fb, consolación en tiempos tan injustos y verdadera necesidad de encontrar una manera de vehicular ese malestar general y compartido de los que no quieren cerrar los ojos ante la gran estafa y el latrocinio (hoy sale el escándalo de corrupción del Raval, las tres mujeres que intentaron acusar han sido perseguidas y amenazadas de muerte; ése es nuestro ayuntamiento; también sale el Manifiesto de los pocos profesores universitarios críticos que quedan ante la derechización autoritaria del mismo ayuntamiento y con la distorsión a la que se ha prestado alguna prensa...), extasiada ante la pantalla mágica y asustada de las dificultades de mi novela, pensé, pierdo el tiempo. Traduzco y procuro ahuyentar los pensamientos negros y la expectativa de incertidumbre como recomendaba el demonio a Verdaguer. Me senté y estuve tomando notas a mano y Rufus perseguía la pluma como si fuese una lagartija. El hombre que corta el mejor jamón de la ciudad me dijo que estaba leyendo el Ramaiana de Atalanta. Él no pierde el tiempo como yo, pensé. Cuando acaba de cortar jamón se entrega libremente al vicio de la lectura...
Pero hoy Rammstein me despertó de mi sueño. Creo que he tocado una zona doliente y para escribir es mejor tocar lo que duele que notar sólo el algodón del torniquete. G. me esperaba para ver el segundo episodio de Bourne, que no nos ha decepcionado. El ritmo seguía siendo brutal y al final la música del descendiente de Melville. Han predicho tormentas y yo me voy al cine, sin decidirme a buscar unas viejas katiuskas. Rufus duerme profundamente. Antes he oído a G., que le hablaba imitando su voz gatuna de refunfuñe y le cantaba cancioncillas paródicas. He vuelto a empezar un diario: en alguna parte tenía que contar lo que no le estoy contando a nadie, un juego que por alguna razón me consuela de esta extraña fase de mi vida y también la otra parte de mis sueños y su reverso. También me he hecho algunos autorretratos, en una búsqueda que tiene que ver con los vestigios y el tiempo.
(à suivre après le cinéma...) Dicen que A Hard Rain Is Gonna Fall.
Yo me puse unos zapatos para la lluvia, pero no llovió. Vimos el documental sobre Banksy, Exit Through the Gift Shop, una especie de Rock'n roll' swindle del mundo del arte, bien hecho, sin pretensiones, llena de ironía anglosajona y de inteligencia matter-of-fact americana, de artistas callejeros, de crítica y parodia del mundo del arte, de interrogaciones sobre qué es el arte de una forma bastante despojada y sincera; me gustó mucho verlo y también el paseo y las conversaciones que lo precedieron y sucedieron.
Yo estaba pensando en la búsqueda de unos límites que me ayudaran en la novela. Estaba pensando en que hay una generación intermedia, de los treintañeros, en la que está de moda ser light, no comprometerse, no tener principios éticos, no pronunciarse en política, ser divertido y original, parecer rabiosamente moderno y no mostrar nunca las emociones. Leyendo a un escritor que tiene un legado difícil de compromiso ético y emocional fuerte y que pertenece a esa generación, me admiró cómo, en algunos de sus cuentos, logra que esas emociones estén sin estar. Ese límite le ayuda y logra parecer casi nocillero sin serlo realmente, es decir, teniendo una densidad humana bajo la ironía.
En la novela, yo añoro los límites de la estructura del cuento. Ahí no puedo usar otra clase de límites: la rima, otro idioma, ejercicios oulipianos, un sesgo distinto... No tengo un ángulo exagerado que pueda servirme. Me pierde esta libertad sin forma, este foso de los leones. Pero quién sabe, tal vez... Veremos si mañana ese dolor rammsteniano me sirve para continuar.
Al llegar he encontrado a G. viendo Match Point con Rufus y luego buscando en youtube a Caruso cantando "Una furtiva lagrima" de (L'elisir d'amore) Donizetti.

