viernes, 10 de febrero de 2012

Último día


Foto: I.N. Paseos por Londres, 2012
Esta mañana me ha costado salir de casa. El cielo era gris y al abrir la ventana entraba un aire helado. Al fin me he puesto en marcha y he ido andando, cruzando el parque y dando rodeos. Me he cruzado con  una chica extasiada, enamorada y con un chico que iba riéndose a carcajadas leyendo un libro. Y dos enamorados gigantes y corpulentos. Hasta llegar a la National Portrait Gallery, a ver los retratos de Lucien Freud. Lo cierto es que yo tengo mixed feelings about him, sus desnudos tan viscerales me angustian, me inquieta entrar demasiado en su mundo (como en la magnífica pesadilla del universo de Bacon, que también estaba con él en las fotos), pero sabía que había muchos retratos vestidos y eso me resulta más fácil. La verdad es que me ha encantado verla, estar allí. Sus autorretratos son magníficos, hay una belleza en ellos y una transparencia a pesar de su tono despiadado y me gusta mucho su mirada  en esos cuadros, como un espejo extraño, y los de Bella, su hija y muchos otros, de todas las épocas. Por lo visto pintaba a todo aquel que estuviera a mano, y si no había nadie, se retrataba a sí mismo. Pero qué encanto casi surrealista y estilizado en los del principio, y qué ocasión para ir siguiendo sus cambios de puntos de vista, su evolución hacia una sordidez más hiperrealista, y las fotografías de él pintando a Hockney o pintando solo o con otros modelos, o con Kate Moss y la reina. Y el retrato recíproco de Hockney y él (el de Hockney un dibujo, y una crónica de aquel encuentro, muy fría y despiadada). No había apenas colas y ha sido una suerte estar allí. Al salir he echado a andar por Strand hasta llegar a la Somerset House, que alberga la Cortauld Collection. Qué celebración de la pintura! Braque, Matisse, mucho Matisse, Van Gogh, Léger, Van Dongen, Modigliani, mucho Bonnard, mucho Cezanne, Dufy, Derain, Gaughin, algún Picasso, Kandinsky, y luego dibujos y grabados del entorno de Canaletto y otras maravillas de pintura holandesa, Rembrandts, etc. He tomado allí una ensalada y he echado a andar de vuelta, perezosa de coger el metro, he atravesado St James Garden y luego Green Park para ir a ver a mi amigo, que estaba trabajando en Abbey Road, ese lugar mítico. En la puerta estaba lleno de españoles haciéndose la foto del paso de zebra en la que tantos han sido atropellados. Pero yo he entrado en el estudio de los Beatles (que está igual, con esos pianos rockeros) y en el estudio enorme que enseguida se ha llenado con un coro, y en el lugar de control donde trabajaba mi amigo, y en el café he salido al jardín de los fumadores (y es que me preocupa porque he pasado tres semanas sin fumar y no quiero dejarlo, ya saben mis amigos que fumo poquísimo y no quisiera renunciar a ese vicio tan contenido, que ahora es ya rebelde), donde tenían un cementerio de aparatos cubiertos de nieve, que he fotografiado y un hombre de nieve precioso con gafas bifocales. Mi amigo dice que ahí la música no puede sonar mal, rodeados por los espíritus de tantos y tantos músicos que aparecen en las fotos, desde los Beatles y los Stones a Karajan y Jacqueline du Pre, en momentos gloriosos de la música. Me gusta entrar en ese mundo de los músicos, de los compositores, de los técnicos, de los intérpretes y oír furtivamente sus cosas, aunque me sienta analfabeta.
Al salir, los españoles seguían haciéndose fotos y firmando en el muro, y más allá, he visto, por un momento, al otro lado de Regents Park, la bola de fuego gigante del sol poniente mirándome y transformando todo el panorama de la ciudad. Mientras andaba, entre ardillas y pájaros, he vuelto a hablar con los árboles, les he pedido que me ayuden, afines espíritus arbóreos, y también me he encomendado al espíritu de Dickens, que acecha por todas partes de esta ciudad y en nuestro mundo.
Todo el día he sentido el peso de la melancolía del retorno. No quiero siquiera pensar en lo que está ocurriendo en mi país. Me ha consolado leer un poema de Ingeborg Bachmann deslumbrante que Emma Gunst ha puesto en facebook y para el que me ha avisado Isabel Mercadé. Es un poema lleno de condicionales y me ha recordado a mis propios pensamientos, semiinterrogaciones, semideseos y sombras de hoy. Esta noche, en algún momento de mi sueño, discutía con M., que en el sueño estaba viva y con memoria, nos peleábamos por dinero y eso era triste y sé con qué conectaba. No quisiera volver, pero mañana está ya muy cerca, demasiado cerca, y no creo que cierren el aeropuerto, porque hoy no ha nevado, y aunque en algunos lugares de la ciudad la nieve se acumula incluso en los coches aparcados, ha hecho sol (qué delicia el sol en Londres, no llevo las gafas de sol, ¿para qué?, me encanta deslumbrarme con ese sol suavísimo y ver las sombras cayendo) y como no sea que esta noche vuelva la tormenta...
Pero tengo que dejarles ya. Londres se acaba. Vuelta a un lugar donde hay que discutir por lo más básico, donde muy pocos nos entienden, donde todo es tan zafio. ¿Cuánto tiempo durará el encierro asfixiante en ese país regresivo y asfixiante que es ahora el nuestro? ¿Hasta cuánto resistiremos?

2 comentarios:

azucena maire montero dijo...

Quiero comunicarte, Isabel, que tu "Sinrazones del olvido" está siendo
leído en el metro de Madrid.
es Delicioso y muy nutritivo.
En mi cansancio, me expliqué mal,
como muchas veces, sólo quería decir que estoy dolorida
y desajustada porque mis abuelos y padres pasaron hambre
y lucharon por tener un mínimo
de dignidad y derechos y ahora impunemente estamos retrocediendo
sin ser cangrejos, que la gente joven está atropellada y desenfocada, les barren su memoria
histórica y nos desheredan de lo vital, de lo ya ganado y como maestros del exterminio y del mal
que son, nos dejan el plato lleno de pérdidas y nos las comemos
y sólo las escupimos en Internet
y no en otro camino de lucha
y de unión con otros desheredados,
por lo menos, la gran mayoría.
Tiemblo cuando los
y las intelectuales os queréis ir,
porque es lo que pasó no hace tanto
en este país, pues nos quedamos
sin testigos, sin palabras.

Belnu dijo...

Te entiendo muy bien, Azucena. Me alegra mucho que leas nuestro SINRAZONES... Es verdad lo que dices, todos caemos en el desaliento y las ganas de huir. Y sin embargo, yo no pierdo del todo la esperanza de que este país sumiso, zafio y adormecido acabe por reaccionar, aunque sea a remolque de otros. En Grecia la gente lo tiene más claro, a pesar de todo, aunque mi modelo son los islandeses, naturalmente.
Es difícil no desear irse cuando tu trabajo se paga aquí la tercera parte que al otro lado de la frontera y es mil veces despreciado y maleado. Cuando la gente que debería unirse se entretiene peleándose en tonterías. Cuando se llega a un acuerdo de huelga, no la secundan por miedo. Es como si nadie quisiera entender y como si el viejo miedo de la posguerra se camuflase en esa pasividad supuestamente moderna y desmemoriada.
Pero algo acabará pasando, acabaremos por detener este delirio porque la voracidad de quienes nos gobiernan ahora es ilimitada y ha perdido todo sentido común, todo sentido de la realidad, es psicopática. Internet no es tan mal terreno y también ayuda a veces a organizarse