martes, 7 de junio de 2011

Héme aquí

Foto: I.N., Rufus, cerca, 2011
Isabel viendo llover en un Macondo oscurecido, rodeada de papeles para mi declaración de Hacienda, maldiciendo una vez más mi caos y los duendes que esconden mis documentos en el momento clave, con Rufus y el agua que cae y cae y cae... Llevo media tarde desconectada de la red, empapelada en el registro de mis gastos y mis vacas flacas. He pasado el día traduciendo a Giono. No he escrito mi novela, aunque he vuelto a leer un capítulo que ya leí ayer y que necesitaba sólo ser pelado, eliminando lo reiterativo para que quedara desnudo. Hace días que tengo la sensación de que todo se estropea a mi alrededor -se funden las bombillas, la nevera protesta, la lavadora se hace de rogar para ponerse en marcha, la cadena del váter ha perdido su capacidad ahorrativa y sigue echando agua hasta vaciarse, ya no tengo impresora compatible, y mi memoria externa pide ser reformateada para mac o se niega a aceptar información (aunque Steve Jobs ya ha anunciado una nube donde podremos guardarlo todo; ¿será una nube como éstas que ahora lloran sobre nosotros? ¿será una nube de hielo de las que temen los pilotos?). Ayer, cuando acabé de ayudar a G. en un trabajo suyo, mientras hablaba por teléfono temí que se hubiera estropeado otra clase de cosas, me fui a dormir con una desazón y me he despertado aún impregnada de esa grisaille, influida también por el universo despiadadamente misógino de una novela que leía.
Rufus ha venido a reconfortarme. Cuando la tormenta ha empezado en serio, él estaba en su váter de la terracita sur y al estallar un trueno, el pobre gato se ha dado un susto de muerte y ha atravesado el pasillo prácticamente volando para ir a refugiarse bajo mi cama. Luego ha vuelto a dormirse en el sofá, agotado.
Hoy ponían una película del director con quien cené en un italiano maravilloso de San Francisco -aunque sólo fue maravilloso aquella noche, en que todos los platos eran los que debían ser y nosotros empezamos hablando de gatos y ultracuerpos-, pero yo no tengo tiempo de ver nada. Hoy también he vuelto a poner una canción de Lightnin' Hopkins y llevaba sin darme cuenta un chalecillo que compré en un museo de Los Ángeles. Así que me he acordado de aquella música de piano que me envolvía por teléfono y he estado a punto de llamar al músico para decírselo. Sarinagara...
Cafè Central se prepara para publicar en forma de plaquette bilingüe mi texto sobre Denise Desautels, que leeré el 27 de junio en Laie y que Robert Ferrer ha traducido al francés y me ha gustado mucho verlo escrito en esa lengua, con todas sus citas de poemas de todas partes... Y ayer, mi editor del libro de la ciudad me dijo que no me preocupara, que el libro saldrá pronto, en cuanto puedan ponerse a ello... Así que debería sentirme feliz, olvidar la angustia de la pobreza, pensar que todo esto es transitorio y que este mundo viejo e injusto, como dice Galeano, está preñado de otro mejor... Rufus duerme ya en el nuevo y lo dibuja con sus vibraciones gatunas...
El viernes me iré a Madrid, aprovecharé para ver la exposición de Atget y luego iré a la Feria a firmar nuestro SINRAZONES DEL OLVIDO, a la caseta 133, de La Central, no muy lejos del ángel caído. Espero que mis amigos tengan piedad y vengan a verme.
***********
Escribo en la grisaille melancólica de esta mañana siguiente. No se acaba. Me he levantado con mis duelos, cuando creía que habían desaparecido. Han vuelto ayudándose por un youtube de una pequeña rebelión antiberlusconiana en la ópera, con Ricardo Muti y en pleno Nabuco, en presencia del gángster que sigue erosionando ese país e inspirando a nuestros políticos. Mi padre, la ópera, el mundo que se fue y el que duele, mi madre perdida y la gata seria... (un río que madruga para ir a fabricar el agua de las lágrimas, pequeñas mentiras de lluvia heridas por una púa de acacia).
Dice Lêdo Ivo en "No jardim" (En el jardín):
O sol no jardim.
O jardim dentro na flor
aberta como una grande umbrela
na claridade do mundo.
E o sileêncio das constelaçŏes ocultas
no céu de verāo.
Y anoche leí al fin ese poema de Juan Carlos Mestres que habla de un lugar que está dentro de un poema de Lêdo Ivo, Cavalo morto.