jueves, 7 de octubre de 2010

Aún estoy

Foto: I.N., Rufus, acechándome, 2010
Llena de los ecos de la monumental biografía de Cheever, que he leído para La Vanguardia, preguntándome por los límites del trabajo biográfico y por lo que yo buscaría en la biografía de un escritor: comprender mejor su obra, encontrar el hilo vital que la explicase, o que la interpelase enigmáticamente. De paso he vuelto a hacerme con sus cuentos, que no encontraba en mi caótica estantería. ¿Adónde van mis libros? Tal vez lo presté... Hace unos días me desapareció mi ejemplar de la Calle de los Prodigios, de Jacques Yonnet, que también había reseñado, y lo he buscado afanosamente por todas partes. Así que aproveché para leerme esas historias suyas de césped y piscinas y malestar y secretos familiares. Y hablando de secretos familiares, me encantó la entrevista al jamesiano Colm Tóibín, en L'hora del lector, ese programa que no quiso recibirme ni acoger mis libros, y pese a todo, me gusta, no puedo evitarlo. En el mismo programa Xavier Antich defiende muy bien a Michon y Amela habla muy bien de Echenoz y su Zatopek.
Me encantó Tóibín, hablaba justamente de lo que yo hablo, de ese paso misterioso de la idea a la música de la escritura, esa melodía que si no viene y nos arrastra nos deja sumidos en un desconcertante bloqueo, en una búsqueda vana. Nunca sabemos cómo ni cuándo pasamos de las ideas a la música. Sólo que él escribe en tercera persona, pero espía, escucha y roba como todos. Le vi extrañamente cambiado físicamente, pero su cara de antes se adivinaba aún y los ojos eran los mismos.
La otra noche soñé que perdía mi maleta. Sé que la perdía de una forma extraña, ¿tal vez sumergiéndose en el agua? Pero la cuestión era cómo se resolvía, una vez más, esa pérdida. Me lo decía una voz femenina: habían descubierto un sistema computerizado que permitía averiguar dónde estaba cada una de las cosas que contenía. "Iremos localizándolo todo, no se preocupe", me decía la voz.
Alguien me dijo que tal vez, en este caso, la maleta hablara de ese pasado que reescribo en mi novela, ese pasado disperso que vuelve a unirse. Quién sabe. Las palabras de Tóibín me dolieron y me dieron esperanza al mismo tiempo. Yo no acabo de estar en una fase definida de la novela, entro y salgo de esa música, vuelvo al desierto, dudo, corrijo... Y sigo traduciendo e imaginando otras vidas.
A medianoche me despertó Rufus con sus extraños comentarios. A veces vuelve de la casa de al lado con una excitación que le lleva a dar carreras por el pasillo, otras viene con esa especie de lamento-refunfuño y pide refuerzo emocional como un adolescente. Ya no remueve metafóricamente la lana en el aire como los primeros días, pero muchas veces suelta sus suspiros de alivio cuando le acaricio después de venir a pedirlo. Y por otra parte ha encontrado al lado otra vida alternativa, que le hace más libre. A veces le sorprendo meditando en la terraza, no sé si pensando en su nombre secreto, como sugiere T.S. Eliot (en este caso Theodor W.), o simplemente considerando sus opciones y la posibilidad de ir a ver a la gata tricolor.
Por las mañanas, cuando me echo al suelo para hacer mis ejercicios de yoga, Rufus viene a jugar conmigo, intenta atacar mi pie como si fuera una presa (en esa foto me estaba acechando bajo el reposapies de la silla de Charles Eames, vieja y única herencia de mi padre). Mientras escribo estas líneas juega con G. que, por cierto, esta tarde bajó a la Barceloneta a buscar olas, pero encontró demasiado viento. En la calle me saludó R.P., al que me encontré hace tres días cerca de la avenida Tibidabo y es como si hubiéramos empezado una racha de encuentros. Tiene un aspecto saludable y soleado, sin duda por su vida sureña. Justo en ese momento su hijo metía la tabla de surf en el portaequipajes de su coche y hemos hablado un momento de esas codiciadas olas, que mañana serán mejores. R.P. es partner de la artista de las albercas, con la que a veces hablo de alfombras voladoras en facebook (Tir ya bisát!) y por ella tengo el vago proyecto de bajar al sur en cuanto se afiance mi curso. Y es que mi curso empezará el 19 de octubre en el Ateneu; ya se confirmó que hay quórum suficiente y ahora empiezo a preguntarme por cómo saldrá...
Me cuesta leer los periódicos. Todo son malas noticias. A veces cambio los diarios locales por Le Monde o Libération. Pero hoy en Francia la prensa había descubierto un fichero policial con tufo nazi, un archivo de la gente de etnia gitana. He firmado a favor de los inmigrantes, contra esa ley de Sarkozy; espero que caiga. También me han parecido lamentables las declaraciones municipales de cerrar webs críticas consideradas "antisistema" y que según ellos incitan a la violencia; pero no es cierto. Kaos en la red es una. Espero que alguien nos proteja contra esos intentos de censura y contra la libertad de expresión.
En otro orden de cosas, lean aquí mi última reseña en el Cultura/s. Y en Polis, el Manifiesto de profesores universitarios contra la condena y estigmatización de los movimientos sociales, y un artículo muy atinado de Xavier Montanyà sobre el tema ("es imposible no ser anticapitalista", dice en cierto momento. Es una alegría que alguien lo haya escrito). Vamos a tener que despertarnos del sopor si no queremos que esto se vuelva cada vez más irrespirable.

