Mis obsesiones son más pertinaces que mi memoria consciente, de modo que muchas veces me he comprado libros que ya tenía, me pasó con el asombroso Tristan Shandy y con algunos otros... Siempre recuerdo a Gil de Biedma diciendo que algunos poemas ajenos volvían una y otra vez a su mente, nunca los suyos; a mí me ocurre siempre, de tal modo que creo estar siempre citando lo mismo. En una conversación a gritos en un bar ruidoso sobre escritores que hubieran publicado libros sobre sus padres y madres, MGT me dijo algo de un libro de Handke sobre su madre suicidada, pero con el ruido yo entendí Fante, y me pareció plausible, pero busqué y no lo encontré, y al preguntarle por email MGT dedujo que me refería a Handke, y aludió a una traducción española titulada extraña y feamente Desgracia impeorable. De pronto se me ocurrió que pudiera ser lo mismo, pese a la incongruencia, que Le malheur indifférent, y ya estaba a punto de comprármelo en abebooks cuando tuve un presentimiento, recordé haber pensado en ese recuerdo vago cuando PH se puso tan fanático pro Milošević que incluso asistió a su funeral, negando las atrocidades (eso no significa que no tuviera razón en la primera parte, al criticar la ceguera y el maniqueísmo de la prensa eropea occidental respecto a los Balcanes, como se veía en Si un árbol cae, pero hay algo en el gran escritor que fue Handke que le lleva no sólo a la provocación digamos interesada o comercial, sino algo dolorido, espinoso, que me devolvió a la sensación de mi vieja lectura, aunque entonces yo no podía tampoco acabar de comprender, porque lo leí en el setenta y fu, en esa época mía demasiado loca), subí a mi estante germánico y allí estaba, un libro viejo, de 1972, Le malheur indifférent, edición de Folio con un dibujo deprimente a bolígrafo en la primera página, que una tal Valérie debió de regalarme y yo, como decía, leí en mi época kamikaze y había olvidado, pero no del todo. ¿Pero por qué esas traducciones tan divergentes? En el título alemán, Handke parodia la expresión alemana Wunchloses Glück, felicidad inimaginable, y le añade el Un, Wunchloses Unglück, desdicha inimaginable, que en inglés tradujeron como A Sorrow Beyond Dreams, literalmente una tristeza más allá de los sueños. Desdicha inimaginable, pesar inimaginable, tristeza inconcebible por una pérdida insoportable, todo eso me recuerda lo que decía Barthes al perder la suya en ese libro del duelo de su madre, Journal de deuil. Pero no me gusta Desgracia impeorable, ni tampoco Le malheur indifférent... ¿De dónde sacaron la indiferencia? Tendré que releerlo para comprenderlo. Esta noche, por primera vez he dormido seguido y esta mañana me siento capaz de más cosas, tal vez incluso con coraje novelístico... veremos. Gilda hace sus probaturas, pero sigue igual... El mirlo canta victorioso, ya sin la tortura del pitido de la grúa.
Me llama la Belle Elaine, que arde con sus proyectos y a la que veré, con suerte, si me recobro, para celebrar este solsticio en su colina. Hablo con DB, que elucubra sobre el malaise y los gatos y me anuncia que en La Vanguardia publican una carta del poeta que defiende a los árboles centenarios en Sant Cugat. He logrado recuperarla del pdf, pero no sé si me faltará algún trozo o es sucinta, con esa envidiable capacidad de síntesis de los poetas.
Árboles centenarios
El inicio de la calle Villà de San Cugat del Vallès es un tramo espesamente arbolado, pues es el comienzo de la calle que lleva al golf y donde antes, en 1900, había torres con mucho espacio y jardín. El otro día desperté con un ruido de motosierra. Estaban cortando árboles, ya habían talado tres. Son árboles centenarios, gruesos, que no los puedes abarcar con los brazos. Paralizamos entre seis o siete vecinos la tala, de momento.
Rodolfo Hasler
Otro arboricidio aparece documentado aquí
Una sorpresa extraña es la que he encontrado aquí, en Verbalia, donde proponen un acertijo futbolístico y prometen al primer acertante un ejemplar de mi libro Algunos hombres... y otras mujeres. Gracias, Màrius Serra...