viernes, 3 de junio de 2011

Ya me iba al cine

Foto: I.N., John Muir Woods, 2011
Pero me di cuenta de que se me había hecho tarde mientras compraba. ¡Qué sensación de libertad deliciosa de viernes sin salir! Iba pensando, cómo no, en mi novela, que ahora me abstrae más y más, aunque no sepa hasta cuándo, ni adónde me lleva exactamente la última deriva... Entre dos o tres paradas de autobús he leído L'instant de ma mort, de Blanchot, que me ha encantado. Me ha recordado, aunque fuera muy distinto, a aquel librito delicioso de Julien Gracq, El rey Copethua. Aunque Blanchot es otra cosa. ¿Quién decía en facebook que su ficción no está a la altura de sus poéticos ensayos? En cualquier caso, esta pieza sí lo está. Ese momento de fin de la guerra en el que la muerte llega fulminante para unos y perdonando arbitrariamente a otros, haciéndolos culpables, y a la vez no faltan las extrañas epifanías, y el peso de la historia más lejana y... Todo en unas pocas páginas, delicadas y densas, como siempre Blanchot, esa poética suya tan filosófica.
Mientras andaba por la calle, me preguntaba qué quería escribir de otra época agitada y bulliciosa, en un capítulo que me ha surgido de pronto "en el vientre de otro", como decía Galeano del mundo que viene. No sé aún qué haré, si el huevo romperá o se quedará ahí, como en la panza del canguro...
El otro día vi una película sobre una exposición e instalación de Esther Planas que me perdí, hélàs, en la muestra BCN Producció '10 en noviembre pasado en la Capella. Me gusta esa definición de su trabajo como "pop oscuro y situacionista". En cualquier caso, parece describir bien ese mundo suyo que prefiguraba también las movilizaciones y acampadas de los indignados, además de mostrar otras muchas cosas, con su mirada crítica y talentosa. La película está llena de una melancolía de lo urbano que une la vieja nostalgia irónica de Betty Boop con las heridas de la historia y sus luces, la destrucción de la ciudad, nuestro Angst, y ese "desde mí" empático que la muestra a ella andando por las calles con su aire algo rockero, esas calles de la ciudad ambivalente donde todo late, duele, recuerda, pero donde no falta el humor ni la indignación vital y crítica. La película es preciosa, tiene esa poética del todo, que parece reunir el universo en una secuencia de imágenes, incluso la música refleja ese todo pynchoniano, melancólico, sutil y salvaje al mismo tiempo. Furiosa conmigo misma por haberme quedado abstraída en mi dolorido invierno y habérmela perdido allí, ver esas imágenes (y escuchar la película) me llenó de la felicidad de las afinidades y los encuentros.
Hace mucho que no voy al cine, pero por suerte veo estas cosas que me traen los amigos.
¿Cómo explicar? Me gustaría avanzar más con la eterna traducción de Giono, pero algo avanzo. Y en cuanto a la novela, ¡qué felicidad! A pesar de lo doliente. He escrito la enfermedad y la muerte de mi padre, reconvirtiéndola, pero la escritura es tan poderosa que ahora siento como si hubiera sido ayer y no hace doce años. Otra vez volvió a producirse ese extraño efecto mágico, difícil de explicar, que siempre se repite. Escribo sobre alguien y reaparece en lo real: un personaje que jugó un papel bien triste en la muerte de mi padre y a quien no había vuelto a ver. Al salir de un restaurante con dos amigas apareció y me vio tan estupefacta que creyó que no le reconocía. "Si supieras cómo te recuerdo", pensé yo. Por lo menos, esos días. No, él no puede imaginar, parecía más redondo e incluso feliz, sin sospechar nada de lo que ha inspirado. En esa misma calle reaparecieron una vez dos personajes que salían en uno de mis cuentos. Por teléfono y por email aparecieron otros tantos. En cambio nunca llegó el único personaje al que me habría gustado volver a ver, si es que existe todavía, en algún lugar del mundo.
Anteanoche me llamó J. y le pregunté si no le importaba que utilizara algo de él en mi novela. No es un pasaje alegre ni halagador, pero yo tengo la tentación de escribirlo. J. se echó a reír y me dijo que yo tenía derecho a escribir lo que quisiera. Dijo que le gustaba mi honestidad y al día siguiente aún seguía contento de la pregunta. "Espera a que lo lea", dijo L, con su pesimismo descreído, porque tampoco ha leído ese texto. En cambio B. esperaba esa buena reacción de J., me dijo que lo había imaginado.
Ayer fui a la presentación del Premio de Traducció Poètica Jordi Domènech, que se celebra en el Arts Santa Mònica. Ganó Antoni Xumet i Rosselló, por su traducción de Gravitaçoes, de António Ramos Rosa. El traductor y profesor Joan Fontcuberta hizo la conferencia y me citó generosamente. Antoni Clapés estuvo especialmente brillante y preciso, atinado y con su calma sapiente, contando muy bien lo que hacían y el lugar que ocupa, ¡ese privilegio casi secreto! Estaba la Reina de la Traducció, y en general, la crème de los traductores, y Clapés bromeó que si ocurría algo allí, Catalunya se quedaría sin los mejores. Estaba Anna Casassas, que dio la conferencia del año pasado, y hablamos de una posible visita mía a su campo francés, lleno de árboles centenarios. A mí me tocó hacer la conferencia de ese premio tres años atrás, cuando se celebraba en La Pedrera, bajo aquel techo maravilloso de blanco oleaje y con los magníficos plátanos del Passeig de Gràcia asomando por la ventana. Yo estaba muy nerviosa y leí Els meandres de la traducció a una velocidad imposible, pero me aplaudieron muchísimo y CHM me dijo: El text m'ha agradat molt! L'has llegit massa depressa, però si arribes a llegir més lent, el sostre hauria caigut amb els aplaudiments. Yo me quedé muy contenta de haber puesto en ese texto tantas cosas de mi vida traductora, y de que hilándolas tan locamente el resultado le gustara tanto al público traductor de La Pedrera. Anna Casassas me dijo que había leído ese texto mío, pero temo que no le gustó o lo olvidó por completo, porque no añadió ningún comentario. En cambio A. Clapés aprovechó la ocasión para elogiarlo una vez más, con ese entusiasmo suyo (considerando que la palabra griega enthusiasmo significa estar habitado por los dioses, según recordaba Galeano en la plaza de los indignados). Luego traduje ese texto al castellano y (además de la plaquette catalana de Cafè Central) se publicó en Vasos Comunicantes y puede leerse aquí, en la página 21. Ayer, un traductor al que yo sin duda he leído se me presentó alegremente como uno de los lectores silenciosos de este blog (eso siempre alegra!). Anna C. me dijo que hoy iría a uno de los últimos programas de L'hora del lector, que la nueva dirección de TV3 ha decidido suprimir. También han anunciado que suprimen la Institució de les Lletres Catalanes. Y han reducido el presupuesto de compras de las bibliotecas en un 83 por ciento. Estos políticos hacen sólo lo contrario de lo que hay que hacer en todos los ámbitos. Habrá que resistir. Yo voy a ir a la manifestación antinuclear del domingo. Saldrá a las 12h del Pla de Palau y acabará en la sede de Fecsa-Endesa. Ya sé que a algunos no les parece un tema prioritario. Si supieran lo que yo sé -lo que me han explicado los expertos y lo que he leído-, vendrían todos a la manifestación. Por cierto, estupenda la respuesta de Kiko Amat a Monzó sobre los indignados.
El martes, al acabar mi clase dedicada a La tormenta de nieve de Tolstói, bajé del café a la librería Laie y estaban presentando Habladles de batallas, de reyes y de elefantes, de Mathias Enard. Lo presentaba Emilio Manzano, y me quedé un rato escuchando. Vi a Javier Pérez Andujar, de espaldas, vi al arrogantísimo RF, contemplando el mundo desde sus alturas, a Robert Cantavella, que parecía iluminado tal vez por lo amoroso o la afinidad o una conversación interesante, a Assumpta Roura y a muchos otros. Me gustó escuchar a Manzano como una prolongación del programa que se acaba y a Mathias hablando de su relación con el secreto Miguel Ángel, su proceso con el libro, lo que importaba y lo que no. Mathias, además de un escritor de verdad, es amigo de mi amigo serbio, yo defendí un libro suyo cuando aún no era famoso ni había triunfado tantísimo en Francia y en todas partes y luego le conocí en la Vojvodina, en una casa de escritores, mientras hacíamos un pequeño tour literario serbio. No me quedé al final de la presentación, para evitarme los desplantes y la condescendencia que suelo encontrar en esta ciudad tantas veces. De hecho, tenía una tarde algo melancólica, a pesar de la maravilla de Tolstói y de mis simpáticas alumnas del curso y de la infusión de gengibre de ese bonito café, me había entrado lluvia en mis zapatillas de pantera rosa e iba pensando en mis miserias de traducción, en esas desautorizaciones secretas que me impiden ganarme la vida normalmente y me devuelven a la angustia de la falta de dinero. Y sin embargo, sarinagara...
Hoy me ha llegado al fin La casa roja de Juan Carlos Mestre, aunque todavía no lo he abierto, y un número viejo de Anthropos dedicado a Blanchot. Estaba a punto de escribir mi reseña del Cuaderno de noche, y sin querer, porque esto de los sueños es contagioso, he retomado los Sueños de Walter Benjamin y los de Theodor W. Adorno, que son mis preferidos. Y ahí cerca están los de Kafka. Y uno mío, que me gustaría contarle al hombre que escucha. Fui a verle ayer y otra vez salí con el espíritu ensanchado y revoloteante, no sé por qué. Tal vez porque incluso cuando, como ayer, había allí una advertencia seria, me da la sensación de que estoy tirando del hilo y salen cosas útiles, aunque no sabría explicar exactamente.
Rufus corretea por la casa, dormita, sale de caza a la terracita, pide abrazos y caricias, vuelve a dormir. G. se ha ido un rato a escalar unas rocas, no recuerdo a dónde. Yo siento una paradójica felicidad estos días, sarinagara, gracias a la novela, aunque vuelva la melancolía y aunque a veces sea duro escribir ciertos pasajes. Gracias a la generosidad de alguien, he cambiado de ordenador, me he alejado de las garras de BG, y he entrado en el mundo mac. Tiene algunas imperfecciones, pero me gusta muchísimo más y ya soy libre de aquellas amenazas de virus, tan parecidas a las falsas y absurdas amenazas a que nos someten los políticos, big pharma y los medios que la sirven.
Por las mañanas alterno tres verdes chinos maravillosos, a cuál más delicado y sutil, de esa tienda parisina que me los manda junto con muestras de otros tés, igualmente magníficos. Para las tardes últimamente tomo un roïboos almendrado con unos efluvios que me arrastran a donde sea. Pero en el desayuno, oh, qué delicia: yo siempre tomaba Long Jing (o Lung Ching), pero ahora lo alterno con Lin Yun y Long Zhu...

viernes, 27 de mayo de 2011

He ido

Foto: I.N. El visitante, 2011
He ido a la presentación de Chantal Maillard y su Bélgica dividida, con el "corassón partío", como dicen en el sur, porque quería estar en la plaça Catalunya, porque sabía que se llenaría otra vez. Iba ligera, con mis zapatillas de la pantera rosa, por si en el último momento cambiaba de opinión o si al salir me daba tiempo. G. me ha dicho: "No et preocupis, jo hi vaig per tu", y en parte me sentía representada, como también en la peligrosa y brutal carga de esta mañana. Pero Chantal Maillard precisamente había escrito: "Cuando las más simples reglas de la lógica quedan ausentes de los discursos de quienes nos gobiernan y son reemplazadas por el más puro cinismo podemos decir que estamos asistiendo a un caos político y en tales circunstancias es necesario que la democracia se ejerza en la calle", así que ir a escucharla no me pareció una traición a los indignados. Había estado a mediodía y al salir del metro y ver la plaza llena de gente otra vez y burbujeante y pacíficamente guerrera se me había ensanchado el espíritu. Me han dicho que incluso las empleadas del Corte Inglés estaban de acuerdo con los indignados.
Ayer había estado leyendo Bélgica, ese libro maravillosamente editado habla de algo que me concierne a mí. Yo había escrito aquí sobre el misterio de esa nostalgia que no es un deseo de volver a otro tiempo, sino de otra cosa que se me escapaba. Precisamente aludía a la Nostalghia de Tarkowski. También, muchas veces, he hablado aquí de la joie paradoxale, malgré le monde (Marion Richez) y héte aquí que Chantal Maillard me responde sin saberlo, con su charquito en la carretilla, cuya visión la llena de un sentimiento gozoso sin razón, y sigue el hilo y fracasa en encontrar el objeto de la felicidad porque no existe, porque en realidad, la nostalgia es sólo de volver a la inocencia, a esa primera vida de la infancia, sin razón ni prejuicios, en la que se descubre el mundo por primera vez. Y yo, que viví una infancia infernal (y que pese a todo he llegado a amar, por su paisaje luminiscente, por ser la materia de mi escritura y también por su ética contraria, que me ha hecho ser lo que soy, construirme para no ser como "ellos", los que me rodeaban entonces), pero que he llegado a comprarme una blusa porque la tela se parecía a una que tuve de pequeña, llena de una emoción extraña... Precisamente yo, que he traspuesto siempre a los objetos sentimientos que no podía comprender, que he descubierto una y otra vez perpleja ese deseo de volver no importa dónde... me he alegrado mucho de haber estado allí. Y es que en ella encuentro algunas afinidades extrañas, que me hacen estremecerme y que no podría explicar. Ha hablado Maillard de ese conservadurismo de Bélgica, que le ha permitido encontrar todos los lugares donde había vivido, intactos. Y Argullol ha dicho enseguida que era una suerte porque aquí se destruye todo, no nos dejan nada, no hay lugares para la memoria, no hay referentes, y yo conozco tanto ese vacío, esa sensación de pérdida y destrucción constante, pero no con selva que devore los monumentos como en Angkor, sino con puro cemento y fealdad mutante. Recuerdo la arquitectura protectora y los árboles de Bruselas, que crecen libres y vetustos, excéntricos como sus habitantes, sin que nada los amenace, y que en invierno dibujan marañas y texturas asombrosas, cimbreantes. He comprado otro ejemplar de su libro para regalar mañana, en un cumpleaños. Es precioso: la fotografía de la portada, la luz que ilumina la mirada de ChM bebé hacia el perro que fue su primer amigo en el mundo en realidad esclarece todos sus libros. El gesto de la patita del gato que la salva una vez en la bañera, del ensombrecimiento y la muerte. Todo está en esa fotografía. Argullol y Maillard han hablado de Tarkowski, yo no quería intervenir por segunda vez por no acaparar, pero si no habría dicho que La infancia de Ivan también habla de esas mismas claves, y sobre todo tiene esa luz de las fotos de ChM, en su recobrada Bélgica. Y también del primer capítulo de mi novela. No puedo escribir esto sin un leve estremecimiento. Esa luz.
Ha sido un día agitado desde el principio, cuando le he mandado un sms a G. diciéndole: ¡Están desalojando! y él me ha respondido que estaba allí, y yo le llamaba, angustiada por él al saber que estaban cargando con una violencia muy parecida a la de la policía franquista (sólo que aquellos eran más vulnerables que estos mossos disfrazados de Darth Vader y sus fuerzas del mal), que pegaban a un chico en silla de ruedas, a jóvenes y viejos, a periodistas, a chicas que les ofrecían flores. Al parecer, la consigna ha sido carta blanca para desahogarse. Les han robado los ordenadores y las 40 mil firmas que habían reunido, con la complicidad de los trabajadores de BCN-neta. La indignación ha crecido y las multitudes también. Y en Madrid, los chicos de la plaza del Sol han gritado "Barcelona, no estás sola", como en aquellos viejos tiempos solidarios. Las redes se han contagiado de la efervescencia y el bullicio, plagadas de fotos, vídeos, informaciones, sustituyendo o completando a los medios. Todo el mundo comparte enlaces interesantes, indignación y combatividad. G me ha contado los trozos que me faltaban para comprender. Tal vez me equivoque, pero para mí algo se está moviendo, y aunque será difícil, caprichoso y caótico, puede ser el principio de algo grande, una especie de abracadabra que movería la roca de la entrada, del gran cambio que el mundo necesita urgentemente para salvarse, porque estamos gobernados por psicópatas.
El mirlo ha venido un montón de veces hoy y Rufus se preparaba para atacar. Por suerte, este gato cazador no se enfada cuando le impido que se acerque a su presa y ahuyento yo misma al simpático pájaro negro. Rufus parece contento con su nueva comida bio. Se la compré en una pequeña tienda revolucionaria, a un argentino de ojos negros y fogosos que sostenía un perrillo bulldog en brazos. "Es imposible que no le guste", me dijo. Yo enarqué una ceja interrogativa. "Porque es comida de verdad", dijo él. Me demostró que los piensos que venden todos los veterinarios por estos lares son malísimos, llenos de las peores grasas y de maíz transgénico, etc. Así les chats qui ont tendance à l'embonpoint, como Rufus, no pueden recobrar la forma. Y tenía razón. El olor es muy distinto y a Rufus le sentará bien. Es una época de cambios para todos.
Rufus está revolucionado y bullicioso, persiguiendo bichos invisibles o siguiéndome a mí. Y buscando sitios frescos. Ayer le descubrí dentro de un armario ropero. Un pañuelo mío había caído al suelo del armario y le servía de almohadón interior.
He vuelto a escribir en Polis