viernes, 1 de octubre de 2010

Esta noche

Foto: I.N., Rufus, de cerca, en sus abluciones gatunas, 2010
He dormido mal. Me desperté a las 3 sin sueño y me quedé muy quieta intentando que llegara, pensaba en mi curso y trabajaba sin darme cuenta, anotando mentalmente hasta que decidí dejar vagar las ideas a su aire y me llegaban oleadas de sueño, aunque volvía a despertarme con el vuelo de una mosca metafórica. Y soñaba intensamente, pero la escoba vigilante me iba arrancando sueños hipnóticos de la memoria, los mismos que, en medio del agotamiento y el sopor, me prometía no olvidar, sin fuerzas para alargar la mano hasta los lápices y cuadernillos de la mesilla. Qué implacable es esa escoba que me impide acceder al jardín de imágenes fascinante y tenebroso, donde el inconsciente va asociando y disfrazando para engañarnos y que podamos continuar soñando... Sólo me quedaron dos colas de sueño, y las escribiré aquí porque un poeta traductor malgré lui me dijo ayer que sobre todo buscaba los sueños en este blog, un territorio que le interesa, y le recomendé el maravilloso libro de Theodor W. Adorno -por cierto, que yo quise ponerle a Rufus el nombre de Theodor W., y como no pudo ser, decidí que fuese su nombre secreto, ese tercer nombre en el que según T.S.Eliot, meditan los gatos cuando parecen sumidos en la misteriosa profundidad de su pensamiento.
Y es que ayer algunos traductores intentamos hacernos oír por encima del ruido del Café Salambo, leyendo poemas y fragmentos muy bien escogidos de la literatura. No pudieron venir Elena Vilallonga, Selma Ancira ni Víctor Sunyol. Rodolfo Häsler leyó dos cuentos de Kafka memorables, cómo me identificaba yo retrospectivamente, por mi infancia inhóspita, con ese "sexto" que a todos molestaba y que siempre seguía ahí, a su pesar... Toni Clapés leyó un soneto de Shakespeare traducido por Joan Triadú, que había muerto ayer y que para mí seguía siendo el director del colegio -curiosamente ayer había escrito de él en mi novela sin decir su nombre y me sobresaltó oír la noticia, como si algo en mí hubiera adivinado-, y luego leyó poemas oscuros y boscosos de una poeta para mí desconocida (tengo que re-preguntarle), ¡pero qué buena teatralidad áspera le dio a esa lectura! Esther Zarraluki leyó poemas del propio Clapés, traducidos por ella en estado de gracia al castellano, aunque Clapés, con su discreción, se escandalizó al saber que iba a leerle y se resistía. Jordi Nopca leyó su traducción de William Maxwell, se levantó y andaba por el espacio del bar con una teatralidad familiar, como si hablase por el móvil. Yo envidié esa libertad porque me había tocado leer la primera y el ruido de fondo era tan intenso que aceleré el ritmo, nerviosa, aunque leyendo un texto magnífico de Jean Giono, lo que estoy traduciendo, Dolors Udina leyó esa preciosa traducción suya de El chal que yo reseñé, y Teresa Shaw leyó dos buenos poemas de Frieda Hughes (sé que me estoy dejando algo, pero volveré). Todo eran espléndidas traducciones y fragmentos bien escogidos, pero tuvimos que imponernos a los clientes del bar que estaban allí para hablar consigo mismos y no para escucharnos. Antoni Clapés leyó poemas de Le tombeau de Lou de Denise Desautels.
Había dejado a mi amiga Lola, huésped fugaz a quien tengo pocas ocasiones de restituir mi extensa deuda de hospitalidad con ella, descansando en casa, con Rufus pegado a ella y un festival de libros. Cuando le mandé un sms para decirle que volvía, me dijo: "No tengas prisa, estoy estupendamente con Rufus y Evelyn Waugh", y se refería a esa pequeña edición traducida que compré en una interesante librería de Saragosse con nombre de heroína de Sófocles, un librito delicioso y primerizo que ya muestra todo su talento, Obra Suspendida. Es verdad que Rufus necesita su dosis de abrazos y caricias dos o tres veces al día, según el clima y lo despejado que esté el cielo, pero el de la mañana es el más perentorio. Hoy a medianoche intentó entrar en la habitación de Lola, debió de pensar que era más sencillo convencerla a ella que a mí, o abrir su puerta. Lo gracioso fue que ella le había visto dormir y dormir y ovillarse y estirarse ociosamente y cuando de pronto le descubrió saltando con nocturnidad y corriendo en pos de un ratoncillo de peluche o dando carreras por la casa, le salió su deformación profesional de estudios psicológicos y dijo: "¡Pero si es bipolar!" Y nos reímos mucho de esa bipolaridad que se haría extensiva a todos los gatos, y que explicaba tan perfectamente Saki en la descripción de aquel gato (traduzco, que ayer fue San Jerónimo): "Está siempre echado, ronroneando y soñando, cambiando de postura de vez en cuando, en un éxtasis de confort y almohadones. Parece la encarnación de todo lo suave, sedoso y aterciopelado, sin una sola arista aguda en su composición, un soñador cuya filosofía es 'duerme y deja dormir'; y luego, cuando cae el atardecer, sale al jardín con un fulgor rojo en los ojos y asesina a un adormilado gorrión." A la sesión de ayer vino Tigridia y en cierto momento oí a medias a Clapés contándole de San Jerónimo, traductor de la Biblia, de la cueva en la que vivió, en el desierto para vencer las tentaciones de su fuerte sensualidad, un desierto tan alegórico de la vida del traductor, y cómo todos los pintores le habían retratado, con ese león al que supuestamente quitó una espina y que no quiso separarse de él... o de san Gerásimo. Antes de ir al Salambo, Lola me había propuesto que le leyera en voz alta los fragmentos de Jean Giono y así pude decidir qué leería y qué no (aunque luego, la presión de aquel no-público me llevó a eliminar la descripción final, espléndida y que hablaba otra vez del árbol mítico de ese thriller poético). Lola se quedó maravillada y con su percepción rápida y asociativa me dijo: "¡Es el Twin Peaks provenzal". Toda la razón; voy a sugerir al editor que utilice su frase en la promoción. Y también asoció con un detalle de Sleepy Hollow que yo había olvidado.
Lola me habló de aquel antiguo "estar encamados" que precedía a nuestra cultura de sofás, y yo le hablé de aquellas camas renacentistas con cortinajes y doseles de madera que se ven preciosas en el Museo de la ciudad de Luxemburgo. Y es que podríamos vivir así, entre el sofá, la cama y los paseos, leyendo y escribiendo, entre gatos, con o sin amantes y siempre con almohadones.
Se me olvidaba: ayer Clapés me trajo publicada mi flamante plaquette sobre Danielle Collobert: Naufragi en un mar de paraules. Pronto estará por tres euros en venta en La Central y Laie. Tengo que avisar a Stalker.
Ah, y decir que mi Curso en la Escola d'Escriptura del Ateneu empezará el martes 19 de octubre.
Pues bien, ha llegado la hora de describir una imagen indescriptible: de mis sueños sólo rescaté un instante pavoroso en que yo estaba practicando geométricas incisiones para abrir el cuerpo de mi gata Gilda, en una extraña taxidermia que sobre todo recordaba al proceso para comerme el lenguado de ayer, y mientras lo hacía, descubría con horror que estaba viva y se me sobrecogía el espíritu, sobre todo estupefacta de que la gata se moviera muy levemente, sin rebelarse ni quejarse, aceptando una vez más el dolor, en una prolongación onírica de la lección de estoicismo que me ha cambiado a mí para siempre. Y me desperté llena de angustia y de culpa. Luego volvió la ola de sueño y en el último, disfracé y transformé el sonido de un cláxon en la voz de un poeta cubano que, burlón, decía mi nombre en dos variantes: Isabelaaaa - Belnuuuuuu....