miércoles, 25 de mayo de 2011

No podía dormir

Foto: I.N. Rufus por la ventana, 2011
Había vuelto esa extraña electricidad que parece puramente fisiológica y desencadenada por algún agente ajeno, químico, exterior a mi cuerpo. Y con todo, si sólo fuéramos un conjunto de impulsos eléctricos... Me puse los gongs tibetanos y la lluvia, pero me venían una tras otra, como otra clase de lluvia electrizada, pensamientos que no había podido elaborar en una discusión nocturna, reconstruía al fin la situación como si antes no hubiera podido, tal vez por el puro agotamiento. También recordaba los no-dichos de la presentación de Sinrazones del olvido en La Central. Estaba lleno de gente, pese al goteo de mensajes de los que no podían venir. A algunos pude saludarles, a otros les vi o creí verles de lejos, sonriéndome y algunos nos felicitaron generosos. Àngel V. me dijo: Has millorat molt, eh? Cada dia parles millor en públic, més calmada, amb una facilitat... Es mucho más fácil y menos expuesto dar la cara conjuntamente por un ensayo sobre otras autoras y escrito a cuatro manos que presentar mis cuentos, pensaba yo; ¡la responsabilidad compartida! La verdad es que me gustó volver a escenificar fragmentos de esas autoras nuestras, verlas flotando un poco en el aire de la librería y escuchar a Lydia Oliva argumentar brillantemente sobre su parte. Olvidé hablar, por ejemplo, de aquella biografía de biografías de Janet Malcom, o rematar mi alusión a dos biografías magistrales. Mientras hablaba, veía una mujer desconocida, en las filas de en medio, que asentía sonriendo, sobre todo cuando conté las razones de las sinrazones, mi teoría del "sí, pero...", que también le gustó mucho a G. También me habría gustado seguir con las interesantes reflexiones sobre la biografía que planteó Anna Caballé en su intervención generosa y contextualizadora. Al salir de la presentación, fui a cenar con unos amigos, pero no tenía hambre (nunca tengo hambre después de presentar un libro), me sentía perpleja y pasada de vueltas y creo que no dije apenas nada. Sentía como si me hubieran aspirado las ideas, ni siquiera recordaba, sólo escuchaba. Llegué a casa en un agotamiento total y tuve una sensación de irrealidad algo espinosa. Y al echarme en la cama, aquel torrente de pensamientos.
Al fin me levanté. Eran las cuatro. Apagué todas esas luces excesivas de los aparatos electrónicos de la sala. Se oían unas motos ruidosísimas, ¿o eran coches? Recordé vagamente cuando iba al circuito de Montjuïc, a los quince años, aquel olor a gasolina. Me eché en sofá de la sala, junto a Rufus, y su ronroneo me durmió profundamente durante dos horas. A las seis volví a mis aposentos, pero no podía dormir, así que volví otra vez con Rufus y caí dormida una hora más. Hace cinco o seis días, estaba encallada en un capítulo difícil de la novela, apagué el ordenador, fui a ver a Rufus, me puso las dos patitas blancas en la frente y como en una conexión interestelar, empezaron a llegarme las frases de arranque. Miré su cara rayada de tigre y le dije: Rufus, ¿qué sabes tú? Y es que los gatos son puro misterio, como dice Darío Jaramillo. Escribí todo aquello, pero sigo en ese capítulo extraño, otra vez he vuelto a encallarme; tal vez necesito un paseo solitario, o la ayuda de Rufus de Bengala. Hace calor de verano y se oyen las voces bulliciosas de los niños en la guardería y los estorninos cruzando el cielo. Ayer, cuando vino el mirlo antes de irme a la presentación y se acercó andando por el suelo de la terraza, Rufus estaba agazapado y oculto tras la esquina, dispuesto a saltar como un luchador de sumo. Rufus es tenaz y nunca pierde la esperanza, pero yo me opuse. No se enfadó, no es rencoroso, sólo espera su momento con una infinita paciencia. En cambio, el ruido del aspirador le saca de sus casillas. Ayer vinieron a limpiar, y al oír ese fragor espantoso, mi gato quiso huir y como mi vecino le ha cortado el paso a su terraza, ya se iba a jugar la vida por fuera de la barandilla, sin darse cuenta de que su peso no le permite esos riesgos.
He tenido un sueño oscuro y violento y me he levantado envuelta en una decepcionada melancolía, que tal vez sólo tenga que ver con el cansancio. J me vio despierta en skype y me contó que él apenas necesitaba dormir. Es una suerte; en cambio yo necesito muchas horas de sueño, de ahí mi conflicto con ese insomnio electrizado, que siempre me hace preguntarme si habré tomado más té verde de la cuenta en el desayuno, y que me impide seguir tomando tés durante el día, como antes, cuando sí dormía como un oso (así dicen los alemanes y me gusta más que la idea triste del tronco).
Ayer estuve al fin más sumergida en Giono. Necesito acabar esa traducción, pero voy tan despacio que es mi ruina. Es maravilloso, pero me obliga a aguzar el ingenio y la búsqueda de frases ingeniosas, entre lo popular, la tradición y su parodia, para estar a su altura. Además de sus jeroglíficos, que no están en diccionarios ni en ninguna parte. Graham T. ha traducido muy bien uno de mis cuentos al inglés para una antología digital internacional, hecha con un criterio generacional. No es uno de mis preferidos de Algunos hombres... y otras mujeres, pero sabía que lo elegirían por el título y me gustó verlo brillar en inglés tan rápidamente.
Creo que podría haber un segundo motivo interno para mi electricidad insomne de esta noche. A veces, en esas presentaciones, la vibración que siento al dejar palabras en el aire silencioso y atento me hace intuir otra vida, la que querría, pero también la que una parte de mí no cree merecer, no autoriza del todo y sigue obstaculizando leve, subrepticiamente, poniendo el freno de mano. De esa tensión surge la electricidad, la perplejidad y el agotamiento. Por eso me sentía tan sobrepasada al llegar. Y sin embargo, sarinagara...

domingo, 22 de mayo de 2011

Presentación de SINRAZONES

SINRAZONES DEL OLVIDO. Escritoras y fotógrafas de los siglos XIX y XX
de Isabel Núñez y Lydia Oliva -
Martes 24 de mayo - 19.30 horas - Librería LA CENTRAL, Mallorca, 237 - A cargo de Anna Caballé, profesora de Literatura (UB) y crítica literaria - Con la presencia de la editora de Icaria, Anna Monjo y de las autoras: Isabel Núñez y Lydia Oliva