jueves, 30 de septiembre de 2010

Esta tarde, en el Día Internacional del Traductor

Por iniciativa de Anna Casassas, algunos traductores leeremos textos traducidos a las 20h en el Cafè Salambo. Dolors Udina, Antoni Clapés, Selma Ancira, Rodolfo Häsler, Esther Zarraluki (escritora invitada), Elena Vilallonga, Víctor Sunyol, Teresa Shaw, Jordi Nopca y yo, entre otros.
Mientras, en la Plaça del Rei, bajo el lema Traducir es humano, traductores de Acett, Acec y APTIC leerán fragmentos de la gran literatura traducidos por software, para demostrar que hace falta un ser humano para realizar esa tarea, o se perdería lo mejor de la lengua y la literatura. Hay una estupenda entrevista de Lluís Maria Todó sobre esa iniciativa y sobre la injustamente mísera condición de los traductores en este país (que le hicieron en catalán y aquí aparece con una versión castellana algo precipitada, que no es del autor).

domingo, 26 de septiembre de 2010

Una entradilla rápida como recordatorio

Foto: I.N. Rufus, entre Bandini y Simon's Cat, 2010
En esta semana agitada y efervescente
El miércoles huelga general
El jueves, Día Internacional del Traductor (por San Jerónimo) a las 19:30 leeré fragmentos de traducciones en el Café Salambó junto con Anna Casasses, Dolors Udina, Rodolfo Häsler, Selma Ancira, Victor Sunyol, Antoni Clapès y Elena Vilallonga, entre otros buenos traductores
Y recordarles finalmente que quedan pocos días para matricularse en mi Curso de l'Escola d'Escriptura del Ateneu Barcelonés