sábado, 21 de mayo de 2011

Mientras

Foto: I.N., Caminos del Montseny, 2011
Hace tanto tiempo que no escribo aquí que ya no recuerdo cómo era. Hoy he vuelto a andar por un camino del Montseny completamente solitario y silencioso, y brillaba el agua del arroyo sagrado entre los árboles y las rocas lavadas y a veces se abría un claro con una cascada y el aire estaba lleno de pájaros. Iba con MP, la que bautizó esta ciudad como Dogville (oh, ya sé que el director de esa película ha caído en desgracia por sus estúpidas declaraciones, la misma enfermedad interna que se veía en su cine, y me admira la reacción fulminante de los franceses ante esas cosas, pero esto no tiene nada que ver, la palabra sirve para definir una atmósfera predominante) y que encontró otra vida lejos de aquí, en un lugar más boscoso y amable, pero a veces viene a pasar una semana y la ciudad le encoge el espíritu. Un buen paseo por el bosque es la mejor manera de hablar y pensar, un poco a la manera de Stevenson y Hazlitt en aquel libro de los paseos, o con el espíritu de Walser.
Ayer por la tarde fui a ver a los acampados. Ya sé que alguna gente se burla de este movimiento, vaticina que será inútil o que beneficiará a la derecha. Yo sigo creyendo que en cualquier caso, la expresión de la indignación por parte de la gente es positiva. Creo que es importante el mensaje de que no n dejará pisar indefinidamente, que no seguirá sometida a todo. También me parece útil que ellos mismos se den cuenta de su fuerza. Aunque no sepamos si esto podrá vertebrarse y convertirse en algo permanente, incidir en la historia, contener una tendencia perversa e invertirla de alguna manera. Podría ser el principio de algo histórico o desaparecer, pero permite tener alguna esperanza en este país. Ayer en la plaça Catalunya me pareció ver que los que llegaban iban discutiendo entre sí. No iban simplemente a mirar, sino que discutían. Y en un país en el que no se habla de nada más que de fútbol o de comida, eso ya es algo. A veces hemos discutido hasta dónde se dejaría la gente pisar y asfixiar y este estallido es simplemente un "hasta aquí hemos llegado". Lo difícil será darle continuidad, pero también ayuda que se propague por otras ciudades.
Mientras, escribí alegremente el prólogo de las Crónicas de Nueva York de Maeve Brennan, y releyendo a Nabokov sobre Tolstói para una clase que suspendimos (yo fui a ver a Juan Gellman y me gustó verle, aunque algunas palabras se perdían en su abstraímiento -¿será esa desconexión última, como aquel abstraímiento en la escritura de Colette en Le pur et l'impur?-, me quedó aquel poema de su tío Juan, que murió como un pajarito y sus cenizas seguían piando...), y aún me ha alegrado más la reacción del editor que me encargó un texto para la presentación de un libro -Tomba de Lou de la poeta canadiense Denise Desautels, el 27 de junio en Laie- y va a publicarlo en forma de plaquette. Yo había decidido no escribir ese texto, pero cambié de opinión y descubrí que podía apropiarme de aquello y convertirlo en un espacio para decir algo que latía con fuerza, y así lo hice. Cuando se lo leí a la Otra Bel, ella calificó mi escritura de hipnótica, dijo textualmente que la había hipnotizado, luego lo leyó CHM y lo elogió generosamente. Y por fin lo leyó el editor (y poeta) y concluyó que era extraordinario y que sería una plaquette majestuosa y decidió traducirlo también al francés. Y yo, que tuve tantas dudas y que, mientras se lo leía a la Otra Bel sentí que si leía algunas de aquellas palabras me moriría después, la femme foudroyée, por haber desafiado a los dioses...
No he seguido del todo con la novela y ese vacío duele y casi nada puede sustituirlo. He pescado apenas retazos de sueños, estaba madrugada soñé que me había dejado mi cuadernillo gris en un seiscientos que estaba en la terraza pero habían aparcado dentro de la casa, una casa grande y destartalada donde la gente entraba y salía, justo después de que se fuera una coscolina rusa de ojos negros y piel muy blanca que podía parecerse un poco a un personaje trágico de mi novela o a Anna Karina en Vivre sa vie con sus sospechosos acompañantes se , y yo me sentía terriblemente perdida, desesperada sin el cuadernillo, pero luego me preparaba para expresar mi desesperación ante los demás -personajes de mi novela, personajes oscuros de mi infancia- como si fuese una pieza teatral. Cómo me fascina el lenguaje de los sueños. Por cierto que cuando acabe de reseñar a un autor considerado como el más interesante de la narrativa alemana contemporánea, Clemens Meyer, me pondré con el Cuaderno de noche de Inka Martí para Turia.
Ayer leí en un momento ese librito precioso, Gatos, de Darío Jaramillo, que también les gustarán a aquellos amigos de los gatos abisinios, la piedra y el verde. Aunque ellos, como yo, disentirán de Darío Jaramillo en que los gatos no aman o no quieren ser acariciados. Todos mis gatos me han demostrado lo contrario, pero Rufus es una prueba aún más irrefutable. Cuando me sigue a todas partes y adopta sus poses majestuosas junto a mí en la cocina o el baño, cuando aprovecha que hablo por teléfono o leo en el sofá para adherirse a mí adaptándose a la forma de mi cuerpo, cuando me despierta mirándome o entierra la cara entre mi brazo y la cintura, en los pliegues de mi ropa, la extraña relación del poeta Jaramillo con esos gatos que dibuja tan maravillosamente pour le reste se vuelve evidente. Dice el primer poema:
La luna dora los techos.
Inesperadas, aparecen las sombras de los gatos.
Son tan sigilosos
que son solamente sus sombras.
Ellos ven todo sin ser vistos
y todo debe estar quieto mientras se mueven
para que ellos puedan sentirse inmóviles,
los gatos, sus sombras.
Esta noche me habían invitado a una excursión emocionante para ver una mariposa en pleno proceso de transformación, pero no me he decidido, aun sintiéndome halagada por ese honor. Tengo conmigo una prometedora biografía de María Moliner, El exilio interior, de Inmaculada de La Fuente. Parece imposible no sentir curiosidad hacia esa mujer valerosa que se dedicó sin apoyo a las palabras y construyó un diccionario tan distinto e interesante, sin que la misógina RAE quisiera aceptarla. Un traductor le ha dado una versión inglesa a uno de mis cuentos de Algunos hombres... y otras mujeres, "La noche que murió Franco", seleccionado para una antología internacional, y me ha alegrado leerlo así, sin tener que pelear por las palabras, fluido y brillante en sus hallazgos.
Mañana votaré Escons en blanc. El 10 de junio firmaré Sinrazones del olvido en la caseta de La Central de la Feria de Madrid, de 19 a 21horas. Y pasado mañana, martes 24 de mayo, presentaremos Sinrazones en La Central de Mallorca 237, a las 19.30. Espero que vengan, lectores silenciosos.

jueves, 19 de mayo de 2011

Mensaje de un escritor lector de Sinrazones

Foto: Jean Rhys, Fay Godwin, 1974
Querida Isabel: Me he demorado un tanto en responderte pues evalué la posiblidad de acudir a Barcelona con motivo de la presentación de tu nuevo libro. Al final, no podré acompañarte en un acto, que estoy seguro, será cálido y gratificante para ti, pues no puede ser de otro modo dada la calidad -y calidez- de vuestros diez retratos y la perfecta elección de su presentadora (Anna Caballé), de quien no hace mucho leí su extraordinario ahondamiento en eso que se dio en llamar el misterio de Carmen Laforet y que ella desentraña con documentación, paciencia, lucidez, inspiración y una imprescindible voluntad de empatia -que no adhesión- con la autora de Nada. Esas virtudes -esenciales en la semblanza de un escritor o de una escritora- rebosan en tu acercamiento a esas cinco autoras que rescatas -y hasta redimes- en Sin razones del olvido. En un ambiente de torpe gelidez exposítiva o propaganda desvergonzada en cuanto a la reseña literaria se refiere, cuánto se agredece ese calor, esa complicidad, esa impregnación por y para la vida y la obra de esas cinco autoras que fueron pioneras -aún no superadas a mi entender- de una forma de entender la vida y la literatura sin remilgos ni cálculos. Sin ningún desvelo -como es norma ahora común en el gremio - por el prestigio. Transformar el valor de la anécdota en categoría es lo que haces con las bien elegidas citas y peripecias de las cinco escritoras. Siendo apasionantes y conmovedores los retratos de Dorothy Parker y Natalia Ginzburg, yo me he enamorado, como una adolescente, de "tu" Jean Rhys. Tu grado de proximidad con ella alcanza el que se logra con una criatura propia de ficción plenamente viva e independiente del autor. La relatas -como sucede en toda gran novela- desde su misma concepción y a partir de verificar su nacimiento en tu propia entraña de escritora, nos la entregas dotada de su vida a traves de una voz que es tu vida -esa "otra vida" imprescindible que habitamos los escritores- también. Te he visto, Isabel, en esa caribeña incorforme, zarandeada por los imperativos del homo dominus y las normas sociales esclavizantes de la mujer, pero áltiva y vital aun en sus peores trances, sabedora de su altura creativa y creo que, como a ella, "no te salvará el amor (empleo tus propias palabras) sino tu talento literario y esa "visión que obliga a superarse y que permite transformar el dolor en materia creadora". Por lo que me llega desde tus "crucigramas" intuyo que esa novela que te arrastra y arrastras -también por el aire, pues al centro del corazón se llega volando- será (lo es ya) una definitiva sinrazón para el olvido. A.G.

viernes, 13 de mayo de 2011

Escribo

Foto: I.N., El lugar de los gatos abisinios, el verde y la piedra, 2011
Escribo un prólogo para las Crónicas de Nueva York de Maeve Brennan, que publicará muy pronto Alfabia y me hace verdadera ilusión; intento abordarlo de otra manera, para no repetir mi texto de Sinrazones. Algunos lectores me escriben buenas cosas sobre ese libro.
Sigo conectada con mi novela, me da no sé qué salir de casa sin llevarme algún capítulo, siempre deseo entrar en ella cuando tengo que irme (ah, gallina, me digo, a buenas horas...). Escribí los dos últimos capítulos, los imprimí y los corregía de camino al Palau de la Música. No son cualquier cosa. Yo necesito arriesgar en lo que escribo, aunque a veces me invadan ciertos temblores, una especie de miedo escénico, mis dudas corrosivas. Y al mismo tiempo necesito sentirme expuesta, funambulista, como cuando ando a oscuras de noche, para no despertarme del todo. Seguir en ese estado de semivigilia, tal vez sea eso la escritura hipnótica, por usar el adjetivo que la Otra Bel le puso a mi escritura. Decir lo que no se ha dicho -en este caso, de la infancia- es subversivo, es casi revolucionario. Pero a veces el miedo se me clava como pequeños alfileres. Decidir hasta qué punto deseo ex-ponerme. Y al mismo tiempo, ¡qué extraña felicidad! No hay nada como eso. Todo lo demás parece ordenarse con ese sentido de la novela, incluso los sueños.
A propósito de sueños recibí el Cuaderno de noche de Inka Martí, muy bien editado y lleno de ese aliento onírico borgiano, recuerda incluso a los Cuentos de lo extraño. He propuesto la reseña a una muy buena revista, TURIA, que necesita un impulso. Es una de las pocas revistas literarias en este país abiertas y que intentan pagar algo a sus colaboradores y no desdeñan la cultura como algo gratuito. Pero les han retirado algunas ayudas con los recortes y ahora necesitan suscripciones. Sólo 28 euros al año. Yo naturalmente me he suscrito. Espero que lo hagan aquí también algunos lectores silenciosos. También he recibido los Cuentos de los 90 de Luis Magrinyà, que edita todos juntos Caballo de Troya: es una buena ocasión para leerlos. Y leo para reseñar unos cuentos algo salvajes de Clemens Meyer, Las noches, las luces (Menoscuarto), narrativa alemana contemporánea, dura y urbana pero nunca light, con una hondura a veces faulkneriana.
He ido a ver a Dolors Miquel con su poesía medieval en el precioso patio con mosaico del IEC. Buenísima selección y toda esa vitalidad rapsódica suya, parecía soleada, campestre y falstaffiana. Al acabar decía que lo ha pasado muy bien. Iba acompañada de buenos músicos con piezas muy bien escogidas. El ritmo era casi perfecto. Mañana lo repite en el palau de Pedralbes. La semana de poesía tiene algo festivo y veraniego que me gusta. La selección del Palau me desconcertó, pero me gustaron mucho el sudafricano y bantú Kgafela oa Magogodi, y el brasileño Arnaldo Antunes y el viejo y energético neoyorquino Jerome Rothenberg. Al salir tuvimos que esquivar a los hinchas del Barça. Mañana un poco más de poesía y el domingo iré a la mani, aunque seamos cuatro gatos. Ojalá que la gente se desperece y venga, contra este sistema tan injusto que nos asfixia para favorecer a los Bancos, y contra las centrales nucleares.
El servidor se estropeó y había gran agitación entre los blogueros. Yo me sentía asfixiada, y tal vez por eso no he logrado escribir un buen post. Un editor americano me pide que le mande un cuento para una antología internacional en formato de ebook. El sistema es bien extraño, veremos lo que ocurre. Se trata de cuentos generacionales. El martes 24 presentaremos Sinrazones del olvido en La Central de la calle Mallorca 237, a las 20h, con Anna Caballé. Espero que vengan, lectores silenciosos.
Fui a ver al hombre que escucha y le hablé de lo que significaba para mí esta novela. Lo importante es el deseo, pensé, es la clave de la escritura, el único indicio para los que escribimos a ciegas. Mientras lo decía me pareció estar descubriendo algo más entre lo ya sabido y salí a la calle feliz, pensando en el título que ya casi he decidido del todo, con la opinión a favor de G., de J., de mi amiga M. y de la Otra Bel. Andando me dirigía a una tienda francesa de Enric Granados cuando un hombre corpulento me abordó cortésmente como para preguntarme una dirección y al acercarse más, en un inesperado arrebato, me ofreció dinero a cambio de sexo. Le solté un "¡Anda ya!" y mientras me alejaba me ofreció seis mil euros. Yo iba murmurando furiosa que necesitaría mucho más para una larga terapia intensiva si hiciera algo así, una cura de sueño, donde habitara el olvido cernudiano. La sola idea me removió las entrañas; ¿cómo podía imaginar aquel tipo...? Pero era obvio que era un loco de atar con sus mechones deshilachados, un desesperado que andaba a tientas, sin saber nada.
Cómo añoro el verde, la piedra y los gatos abisinios, pero cómo cuesta arrancarme de aquí, siempre atada al trabajo y a lo que va surgiendo. La Belle Elaine intenta llevarme a su campo y aún no lo ha conseguido. Y el hombre que pinta retratos afinados y luminosos espera mis noticias, una fecha y un billete de tren. Y yo espero tantas cosas que tienen que encajar... Mi libro de la ciudad y sus noticias. La carta oficial invitándome a la Casa de Escritores serbia, junto al Drina. Tantas cosas. Me acuerdo de Julien Gracq. Releo los poemas de Beckett.
Se oyen cohetes estallando en el cielo, como en mi cuento de La víspera de San Juan. Justo antes de despertarme soñé que era pequeña, reconocía mis piernas de la infancia y andaba descalza por encima de un tronco. Era una especie de rite de passe y yo lo hacía a conciencia, controlando cada paso como si fuera una danza, silenciosa. De pronto veía que el supuesto tronco eran las fauces de un cocodrilo y yo seguía andando muy suavemente, intentando no hacerle daño para que no abriese la boca, pero me pareció que, visto de lado, el cocodrilo sonreía, y de pronto era Rufus y me desperté, pero no estaba.

domingo, 8 de mayo de 2011

Allí, no tan lejos

Foto: I.N. La paloma que murió en aquel jardín, 2011
Qué bien se estaba rodeada de bosquecillos y caminos frondosos, absorta en los gestos sutiles y silenciosos de los gatos abisinios, entre la pereza y el frenesí cazador, enfrascada en un libro -donde JE rastrea mundos que desaparecen y en medio de paisajes hechizados recuerda los sueños que le llevaron allí y reflexiona sobre lo real y lo injusto-, agasajada por la hospitalidad espontánea de mis anfitriones, que preparaban comidas exclusivamente veggies para mi dieta radical. En aquellos regios y quietos aposentos que me ofrecieron se me ocurrió un título posible, o tal vez un working title para mi novela, aún desnuda y desprotegida sin él, y sin embargo, sarinagara, tan llena de fuerza propia que parece interpelarme ya como libro independiente de mí. Antes de dormir escuchaba mis cintas de lluvia y cuencos tibetanos y por las mañanas me despertaba un auténtico festival de pájaros. Y luego volvía al trabajo de bruñido de un texto que parecía más y más persuasivo, al mismo tiempo ensoñado y crítico.
Y la segunda tarde, cuando acabó el trabajo, pude visitar un jardín de rosas antiguas, con un esplendor que me recordó a The Rose Garden y también, en otro orden de cosas, a aquellas rosas del jardín de la reina carrolliana que había que pintar. Me gustó andar en medio de los macizos de flores y dejar que me llegaran los efluvios distintos, en una dulce intoxicación rosácea. Pensaba en la economía de esas flores que, de noche, dejan de oler, ya que no vendrán los insectos a fecundarlas. En aquel jardín vi asomar un precioso caballo pinto por la ventana del cuarto de baño y también vi una paloma que había escogido aquella hierba para morir, en un gesto ritual de belleza japonesa, boca abajo, las alas abiertas, el pico clavado en tierra, entre el jardín azul y la piedra azteca escorpiniana. Allí escuché de unos majarajás arruinados y empobrecidos, los hijos de la casa tenían que sustituir a la antigua servidumbre y mostraron lo único que les quedaba de su antiguo esplendor: una daga persa que refulgía al salir de su funda. Y de otro majarajá que se había educado en Inglaterra, como un hombre culto, contemporáneo e interesante que a la vez participaba en las tradiciones y se maquillaba para los rituales en honor de Shiva, reflejo de la realidad de ese país donde todo lo antiguo se preserva y coexiste con lo más contemporáneo, en la vanguardia de las nuevas tecnologías. Allí me encontré con un espíritu afín que ha escrito de sueños, con quien comparto batallas para resistir la loca y equivocada dirección del mundo, y pudimos confirmar en lo real la efervescencia y entendimiento de las redes. También estaba una entusiasta y perceptiva lectora morena de nuestro Sinrazones del olvido. Y la editora que publicará pronto mi traducción de las espléndidas Crónicas de NY de Maeve Brennan, un libro con el que estuve persiguiendo editores durante años y que pronto verá la luz.
No me llevé el ordenador y aproveché para desconectar. Ni un solo momento se me ocurrió pedir a mis anfitriones si podía mirar mis mensajes. Fue como volver al pasado, cuando tres días fuera significaban de verdad un paréntesis y un aislamiento del mundo de siempre. Acabé la entrevista a Pasolini en el tren de ida, bajo la mirada intensa, casi furiosa, de un obsesivo viejo de ojos negros.
Dimos algún paseo. El campo estaba precioso, peinado, frondoso bajo el cielo opaco y de un compasivo gris, con esa luz discreta que realza todos los tonos del verde y hace brillar la tierra. El ciprés de la casa respiraba. Me llevaron a un recodo del río, cruzado por un puentecillo, un paisaje maravilloso que llamaban el Orinoco, pero mi cámara me traicionó.
He vuelto a un domingo silencioso y Rufus no sólo no me guardaba rencor, sino que se ha apretujado junto a mí, ronroneando. Me habría gustado contarle cómo viven los gatos abisinios de la casa donde he estado, así que mientras le acariciaba he intentado mandarle imágenes, incluso de la caza fallida de una delicada serpiente, que de momento logramos salvar, y de una salamanquesa que perdió la cola pero pudo huir por la pared de piedra antigua. No sé si le habrán llegado, Rufus no ha dado signos de recibirlas. Pero ha adoptado ese aire majestuoso, Rufus de Bengala, que me recuerda el privilegio que es gozar de sus favores. Han venido a verme dos niños muy guapos que le perseguían y se han ido enseguida, con sus cuentos nuevos, de la mano de mis radiantes ex suegros. Veremos si vuelve el mirlo que me visitaba. No sé si lo he dicho aquí: mi libro de la ciudad está ya en proceso de maqueta, veremos si llega a tiempo y todo sale comme prévu.
Les leí el primer capítulo de mi novela a mis dos anfitriones: me dijeron cosas muy buenas y estuvimos especulando sobre las posibles motivaciones de los distintos personajes, en una conversación inesperada. A mí me gustó leérselo porque hay algo que se activa con la voz, algo poderoso de la novela que se levanta al leerla y entonces puedo ver lo que yo quería o lo que quería el libro. Se desvanece el extravío barthesiano y se descubre algo hondo.

miércoles, 4 de mayo de 2011

¿El Ayuntamiento contra el azufaifo?