sábado, 25 de septiembre de 2010

Los días corren

Foto: I.N. Plátanos de la Rambla, 2010
Aceleradamente. He leído un librito de Lampedusa que compré en Sicilia, pensando que se trataba de cuentos y sin saber que precisamente hablaban de su infancia, I racconti. La introducción es maravillosa y me ha llevado al rescate del Henry Brulard de Stendhal, yo, que sigo coleccionando escritores que hablan de su infancia o de sus progenitores, y dice Lampedusa que tal vez sea la obra maestra de Stendhal y que intentará hacer lo mismo, afirma que al llegar a cierta edad, la obligación de escribir diarios o memorias debería ser impuesta por el Estado, y luego señala que intentará seguir el método "Henry Brulard" con una diferencia cualitativa. Para Stendhal la infancia fue sujeción a la tiranía y la prepotencia. Para Lampedusa, la infancia es un paraíso perdido, el paraíso en la tierra. Ese entorno principesco y barroco, esos palacios y jardines para un niño solitario, libre y querido por todos, la atmósfera de excéntricos personajes, la lectura y el descubrimiento del mundo componen estos relatos. "Non so se sono fin qui riuscito a dare l'idea che ero un ragazzo cui piaceva la solitudine, cui piaceva di piú stare con le cose che con le persone. Poiché era così si capirà facilmente come la vita a S. Margherita fosse ideale per me. Nella vastità ornata della casa (12 persone in 300 stanze) mi aggiravo come in un bosco incantato."
Y al final, entre otras piezas narrativas, hay una titulada La sirena que me ha entusiasmado. Una especie de encuentro amoroso y realista (!) con una sirena, con momentos deslumbrantes, como cuando ella llega de sus peregrinaciones misteriosas y la ve entre el agua y la tierra y su cola, que en el agua es brillo plateado y mercurio en movimiento, en la tierra adquiere un aspecto dramático, animal: "Così, impacciata da quella parte stessa del suo corpo che le conferiva ne'llacqua divina scioltezza, esa presentava un aspetto commovente de bestia ferita che il riso degli occhi smentiva invano." El relato está escrito como una carta a un amigo, y en un momento habla de la doble condición de ella, animal y a la vez divina, hija de dioses, una mezcla de sensualidad salvaje y alta intelectualidad filosófica y lo cuenta con contundente gracia: "Te l'ho già detto, Corbera, un animale era; ma era anche una Immortale ed è peccato che parlando non si possa continuanente esprimere questa sintesi che nel suo corpo manifestava con meravigliosa semplicità. Non soltanto nell'atto d'amore essa mostrava una foga e una delicatezza più che umana ma il suo parlare era di una immediatezza potente che ho ritrovato solo in pochi grandissimi poeti. Non si è figli di Calliope per niente: all'oscuro di tutte le culture, ignara di tutte le saggezze, sdegnosa di ogni costrizione morale, tuttavia essa faceva parte della fonte naturale di queste entità, ed esprimeva questa sua primigenia superiorità in termini di scabra bellezza..." Y la sirena, que es siempre libre y viajera y desaparece todo el tiempo, le tienta a dejar la vida mortal y seguirla, a evitar así dolor, vejez, miseria y muerte, y a recorrer con ella lugares de belleza infinita.
También leí dos cuentos espléndidos de La bicicleta estàtica de Sergi Pàmies, "Quatre nits" y "L'Illa", el primero sobre su origen, ligado a Le notte di Cabiria de Fellini y a Cinecittà, que es un homenaje sutil y suavemente irónico-melancólico a sus padres, y el segundo paródico y genial sobre el suicidio y las compañías de seguros y la ciudad y el tabaco; un descubrimiento.
Y releeré o retomaré (creo que lo empecé demasiado joven y lo dejé) Vie de Henry Brulard, cuando acabe de trabajar con Dorothy Parker para mi conferencia del martes en el Laboratorio de Escritura y para un artículo que acaban de proponerme en la revista electrónica Frontera D.
Mientras, Rufus sigue entre sueños y caricias de gato-almohadón. A veces juega por el pasillo con algún juguete o salta sobre mi lápiz cuando estoy corrigiendo, como ayer cuando leía el manuscrito traducido al castellano de la novela Schnitt, de mi amigo serbio, que estaba en un momento hilarante y amargo, casi quijotesco, y Rufus decidió intervenir. A veces me sobresalta su parecido con Gilda, en el lomo atigrado, otras me soprenden sus diferencias. Pese a su carácter de gato-cojín, Rufus tiene nariz de león. Para cortarle las uñas a Gilda teníamos que organizarnos G. y yo en una estrategia conjunta y sujetarla, aunque luego ella agradeciera poder seguir siendo una gata silenciosa y no tintinear por la casa con las uñas como un perro. A Rufus le gusta tanto que nos ocupemos de él y le toquemos que se deja cortar las uñas como si fuese cosa de un masaje. En cambio ayer vio algo en mi terraza que le hizo correr despavorido y enterrarse en el sofá. Le abracé y se le fue pasando el temblor y la respiración entrecortada. ¿Algún recuerdo de esa otra vida suya? A veces necesita que le acariciemos como quien tiene una adicción afectiva, como necesita su dosis de comida seca. En cuanto le acaricio, suelta un fuerte suspiro de alivio, como diciendo: Al fin...
Sigo pensando que este país es demasiado sumiso mientras leo de tanta gente que no piensa apoyar la huelga (entre ellos el conseller Saura, qué vergüenza). Envidio a nuestros vecinos gabachos, que no dudan en hacer huelga ni en salir a la calle para demostrar su fuerza. Me alegró que Joan Margarit llamase a la huelga en su pregón de la Mercè. En Facebook, con la efervescencia y la particular mezcla de agitación, imágenes y música que caracteriza ese medio, una amiga virtual que está contra la huelga se ha enfadado conmigo y me ha eliminado de sus amistades de Fb. Sé de más gente que se ha peleado por esto. Sé que algunos desconocidos toman mi vehemencia y mis exasperaciones por desprecio, pero yo no me siento en posición de despreciar, salvo en casos muy extremos.
Sigo haciendo campaña pidiendo la liberación de mi amigo persa-canadiense. Por cierto, se necesitan más firmas para evitar la pena de muerte. Bertrand Delanoë ha intercedido por él. Yo le he escrito a BHL.
Hoy he soñado que iba en un seiscientos con un amigo por una de esas zonas nuevas y feas de la Diagonal y nos perdíamos, y él se iba a preguntar, se metía en otro coche y salía en destino desconocido y yo dudaba si aparcar yo el coche y al fin lo abandonaba, abierto, y luego resultaba que estábamos otra vez en NY (aunque no lo pareciera), y yo grababa por aburrimiento unas escenas callejeras, en el vestíbulo de un hotel y en unos billares con el móvil que luego resultaban ser metraje valioso, y me preguntaba de dónde habría sacado mi amigo el seiscientos en NY, si se lo habría traído de Barcelona y lamentaba habérselo perdido y me iba a pasear sola por la ciudad nocturna y de pronto concluía con mucha calma que le habían secuestrado. Estos días he seguido escribiendo la novela a trozos y esta mañana me he despertado pensando en una escena que aún no he abordado. Intento ser, como me indicó la Esfinge, más magnánima y diplomática conmigo misma. Ella decía que pienso demasiado en no herir los sentimientos de los demás y que soy demasiado dura conmigo.
Erika B. me mandó ayer un escrito contando que han cambiado los antiguos kioscos de flores y animales de las Ramblas por unas feas casetas banales de comercios de moda y quejándose con razón de la degeneración del paisaje urbano e histórico y del bonito paseo que eran las Ramblas y que nos han arrebatado. Como la política económica y social del Gobierno, parece una especie de prueba municipal de nuestro aguante y nuestras tragaderas. Tal vez después de esto seguirán los edificios históricos, los magníficos plátanos, todo lo que queda...
Olvidaba decir que estoy sin teléfono ni conexión, y sólo revivo a ratos gracias al wi-fi de mi generoso vecino. La catástrofe empezó anteanoche, di aviso y en Telefónica (ahora Movistar) siguen burlándose de nosotros y registrando nuestros avisos de avería sin reaccionar. Tal vez esperan a contar las 24 horas prometidas a partir del día post-huelga. Ayer alguien me ofreció hospitalidad y trabajé allí, como pez fuera del agua, rodeada de orden y de colecciones de pequeños objetos preciosos. En cuanto a G., cuando vuelve de sus excursiones nocturnas, parece seguirme como Kramer, aquel personaje de Seinfeld o como una sombra burlona. A la que me despisto lo encuentro conectándose con mi ordenador, pidiendo alimento o durmiendo la siesta encima de mi cama, con su nuevo aspecto.

viernes, 24 de septiembre de 2010

Mi charla sobre Dorothy Parker en el Laboratorio de Escritura

LABORATORIO DE ESCRITURA
Actividades Literarias de septiembre
Martes 28 de septiembre a las 19h
En la serie El traductor como lector privilegiado Isabel Núñez habla de Dorothy Parker Se comentará la obra de Dorothy Parker de la mano de su traductora, quien explicará la experiencia como lector e intérprete de obras literarias. Escorial 11 08024 Barcelona metro joanic autobús: 39, 55 bicing: pl. joanic parking Horario de atención: Lunes a viernes 10h00 - 14h00 / 16h00 - 18h00 Teléfonos: 93 213 94 89 / 622 822 897

martes, 21 de septiembre de 2010

¿Cómo decir?