Foto: Rafa Zaragoza, 2007
A pesar de que conseguimos que lo catalogaran, ese precioso azufaifo, el más grande de su especie documentado en Europa, que según nuestro sabio jardinero podría tener hasta 500 años, corre peligro de ser sacrificado por este ayuntamiento arboricida. Ni la crisis los detiene; ya lo han demostrado con la tala masiva de los preciosos almeces de la plaça Joaquim Folguera, ni con los centenarios y maravillosos árboles de la desdichada Vil·la Florida. Ayer ya estaban las máquinas y los contenedores en el jardín inferior del azufaifo, en Arimón esquina Berlinès. Mi esperanza es que lo estén usando como almacén de otras obras o para alguna otra cosa. En cualquier caso no beneficia al árbol. Joan Bordas, ese jardinero sabio, formado en Barcelona y París con cultura humanista que tanto nos ha enseñado y que siempre nos recuerda que "cultura viene de cultivo", me lo advirtió ya hace tiempo: si construyen en la parte inferior de ese jardín, el árbol morirá, porque sus raíces son largas y profundas y ya le cortaron muchas para hacer la calle, y tardará dos años, cinco, tal vez siete, pero morirá. Y este ayuntamiento arboricida sólo busca la espesura para cargársela; es muy extraño, se diría que esos personajes no son humanos, tal vez hayan sufrido una rara mutación, la frondosidad les molesta, el cemento les da vida. El oxígeno que esos viejos árboles expanden en el aire todos los días, luchando contra la contaminación, absorbiendo el ruido y ofreciendo albergue a los pájaros es algo a destruir para ellos, que han llenado la ciudad de cemento y la quieren convertir en una gran tapadera de parkings. ¿Adónde irán cuando hayan acabado de destruirla y ya sea completamente irrespirable? No será al pobre Empordà, que han llenado de autopistas inmensas e innecesarias, rompiendo el paisaje para siempre, convirtiendo lo que era pura belleza en una especie de infierno absurdo, mientras al otro lado de la frontera atraviesan el paisaje carreteritas frondosas llenas de sombra de plátanos y lo mismo ocurre en Inglaterra. Claro que hay autopistas, pero las justas, no ese delirio excesivo con que nos castigan a nosotros.
Yo entre tanto leo a Pasolini, una entrevista maravillosa sobre NY que me regaló la Belle Elaine en mi cumpleaños, y le añoro como añoro a Derrida y a tantos espíritus afines. No, yo no soy enemiga de este tiempo, como supondrían algunos nocilleros, que dividen el mundo entre los partidarios de esta época y los partidarios del pasado. A mí me gustan las redes y me divierten y llenan de esperanza muchas otras cosas, pero eso no me impide ser crítica ni estoy ciega a la dirección equivocada del mundo y me escandalizo de que mandatarios de países supuestamente democráticos, como el nuestro o como la Gran Bretaña, donde la pena de muerte se abolió hace tiempo, se atrevan a celebrar el asesinato de un hombre supuestamente terrorista del que nada sabemos, salvo que si existe más allá de las imágenes que nos mostraron, fue entrenado por la CIA. Yo, que sigo convencida de que todo el mundo tiene derecho a un juicio justo, no pienso discutir ni dejar pasar comentarios que discutan esto: los que no hayan aceptado los derechos humanos, que se abstengan de venir. La fotografía mascarada de los mandatarios americanos pasando "sus peores horas de angustia" mientras observaban su asesinato en directo, era como un guiñol. "El mundo es ahora más seguro", decía Obama, mientras otros gobiernos tomaban precauciones ante supuestos posibles ataques de represalia. En facebook me vinieron unos cuantos de esos que se creen lo que dicen las televisiones y ya me agoté y les borré de mi lista de "amigos". Porque sólo nos falta perder tiempo en discusiones que implican una regresión tan grande. Ya sé que todo esto pertenece a mi blog Polis, pero no quiero que pase desapercibido.
Mientras, he seguido intentando convencer a mis alumnas de que Clarice Lispector es una escritora maravillosa, filosófica y distinta. Les llevé ese número de la revista Shangri-la dedicado a Dostoievski donde la Otra Bel publicaba un artículo sobre Clarice y Fedor. Ayer volví a mi novela y sentí una pequeña felicidad, aunque también me pregunté: ¿por qué ahora me cuesta tanto? Alterno la esperanza y la exasperación con mi libro de la ciudad, siempre en espera... Alterno también mi felicidad de la "vida viva", como diría la Otra Bel o como decía Casasses en La foneria i el paper, o como Clarice con sus juegos de intensidad y de luces y sombras, con la desesperación por las vacas flacas, por este país zafio y por la dirección perversa del mundo. Y el mirlo sigue visitándonos todos los días, en una extraña relación, alegremente interpelativa. No es un delirio mío, G. también está de acuerdo en que es asombroso. ¿Qué quiere el mirlo? ¿Nos saluda? ¿Vivió cautivo y por eso se relaciona con humanos? ¿Acaso sea cosa del espíritu de M., que insiste en ser recordada extrañamente? Es un misterio. Un día, Rufus se levantó y fue a por él, pero el mirlo salió volando libremente. El resto de días le ha pescado dormido y en el interior. Rufus sigue alternando sus momentos de bullicio con el sueño y los arrebatos amorosos.
Last Minute News: Parece que de momento sólo hacen conducciones eléctricas en el jardín del azufaifo. Pero no podemos bajar la guardia, en el Distrito ya avisaron que siguen decididos a construir ahí, aunque eso signifique la muerte de un ejemplar tan valioso.