Foto: I.N., Cadaqués, el lugar del golpe que me hizo distinta, 2010
Hace días que no escribo aquí. Hace días que me ha poseído la otra escritura, la de mi novela, y de pronto, tras esa travesía del desierto escribiendo poco, borrando más, en la pura desolladura y sólo por autodisciplina, al fin las palabras me arrastran y es como si no pudiera parar. A veces me parece reconocer aquella escritura torrentosa de mis cuentos de Algunos hombres... y otras mujeres, aquellas conjunciones que interpelaban o irritaban a alguien que presentó mis cuentos, aquel flujo torrencial y tumultuoso que a mí me recordaba a Las Mil y Una Noches después del tiempo detenido y calmoso de tantos cuentos de Crucigrama.
No sé si podré encajar todo esto con lo anterior. No sé qué pasará al final. Sólo sé que el consejo y vaticinio de mi amigo serbio: "No pienses. Sigue escribiendo y algo ocurrirá tal vez mientras escribes..." se ha cumplido. Algo ha ocurrido mientras escribía. Fue después de que alguien del pasado se acercara a mí de un modo que no me dejó dormir. A la mañana siguiente me levanté pensando en escribir precisamente la parte más negra del pasado que habíamos compartido. Luego fui para atrás y para alante. Y sigo ahí, secuestrada por la escritura. Hoy he escrito algo que tiene que ver con la muerte de mi padre. Es material bruto, habrá que pulir, revisar, ver. Siempre quise escribirlo, hoy he reunido el valor al fin. Ha sido tras ir al funeral de la madre de un amigo, en el tanatorio de la Ronda de Dalt, que estaba rodeado de un paisaje verde exuberante. He estado a punto de echarme a llorar allí, oyendo cómo mi amigo leía páginas del diario de su madre, de estos días. Él parecía radiante en su tristeza, envuelto en un fulgor calmo y desconocido. Ella se ha muerto de pronto, felizmente para ella, pero eso siempre es más difícil de digerir para los que quedan: no da tiempo a despedirse.
Yo escribo. Una noche fui a Horta a un concierto en la plaça Eivissa, gracias a la hospitalidad de la editora de Navona, que me contagió su entusiasmo y nos convenció a Tigridia y a mí con su posición ética, lectora y verdadera. El lugar tenía sus encantos. Horta sigue teniendo algo genuino que otros barrios de la ciudad han perdido. A pesar de las oleadas constructoras. Al acabar, Tigridia y yo intentamos volver andando sorteando colinas. Descubrimos calles umbrías llenas de casas con jardín, y elegimos nuestras favoritas oliendo a espesura y a jazmines. También descubrimos tristemente que han derribado la casa de Amílcar, donde ocurre mi cuento de Crucigrama con ese título, donde sale una sandalia italiana casi nueva que se rompe y que hizo sonreír a Luis M.
Me llegaron noticias negras de Irán: a mi amigo persa-canadiense H., padre de los blogs en Irán, la fiscalía le pide pena de muerte. Lo he escrito en Polis. He pedido ayuda a Amnistía Internacional y a los periodistas. He escrito a Larry King para que pregunte por él a Ahmadineyad. He firmado una petición a las autoridades iraníes y otra al gobierno canadiense, para que tercie en su favor. Ha salido en La Vanguardia y en El País digital. Ojalá logremos salvarle entre todos, con la presión internacional.
Anoche G., que acababa de cumplir años y celebró ese fragmento ritual en casa con tarta sacher, me habló de sus primeras impresiones de La recherche, que está descubriendo para mi felicidad, luego me hizo una pregunta personal, casualmente, y yo me quedé pensando en su insight y su espíritu saludable y fuerte, a pesar de sus vagueríos.
Antes, fui a la presentación de un estupendo libro de poemas de Carlos Zanón, lleno de humor y melancolía y de esa sonrisa suya, su mezcla particular de Carroll y Barrie y su condición de abogado magnánimo, junto al exuberante jardín de la Bertrand (donde por cierto sí estaban dos libros míos, qué sorpresa). Al acabar, fui a cenar con un escritor amigo y escuché sus historias vibrantes y con entramados de pura escritura y al volver tuve una breve conversación exasperada con alguien que no me entendía y al colgar, mientras andaba por la Diagonal ya oscura, sentí esa triste irreciprocidad solitaria que contaba Chéjov en El jardín de los cerezos. Hoy he ido a ver a la Esfinge y ha sido un encuentro intenso y afortunado, aunque me habría gustado grabarla para poder recordar sus palabras. Hace un rato me ha escrito Antoni Clapès, poeta y editor, invitándome a hablar otra vez de Danielle Collobert en Vic, en diciembre, con Victor Sunyol y él mismo, en uno de sus Pas a dos.
L. me ha avisado: "No te pierdas la Luna. Está preciosa". Y era verdad. Yo la había visto volviendo por Muntaner con un carro lleno de pomelos, naranjas, kiwis y espinacas. Rodeada de unas densas madejas de nubes lanosas. En la terraza, Rufus también miraba el cielo oscurecido.

jueves, 16 de septiembre de 2010

OCTUBRE: Curso en la Escola d'Escriptura del ATENEU Barcelonés

Foto archivo: Maeve Brennan (Bissinger) Matrícula abierta para mi curso de octubre-noviembre-diciembre en el Ateneu. Copio la ficha para los interesados. ¡Espero que os animéis! Son 5 escritoras apasionantes. Cinco escritoras casi olvidadas (Total 20 h) Horari: dimarts, martes de 18.00 a 20.00 h Data d'inici- Fecha inicio: 19 octubre 2010 Preu del curs/ Precio: 310 € (15,5 €/h) Professorat/Profesorado: Isabel Núñez Programa Isabelle Eberhardt, una europea nómada en el desierto árabe en el cambio del XIX al XX. Jean Rhys, una caribeña frente al mito literario victoriano. Dorothy Parker, la neoyorquina del humor seco y mordaz. Maeve Brennan, una irlandesa refugiada en las calles de Nueva York. Natalia Ginzburg, la narradora italiana del antifascismo
Conferència sobre cada autora, lectura de textos a classe, anàlisi i treball amb els textos.
Conferencia sobre cada una de las autoras, lectura de textos en clase, análisis y trabajo con los textos.
Info, matrícula: dimarts/martes, de 18.00 a 20.00 h
Escola d’Escriptura de l’Ateneu Barcelonès C/ Canuda, 6 08002 Barcelona Tel: 93 317 49 08 Fax: 93 317 15 25 Horari d’atenció al públic: de dilluns a divendres, de 10.00 a 14.00 hores; de dilluns a dijous, de 16.30 a 20.00 hores.