sábado, 30 de abril de 2011

Tengo

Foto: I.N., De un paseo primaveral y aclaratorio por Pedralbes con Tigridia, 2011
Como saben algunos lectores silenciosos (sé que me repito), tengo cierta alergia a la vida social barcelonesa. Esas reuniones con todo el mundillo cultural, editorial o de la movida me entristecen mucho y suelen dejarme resaca, a veces durante días. En algunas ocasiones, en medio de esos tumultos me encuentro a alguien con quien mantengo una buena conversación y eso puede llegar a compensar la sensación espinosa. Otras veces no. Esta vez quiso la suerte que tuviera un malencuentro particular, silencioso, injusto y triste.
Pero me gustó mucho ir al estreno del Retorno de las almas de Jordi Esteva, y aún están conmigo las imágenes más poderosas, la belleza, las escenas de los rituales animistas, los sonidos, la percusión que arrastra, el árbol gigante, el narrador y su magnífico acento afro en francés, la idea de cómo en esas sociedades los psicóticos y los que no encajan, por cualquier excentricidad, tienen su lugar y son respetados como iniciados, chamanes, sacerdotes... en lugar de ser encerrados o perseguidos como en nuestro mundo asfixiante. Me gustó también haber colaborado (humildemente) a que Jordi pudiera exhibir su película en esta ciudad. Y verle allí, en esa celebración que es el estreno, una especie de gran cumpleaños, arropado por amigos de siempre y también facebookianos y recientes. Estaba todo el mundo, por decirlo así (también la reina de las albercas!). Sólo cabían los espíritus del bosque. Eso sí, estuve sentada con mis amigos en una de las últimas filas y al acabar nos fuimos deprisa a celebrar el cumpleaños de la Belle Elaine, que fue muy agradable y conversativo, aunque todos bebían mojitos y comían, mientras que yo -con mi dieta médica radical-, me limité al agua y unas deliciosas aceitunas. Pero allí estaba el espíritu del león de Massala encarnada en la pintura, con un amigo que sabía pronunciar el nombre de Walter Benjamin, y un alegremente hipercrítico anticuario y escritor secreto, y un poeta-traductor metamorfizado en terapeuta musical y una productora de cine y crítica literaria, y una profesora y activista llena de empuje vital y la propia Belle Elaine, alegremente festejante. Al pasar junto al azufaifo descubrí con regocijo que se habían llevado la basura. Eso sí, habían tonsurado el jardín como la cabeza de un monje tibetano, llevándose de paso todos los pequeños azufaifos, la maleza, las prímulas que adoran los ingleses, todo... pero también la basura. Es triste vivir en un país donde la gente tira la basura a los jardines y no a los contenedores de enfrente, aun por encima de la valla. La belleza, lo verde, los árboles, todo lo que nos maravilla a otros, a ellos les provoca un impulso de destrucción.
Hoy he estado con Tigridia en el Festival de cinema d'autor y he visto una curiosa película de Mathieu Amalric, L'illusion comique, donde el director lleva el texto de Corneille a un setting contemporáneo, pero respeta el texto, de modo que esos actores de la comédie française hablan, susurran, gritan y bailan en alejandrinos (y qué bien lo hacen, dan ganas de ir a ver teatro acullá, no como aquí), con la paradoja de su realidad unida a los líos amorosos y la intervención del mago del XVII, con una ironía paródica que todo lo salva.
Ayudé a G. a corregir un trabajo suyo y pese a que caímos en ese hoyo informático horrible de Bill Gates en que todo un documento desaparece y se lleva todas las modificaciones hechas y hay que volver a empezar, su trabajo era tan bonito e interesante que apenas nos pusimos nerviosos. Era sobre un libro de Lévi-Strauss y vimos sus coincidencias-reticencias hacia el psicoanálisis, G. llevaba días contándome historias de animales mágicos de los mitos americanos, con su base escatológica freudiana y su relación con lo real. Un día pasó por casa y cuando ya no estaba descubrí que en la pizarrilla donde anoto lo que hay que comprar, había añadido: "Chotacabras". Tuve la sensación de que G. abriría un día una vía nueva en su campo, un acercamiento entre dos saberes que ahora parecen tontamente irreconciliables.
Fui a ver al hombre que escucha. Su lugar está frente al local modernista de mi próximo editor, con sus gatas y sus azoteas y mi amigo seráfico. El hombre que escucha me devolvió mis palabras en una partida de ping pong y cuando bajaba las escaleras me vino uno de los significados posibles al acertijo del oráculo.
Rufus sigue alternando el sueño profundo con su bullicio primaveral y su pasión. Una noche tuve una pesadilla brutal, unida a la pesadilla real de este invierno mío, a la amenaza que a veces vuelve inesperadamente. Me desperté angustiada y en ese momento Rufus entró, se acercó, me puso dos de sus calcetines blancos en la frente y con ese ronroneo volví a la calma. Rufus es otro espíritu del bosque. A veces le llamo sin querer por los nombres de mis antiguos gatos (Jasper, Gilda, Beni) y es que en cierta manera, él los representa a todos y me permite restituir algo perdido.
Escucho los cuencos tibetanos con lluvia una vez al día, esperando que algo se restaure por sí solo. A veces, andando por la calle siento una felicidad incomprensible, inargumentable, algo que sólo sale del puro cuerpo. Otras vuelve die Angst, o el desaliento. El mirlo sigue viniendo a verme, con su interpelación burlona.
Olvidé contar aquí dos anécdotas de Sant Jordi. Una, repetida del año pasado. Una mujer mayor, insegura y algo trémula, señaló mi libro y le preguntó a su pareja: "I aquest?" Y el hombre le contestó, tajante y despectivo: "No, aquest, no!" El año pasado ya me ocurrió en el puesto del distribuidor de Algunos hombres... y otras mujeres. Una señora estuvo hojeando mi libro y le dijo a su pareja: "A mi m'agrada aquest", y el hombre le respondió, como quien regaña a un niño: "Ah no, això són tonteries!" En ese caso me dio tiempo a decir en voz alta. "El meu llibre són tonteries?" Y la autora que había a mi lado meneó la cabeza significativamente. Yo siempre he pensado que en Sant Jordi, tristemente, nadie busca ni descubre libros, sino que van a buscar sus best-séllers o sus famosos, y lo demás ni lo miran. A mi lado estaba Manuel Rivas, que no paró de firmar. Pero vino una mujer joven, que dijo ser aragonesa y añadió: "En cuanto lo he visto, lo he tenido claro: Éste será mi libro de Sant Jordi". Así que se lo dediqué y se marchó muy contenta. Su gesto me recordó que siempre puede surgir lo inesperado. En facebook sigue la agitación -se prepara la manifestación del 15 de mayo, los apagones de los martes, el movimiento antinuclear, la indignación contra políticos y lobbies, etc.
Y tiene razón Luis Vea, pongo aquí un silencio por Ernesto Sábato.
Voy a releer a Clarice Lispector para mi curso de los martes. Ayer le regalé a la Belle Elaine Revelación de un mundo y un segundo libro de Lêdo Ivo. Y ella me regaló una sesión maravillosa de Feldenkreis y me pasé el día notando mis raíces bajo tierra, como un árbol andante. Me siguen escribiendo estudiantes que han leído Si un árbol cae, pidiéndome contactos y ayuda para trabajos en los Balcanes. Al principio procuraba ayudarles a todos, pero empiezo a agotarme. Si sus Universidades me invitaran a conferenciar y me pagaran o si yo estuviera supervisando su tesis... pero yo no gano dinero con mis libros, y no sé cómo comprar tiempo para escribir los siguientes. Ayer recibí una nota con las ayudas a escritores en lengua catalana. En castellano no hay ninguna, ni en la Generalitat, ni en el Ministerio ni en ninguna parte. En La foneria i el paper, un librito precioso editado de una forma extraordinaria por un editor secreto que hace los libros en su casa, con tapas de papel, muy buen gusto y sólo para regalar a los amigos, firmando Roure Edicions, dice ECF, que me lo regaló, "Estan tots d'allò més tranquils. Posseïts d'una fe impertorbable que ni tan sols necessita expressar-se en paraules, esperen el miracle. No ho sembla, més aviat sembla que estiguin passant l'estona, que estiguin fent coses, però de fet esperen el miracle..." y luego añade, en un comentario que me recuerda a Clarice Lispector y sus milagros vitales, que "el veritable ateu no es dedica a esperar cap meravella venidora perquè viu, veu, nota, sent, experimenta, respira, palpa, reconeix, mama, mastegam tasta, endevina, i fins i tot interpel·la, el miracle que hi ha, el miracle que ja hi és, el miracle que està passant, el miracle de veure, notar, sentir, experimentar, viure, respirar, palpar, reconèixer..." Y yo pienso que soy de los dos. Por una parte no puedo evitar esperar un milagro, algo que me rescate de mis imposibilidades, que me dé tiempo de escribir, que me salve de la indigencia, que impida que gente amiga, culta, ética y valiosa sea maltratada y esclavizada por mediocres, que pare la tala de árboles y la dirección equivocada del mundo y la injusticia social tremenda y el cemento y las centrales nucleares y el dominio de big pharma y los ogm. Y por la otra resisto, avanzo contra corriente, guerreo como puedo, y voy por la calle (o bailo por mi casa) extasiándome ante ese extraño milagro de ver, oír, palpar, hablar, andar, tener lectores, silenciosos o no, y seguir rodeada de algunos amigos.

martes, 26 de abril de 2011

Visitantes

Foto: I.N. Mirlo en Luxemburgo, 2007
Casi todas las tardes, después de comer, viene un mirlo a la terraza, se posa en la barandilla, emite unos ruidillos, yo le contesto en mi lenguaje pájaro más aceptable, él se acerca, baja al suelo de la terraza, me escucha y ladea la cabeza mirándome y va contestándome y aproximándose y acaba en la puerta cerrada, como si pidiera paso, pero si la abro se asusta y sale volando. Ayer estaba G. y le avisé y le hizo alguna foto (a mí siempre me sorprende con la cámara lejos), pero quise dejar la puerta abierta por si volvía. "No volverá", dijo G., y la cerró. Pero el mirlo volvió y se repitió el mismo proceso. "A ver, no le digas nada", me propuso G. Y vimos que si yo me callaba, el pájaro también. G. se burló de mí en el sentido de que me estaba volviendo como M. Tal vez sea algo casual. Tal vez el mirlo no vuelva a visitarme. O tal vez sea la propia M. la que nos visita, en ese caso con un aspecto renovado y juvenil en su siguiente vida.
Por cierto que alguien que cree en las reencarnaciones intentó convencerme de que yo había vivido en Andalucía y había escrito firmando con seudónimo masculino. No le dije nada, sólo sonreí, porque ese tema nunca logró despertar mi curiosidad. Tal vez sea yo demasiado terrestre, o demasiado catalana, el caso es que, de momento, sólo me interesa el pasado de esta vida, el que me sirve como materia de escritura, el pasado que habita y aletea en el presente, no el pasado de otras vidas. Porque sin conciencia, ¿qué importa si fui una escritora germano-andaluza (más tarde recibí un sms diciéndome que yo había sido Cecilia Böhl de Faber, es decir Fernán Caballero, en otra encarnación) o un pájaro negro o un monje chino que pintaba en las montañas?
En cuanto a Sant Jordi, fue agradable y soleado, vinieron visitantes generosos y firmé unos cuantos libros, sobre todo en el puesto del librero de la calle Berlinès, en la Rambla, pero también en La Central, a pesar de la hora temprana, y allí por la tarde se habían acabado los ejemplares de SINRAZONES DEL OLVIDO.
En facebook tengo unos cuantos visitantes y de vez en cuando se cuela alguno con malas maneras. Hoy ha venido alguien desconocido, primero me ha pedido amistad, luego me ha llamado "Isa" y me ha dejado un link de su blog en el muro, por si quería leerlo. Yo nunca dejo nada a otros en el muro (salvo alguna música para felicitarles el cumpleaños) y me parece desconsiderado que alguien entre en tu espacio, no se fije en lo que haces ni te lea si escribes y te plante allí su asunto. Hay gente que no sólo te manda sus libros, sino que te manda un link para que los compres y añaden que si te interesa escribas sobre ellos: seguramente no saben que los críticos no tienen que comprar un libro para escribir en un suplemento. ¿Y la cortesía? Para ellos no existe. Tienen mucha prisa. Creen que nuestra obligación es favorecerles. No se dan cuenta de que si quieren algo de alguien, primero deberían recordar que esa persona existe, leer lo que ha escrito en su espacio, comentarlo, sería una manera de acercarse... El mirlo es mucho más considerado, naturelich...
Hoy he ido a Girona a hacer yo una visita. Iba en tren, pero J. se ha empeñado en acompañarme avec la voiture, un coche blanco que ha alquilado. Llevaba algo de música y la carretera se veía exuberante de árboles. J. llevaba su ipad y mientras esperábamos en la consulta me enseñaba fotos y músicas y noticias. La visita ha sido tranquilizadora, aunque ha planteado nuevas disciplinas radicales para estos dos meses. Hacía calor. Luego, J. me ha invitado a comer ya en BCN, y aunque todo estaba muy bueno y el lugar era muy agradable, nos ha sentado mal la comida. Yo sentía casi sólo una agradable gratitud. Pero al bajar del coche alquilado de J. y subir a mi casa, se me ha perdido mi jersey negro favorito, que tanto me costó encontrar. He vuelto a bajar, pero quien fuera se lo había apropiado y no había dejado ningún rastro.
Leo más la Calima de Lêdo Ivo, ma asomo al Adéu a la Universitat de Jordi Llovet, leo para reseñar la novela de un escritor húngaro contada desde la perspectiva de un perro. Estos días he estado escribiendo algo que creía imposible y a lo que había renunciado. El resultado es un texto "transversal", según la Otra Bel hipnótico y que también me ha elogiado CHM, pues estaba tan llena de dudas que preferí preguntarles a los dos. El texto debe servir para presentar un libro de Denise Desautels traducido y editado por Antoni Clapés. Escribirlo ha sido una experiencia interesante, como todo lo paradójico que sucede en la vida. De pronto me di cuenta de que podía servirme para escribir algo que necsitaba escribir. Y una vez más la escritura me servía, como los sueños, para saber lo que hay detrás de la conciencia, para traer algunos pedruscos en bruto y convertirlos alquímicamente... Aún no sé si debería podarlo un poco más, para no robar más tiempo del aconsejable. También he empezado a pensar el texto de una conferencia de principios de junio, en Girona. En parte, ansío volver a mi Giono y mi MB. Me falta tiempo. Y necesito urgentemente volver a mi novela. Rufus ha estado muy simpático y revoltoso, lleno de iniciativas sorprendentes. Él también tendrá que prescindir de algún capricho nuevo porque se había aficionado al speisequark, que ahora desaparece en mi disciplina radical de estos dos meses siguientes. Lo cierto es que tampoco le sentaba muy bien, aunque él insistía... Ayer, CHM me contó que tienen dos gatos, madre e hijo, pero se ignoran mutuamente y como dijo él, "conviuen, però no s'hi fan". Les dejo, voy a poner mi música de cuencos tibetanos, que sí forma parte de mi régimen. Mañana traeré los links que faltan...