lunes, 13 de septiembre de 2010

No sé por qué

Foto: I.N., Rufus, avec toute sa majesté, 2010
Estos días sólo tengo ganas de escuchar jazz y si acaso voces femeninas cantando blues estilo jazzy, como Madeleine Peyroux y mucha Billie Holliday. Alterno John Coltrane y Miles Davis con esas otras voces. Es muy extraño. Me pregunto si habrá sido cosa de Rufus; creo que a este gato le encanta el jazz y ese jazzy blues. Tendré que poner al día mi discoteca.
Los lunes o martes viene una mujer eficaz que impide que el caos devore mi mundo por completo. Vio a Rufus y elogió sus ojos y "esas rayas divinas". Pero al oír y ver el aspirador, Rufus fue a esconderse en el lugar más recóndito y secreto de la terraza, allí donde no podemos encontrarle, y cuando al fin salió, una hora después de que esa mujer se marchara, estaba enfadado conmigo, ofendido, y se situaba a la distancia justa para que no pudiera tocarle. Por suerte, se le pasó y cuando volví a casa incluso salió a recibirme.
Hoy soy algo más pobre que ayer, aunque más rica en libros y quién sabe si en conocimiento, aunque el conocimiento se encoge y cada vez se sabe menos y se interroga una más, pero qué importa. "¿Cómo van esas melancolías?", me preguntó ayer un amigo artista y ocioso, que está a punto de cambiar completamente el curso de su vida gracias al azar (o al azahar, como decía alguien siempre bromeando). Tuve que llamar a ese amigo porque la respuesta no me cabía en el teclado del teléfono. Le dije la verdad, que yo siempre estoy melancólica y muy feliz, aunque todo me duela, o muchas cosas me duelan, no físicamente pero casi. Es decir, vivo en esa efervescencia, entre las miserias de mi oficio y la incertidumbre de perder la casa y el olvido (con la secreta alegría del escritor que no es reconocido a la que aludía Juan Goytisolo, ese cómodo fracaso que añoraba un artista conceptual) y el dolor de la pérdida y la joie paradoxale que lo hace estallar todo no se sabe por qué. La alegría de mi escritura y los forcejeos e imposibilidad de esa escritura. Y mucho más...
Me he comprado Upheavals of Thought de Martha Nussbaum precisamente porque empieza su exposée filosófica a partir de la muerte de su madre. Lo que he leído en el metro me ha recordado a Richard Ford. He envidiado a los anglosajones, porque la tradición económica y sobria les ayuda a hablar del dolor, mientras que los mediterráneos tenemos que esforzarnos mucho más para no caer en la desmesura y el caos. También porque me interesa que una filósofa construya su pensamiento a partir de lo autobiográfico. Ahora que, como decía EVM en su artículo de ayer, la novela se llena de ensayismo, la filosofía se llena de memoria y autoficción. Y todo eso me llena a mí de esperanza, yo, que escribo esa extrañísima e imposible novela.
Iba yo a ver a mi editor de Menoscuarto (uno de los dos), que siempre es hospitalario y con una inteligencia impregnada de un sentido común casi insólito en estos tiempos viscerales. Nos hemos encontrado a Pere Gimferrer, que huía de La Central por la falta de aire acondicionado, pero Toni Marí ha logrado que lo subieran y lo ha rescatado de la acera. Luego, en la calle, me ha llamado Jordi Herralde, que estaba haciendo acopio de mis galletas favoritas de gengibre. Como tiene la tendencia entusiasta de los que venden, además de hablar de sus libros, promocionaba las galletas y cuando he ido a buscarlas ya no quedaban (la de la tienda me ha dicho que habían venido amigos de Herralde a buscarlas). Yo venía de comprar libros para G., que mañana cumple 22 años, aunque no llegará hasta el viernes.
Ayer estuve hablando con un psicoanalista que coordina unos encuentros entre la ciencia, la literatura y el arte y el psicoanálisis y me ha invitado a participar en una mesa redonda el 16 de octubre, en la Casa del Mar, organizados por esa Plataforma del Psicoanálisis que trata de tener más presencia en la vida cultural y social de este extraño país. Me preguntó cómo iba a plantear mi intervención y yo improvisé y él se alegró porque lo que yo le decía parecía entroncar muy bien con las demás cosas. Y es que los psicoanalistas siempre sacan hábilmente los hilos de todo y traducen y desenmarañan lo que haga falta, rescatando las palabras. Mientras hablábamos, me contó una escena que tenía que ver con la guerra civil y que se me quedó grabada. Luego, en la calle, yo iba a cruzar por un lugar imposible y él me propuso el paso de zebra.
Antes, durante el après-midi, fui a ver a M. Cuando le preguntaron, en un ejercicio ritual, "¿quién ha venido a verla?", la pobre dijo: "Mi prima". A las preguntas que yo le hacía, sólo pudo responder cosas ininteligibles... "Un quiquirimán de plantas", me dijo, y eso me gustó. Pero aún le interesa la belleza y lo que ve como juventud perdida. "Qué guapa estás", me dijo, acariciándome la cara. Me preguntó por G., le enseñé unas fotos de carnet y también las acariciaba. "¿Y tu novio?", me preguntó, refiriéndose a alguien que me acompañaba a verla el verano pasado y que la alegraba con su belleza masculina y sus bromas. La vi mucho más delgada y arrugada que nunca, tranquila en ese lugar bonito, pero perdida para el mundo. Señalaba los árboles, murmurando palabras extrañas, que le costaba articular, como si ahora ya le costara rescatar incluso las sílabas o los fonemas. Al salir, anduve por la calle y sólo veía viejitas que hablaban animadamente, viejitas que andaban con brío, o que tomaban café enzarzadas en conversaciones lógicas. Y pensaba en la vida de M., en esa persecución del no saber que la ha llevado adonde está.
Pero ahora puedo andar y correr y bajar y subir las escaleras de tres en tres como antes, vuelvo a bailar sola por la casa, y ya casi puedo decir que no tengo cara de mapache, aunque también he perdido el color del verano. Hoy, alguien que no es amante de los gatos, sino todo lo contrario, ha venido a conocer a Rufus. Le admira porque Rufus fue abandonado y leyendo su historia en este blog se ha sentido identificado y ahora siempre pregunta por él. Rufus se ha acercado a saludarle, porque este gato atolondrado y a veces asustadizo, tiene un insight tremendo para todo lo humanístico y empático y transmite unas ondas que no dejan indiferente.

domingo, 12 de septiembre de 2010

Otra vez el calor

Foto: I.N., Fred Basset en el parquecillo de Maluquer, 2010
He puesto la cadena francoalemana arte tv para tomarme el té y había un especial flamenco. Ha salido un gitano con traje rojo como una llamarada, zapatos rojos, camisa negra y el pelo largo, y ha empezado su frenético taconeo. Rufus, que estaba muy cerca bebiendo agua, se ha vuelto hacia el televisor, interesado y sorprendido. Habrá decidido ver el espectáculo completo, porque se ha situado en el suelo, en una posición discreta, bajo una butaca preferida, y ahí sigue, mientras también sigue el desfile de flamencos (ahora Prado Rodríguez baila en vaqueros; antes una cantante árabe y una bailarina sufí le han hecho sitio al bailaor del traje rojo). "Por fin un gato que ve la tele", dijo G.
Tengo que decir del alivio de Rufus con la marcha de la flaquita y nerviosa Vera, comparable al mío. Como G., me siento algo culpable, pero hay que reconocer las propias limitaciones, aunque sean coyunturales. Me encantan los extraños rituales de mullido del aire de Rufus. Y sus volteos abdominales cuando le acaricio. ¿Quién te ha dibujado con tanta perfección?, le pregunto, y me mira con sus ojos sorprendentes. ¿Quién te colocó cada raya de tigre en su sitio justo? Se yergue, majestuoso, o se entrega, con esa boca de línea negra que parece sonreír.
Olvidé hablar de lo mucho que me gustó Agua viva de Clarice Lispector, regalo de la Otra Bel, por su construcción poética única, por ese hilo que va tejiéndose casi sólo con su nervio interior, por la fuerza (hipnótica, dijo ella) de su propia voz, por su conexión con la naturaleza y con todo, por la vitalidad de su escritura sólo suya. Su descripción libre y a veces salvaje de las flores, de la intensidad y gradación de sus efluvios, de los espejos, de todo lo que va viendo y tocando con unas yemas de los dedos febriles, como en aquel texto de Barthes sobre el lenguaje. Me interesó aún más ahora que estoy tan ciega y sin encontrar la música ni el orden ni la forma de mi interrogativa novela. (Yo, que fabrico el futuro como una araña diligente. Y lo mejor de mí es cuando no sé nada y fabrico no sé qué...). Acaba la escritura de ese libro en el propio hechizo. Supongo que no cualquiera accederá a esa escritura poderosa y única, pero quienes puedan serán hechizados. (Ahora canta alguien de fusión entre francés, música árabe y flamenca).
Anoche, entre las oleadas de sueño brutal en que me sumió el virus de Vera, forcejeando con él gracias al asombros oscilococcinum (que aquí vale el doble o triple que en Francia, según las farmacias, es un escándalo), fui con B. al cine a ver esa película de la monja medieval (Hildegard von Bingen) de Margarethe von Trotta, Vision, y me gustó, de factura clásica pero con unas imágenes maravillosas y la mirada feminista de esa monja medieval que supo abrirse su camino al conocimiento, la medicina natural, la belleza y lograr independencia y sostenerse con sus visiones sin que los que la acusaban de hereje lograsen su objetivo, usando su poder intuitivo y su sagèsse (B. la comparó a Santa Teresa, con razón), su forma de hablar de la naturaleza, del amor sáfico, de la amistad en medio de las luchas de poder, las paradojas, los celos, sus reflexiones que hacía tiempo no llegaban por aquí. Y esos bosques alemanes, esos árboles. También me gustó mucho escucharles hablar, y qué maravilloso sonaba el latín con acento alemán.
Ha muerto Claude Chabrol. No es que fuese de mis favoritos, pero a veces me interesó y sobre todo, es la sensación de que se muere mi mundo, de que todo desaparece... Claro que podemos envolvernos en libros y películas como si fuesen una segunda piel. Aun sabiendo que todos han muerto.
Por cierto, en un viejo Cultura/s, SVSJ hablaba con gran elocuencia de un libro que tal vez me interese. He decidido comprar el libro... en la red: en inglés, nuevo vale 7 euros, viejo 6 euros, e incluso junto con los 6 euros del transporte, me cuesta la mitad que la versión española, de 24 euros. ¿Cuándo se darán cuenta nuestros editores que los libros son muy caros, y más en un país donde tan poca gente lee?
Hoy he vuelto a dormir profundamente, y siempre me alegra recordar mis sueños como estos días, incluso cuando son pesadillas, o como dice mi amigo serbio, "medias pesadillas, que son peores". Pero yo los agradezco, porque me traen noticias frescas del inconsciente y me ayudan a pensar/me, y también porque me fascinan esa inteligente poética de la sustitución, ese lenguaje visual, esos modos.