viernes, 22 de abril de 2011

Sant Jordi

A los lectores silenciosos que, por un azar de las cosas, estén en la ciudad mañana sábado de Sant Jordi, opten por comprarse o regalar un libro y quieran compartir las historias (y algunas imágenes) de estas interesantísimas cinco escritoras y cinco fotógrafas que Lydia Oliva y yo hemos intentado retratar, recuerden que yo estaré firmando nuestro libro Sinrazones del Olvido. Escritoras y fotógrafas de los siglos XIX y XX (Icaria, 2011).
- De 11h a 12h en la mesa de la librería LA CENTRAL, en Rambla Catalunya - Mallorca
- De 13h a 14h en la mesa de XOROI (¡el librero de la calle Berlinès), en la Rambla de Canaletes (frente a Rambla 140).
Esperemos que no caiga una lluvia torrencial...

domingo, 17 de abril de 2011

Poco a poco y la luna

Foto: I.N., Rufus en primavera, frotándose con las plantas, 2011
Poco a poco vuelvo a reconocerme, recobro mi mismidad perdida en esos hielos. Leo a Lêdo Ivo, su Calima... lo leo en voz alta, en portugués brasileño, mirando a veces significados abstrusos en la traducción castellana, me gusta oírlo en su lengua, imaginar la voz de ese poeta, leo su "O rádio está mudo. E eu bendigo o defeito de pilha/ que devolve ao universo o silêncio inicial"... Leo también a Sciascia: "Tutta la campagna era nostra, silenziosa e esplendente...", me recordó a aquel JRJ: "Era mayo y el campo estaba lleno de vida y de pasión. Yo iba con mis pensamientos negros hacia el mundo..."
Ayer vi una película serbia , La mujer con la nariz rota, y me gustó verla por lo que transmite de la atmósfera de violencia, el delirio, las mafias, legados de la guerra balcánica, aunque no fuera una gran película (nada comparable a Misterios de Lisboa del director chileno Raul Ruiz) me interesó verla y al volver tenía un mensaje de mi amigo serbio que hablaba justamente de eso, con su humor negro. En la película, cuando decían majka, yo me acordaba de aquel otro "Moia majka" (mi madre) que escuché tantas veces, cuando repetían los párrafos que empezaban así, en aquellas lecturas serbias de mi cuento dedicado a M, "El efecto García" ("Efekta Garcja" de mi libro Crucigrama, Ukrstenica).
Vuelvo a escribir mi novela, y leyéndole un capítulo en voz alta a la Otra Bel, sentí de pronto cosas que no veía en la pantalla y que me parecieron cargadas de un mensaje mío al mundo, cargadas de historia y de mi voz y de quién sabe qué. Y me alegré otra vez, adentrándome por ahí, qué suerte seguir escribiendo esa novela. Me resulta más fácil escribir hacia atrás, en capítulos que introduzco entre los ya hechos, que avanzar hacia el final, porque el terreno es más escabroso y está lleno de interrogantes. Tengo in mente el comentario de Alice Munro en una entrevista, donde le preguntaban cómo sabía si un cuento estaba bien o mal y ella respondía: "Si no me apetece seguir es que algo va mal", y efectivamente, así es. Aunque con esta novela yo tuve una primera fase en que todo era áspero, escribía espinosamente, sin música, sin que me gustara más que a momentos efímeros, escribía hasta que algo ocurriera. Y cuando llevaba ciento veinte páginas ocurrió algo, y volví a empezar, pero entonces sí, llevada por mi propia música, y era como si los capítulos se escribieran solos, y de pronto servían aquellos momentos primeros, reconvertidos en prosa lo que antes sólo eran casi notas. Pero he llegado al punto de conflicto y veremos lo que ocurrirá.
Y el azufaifo está exuberante y lleno de pájaros: me saludan al pasar con guiños verdes y luminosos...
Y la Luna, che fai tu Luna, in ciel? Enorme, inmensa y amarilla encendida por el sol, que se adivina detrás (el gran ombligo del sol... que cita la Otra Bel en su alegre y poético aniversario de amapolas trenzadas, y mi duelo de M, mi desconsuelo, la prefiguración, ese alivio de la desolación compartida, ella sabe por qué). Fui al café de Laie a confesar mi imposibilidad, aunque sigo sintiendo que debería, que tal vez podría, pero no, mi conflicto para presentar un libro que habla demasiado de algo que ahora aún me asusta, y al salir, pensé en pasar un momento viciosamente por la librería, pero ya estaban cerrando y en la puerta encontré a ECF y a su Blanca Llum, porque ECF había presentado su libro sin pistola, Bes Nagana, y hablamos un momento y Blanca Llum llevaba las completas de Lorca, yo llevaba los Sueños de Walter Benjamin y unos poemas inacabados de Kavafis traducidos por Eusebi Ayensa y publicados por Jardins de Samarcanda, y al llegar al Passeig de Gràcia el cielo tenía ese color azul eléctrico que sólo suele verse un momento antes del alba, pero esta vez era sólo s'hora baixa, y misteriosamente... En la puerta de casa estaba G., que había venido a por sus cosas, y Rufus, que está exultante estos días, correteando y pidiendo abrazos o durmiendo con una profundidad asombrosa. Rufus, que ha demostrado hoy su gusto por la música sacra: al poner el Allegri Miserere a sei voci de Bernard Fabre-Garrus, entra de la terraza, me mira como diciendo "Bien, muy bien!" y se sienta en el sofá a escuchar.... Le pongo un disco moderno, un mix de cumpleaños de Rodolfo; Rufus me mira y se vuelve a la terraza. Pongo otra vez música sacra y Rufus vuelve... El silencio también le gusta, tal vez, como Lêdo Ivo, se arrodille ante el silencio... pero voy a ponerlo aquí, no puedo evitarlo:
"O rádio mudo"
O rádio está mudo.
E eu bendigo o defeito de pilha
que devolve ao universo o silêncio inicial
e enxota a fala inútil dos homens.
Nenhum rumor no mundo. Nem sequer o estalido
de um graveto no chão.
O Brasil desaparece.
A guerra e o terror somem no silencio
e a paz do espaço vazio impera no instante emudecido
como o pêndulo de um relógio de parede
imobilizado pelo tempo e pelo cansaço,
A mudez do rádio altera a rotina do dia.
É algo inesperado, neste mundo rendido ao estrépito e ao desperdicio,
mas tem a sua razão de ser.
O sol é silencioso e nos ilumina. O amor só vale a pena
quando atinge a estância da adoração e todos os gestos são mudos e demorados,
e nenhuma palavra tisna a perfeição do êxtase.
As constelações são silenciosas.
Mais uma vez bendigo a pilha avariada e me ajoelho
como se o silêncio fosse o último deus que sobrou no mundo
após as devastações dos homens e o consumo imoderado de palavras.
La radio está muda. Y yo bendigo la falta de pilas/ que devuelve al universo el silencio inicial/ Y ahuyenta la cháchara de los hombres./Ningún ruido en el mundo. Ni siquiera el estallido/de una rama caída al suelo. /Brasil desaparece./La guerra y el terror se sumen en el silencio/y la paz del espacio vacío impera en el instante enmudecido/como el péndulo de un reloj de pared/inmovilizado por el tiempo y el cansancio./El mutismo de la radio altera la rutina del día./Es algo inesperado, en este mundo rendido al estrépito y al desperdicio,/pero tiene su razón de ser./El sol es silencioso y nos ilumina. El amor solo vale a pena/cuando alcanza la estancia de la adoración y todos los gestos son mudos/y demorados,/y no hay palabra que manche la perfección del éxtasis./Las constelaciones son silenciosas./Una vez más bendigo la pila agotada y me arrodillo/como si el silencio fuese el último dios que queda en el mundo/tras las devastaciones de los hombres y el consumo inmoderado/de palabras. (Traducción de Martín López-Vega. Vaso Roto ediciones)
(Lêdo Ivo. Calima)
Y dicho esto, les recuerdo que en Sant Jordi, este Sant Jordi extraño y festivo, si por un azar de las cosas se quedan en la ciudad, lectores silenciosos, y quieren comprar nuestro Sinrazones del Olvido, yo estaré firmando a las 11h de la mañana en la caseta de La Central (Rambla Catalunya/Mallorca) y a las 13h en la caseta de Xoroi, es decir, del librero de la calle Berlinès, en la Rambla de Canaletes.